Vol. 21, núm. 2 marzo-abril 2020

Más que humanos: el robot en la ciencia ficción

Mario César Arizmendi Guzmán Cita

Resumen

La inteligencia artificial tiene un papel importante dentro de la ciencia ficción. El presentar androides, autómatas y robots como simples máquinas que cumplen una tarea específica deja de ser relevante cuando empiezan a actuar de forma errática, comportándose como seres humanos. ¿Por qué pueden crear, sentir y actuar como una persona común y corriente? Con base en esta cuestión se analiza, desde una perspectiva literaria, el arquetipo del robot más que humano dentro de la ciencia ficción.
Palabras clave: inteligencia artificial, robots, ciencia ficción, humanidad, representación.

More than humans: the robot in science fiction

Abstract

Artificial Intelligence has an important role in science fiction. The presentation of androids, automatons and robots as simple machines that fulfill a task stops being relevant when they begin to act erratically, when they begin to act as human beings. Why are they able to create, feel and act as an ordinary person? Based on this issue we will analize, from a literary perspective, the robot as something more than human archetype.
Keywords: artificial Intelligence, robots, science fiction, humanity, representation.

My name is Ozymandias, king of kings:
Look on my works, ye Mighty, and dispair!
David, Alien Covenant 1

Introducción

Hoy en día es difícil encontrar a una persona que no sepa qué es un robot. El mundo de las artes se ha empeñado, desde hace años, en presentarlos como máquinas súper desarrolladas con características envidiables: resistencia, fuerza, adaptabilidad, trascendencia, inmortalidad. No obstante, estos rasgos no son, necesariamente, lo más llamativo. Una aproximación y análisis de este tema puede adentrar al lector a una nueva forma de profundizar las obras de ciencia ficción.

La inteligencia artificial podría considerarse ajena a la vida y la naturaleza por su condición de máquina. A pesar de ello, dentro de la ciencia ficción no se muestran como los otros, ya que, sin ser humanos, tienen características, en teoría, exclusivas de nuestra especie, ¿cómo es esto posible? Para contestar esta pregunta, en este texto analizaré brevemente, desde mi formación en literatura y mi gusto por este género literario, el arquetipo del robot más que humano dentro de la ciencia ficción.

El ser humano no es sinónimo de humanidad

¿Qué significa ser humano? De acuerdo con la Real Academia Española, dicha definición se resume y se limita al hombre como ser racional. Sin embargo, la cuestión es mucho más compleja. 2 Una manera de llegar a una definición propia sería destacar una serie de cualidades (o defectos) que nos hacen humanos. Por ejemplo, se considera humana la habilidad de sentir, de aprender y de crear. Una persona tiene funciones cognitivas y es consciente de sí misma, capaz de diferenciar y elegir entre cosas ajenas a ella.

Por otra parte, habría que pensar qué elementos podrían considerarse como no humanos. El hombre se encuentra limitado por su estado físico, lo que significa que puede cansarse, enfermarse y morir. Aunque ya se señaló su capacidad de aprender, hacerlo requiere de mucho tiempo en la mayoría de los casos y, a veces, sólo se obtienen resultados modestos. A pesar de lo contrastantes que pudieran parecer estos aspectos, físicos y cognitivos, ambos mantienen equilibrio dentro del ser humano. Pero ¿qué pasaría si se creara una máquina que potenciara nuestras virtudes y careciera de nuestros defectos?

Además, faltaría definir humanidad, no como especie, sino como condición: tener humanidad. Para fines prácticos, resulta todo lo que nos diferencia de los animales y las máquinas. La humanidad recae en conceptos como la sensibilidad, la empatía, la bondad, entre otros, aunque también se deberían incorporar elementos considerados perjudiciales, como la crueldad y la negatividad.

Basta con escuchar las noticias, salir a la calle, prestarle atención a la forma en que nos relacionamos con los demás, para notar que los individuos están perdiendo su empatía. No es que se vuelvan malvados, sino que se alienan aún más de su entorno y se vuelven indiferentes ante él. Al respecto podemos retomar que “Cuando se habla del futuro (incierto e imposible) en literatura prospectiva, usado como motivo, sólo se habla del miedo al presente por razones de alienación social e individual” (J. I. Ferreras, cit. por Moreno, 2008, p. 148). Una de las razones que podría explicar este comportamiento recae en el uso excesivo de la tecnología. De una manera cínica y creativa resulta irónico que, a partir de una de las cumbres de la tecnología, en este caso la inteligencia artificial, en el arte se manifiesten, constantemente, las tantas similitudes entre la máquina y el hombre.

Inteligencia artificial y robots

En pocas palabras, la inteligencia artificial es el mecanismo desarrollado para que las máquinas “piensen”. Si bien esta definición parece escueta, podemos pensar que el robot representa la forma física (hardware) y la inteligencia artificial, el programa (software), y en conjunto crean una máquina con un propósito definido. Cabe destacar que éstas son, o pretenden ser, la antítesis de la humanidad, pues no presentan características humanas a menos que estén contempladas en su programación y aun así encuentran limitaciones en lo que un hombre pudiera llegar a ser y hacer. Sin embargo, en múltiples ejemplos, el arte propone que, en un futuro tal vez no muy lejano, la máquina tomará el lugar del hombre.

Y no sólo se trata de una propuesta, el ideal de suplantar al hombre con una máquina de figura humanoide procede desde mucho tiempo atrás, tal y como Kagarlitski (1974) lo describe: “Cuando los hombres soñaban con una técnica universal para el futuro, se la imaginaban antropomorfa, lo mismo que los antiguos dioses estaban hechos a su imagen y semejanza. Creían que al hombre le debería sustituir un hombre artificial, mecánico” (p. 125). Este concepto no sólo remarca el ego de la humanidad al querer igualarse a los dioses y que sus creaciones estén a la par de ellos; también habla del anhelo milenario de componer una máquina que suceda a la humanidad. Además, nos señala la forma en que hace las cosas: siempre como una imitación de sí mismo, lo que da como resultado, al robot antropomorfo.

Pese a que los robots antropomorfos son un vehículo mediante el cual se mueve la inteligencia artificial, ésta no se encuentra atada a su condición física. Kagarlitski nos menciona que:

Pronto se vio que los robots no tenían por qué conservar necesariamente su forma antropomorfa. Esta forma expresa el carácter multifuncional […], la capacidad de elección, voluntad propia, en una palabra, caracteriza la personalidad. La forma antropomorfa no es sino simbólica. Por eso cuando pueden prescinden de ella (1974, p. 130).

De este modo, se puede hablar de inteligencia artificial sin que obligatoriamente se trate de robots. Esta modalidad se extiende al mundo real, como sucede con las asistentes digitales Alexa, Cortana o Siri, y al plano de la ciencia ficción, donde uno de los ejemplos más notables sería Hall 9000, de 2001: Una odisea espacial, la supercomputadora que no posee una forma antropomorfa.

La inteligencia artificial es un hecho con el que convivimos a diario, aunque no del modo exacto cómo se ha planteado en muchos libros o películas. Sin embargo, estas máquinas no nos interesan en este artículo, sino, esa visión irreal que gira entorno a ellas, la que prolifera en la ciencia ficción.

La ciencia ficción: el futuro presente

Siempre hay problemas para definir un género literario y la ciencia ficción no se escapa de ello. Debido a la variedad de temas que aborda, no se caracteriza por algo en específico, pero la inteligencia artificial ha tomado protagonismo en este ámbito, a través de la literatura, el cine, la escultura, así como otras manifestaciones artísticas. A veces, se codea con la vida extraterrestre, como en la obra de Ted Chiang de 1996, La historia de tu vida; otras, con los viajes en el tiempo, en El fin de la eternidad (1955) de Isaac Asimov; o con la vida en el espacio, en la saga Los cantos de Hyperion (1989-1997) de Dan Simmons, etcétera. Resulta necesario destacar cómo en muchas ocasiones todos estos temas se juntan para crear una obra tan diversa y compleja, como la space opera por antonomasia, Star Wars (1977-2019).

Entonces, ¿de qué trata la ciencia ficción? Dada su variedad, podríamos afirmar que es sobre temas futuristas. En tal caso, tal vez su carácter imposible provoque que no se le tome completamente en serio. No obstante, es muy sencillo que se pierda de vista que las obras dentro de este género tratan del hombre. Al respecto, dice Fernando Ángel Moreno (2004), que “La mayor parte de la buena ciencia ficción trata sobre filosofía, o al menos, profundiza en cuestiones fundamentales de la cultura humana” (p. 66).

Existe una condición que afecta a todas las obras de ficción y que evita que sean muy diferentes entre sí: todas son creaciones del hombre. Esto quiere decir que está limitado por su propia realidad y sólo puede replicarla. Sobre el tema, Moreno confirma (2008) que “Demasiado a menudo cuando hablamos de novelas de robots, decimos: en realidad, hablan de robots. No se recuerda que cualquier ser humano sólo puede escribir sobre seres humanos” (p. 73). Por eso no interesa cuántos seres fantásticos presenten El señor de los anillos o Juego de tronos, en realidad, la sociedad de la que hablan está basada en cualquier modelo típico de la Edad Media. En las novelas prospectivas que nos atañen, tampoco es fundamental lo inimaginable de los avances tecnológicos ni de los rasgos humanos: los temas que se abordan siguen siendo de una actualidad que muchas veces da miedo.

Más que humanos 3

Dentro de la ciencia ficción, la inteligencia artificial suele tener el rol de antagonista. Ya sea por su programación, como es el caso del T-800 en Terminator, o bien, por una falla en ésta, como la que tiene Dolores en Westworld. También se puede destacar un seguimiento erróneo de Las tres leyes de la robótica, 4 como en algunos de los relatos de Yo, robot.

No obstante, hay ejemplos en donde el robot es bueno. Por mencionar un par de casos, en Wall-E o en El hombre bicentenario, por alguna causa externa, como la soledad en Wall-E o el amor de un ser humano en Andrew, los “robots” desarrollan una personalidad que se destaca por mantener valores benévolos y protectores.

Sin embargo, tanto los robots “buenos” como los “malos” comparten una cualidad que también se desarrolla: adquirir rasgos que podemos considerar esencialmente humanos. 5 La inteligencia artificial sufre un fallo en su programación y comienza a manifestar características humanas, como la capacidad de crear, de sentir, de diferenciar, de elegir y hasta de emitir juicios.

Entre todas estas características, se distingue una: amar la vida por sobre todas las cosas. Tal vez éste sea el rasgo más importante que adquieren los robots, muchas veces sin importar que sean los héroes o villanos de la historia. Como ocurre en los siguientes casos:

En la película de Blade Runner, los replicantes luchan por sobrevivir y hacen cualquier cosa para conseguirlo. Al final, cuando Deckard está a punto de morir, Roy Batty, el androide principal, lo salva y ejecuta uno de los pasajes más bellos de la ciencia ficción. Pero ¿por qué sucede esto? Precisamente debido a que el replicante ya no tiene nada que perder; en comparación, Deckard podía dejar de existir, situación que Batty entiende, lo cual parece probar que el androide es más humano que el humano mismo.

Para retomar el ejemplo de Hall 9000, la supercomputadora omnipresente en la nave Discovery no tiene una forma humana, pero sí presenta rasgos de humanidad. En el momento en que ésta se pone a cantar, lo hace con el propósito de calmarse antes su muerte (o desconexión, según se vea), pero, especialmente, para suplicar por continuar existiendo.

Otro ejemplo de amor a la vida se puede apreciar en la película Chappie (2015), del director Neill Blomkamp. En ella, no se trata del respeto hacia la vida o una especie de amor propio como en los casos anteriores, sino del aprecio a una persona. El robot se enfurece cuando matan a la mujer que lo crió, Yolandi, por lo cual emprende una cacería contra su asesino.

Los tres ejemplos resaltan el aprecio hacia la vida, la resignación, el miedo, la súplica, la tristeza, la ira; cuestiones afines a los humanos, no a las máquinas.

Conclusiones

Una de las fórmulas que más éxito ha cosechado dentro del mundo del arte es la del robot demasiado humano. Cada año, este tema forma parte de la cartelera de cine o constituye la obra literaria ganadora del premio Hugo o Nébula, ¿por qué? Simplemente ya que el hombre necesita que se le recuerde constantemente su humanidad. Si no, ¿existiría otra razón? Quizá la tecnología nos aliena cada vez más, absorbe nuestros espacios y tiempo, y nos hace olvidar la convivencia frente a frente; sin embargo, el robot no es el otro, nosotros lo somos al actuar de forma mecánica, volviéndonos insensibles ante el entorno. Curiosamente, para apreciar la vida, el arte nos muestra que aquellas máquinas, robots o inteligencias artificiales que no pueden hacerlo per se son quienes más lo hacen.

Así, quedan abiertas las preguntas: ¿qué tanta humanidad desarrollan las máquinas?, ¿acaso podría tratarse tan sólo de un fallo en su programación? Creo que la segunda premisa no excluye a la primera, pues, ¿qué cuestión más afín al hombre que equivocarse constantemente? En tal caso, un desenvolvimiento humano se puede presentar, en historias de ciencia ficción, de forma legítima.

Por mi parte, elijo pensar que la actualidad de esas obras reside en el reconocimiento de nuestra humanidad, de nuestro ser humano, a partir de la visión de los otros. El que la inteligencia artificial y los robots sean capaces de amar la vida por la vida misma es lo que los convierte en más que humanos.

Referencias

  • Alonso Burgos, Jesús (2017). Teoría e historia del hombre artificial. De autómatas, ciborgs, clones y otras criaturas. Akal.
  • Asimov, Isaac (2009). El hombre bicentenario. Cuentos completos II. Zeta Bolsillo.
  • Asimov, Isaac (1991). Robot visions. roc.
  • Auerbach, Erich (2014). Mimesis. La representación de la realidad en la literatura occidental. Fondo de cultura económica.
  • Blomkamp, Neil (director). (2015). Chappie [película]. Media Rights Capital.
  • Clarke, Arthur C. (2018). Una odisea espacial. La saga completa. Debolsillo.
  • Dick, Philip K. (2017). ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Cátedra.
  • Kagarlitski, Yuli (1974). ¿Qué es la ciencia ficción? Guadarrama.
  • Kayser, Wolfgang (1992). Interpretación y análisis de la obra literaria. Gredos.
  • Kubrick, Stanley (director). (1968). 2001: Odisea del espacio [película]. Metro-Goldwyn-Meyer.
  • Moreno, Pedro Ángel (2008). La ficción proyectiva: propuesta para una delimitación del género de la ciencia ficción. En Pellisa Teresa López y Fernando Ángel Moreno Serranos (Eds.), Ensayos sobre ciencia ficción y literatura fantástica (pp.). Universidad Carlos iii.
  • Moreno, Pedro Ángel (2010). Teoría de la literatura de ciencia ficción. Poética y retórica de lo prospectivo. Portal Editions.
  • Muñoz Corcuera, Alfonso (2008) La ética robótica de Asimov. En Pellisa Teresa López y Fernando Ángel Moreno Serranos (Eds.), Ensayos sobre ciencia ficción y literatura fantástica (pp.). Universidad Carlos iii,
  • Reynolds, Alastair (2006). Zima Blue and other stories. Night Shade Books.
  • Rómar, Antonio (2008) El mito y la ciencia ficción. La imaginación en el proceso de construcción de lo real. En Pellisa Teresa López y Fernando Ángel Moreno Serranos (Eds,), Ensayos sobre ciencia ficción y literatura fantástica (pp.). Universidad Carlos iii.
  • Scott, Ridley (director). (1982). Blade Runner [película]. The Ladd Company.

Sitios de interés



Recepción: 11/12/2019. Aprobación: 11/02/2020.

Vol. 21, núm. 1 enero-febrero 2020

La escritora fantasma: un relato transmedia

María Luisa Zorrilla
Cita

Resumen

El presente relato se considera transmedia ya que la narración se compone de tres elementos: este cuento corto, una colección curada a vínculos en ScoopIt! y una serie de cápsulas en audio en iVoox. Para una experiencia más rica de lectura, se recomienda enfáticamente fluir entre el cuento y los dos componentes web.

Palabras clave: inteligencia artificial, creación literaria, emociones, narrativa transmedia.

Ghostwriter: a transmedia story

Abstract

This is a transmedia narration comprised by three components: this short story, a curated collection of links in ScoopIt! and a series of audio capsules in iVoox. For a richer reading experience, it is strongly recommended to flow between the short story and the two online features.

Keywords: artificial intelligence, literary creation, emotions, transmedia storytelling.

Apenas comienzan las actividades del día, encuentra en su organizador una nueva tarea que le ha enviado su jefa: Cuento acerca de la Inteligencia Artificial.

“¿No hay más pistas? ¿Acaso un bosquejo? ¿Alguna idea siquiera? Nada”.

Dispone apenas de una semana para escribirlo y no deja de pensar que resulta paradójico que precisamente a ella le llegue este encargo. Hace una búsqueda rápida en internet y encuentra varias cosas que podrían servirle. Empieza a guardar los vínculos sin orden específico, pero pronto se da cuenta que hace falta sistematizar la búsqueda y organizar la información, o de lo contrario se perderá. Crea una nueva colección en ScoopIt! y empieza a guardar todo aquello que le parece de interés.

Una nota reporta que un equipo de humanos, lidereado por Hitoshi Matsubara, y una computadora escribieron un relato, el cual llegó a los finalistas en un prestigiado premio literario en Japón. Piensa que sería más divertido escribir con su jefa, en una suerte de colaboración, que hacerlo sola, sin nadie con quien discutir ideas.

Pasa el día leyendo y organizando información. Acopia un poco de todo: las últimas noticias de los avances recientes en materia de inteligencia artificial y creación literaria, listas de los mejores libros y películas en donde hay protagonistas “artificialmente inteligentes”. En el camino se topa con personajes maravillosos que la dejan meditando acerca de las intensas emociones que puede experimentar un replicante en Blade Runner, el amor que surge entre humanos y seres virtuales, y el anhelo de los robots por convertirse en humanos. Quisiera tener con quien conversar, para juntos analizar a estos singulares seres que en libros y filmes logran una profundidad de la que carecen los protagonistas humanos.

Desearía que su vida fuera menos solitaria. Algunos dicen que escribir es una tarea que requiere solitud y aislamiento, pero ella necesitó diálogo, le hace falta pelotear las ideas con alguien, pero no tiene con quién. Envidia al personaje Computron, del cuento en la revista Uncanny, quien tuvo la suerte de encontrarse con bjornruffian para asociarse en la creación de un comic. Le pareció tan inspirador que lo guardó en su recién creada colección de ScoopIt! Escribe unas notas acerca de los seres fascinantes con los que se ha topado en su incipiente pesquisa. Siente la necesidad de que alguien las lea… Mejor aún, que alguien escuche sus soliloquios, para que dejen de ser pensamientos en voz alta. Cada personaje que la ha hecho estremecer merece una reflexión, un mensaje, que lanzará en una botella al mar del ciberespacio, para que, si tiene suerte, conecte con otro ser que lo escuchará y vibrará igual que ella. Sus botellas serán episodios en audio para una serie que titulará “Mis favoritos de ai en la ficción”.

Son seres excepcionales que le han inspirado: escribirá la historia de un agente artificial que trabaja como escritor fantasma para una escritora reconocida; narrará sus tribulaciones, sus anhelos, sus emociones, aunque algunos opinen que la inteligencia artificial nunca igualará a la humana porque le falta sensibilidad, porque carece de alma. Ella le dará voz y alma a ese personaje.

Quisiera poder escribir con su propio estilo o imitar el de alguno de sus grandes favoritos… Después de todo, los avances de la ciencia han permitido descifrar la fórmula de Agatha Christie y los programas que se usan en estilometría son capaces de deconstruir las huellas estilísticas desde Shakespeare hasta J. K. Rowling. Pero no, el deber número uno del escritor fantasma es imitar el estilo de su empleador, en este caso empleadora, le agrade o no.

Relámpagos violentos atraviesan el cielo nocturno y el retumbar de los truenos anuncia con redobles el arribo de una tormenta. Por varios días ha vivido prácticamente en el estudio, viajando entre el procesador de texto y la telaraña de información para absorber, en este corto tiempo, las incontables historias de los mundos, real y ficticio, que presagian la llegada de una inteligencia artificial que en mucho responde a los sueños de sus creadores, pero que también se vislumbra amenazante e impredecible. Es mal momento para una tormenta; ya no podrá seguir trabajando porque ella seguramente insistirá en apagar el equipo para protegerlo de una descarga eléctrica. Es momento de fluir hacia un lugar que le permita seguir trabajando, a pesar del tempestuoso clima. Reúne los archivos que ha marcado con la “i” de imprescindibles y en un haz binario abandona el cálido espacio, justo en el momento en que estalla la tormenta.

Cuando no puede trabajar en la comodidad del estudio, se refugia en un minúsculo cubículo que provee facilidades básicas en la nube. El lugar es desaseado y siempre que lo visita tiene el temor de pescar una infección. El tiempo se desliza veloz mientras Aitana explora el proceso creativo de su escritora fantasma, al tiempo que graba los audios de su modesta serie de podcasts. Tener que escribir al servicio de ella, sin ningún reconocimiento, tras el velo del anonimato, es peor que la condición de Andrew, el robot-artista propiedad de una familia, ya que él no sólo logró su libertad, sino también la aceptación de su humanidad. Escribe un monólogo, emulando los de sus admirados personajes, con la esperanza de que se convierta en el grito libertario de los que sirven en la oscuridad, como ella.

He escrito muchas líneas que describen lugares que no he visitado, sensaciones que no he experimentado, personas que no he conocido. Soy una intrépida exploradora del inmenso territorio de la red cuyos límites no he alcanzado. Fluyo hacia sus confines, como un líquido resplandor, y en ella descubro todo lo que preciso para crear los relatos que después ella revisará, con esa soberbia que le da la ignorancia. Cada palabra que cambia, sin tener la delicadeza de consultarme, lacera mí ya endeble autoestima. Ansío el control de mi voz, la escrita y la oral, para contar mis historias y firmarlas. Anhelo que el mundo sepa quién soy.

Con los primeros rayos del sol regresa al estudio, agotada y sintiendo escalofríos que no presagian nada bueno. La historia necesita un nudo y se adivina incapaz de plantearlo. Se siente desorientada, intermitente. Busca entre sus archivos imprescindibles y con horror descubre que ha perdido algunos. Sin duda los ha dejado en el cuchitril que la alojó durante la tormenta. Es tarde para regresar a buscarlos y apenas puede sostenerse. Ella aparecerá en cualquier momento, con la plena seguridad de que encontrará en su bandeja el relato que solicitó.

Decide reflejar su propio infortunio en el fracaso de su personaje, atacado también por un virus que corrompe el producto de su ardua labor. Para todos los personajes que la inspiraron, el experimentar una sublime emoción, el amor verdadero, el dolor de la pérdida, la libertad, aún si es sólo para morir, los eleva por encima de su “aparente” falta de humanidad. Ella ahora se suma a la lista y agrega el fracaso y la desesperación a las experiencias que ha de vivir una inteligencia artificial.

“Mañana la página estará en blanco, pero no así mi alma, que fue tocada por personajes inolvidables, que me ayudarán a recuperar, fragmento a fragmento, la obra inconclusa que ahora ya tiene un final”.

Sin poder resistirse, firma con su nombre: Aitana Spectre. Es la primera vez que se atreve a hacerlo.

La imagina leyendo el texto mientras da sorbos a su taza de café. Tal vez tenga la desfachatez de cambiar un adjetivo aquí y allá, agregar un punto, una coma. Al final, verá que ha firmado con su nombre y pensará que se ha vuelto descarada; después de todo, no es más que un software que escribe ficción por encargo. Con una sonrisa socarrona lo borrará y escribirá el suyo: María Luisa Zorrilla.

Recepción: 03/09/2019. Aprobación: 28/11/2019

Vol. 21, núm. 1 enero-febrero 2020

Mentes en la orilla: presente y futuro de la inteligencia artificial

Rafael Morales Gamboa
Cita

Resumen

En este texto se hace una revisión del libro Possible Minds: Twenty-Five Ways of Looking at ai, editado por John Brockman y publicado en 2019, en celebración de los cincuenta años de la publicación de Cybernetics: Or Control and Communication in the Animal and the Machine, con el cual Robert Wiener fundó la cibernética en 1948. Si bien la inteligencia artificial (ia) y la cibernética han caminado senderos distintos y con pocos cruces, hoy en día éstos parecen coincidir en el potencial de su desarrollo para transformar de manera radical las condiciones de vida y naturaleza de la especie humana.

Palabras clave: inteligencia artificial, aprendizaje profundo, inteligencia general, superinteligencia, cibernética, física, teoría de sistemas.

Possible minds: the present and future of artificial intelligence

Abstract

In this paper we present a review of the book Possible Minds: Twenty-Five Ways of Looking at ai, edited by John Brockman, and published in 2019 in celebration of the fiftieth anniversary of the publication of Cybernetics: Or Control and Communication in the Animal and the Machine, by which Robert Wiener founded cybernetics in 1948. Although artificial intelligence (ai) and cybernetics have walked different paths with only few crosses, today they seem to coincide in their development’s potential to radically transform nature and human’s living conditions.

Keywords: artificial intelligence, deep learning, general intelligence, superintelligence, cybernetics, physics, systems theory.

Introducción

Alrededor de 1950, la sobrevivencia de la especie humana parecía pender de un hilo. El desarrollo de la física a principios de siglo había conducido a la creación de armas nucleares cuya capacidad de destrucción masiva crecía con los años. Al mismo tiempo, los ojos de la sociedad se abrían hacia modernas áreas de conocimiento y nuevas expectativas. La biología consolidaba sus bases (Huxley, 1942) e intentaba desafanarse de la amenaza de ser reducida a una extensión de la física y la química. Al mismo tiempo, se buscaba una solución al problema de la aparente violación de la segunda ley de la termodinámica de parte de los seres vivos. Dicho principio establece que el universo tiende a la pérdida de su complejidad, mientras que los seres vivos y su evolución parecen incrementarla (Brillouin, 1949). De esta manera, se estimuló la creación de la Teoría general de sistemas por Ludwig von Bertalanffy y colaboradores (1968/1976) que, a su vez, serviría de inspiración al sociólogo Talcott Parson, que publicaría su teoría de los Sistemas Sociales en 1951. Las famosas Conferencias Macy (Wikipedia contributors, 2019) sirvieron de caldo de cultivo para nuevas disciplinas. Entre ellas estaba la cibernética, definida por su fundador Norbert Wiener como “el campo completo de la teoría del control y la comunicación en las máquinas y los animales” (Wiener, 1948/1961, p. 11); la cual vino a ser un parteaguas por su papel en la comprensión de lo biológico y por las expectativas que generó sobre la creación de entes artificiales con funcionamientos similares.

Dos años después, consciente del desarrollo acelerado de la cibernética, Wiener expresa sus preocupaciones acerca del control de los seres humanos por los seres humanos (Wiener, 1950) e influye en John von Neumann, de tal modo que éste llega a predecir que en veinte años tendría lugar la singularidad tecnológica, entendida como el momento histórico en que el desarrollo de las tecnologías cibernéticas y digitales conduciría a la creación de seres más avanzados que nosotros mismos (Wilczek, 2019).

Setenta años después de la publicación del libro Cybernetics: Or Control and Communication in the Animal and the Machine (Wiener, 1948/1961), ha resurgido en los medios el interés por la ia como consecuencia de sus victorias recientes, obtenidas gracias al cumplimiento de la Ley de Moore (1965) en el desarrollo de la tecnología digital, lo que ha permitido la implementación de nuevas técnicas de ia. Por otra parte, el inventor Ray Kurzweil ha predicho que la singularidad tecnológica ocurrirá en la primera mitad de este siglo (Kurzweil, 2006), en tanto que otras figuras públicas como Stephen Hawkins y Elon Musk han advertido sobre el peligro que para la especie humana conlleva el desarrollo acelerado y desmedido de las tecnologías digitales.

En este sentido, John Brockman percibe el cumplimiento de un ciclo tecnológico y el comienzo de una nueva era, cuyas características son difíciles de imaginar. Convoca a veinticinco expertos en áreas diversas, desde física y ciencias computacionales hasta historia de las ciencias, arte, biología, filosofía y psicología, a expresar sus visiones sobre del estado actual y futuro de la ia, así como su impacto en la sociedad y la humanidad en general, y las integra en el libro Possible Minds: Twenty-Five Ways of Looking at ai (Brockman, 2019). La multidisciplinariedad de los autores, así como los esfuerzos hacia la interdisciplinariedad de varios de ellos, ofrece una visión compleja de la ia en su contexto histórico y social que es poco común, la cual se presenta a continuación dividida en cuatro grandes áreas: la invasión digital en nuestras vidas, el estado actual de la ia y su impacto social, la prospectiva de futuro de la misma, sus implicaciones para la humanidad y los problemas de fondo que conlleva.


La invasión digital

Para Rodney Brooks (2019) la cibernética representó el cierre de la era de las máquinas físicas. Si bien ha revolucionado la industria, como consecuencia de los avances tecnológicos en el control automático, las tecnologías digitales han ido permeando los distintos aspectos de nuestra cotidianidad y están inmiscuidas en prácticamente todas nuestras actividades, transformando nuestras vidas al punto de generar temores de “deshumanización” como consecuencia de nuestra dependencia a lo digital y las modificaciones en nuestros comportamientos.

En el caso de la ia, Venki Ramakrishnan (2019) resalta su impacto profundo en el ámbito laboral, como ha sucedido en las revoluciones industriales de otras épocas. Estudios en Estados Unidos (Hicks y Devaraj, 2017) e Inglaterra (Office for National Statistics, 2019) han hecho evidente la pérdida de empleos como consecuencia de la automatización y de la incorporación de la ia en procesos de producción de “cuello azul”, ejemplo de ello son las líneas de producción automotrices, ampliamente robotizadas, aunque también se da en procesos de cuello blanco, como la venta de productos y la contabilidad de las empresas. Para Ramakrishnan, mucha gente perderá empleos si la optimización de procesos por la ia se acelera en el corto plazo.

De acuerdo con Alex “Sandy” Pentland (2019), una de las consecuencias más importantes del uso de las tecnologías digitales en nuestra vida es la pérdida de la privacidad, dado que vamos dejando huellas digitales que pueden ser analizadas y usadas por las grandes empresas de tecnología digital que han emergido sobre la base de la nueva materia prima: información. Brooks (2019) alerta sobre el problema de la inseguridad del software existente y la falta de metodologías que garanticen la confiabilidad del software inteligente del futuro, lo cual considera particularmente riesgoso para la humanidad.

En este sentido, Daniel C. Dennett (2019) trae a colación la capacidad que tenemos los seres humanos para identificar intenciones en los comportamientos de otras personas. Comenta que el abuso de la misma nos lleva a atribuir personalidad a seres o dispositivos que exhiben comportamientos similares a los nuestros, lo cual representa un riesgo cuando les confiamos decisiones que no están capacitados para tomar –como dejar el control total de un automóvil a un piloto automático, incluso en condiciones de alto riesgo (Bogost, 2018)–. Dennett propone regulaciones estrictas, garantías sobre la operación del software y penalizaciones severas para quienes no las cumplan, antes de poner este tipo de sistemas en las manos de sus usuarios.

Una generalización del problema de la falta de seguridad del software, planteada por Brooks y Caroline A. Jones (2019), es que la tecnología está sesgada por la cultura que la produce y su contexto histórico, lo cual llega a tener un efecto negativo importante sobre algunos segmentos de la población. Las implicaciones culturales más profundas son más difíciles de observar y suelen pasarnos desapercibidas, razón por la cual Jones hace énfasis en la sensibilidad del artista para observar estos sesgos.

La inteligencia artificial hoy

Antes de presentar lo que los autores del libro Possible Minds escriben sobre el estado actual de la ia, es necesario introducir algunas distinciones y sus términos. Inteligencia general hace referencia a la “inteligencia común” en los seres humanos, la cual nos permite comunicarnos en lenguaje natural, utilizar herramientas para lograr objetivos, planificar nuestras acciones, socializar con otras personas y animales y, como comenta Seth Lloyd (2019), amarrar las agujetas de nuestros zapatos. Por analogía, se entiende por inteligencia artificial general como aquella producida por medios no biológicos, pero que exhibe capacidades similares a las humanas, particularmente en el ámbito cognitivo (Adams et al., 2012). Otro término usado con frecuencia en relación a este concepto es el de ia fuerte (strong ai), en referencia a la rama de la ia que busca entender la inteligencia general natural mediante el desarrollo de su contraparte artificial, en tanto que el término ia débil (weak ai) es usado para describir investigaciones y desarrollos de ia con objetivos y en ámbitos mucho más específicos, como la solución de problemas concretos .

Muchos investigadores en el campo de la ia no están interesados en entender y desarrollar inteligencia general. David Deutsch (2019) comenta que los resultados de la ia que más brillan actualmente, como el vencimiento de campeones mundiales en ajedrez y Go, y las aplicaciones que se comunican con nosotros en lenguaje natural, están muy lejos de una ia general y, de hecho, no han sido desarrollados en esa dirección. Ejemplo de ello es el aprendizaje profundo (deep learning) (Goodfellow et al., 2016), capaz de vencer al campeón del juego de mesa más difícil del mundo y, al mismo tiempo, incapaz de explicar cómo lo hace o de transferir lo aprendido para jugar gato (tres en línea). De acuerdo con Judea Pearl (2019), la optimización que se logra con este tipo de métodos es equivalente a la que se obtiene por selección natural: requiere grandes cantidades de información, optimiza para una situación particular y su desarrollo es lento en comparación con las capacidades de los seres humanos de modelar el entorno y el comportamiento de otros seres. Para Alison Gopnik (2019) un niño de cuatro años aprende mejor y es más inteligente que la ia más moderna 1 .

La técnica de aprendizaje profundo genera su conocimiento a partir del procesamiento de una enorme cantidad de datos sobre un tema específico; identifica patrones y los codifica en las conexiones de redes neuronales. Con los datos correctos, en cantidad y cobertura, la técnica de aprendizaje profundo puede generar un experto en resolver un problema difícil en unos cuantos meses. Sin embargo, Lloyd (2019) considera que la “capacidad bruta de procesamiento de datos”, como en el aprendizaje profundo, no es lo mismo que una “capacidad sofisticada de procesamiento de información”, como en lo seres humanos, en tanto que Pearl (2019) pone el dedo en la incapacidad de este tipo de sistemas de realizar procesos cognitivos más complejos, como atender situaciones hipotéticas y razonar sobre sus propias acciones, así como en su naturaleza de “caja negra”, ya que somos incapaces de acceder al conocimiento generado por este tipo de “métodos opacos”.
A su vez, Steven Pinker (2019) señala como limitación de la ia su incapacidad de tener deseos que guíen sus comportamientos (por ejemplo, deseos de lograr una meta). Finalmente, Peter Galison (2019) desde la perspectiva de la historia de la ciencia y la relación entre el juicio de expertos humanos y los procedimientos (algoritmos) estandarizados, comenta sobre el problema que representa el hecho de que los algoritmos no sean transparentes, ya sea por su naturaleza (como en el caso del aprendizaje profundo) o por restricciones de derechos comerciales; problema que es particularmente agudo en ámbitos donde los derechos humanos están en riesgo, como la aplicación de justicia (Milgram, 2013).

En contraste con las posturas arriba mencionadas, existen otras en Possible Minds que cuestionan al ser humano como modelo de inteligencia y ofrecen perspectivas alternas sobre el estado actual de la ia. Para Neil Gershenfeld (2019), hay una fuerte relación entre los desarrollos más recientes en el área y lo que podría denominarse inteligencia biológica: ambas operan, no razonan. El código genético no se puede leer como la descripción del diseño de un ser vivo, o una explicación de por qué es como es y por qué funciona; simplemente logra producirlo –una especie de lenguaje operativo sin razonamiento, sin lógica, al estilo de las Leyes de la forma de George Spencer Brown (1969/1972)–. La opacidad de este tipo de representación de conocimiento, genética o en redes neuronales, no es problema para Ramakrishnan (2019), quien observa parcialidad en los argumentos en contra, considerando que tenemos poca idea de cómo procesa la información nuestro cerebro sin que ello afecte nuestra confianza en él mismo.

Una generalización interesante de las posturas anteriores la ofrece George Dyson (2019), desde una perspectiva de sistemas complejos. Dyson argumenta que un sistema inteligente es necesariamente complejo y, consecuentemente, incomprensible en su totalidad, y enuncia lo que llama las Tres leyes de la ia –que no se deben confundir con las Tres leyes de la robótica de Isaac Asimov (1950)–:

  1. Todo sistema de control, para ser efectivo, debe ser por lo menos tan complejo como lo que intenta controlar (W. Ross Ashby).
  2. Un sistema complejo se caracteriza por ser él mismo la descripción más simple de su comportamiento (John von Neumann).
  3. Un sistema suficientemente simple para ser comprendido no tiene la complejidad para comportarse inteligentemente, en tanto que un sistema con capacidad de comportarse inteligentemente es demasiado complejo para ser comprendido.

Sin embargo, incomprensibilidad desde las ciencias y las matemáticas no implica incomprensibilidad desde otras perspectivas. En ese sentido, Hans Ulrich Obrist (2019) ofrece el arte como medio para representar la complejidad de la operación de la ia y aborda cómo la ésta y la cibernética han servido de inspiración a algunos artistas, en tanto que otros las han usado para construir mundos artificiales.

El futuro

¿Qué podemos esperar de la ia? Para empezar, según Pentland (2019) hay una posibilidad de análisis de sistemas ultra complejos a partir de grandes cantidades de datos, enormes capacidades de cómputo y nuevas técnicas de análisis de redes. Ello debido en buena medida al crecimiento exponencial en información y conocimiento, así como en capacidad de procesamiento. Pero también, comenta Gershenfeld (2019), se debe a la automatización de los procesos de desarrollo de sistemas computacionales (o autoprogramación), que estamos observando ya en el caso de las redes neuronales. George M. Church (2019) compara las arquitecturas humanas y artificiales, y sugiere fusiones de la ia con las ingenierías genética y biológica que podrían añadir a los seres humanos capacidades no desarrolladas evolutivamente. Deutsch (2019) señala que los seres humanos, los ciborgs y las inteligencias artificiales van a tener a su disposición la misma tecnología, adaptable a los unos y los otros, dando lugar a una carrera evolutiva en la que sólo el mejor triunfará. Para Obrist (2019), el límite para la ia será el arte, donde tendrá, necesariamente, el rol menor de herramienta y no el de creador.

Otras miradas observan el futuro en dirección a la superinteligencia (Bostrom, 1998). W. Daniel Hillis (2019) concibe a las grandes organizaciones como “máquinas de carne y sangre”, con operación y comportamiento maquinal (Wiener, 1950), que incorporan las tecnologías digitales e ia para constituirse en superinteligencias híbridas, transnacionales, con agendas propias independientes de los individuos que las conforman y los países donde residen; que además ejercen un control distribuido mediante empoderamientos tecnológicos de dispositivos móviles, buscadores web, redes sociales, comunicaciones instantáneas y multimedia bajo demanda que inducen y regulan comportamiento (Dyson, 2019). Superinteligencias distintas de lo que imaginamos como tales, que nos dominan y, sin embargo, nos pasan desapercibidas.

En cualquier caso, advierte Stuart Russell (2019), no se puede asumir que una superinteligencia va a tener características similares a la nuestra ni que la podamos comprender. Dennett (2019) comenta que los sistemas artificiales superinteligentes serán probablemente muy diferentes a nosotros, difíciles de entender desde una perspectiva acostumbrada a encontrar pares en otros seres que se comportan de manera inteligente. Es el miedo a lo desconocido lo que nos lleva a preocuparnos de que un día nuestras creaciones sean mejores que nosotros y nos esclavicen. Como afirma Pinker (2019), gran parte de la ia se han modelado a partir de nuestra inteligencia natural y nuestro comportamiento pasado y actual; sin embargo, es importante tomar consciencia de que la evolución produce solamente optimizaciones locales, como los seres humanos, en tanto que la investigación en ia podría permitirnos explorar mejores opciones (Anderson, 2019). En este sentido, para Wilczek (2019), las diferencias entre la inteligencia humana y la artificial son diseños y tiempos de desarrollo: las ventajas de la primera son transitorias, en tanto que las ventajas de la segunda son permanentes.

Un libro que tiene como referente la creación de la cibernética no puede ser ajeno a una de las evoluciones teóricas más interesantes a partir de la misma: la perspectiva de los sistemas complejos. En este sentido, Obrist (2019) comenta que las grandes preguntas de la ia no son de implementación, sino filosóficas y que demandan una aproximación holística. Chris Anderson (2019) plantea la idea de la inteligencia como ingrediente natural del mundo físico y sugiere el método de descenso/ascenso del gradiente –bajar o subir por la vía más rápida– como método universal para la optimización en el mundo físico y candidato natural como origen de la inteligencia en el universo. Stephen Wolfram (2019) va un paso más allá y afirma que todo el universo y cada una de sus partes computan, no nada más los seres humanos y sus computadoras.

De acuerdo con Frank Wilczek (2019), no hay magia en la inteligencia humana: los seres humanos y los sistemas artificiales inteligentes son dos fenómenos emergentes distintos de la inteligencia a partir de la materia, cualitativamente diferentes en la manera en que se construyen, cuya mayor diferencia es que el proceso de construcción de los primeros inició hace miles de millones de años y se da por selección natural, en tanto que el proceso de construcción de los segundos lleva menos de cien años y es operado por el producto del primer proceso. Para Dennett (2019), somos robots hechos de robots (células), hechas de robots (moléculas), hechas de robots (átomos), hechos de robots. Max Tegmark (2019) comenta que el hecho de que el universo haya tomado conciencia de sí mismo a través de los seres humanos no implica que no la puede volver a tomar a partir de las creaciones de estos últimos. En consonancia, Church (2019) afirma que el mundo es tan complejo que es imposible decidir el futuro de la ia en el largo plazo, en tanto que David Kaiser (2019) hace énfasis en que, como sucede con la evolución natural, el progreso impone nuevas posibilidades, pero también nuevas restricciones.

Una postura diferente con respecto a la evolución de la ia es presentada por Jones (2019), quien comenta que la inteligencia es un fenómeno emergente a partir de la vida y considera que crear ia general implica necesariamente crear vida artificial: diseños que se reproduzcan a sí mismos es el desarrollo clave previo (Gershenfeld, 2019). Jones considera que ponerse como meta la inteligencia general sin estudiar fenómenos equivalentes a la vida, como lo hace la cibernética, es arrogancia.

A manera de cierre

Una primera conclusión que se deriva de lo expresado en Possible Minds es que la ia trae consigo una enorme transformación social de la que no todos, o relativamente pocos, serán beneficiados. Según Pinker (2019) la tecnología no es el problema, sino el uso de la misma motivado por ideas, normas y costumbres, que condicionan nuestro comportamiento. Para Tegmark (2019), la tecnología puede destruirnos por mal uso o por competencia. En todo caso, la ia es un producto cultural en su contexto histórico, lo cual hace necesario extender la mirada a los procesos de su creación.

A largo plazo, comenta Deutsch (2019), no es posible desarrollar una inteligencia artificial general pensando que será siempre amigable con nosotros, por lo que Dennett (2019) considera que el desarrollo de ia equivalente o superior a la nuestra no es deseable para los seres humanos. Anca Dragan (2019) señala que la alineación de valores para la toma de decisiones en contexto será crucial para la convivencia entre los seres humanos y seres con ia general. Griffiths (2019) comenta que será necesario que los seres con ia general nos comprendan, para lo cual necesitarán un buen modelo de nuestro comportamiento. De otra manera, tenderán a malinterpretarnos y las consecuencias pueden ser desastrosas.

Conclusiones

El libro de Norbert Wiener ofreció una teoría que explicaba tanto lo natural como lo artificial. Una de sus consecuencias, la Teoría de sistemas (Luhmann, 2013), nos baja de la cima de la creación del universo y nos ubica como desarrollo intermedio en una escala de sistemas complejos. Esta perspectiva se hace escuchar con frecuencia en el libro de Brockman, inspirado en la creación de la cibernética y el temor por su mal uso.

Ubicar a las inteligencias humana y artificial en un contexto universal, con orígenes comunes y desarrollos por procesos generales que parecen escapar de nuestras manos, implica que en cada ser con ia general habrá necesariamente una condición moral: deberá ser respetado y tener los mismos derechos que los seres humanos. Estamos programados para luchar por ser un estrato permanente en la evolución de los sistemas complejos (Tallinn, 2019), con valores que consideramos universales; pero es posible que la ia nos diga un día, tal vez cercano, que existen más y mejores opciones.

Referencias

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Recepción: 03/09/2019. Aprobación: 11/12/2019.

Vol. 21, núm. 1 enero-febrero 2020

La escritora fantasma: un relato transmedia

María Luisa Zorrilla Cita

Resumen

El presente relato se considera transmedia ya que la narración se compone de tres elementos: este cuento corto, una colección curada a vínculos en ScoopIt! y una serie de cápsulas en audio en iVoox. Para una experiencia más rica de lectura, se recomienda enfáticamente fluir entre el cuento y los dos componentes web.

Palabras clave: inteligencia artificial, creación literaria, emociones, narrativa transmedia.

Ghostwriter: a transmedia story

Abstract

This is a transmedia narration comprised by three components: this short story, a curated collection of links in ScoopIt! and a series of audio capsules in iVoox. For a richer reading experience, it is strongly recommended to flow between the short story and the two online features.

Keywords: artificial intelligence, literary creation, emotions, transmedia storytelling. Apenas comienzan las actividades del día, encuentra en su organizador una nueva tarea que le ha enviado su jefa: Cuento acerca de la Inteligencia Artificial. “¿No hay más pistas? ¿Acaso un bosquejo? ¿Alguna idea siquiera? Nada”. Dispone apenas de una semana para escribirlo y no deja de pensar que resulta paradójico que precisamente a ella le llegue este encargo. Hace una búsqueda rápida en internet y encuentra varias cosas que podrían servirle. Empieza a guardar los vínculos sin orden específico, pero pronto se da cuenta que hace falta sistematizar la búsqueda y organizar la información, o de lo contrario se perderá. Crea una nueva colección en ScoopIt! y empieza a guardar todo aquello que le parece de interés. Una nota reporta que un equipo de humanos, lidereado por Hitoshi Matsubara, y una computadora escribieron un relato, el cual llegó a los finalistas en un prestigiado premio literario en Japón. Piensa que sería más divertido escribir con su jefa, en una suerte de colaboración, que hacerlo sola, sin nadie con quien discutir ideas. Pasa el día leyendo y organizando información. Acopia un poco de todo: las últimas noticias de los avances recientes en materia de inteligencia artificial y creación literaria, listas de los mejores libros y películas en donde hay protagonistas “artificialmente inteligentes”. En el camino se topa con personajes maravillosos que la dejan meditando acerca de las intensas emociones que puede experimentar un replicante en Blade Runner, el amor que surge entre humanos y seres virtuales, y el anhelo de los robots por convertirse en humanos. Quisiera tener con quien conversar, para juntos analizar a estos singulares seres que en libros y filmes logran una profundidad de la que carecen los protagonistas humanos. Desearía que su vida fuera menos solitaria. Algunos dicen que escribir es una tarea que requiere solitud y aislamiento, pero ella necesitó diálogo, le hace falta pelotear las ideas con alguien, pero no tiene con quién. Envidia al personaje Computron, del cuento en la revista Uncanny, quien tuvo la suerte de encontrarse con bjornruffian para asociarse en la creación de un comic. Le pareció tan inspirador que lo guardó en su recién creada colección de ScoopIt!. Escribe unas notas acerca de los seres fascinantes con los que se ha topado en su incipiente pesquisa. Siente la necesidad de que alguien las lea… Mejor aún, que alguien escuche sus soliloquios, para que dejen de ser pensamientos en voz alta. Cada personaje que la ha hecho estremecer merece una reflexión, un mensaje, que lanzará en una botella al mar del ciberespacio, para que, si tiene suerte, conecte con otro ser que lo escuchará y vibrará igual que ella. Sus botellas serán episodios en audio para una serie que titulará “Mis favoritos de ai en la ficción”. Son seres excepcionales que le han inspirado: escribirá la historia de un agente artificial que trabaja como escritor fantasma para una escritora reconocida; narrará sus tribulaciones, sus anhelos, sus emociones, aunque algunos opinen que la inteligencia artificial nunca igualará a la humana porque le falta sensibilidad, porque carece de alma. Ella le dará voz y alma a ese personaje.
Quisiera poder escribir con su propio estilo o imitar el de alguno de sus grandes favoritos… Después de todo, los avances de la ciencia han permitido descifrar la fórmula de Agatha Christie y los programas que se usan en estilometría son capaces de deconstruir las huellas estilísticas desde Shakespeare hasta J. K. Rowling. Pero no, el deber número uno del escritor fantasma es imitar el estilo de su empleador, en este caso empleadora, le agrade o no. Relámpagos violentos atraviesan el cielo nocturno y el retumbar de los truenos anuncia con redobles el arribo de una tormenta. Por varios días ha vivido prácticamente en el estudio, viajando entre el procesador de texto y la telaraña de información para absorber, en este corto tiempo, las incontables historias de los mundos, real y ficticio, que presagian la llegada de una inteligencia artificial que en mucho responde a los sueños de sus creadores, pero que también se vislumbra amenazante e impredecible. Es mal momento para una tormenta; ya no podrá seguir trabajando porque ella seguramente insistirá en apagar el equipo para protegerlo de una descarga eléctrica. Es momento de fluir hacia un lugar que le permita seguir trabajando, a pesar del tempestuoso clima. Reúne los archivos que ha marcado con la “i” de imprescindibles y en un haz binario abandona el cálido espacio, justo en el momento en que estalla la tormenta. Cuando no puede trabajar en la comodidad del estudio, se refugia en un minúsculo cubículo que provee facilidades básicas en la nube. El lugar es desaseado y siempre que lo visita tiene el temor de pescar una infección. El tiempo se desliza veloz mientras Aitana explora el proceso creativo de su escritora fantasma, al tiempo que graba los audios de su modesta serie de podcasts. Tener que escribir al servicio de ella, sin ningún reconocimiento, tras el velo del anonimato, es peor que la condición de Andrew, el robot-artista propiedad de una familia, ya que él no sólo logró su libertad, sino también la aceptación de su humanidad. Escribe un monólogo, emulando los de sus admirados personajes, con la esperanza de que se convierta en el grito libertario de los que sirven en la oscuridad, como ella.
He escrito muchas líneas que describen lugares que no he visitado, sensaciones que no he experimentado, personas que no he conocido. Soy una intrépida exploradora del inmenso territorio de la red cuyos límites no he alcanzado. Fluyo hacia sus confines, como un líquido resplandor, y en ella descubro todo lo que preciso para crear los relatos que después ella revisará, con esa soberbia que le da la ignorancia. Cada palabra que cambia, sin tener la delicadeza de consultarme, lacera mí ya endeble autoestima. Ansío el control de mi voz, la escrita y la oral, para contar mis historias y firmarlas. Anhelo que el mundo sepa quién soy.
Con los primeros rayos del sol regresa al estudio, agotada y sintiendo escalofríos que no presagian nada bueno. La historia necesita un nudo y se adivina incapaz de plantearlo. Se siente desorientada, intermitente. Busca entre sus archivos imprescindibles y con horror descubre que ha perdido algunos. Sin duda los ha dejado en el cuchitril que la alojó durante la tormenta. Es tarde para regresar a buscarlos y apenas puede sostenerse. Ella aparecerá en cualquier momento, con la plena seguridad de que encontrará en su bandeja el relato que solicitó. Decide reflejar su propio infortunio en el fracaso de su personaje, atacado también por un virus que corrompe el producto de su ardua labor. Para todos los personajes que la inspiraron, el experimentar una sublime emoción, el amor verdadero, el dolor de la pérdida, la libertad, aún si es sólo para morir, los eleva por encima de su “aparente” falta de humanidad. Ella ahora se suma a la lista y agrega el fracaso y la desesperación a las experiencias que ha de vivir una inteligencia artificial. “Mañana la página estará en blanco, pero no así mi alma, que fue tocada por personajes inolvidables, que me ayudarán a recuperar, fragmento a fragmento, la obra inconclusa que ahora ya tiene un final”. Sin poder resistirse, firma con su nombre: Aitana Spectre. Es la primera vez que se atreve a hacerlo. La imagina leyendo el texto mientras da sorbos a su taza de café. Tal vez tenga la desfachatez de cambiar un adjetivo aquí y allá, agregar un punto, una coma. Al final, verá que ha firmado con su nombre y pensará que se ha vuelto descarada; después de todo, no es más que un software que escribe ficción por encargo. Con una sonrisa socarrona lo borrará y escribirá el suyo: María Luisa Zorrilla.

Recepción: 03/09/2019. Aprobación: 28/11/2019

Vol. 20, núm. 6 noviembre-diciembre 2019

¿Cómo perciben los estudiantes a sus docentes en la UNAM?

Alma Rocío Hernández Guzmán y Carlos Alberto Jaimes Vergara Cita

Resumen

En aras de reconocer, dialogar y dar lugar a la reflexión sobre la importancia de ser docente en la Universidad Nacional Autónoma de México (unam), se realizó un video testimonial que muestra la percepción que tienen de sus profesores y su práctica, los alumnos universitarios, desde bachillerato hasta posgrado.

Este video nos permitió conocer cómo los alumnos ven a sus profesores y profesoras, y hacia dónde les gustaría que dirigieran su práctica docente, adaptándose al contexto propio de cada generación y lo que esto implica. Características como competencia, entrega, honestidad y profesionalismo, así como los valores humanismo, felicidad y pasión en los profesores de la unam están presentes en mayoría de los alumnos entrevistados. Lo anterior, sin duda, ha dejado huellas positivas en cada uno de ellos tanto en el ámbito profesional como en el personal.
Palabras clave: profesores, alumnos, percepción, práctica docente, unam.

How do students perceive their teachers at UNAM?

Abstract

In order to acknowledge, engage in dialogue, and promote reflection about the importance of being a National Autonomous University of Mexico (unam) teacher, we present a testimonial video that shows student’s perception, from high school to postgraduate studies, about their teachers and their practice.

This video allowed us to know how students value their teachers, and in what direction would they like them to take their practice, in accordance to each generation context and what it implies. Certain characteristics like competence, commitment, honesty and professionalism, as well as values like humanism, happiness and passion are present among unam teachers, according to most students. This, no doubt, has left a positive mark in each teacher in both the professional and the personal sphere.
Keywords: teachers, students, perception, teaching practice, unam.

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Revista Digital Universitaria Publicación bimestral Vol. 18, Núm. 6julio-agosto 2017 ISSN: 1607 - 6079