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Desde sus inicios, el teatro ha sido un lugar para la representación de ficciones que se reflejan a partir de la voz y el movimiento de los actores, el sonido, la iluminación, etc… y que se apoyan en mayor o menor grado en el diseño escenográfico para trasladarnos a distintos lugares, físicos o mentales, durante la representación. En prácticamente todos los géneros teatrales se emplean pequeños trucos o recursos escénicos para hacernos pensar que el escenario es algo más que un entarimado situado frente a nosotros. La creación de estos espacios ilusorios cobra especial relevancia en representaciones basadas en la fantasía, la magia o la ensoñación. Sin embargo, la innovación escenográfica ha penetrado en todos los géneros y cada vez asistimos a más representaciones donde la ficción teatral se apoya en efectos especiales que utilizan las tecnologías más avanzadas. Estas tecnologías, y la cada vez mayor implicación del escenógrafo en la creación teatral, han suscitado nuevas estrategias escénicas: encontramos por ejemplo situaciones en las que “el decorado” se comporta como un elemento activo de gran importancia para la escena, que llega incluso a tener el mismo valor que los actores y se convierte uno más de ellos, situándose a su mismo nivel de significación narrativa y protagonismo en la obra (Romera Castillo, y otros., 2006).

 

Ante este panorama, la incorporación de las nuevas tecnologías audiovisuales promete actualizar la escena teatral a las nuevas posibilidades expresivas ofertadas por ellas. De esta manera, un medio tan antiguo como el teatro podrá seguir adaptándose a las tecnologías de su época ganando con ello nuevos recursos expresivos y capacidades, que sin duda atraerán a los espectadores y dinamizará la situación actual de las artes escénicas.

 

Bajo estas premisas generales podemos encontrar investigaciones como las del grupo Fluxus y John Cage (Cage, 1987) uno de los pioneros en expandir lo que se consideraba en su momento arte, tecnología y teatro. Más recientemente, con la adaptación de los ordenadores personales en los años 80 nacieron nuevas posibilidades para crear performances basadas en la comunicación a distancia, y gracias a esto, artistas como Sherrie Rabinowitz y Kit Galloway empezaron una transición desde los experimentos de performances que utilizan transmisiones vía satélite al uso de Internet (Packer y Jordan, 2001).

 

En la actualidad, la utilización de recursos multimedia en la escena teatral todavía no ha llegado a ser eficiente (aunque, salvo casos aislados, hay un uso bastante generalizado de los mismos) y en muchos casos nos encontramos con pequeños titubeos y aproximaciones que no sacan partido a las excitantes capacidades expresivas que este medio puede aportar. En el caso del uso de recursos sonoros, si que se ha llegado a una optimización del medio. En lo visual la situación es bastante distinta. Dejando a un lado los recursos de iluminación y centrándonos en el uso de las videoproyecciones, nos encontramos con que mayormente hay una limitada integración de éstos, lo que se aprecia cuando su uso se limita a proyectar imágenes de vídeo pregrabas sobre determinadas áreas del escenario a modo de decoración animada; dándose incluso el caso –en determinadas obras– de no llegar a romper el formato rectangular con proporciones 4x3 ó 16x9 de proyección y realizando con ello una limitada integración en la escenografía del elemento proyectado. En algunas obras se utiliza también proyecciones de imágenes vídeo tomadas desde cámaras situadas en la escena a modo de circuito cerrado, de esta manera se realza la interpretación de un actor o actores al destacar esta sobre el resto. Tal vez estemos aquí ante un uso más apropiado del medio, pero si lo analizamos más detenidamente se trata de un recurso específico que pronto puede quedar sobreutilizado, más que de una integración global de los multimedia en la obra.

 

Como excepción a esta situación podemos citar la obra “Super Vision” realizada por la compañía teatral The Builders Association y el estudio multimedia Dbox, obra que explora los cambios en la naturaleza de las relaciones sociales producidas al vivir en una sociedad “postprivada”, donde la información personal electrónica es constantemente recogida y distribuida. Es un ejemplo de una magnífica integración y uso de medios audiovisuales en escena, tanto por su uso a nivel técnico como por su oportuna integración en la temática de la obra.

 

Nuestra investigación tiene como objetivo desarrollar una plataforma que permita la integración total de los multimedia y especialmente de tecnologías de realidad aumentada en la obra teatral, y resalta especialmente la interacción entre elementos físicos (reales) y digitales (virtuales) ya sean objetos de la escenografía o los propios actores. Debido a que las cajas escénicas de los teatros actuales permiten controlar con gran precisión el nivel lumínico y acústico de la sala, resulta relativamente sencillo incorporar complejas tecnologías audiovisuales –como la de realidad aumentada- que aportan el carácter de magia e ilusión anteriormente mencionado. De manera general, bajo la concepción tradicional del espacio teatral, la caja escénica se presenta como un espacio acotado y fácilmente controlable desde donde se pueden desarrollar, experimentar y testar nuevas tecnologías audiovisuales que contribuyen a la expansión narrativa, comunicativa e interactiva del teatro. En este contexto, extraordinariamente fértil, nuestra investigación surge con la intención de explorar la incorporación de la tecnología de realidad aumentada al espacio de la representación.

 

Las características especiales de esta nueva tecnología nos llevan a considerarla a priori como un recurso excelente para la expresión dramática, considerando principalmente las posibilidades de integración de objetos reales y virtuales simultáneamente en la escena, la sencillez técnica que requiere y la seducción visual que produce.