Laudería. Arte y pasión Entrevista a Gabriela Guadalajara

Laudería. Arte y pasión
Entrevista a Gabriela Guadalajara

Gabriela Guadalajara Cita



Mi nombre es Gabriela Guadalajara y me dedico a la laudería. Un laudero es un constructor de instrumentos musicales, aunque el término se aplica básicamente a constructores de instrumentos de cuerda frotada (familia del violín) y cuerda pulsada (familia de la guitarra).
Hay muchas formas de aprender, la preparación académica es una de ellas, pero aun habiendo estudiado la carrera, es necesario trabajar en un taller en donde haya mucho movimiento, es decir, muchos instrumentos para ser reparados o construidos y en donde haya constantemente problemas para resolver. También es muy importante trabajar directamente con los músicos.

Cello barroco antes de cerrarlo.
Foto: Gabriela Guadalajara.


Cello barroco.
Foto: Gabriela Guadalajara.


El trabajo de los lauderos (aunque es algo muy creativo), igual que la arquitectura, tiene que cumplir con una función práctica, los instrumentos no sólo tienen que sonar bien, sino que deben que ser fáciles de tocar y ser herramientas para que alguien cree música. También se puede aprender sólo trabajando en un taller (o varios) como se hacía anteriormente, los aprendices empezaban desde muy jóvenes adquiriendo experiencia a lo largo de los años hasta convertirse en maestros.

Durante el siglo XIX la familia del violín experimentó cambios significativos, con ello la música comenzó a requerir más volumen y un estilo muy diferente y las orquestas empezaron a ser más grandes. Así es como surgió el violín al que hoy en día llamamos moderno, con el que trabajan la mayoría de lauderos. La gran mayoría de los instrumentos famosos (italianos y de otros países) no eran exactamente como los conocemos hoy; a lo largo de la historia sufrieron transformaciones fundamentales; por ejemplo, les cambiaron los mangos que eran más gruesos y con una forma un poco diferente, los diapasones eran más cortos y no eran casi nunca de ébano sólido, eran de otras maderas y tenían solo una chapa de ébano u otra madera dura; el diseño del puente era diferente, no se usaba barbada ni en el violín ni en la viola y los chelos no tenían espiga para apoyan en el suelo, sólo un botón para sostener el cordal. Las cuerdas también eran diferentes, estaban fabricadas con tripas (de borrego o vaca) y algunas incluso estaban cubiertas de metal. Cabe mencionar que éstas cuerdas se siguieron usando hasta mediados del siglo XX. Es muy importante mencionar también que los arcos y la técnica para tocar eran diferentes.

Antes de barnizar.
Foto: Gabriela Guadalajara.


Desde las décadas de 1970 y 1980 existe un gran interés (que crece continuamente), por hacer música respetando y siguiendo el estilo barroco lo mejor posible. Lo que yo hago es construir instrumentos en estilo barroco, es decir, los hago como los hacían (o lo más parecido posible) en el siglo XVII y XVIII. No podemos saber exactamente como sonaban, pero tenemos muchas referencias para imaginarlo y existen muchos ejemplos de instrumentos en su estado original. Otra cosa que hago es “reconvertir” al estilo barroco instrumentos originales de la época que fueron “modernizados” en algún momento en el siglo XIX.

Taller. Foto: Gabriela Guadalajara.


También fabrico y trabajo con violas da gamba, instrumentos de la familia de la cuerda frotada pero un poco diferentes. Hay muchos tamaños y se tocan todas apoyadas en las piernas (como el chelo), tienen 6 o 7 cuerdas, no tienen espiga y la mayoría tienen fondos planos y no con bóveda como en la familia del violín. Estos instrumentos fueron muy populares durante el renacimiento y barroco y hay muchísima música escrita para estos instrumentos que en los últimos años se ha rescatado y reinterpretado.

Crecí en un hogar en donde siempre hubo música y en donde también dibujábamos, pintábamos y hacíamos cosas con las manos. Mi mamá y mi hermano son artistas (de diferente forma), mi otro hermano era músico y mi papá es un amante de la música y músico aficionado. Desde niña fui a todo tipo de conciertos y supe de la existencia de los lauderos por mi papá.

Violín barroco. Foto: Gabriela Guadalajara.


En la adolescencia empecé a tocar chelo y lo hice intermitentemente durante mucho tiempo hasta que entendí que el hecho de que me guste la música no necesariamente me obliga a tocarla; hay otras formas de trabajar para que siga viva, soy muy buen público y tengo pasión por lo que hago, pero no tenía pasión por tocar. Después de muchas vueltas descubrí que existía una carrera de laudería y ahí me quedé. Estudié en la Escuela de Laudería del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) en Querétaro, México. Siempre me interesó la música del periodo barroco y empecé a aprender más sobre los instrumentos de esa época. Por fortuna el fundador y director de la escuela en ese entonces, el maestro Luthfi Becker, había dedicado gran parte de su vida profesional en Francia a las violas da gamba y al barroco, lo cual me abrió una puerta más para aprender. En mi último año de la carrera, gracias al maestro Becker, tuve la oportunidad de venir como aprendiz a Nueva York, después de un tiempo en un taller en donde sólo se trabajaba en estilo “moderno”, llegué al taller de Bill y Phil Monical, especializado en barroco; estuve ahí como aprendiz hasta que me ofrecieron trabajo, y me quedé ahí casi una década; para mí fue el mejor lugar para desarrollar todo lo que me interesaba.

Puente de viola da gamba.
Foto: Gabriela Guadalajara.


A finales del 2007 abrí mi taller en donde, además del trabajo que ya mencioné, doy mantenimiento a los instrumentos de la Sociedad de Violas da Gamba de Nueva York y a los instrumentos barrocos de algunas escuelas y universidades como la New York University, Juilliard y Princeton. Ocasionalmente también me llaman del museo Metropolitan para dar mantenimiento o revisar instrumentos antes de algunos conciertos. Ésta es una profesión apasionante, pero yo le diría a quien esté interesado en ser laudero, que tiene que considerar que éste trabajo no sólo requiere de una paciencia enorme para la actividad diaria sino también mucha paciencia para ver resultados. En lo profesional es un trabajo que da muchas satisfacciones, pero van a pasar muchos años para empezar a verlas.

Voluta abierta.
Foto: Gabriela Guadalajara.
Violas da gamba soprano.
Foto: Gabriela Guadalajara.


También les diría que el campo de trabajo incluye muchas otras actividades interesantes además de la construcción de instrumentos nuevos, como por ejemplo la restauración, investigación histórica, identificación de instrumentos y avalúos, docencia, reparación, conservación en museos, estudio de acústica y biología de la madera, etcétera y que se pueden combinar.

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Revista Digital Universitaria Publicación bimestral Vol. 18, Núm. 6julio-agosto 2017 ISSN: 1607 - 6079