La
fase terminal
Es un hecho que la muerte sigue siendo compañera indisoluble de la vida, y muchos de los enfermos que son diagnosticados en períodos avanzados de la enfermedad, en el curso de la misma desembocará en la denominada etapa terminal de la enfermedad.
El
primer problema que abordamos es este concepto
de terminalidad, es decir: se reconoce la
finitud de la vida biológica, pero
la palabra puede orientarse a las últimas
horas, los últimos días, semanas
o meses. Durante el proceso de enfermedad
oncológica, al igual que ocurre con
otras enfermedades, el cáncer puede
considerarse, de acuerdo a la historia natural
de la enfermedad, como un padecimiento curable,
o controlado, especialmente en las etapas
tempranas. Sin embargo, cuando la enfermedad
avanza, la impresión diagnóstica
y su probable pronóstico la convierten
en una enfermedad incurable, ya sea en una
etapa intermedia o avanzada. Esta última
etapa, que requiere la certeza del diagnóstico,
incluirá a la denominada fase terminal,
cuando el padecimiento es irreversible,
progresivo y se acompaña de múltiples
síntomas bajo un pronóstico
de vida limitado, que de forma empírica
se considera no mayor a seis meses.1
Situación de enfermedad terminal:
diagnóstico reconocido, incurable,
progresiva, síntomas múltiples,
pronóstico de vida limitado. Esta
etapa finalizará con la evidencia
de una falla orgánica múltiple,
lenta o rápidamente progresiva.
El cáncer no es una enfermedad única, sino que engloba a un sinnúmero de padecimientos neoplásicos con formas de diagnóstico y tratamiento específicos para cada uno. Esta circunstancia obliga a recalcar la importancia de disponer de la mayor información posible en cada caso, para definir el diagnóstico de extensión de la enfermedad y el impacto sobre el organismo, así como las opciones terapéuticas a las que se puede sujetar el paciente y la probable respuesta que éstas pueden brindar. De esta forma se reconocen terapias oncológicas que pueden ser englobadas en tres modelos de respuesta terapéutica: curativas, potencialmente curativas o paliativas.
En el primero, regularmente el proceso de enfermedad se encuentra limitado y la neoplasia se considera en etapas tempranas de evolución lenta y el pronóstico, frente a las intervenciones médicas es favorable de acuerdo a un índice de probabilidad. En el segundo modelo, la respuesta a la terapia es menos predecible debido a la estirpe histopatológica de la neoplasia y al índice de probabilidad de la respuesta, la intención terapéutica se enfoca, si no es posible la curación, a retrasar el avance de la enfermedad. En el tercer modelo, la probable curación frente a los tratamientos conocidos es poco o nada probable y la intención de la paliación se enfoca a reducir el número o la intensidad de los síntomas favoreciendo un incremento en el concepto denominado “calidad de vida”
Durante los últimos decenios, el quehacer médico se orientó la mayor parte del tiempo hacia el objetivo de la curación, dejando con poco o ninguna atención el período que transcurría entre el diagnóstico de enfermedad incurable y la muerte. Este período es lo que se ha convertido en el espacio de atención de los cuidados paliativos, que se definen como: Cuidado global y continuo del paciente en fase terminal, sin modificar el curso biológico de la enfermedad, mejorando en lo posible las condiciones del enfermo y su familia.