Vol. 22, núm. 6 noviembre-diciembre 2021

Una red neuronal para la detección de somnolencia en conductores

Edurnet Jhaquelin Luna Becerril, Emmanuel Tonatihu Juárez Velázquez y Adolfo Meléndez Ramírez Cita

Resumen

En el presente artículo se muestra el uso de una técnica de inteligencia artificial denominada machine learning, para detectar los estados de somnolencia y de vigilia en los conductores vehiculares. La somnolencia se genera cuando el individuo está con un alto nivel de estrés o cansancio, lo cual puede provocar un accidente; cuando está en alerta, se le denomina estado de vigilia. Para su medición, se toman en cuenta dos variables: el pulso cardíaco y la temperatura corporal. El pulso cardíaco se midió con un sensor, a través del método de fotopletismografía (ppg). La temperatura corporal se tomó mediante un sensor infrarrojo, sin contacto. Los datos obtenidos a través de la lectura sirvieron para crear una colección de datos y realizar el entrenamiento de una red neuronal con aprendizaje supervisado. Posteriormente, la información fue clasificada mediante este sistema de adquisición de datos.
Palabras clave: machine learning, red neuronal, sensores, somnolencia, vigilia.

A neural network for the detection of drowsiness in drivers

Abstract

The following article shows the use of machine learning, a type of artificial intelligence, to detect somnolence and the state of vigil in drivers. Somnolence is generated when an individual has high levels of stress or tiredness, and can lead to a potential accident. When alert, it is called vigil state. Two variables are considered: heartbeat and body temperature. Heartbeat was measured with a sensor through the photopletismograph method (ppg). Body temperature was taken through an infrared sensor without contact. The obtained data was used to create a database and to train a neuron network with supervised learning. Later, the information was classified through this data acquisition system.
Keywords: machine learning, neural network, sensors, somnolence, vigil.

Introducción

La Comisión Nacional de Seguridad de México (2013) reportó que entre 2016 y 2017 hubo un alto índice de accidentes automovilísticos, de los cuales 90% fue ocasionado por individuos que conducían bajo los efectos del alcohol, a exceso de velocidad y/o en estado de fatiga. De estos accidentes, 30% fue derivado del estado de somnolencia, debido a la falta de sueño. Al respecto, se conoce que alrededor de 75% de los conductores ha sufrido al menos un episodio de sueño mientras conduce (Lanuza Moreno et al., 2018).

El descanso y el sueño son aspectos fundamentales para mantener la salud física, pues el gasto de energía de los seres humanos se repone durante el sueño, lo que permite un funcionamiento óptimo del organismo (Basco et al., 2010). Si el cuerpo no descansa adecuadamente llega a tener episodios de sueño y se genera somnolencia. Esto se debe al modelo de los estados del sueño y vigilia, que determina la interacción entre el estar dormido y el estar despierto (Rosales Mayor, 2010). Cada una de estas etapas tiene distintos componentes que se derivan de la actividad de las neuronas en el sistema nervioso, influenciada por los ritmos circadianos, 1 así como los efectos de factores homeostáticos, ambientales.

La somnolencia es un desequilibrio o alteración, y es algo difícil de medir, ya que está determinada por la calidad y cantidad del sueño, y el ritmo circadiano. Las personas con menor descanso presentan reducciones o incrementos en los ritmos circadianos, y son afectados por variables biológicas, como la temperatura corporal, pulso cardíaco, tensión arterial, entre otros. Cuando un individuo no descansa correctamente y se encuentra despierto o soñoliento, ejerce una acción en la que necesita estar alerta, en la que su ritmo circadiano y sus variables biológicas están por debajo de lo normal. En cambio, cuando la persona tiene un ritmo circadiano alto, es porque sus niveles biológicos están en el rango normal de activación y de alerta —un estado llamado vigilia—, debido a que obtuvo un descanso correcto.

El sueño

La principal función del sueño es la recuperación fisiológica y psicológica. Las teorías sugieren que el sueño es un proceso activo de múltiples fases. Distintas ondas cerebrales y actividad del músculo y de los ojos se asocian con las diferentes fases del sueño. (E. 2019).

El sueño normal consta de dos fases:

  • Sueño de no movimiento rápido de los ojos (NREM).
  • Sueño de movimiento rápido de los ojos (REM).


Figura 1. Fases del sueño (autoría propia) con información de Potter, et al., 2019.

El pulso cardíaco

La frecuencia cardíaca —también llamada ritmo o pulso cardíaca—es la cantidad de veces que el corazón late por minuto. Existen formas de medir dicha latencia, como la pletismografía 2 y la fotopletismografía. 3

Para la detección del pulso cardíaco en estado de vigilia, se tomó el rango de normalidad entre 60 y 100 pulsaciones por minuto (bpm, por sus siglas en inglés; Tintín et al., 2015), esto según la edad de los usuarios. Debido a lo mencionado, en el estado de somnolencia la frecuencia cardíaca tiende a disminuir 50%, es decir, que el usuario puede presentar un número de pulsaciones menor a 60 bpm.

Temperatura

De acuerdo con lo estipulado dentro de los cambios fisiológicos durante el sueño, existe un desequilibrio que indica que la frecuencia cardíaca disminuye en el paso de la vigilia al sueño en la fase nrem 4 (Navarrete, 2013). Durante esta etapa también disminuye la temperatura corporal. Normalmente, ésta oscila entre 36 a 37.5 °C, y durante el sueño tiene variaciones circadianas y se reduce de 1 a 2 ºC. Esto se debe a una mayor sudoración y menor producción de calor (Amador Cano, 2001).

Aprendizaje supervisado

Es identificar un aprendizaje a través de un conjunto de datos y un objetivo, en donde los datos son registros almacenados, por ejemplo, la lectura de datos a través de los sensores que se obtuvieron de un grupo de personas en diferentes horarios, como la mañana, tarde-noche y el objetivo es realizar un algoritmo que permita descubrir la relación que existe entre las variables de entrada de los datos y unas variables de salida llamadas etiquetas que indican el valor de la predicción a definir, es decir el aprendizaje surge en enseñarle a estos algoritmos cual es resultado que quieres obtener para un determinado valor, tras mostrarle los ejemplos de los datos de entrada, y conocer el valor o etiqueta a identificar, donde el fin es llegar a predecir las etiquetas de nuevos registros que no fueron establecidos, en este campo se hizo uso del tipo de aprendizaje por clasificación donde las lecturas de los datos se seleccionan categóricamente, para conocer los valores posibles, cabe mencionar que los datos no solo realizan el entramiento del aprendizaje, también se requiere de saber su ajuste en una validación, donde los parámetros son el número de neuronas que definen la arquitectura de la red, identificadas como capas y por último la evaluación, para conocer el desempeño del modelo sobre los datos.




Lectura de datos

Los datos obtenidos para el pulso cardiaco fueron extraídos por el sensor que identifica la técnica fotopletismografía y para la temperatura se eligió el sensor que detecta lecturas mediante una luz infrarroja, sin tener contacto físico con la superficie. Para realizar las lecturas se requiere de la calibración de los sensores conectados a un microcontrolador programado de acuerdo con los rangos normativos de cada una de las técnicas.

La lectura de los datos se realizó a diversos tipos de personas, las cuales se eligieron en diferentes horarios para indicar el ritmo circadiano y conocer los niveles fisiológicos y determinar si se encontraban en un estado vigilia o soñolientos (somnolencia). Los datos extraídos de los sensores a través del microcontrolador registran lecturas cada 10 segundos, en la figura 3 se observa el monitoreo gráfico de las lecturas de los datos.

Figura 2. Lectura de los datos (autoría propia).

Entrenamiento de los datos



Figura 3. Mapa del proceso de entrenamiento (autoría propia).

Resultados

El entrenamiento que realizamos realizó que las lecturas de los sensores fueran clasificadas de manera correcta, con un resultado altamente favorable, al identificar las bias 5 de forma adecuada para la red neuronal. Es necesario indicar que no se logró generar un buen resultado en las primeras iteraciones del entrenamiento, pues se tuvieron que realizar 79 intentos y elevar el número de neuronas a 10 capas ocultas, con el fin de lograr 100% de entrenamiento, con un margen de error de 0%.

De esta forma, las variables fisiológicas como el pulso cardíaco (bpm) y la temperatura corporal pueden ser de gran ayuda para la detección del estado de somnolencia y vigilia en los conductores. No obstante, debido a las veces que se tuvo que realizar el entrenamiento, durante el ritmo circadiano se generó una discrepancia en los valores de entrada. En este punto se tiene que tomar en cuenta que los datos deben de ser más precisos, es decir, con mediciones de pulsaciones cardiacas y temperatura casi perfectas de acuerdo con el retiro de la matriz de confusión.

Conclusiones

A partir de la medición de pulso cardíaco y temperatura corporal, y mediante un modelo de aprendizaje supervisado, se puede observar una convergencia con los estados de salida según la red neuronal aplicada. Por ello, se determina que el estado de somnolencia de un conductor se puede medir con dicho modelo y variables fisiológicas, en un tiempo de 10 segundos y ser analizadas en menos de 5 segundos.

Referencias

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Recepción: 24/07/2020. Aprobación: 04/02/2021.

Vol. 22, núm. 6 noviembre-diciembre 2021

Nuevas formas de enfrentar la realidad

Rosa María del Ángel y Morgana Carranco Cita

Es indudable que los y las docentes buscan constantemente formas más efectivas e innovadoras de enseñar. En los últimos 18 meses, esta búsqueda se ha vuelto aún más acentuada, ya que la covid-19 sacudió el panorama universitario y escolar, así como el mundo académico, lo que empujó a los docentes a experimentar con nuevas estrategias para incentivar a sus estudiantes. Actualmente, si hacemos una breve búsqueda en internet, podemos encontrar varios métodos de enseñanza innovadores, desde el aula invertida, conferencias digitalizadas o en línea —como tareas previas a la clase—, comunidades de práctica e investigación, hasta dictar la sesión en un canal de YouTube o un podcast.

Además, los y las estudiantes lograron nuevas habilidades con la educación remota y a distancia; por ejemplo, participar en experiencias de aprendizaje activas como discusiones, enseñanza entre pares, presentaciones, proyectos, resolución de problemas, cálculos y actividades grupales. En otras palabras, consideramos que es importante destacar las estrategias emergentes, innovadoras, creativas o alternativas que son más efectivas para garantizar una educación de calidad para todos, incluso en medio de una crisis de salud. Y, sobre todo, queremos recalcar el valor de no dejar de lado las disparidades digitales y buscar propuestas que sirvan para aliviar algunas de las cargas de los estudiantes, maestros y centros escolares.

En este sentido, y debido a que la unam y las instituciones educativas de nuestro país no se detienen, los autores y autoras del último número del año de la Revista Digital Universitaria nos comparten algunas herramientas, estrategias, experiencias, testimonios y resultados de investigaciones, que se lograron en este segundo año de pandemia.

Como es costumbre, abrimos con los artículos de divulgación de la sección Varietas. Aquí destacan la diversidad natural, a distintos niveles, por ejemplo, la que hay en los “Micromundos biominerales en las algas rojas” y la de las diferencias de “La pigmentación en la piel humana como adaptación al ambiente”. En este último texto, además, los autores resaltan la importancia de la ciencia, la cual en ciertas ocasiones es utilizada como instrumento de marginación y discriminación.

Otro asunto está ubicado precisamente, en el ámbito de la marginación social. En “La importancia de la inteligencia emocional en la población masculina”, la autora aborda el tema de la inteligencia emocional enfocada en los hombres, como pieza clave contra la violencia de género y el sistema patriarcal, así como la relevancia de perseguir nuevas áreas de investigación sobre el tema.

Y por último, sobresale la importancia del análisis de datos y sus aplicaciones, que pueden proporcionar grandes beneficios, desde “Una red neuronal para la detección de somnolencia en conductores”, pasando por el “Desarrollo de nuevos fármacos por computadora”, hasta la reflexión de si la evolución del “Sistema de archivos, gestores de base de datos y Hadoop” en los negocios se puede considerar realmente una evolución o un retroceso.

En cuanto a la importancia de apoyar las estrategias emergentes para garantizar una educación de calidad, varias escuelas alentaron a los y las docentes a encontrar nuevas formas de enseñanza, lo que les llevó a grabar sus clases o a crear recursos digitales complementarios, mediante podcasts, cápsulas informativas, blogs, memes e infografías. Es por ello que en Caleidoscopio se habla de la “Infografía, la mirada creativa de la información”, como una herramienta útil y necesaria para compartir el conocimiento.

Sin embargo, a veces, adoptar nuevas formas de enseñanza puede ser desalentador, y resultar en una barrera significativa para pasar al formato digital o para encontrar las didácticas más adecuadas para la educación a distancia y en línea, pero, en el contexto actual, es un compromiso que tanto docentes como estudiantes debemos adquirir para sacar adelante de la mejor forma la continuidad educativa. En nuestra sección Continuum educativo, compartimos las experiencias de “Lo que aprendimos a un año de haber comenzado la pandemia” y de cómo nuestros profesores no se rinden al “Buscar el mejoramiento docente en la educación a distancia”.

Sin duda, el cambio hacia el aprendizaje en línea ha planteado muchos desafíos para los maestros, los centros escolares y las familias, en particular aquellos situados en comunidades rurales, de bajos ingresos y sin acceso a internet de alta velocidad. Actualmente, algunos estudiantes están haciendo todo lo posible para acceder a una conexión Wi-Fi, incluso sentados en las banquetas o en las escaleras de escuelas y bibliotecas cerradas. En la sección Universidades, encontrarás lo que se está haciendo para enfrentar las dificultades que trajo el coronavirus sars-CoV-2. En cuanto a diferentes instituciones, en “De la política internacional al Programa Emergente de Educación Remota de la Universidad Autónoma Metropolitana”, su autor nos platica lo que se ha hecho en esta institución mexicana de educación superior . Con respecto a otros lugares, el texto “Afrontamiento durante la pandemia: experiencias psicosociales de los amuzgos de Xochistlahuaca” cuenta las dificultades que esta comunidad rural de Guerrero tuvo que enfrentar durante la pandemia, y no sólo en el contexto educativo sino en su forma de vida.

La pandemia aún no termina, queda un largo trecho por recorrer, pero creemos que este podría ser un buen momento para experimentar, mirar más allá de las soluciones a corto plazo y desplegar recursos para catalizar la transformación de este y los siguientes años. Adoptemos las bondades del aprendizaje virtual como una nueva manera que va más lejos de la idea de que una misma forma de educar o un sólo modelo pedagógico sirve para todos los estudiantes, que nuestro tiempo como maestros y/o estudiantes durante la educación remota nos haga creer en nuestra capacidad y habilidades, ya demostradas en la mayoría de los casos, para asumir desafíos académicos, que nos inspiren a construir una base de confianza a la que recurramos a lo largo de nuestras vidas. Así como un entendimiento y diálogo académicos más profundos y relevantes a los tiempos venideros en las instituciones de educación superior. Sigamos buscando el conocimiento y compartiéndolo con nuevas y alternativas estrategias y métodos, diseñando formas innovadoras y más creativas de enseñar y aprender. La educación en línea y a distancia no es la panacea educativa, pero sí ha constituido la alternativa en una crisis de salud y educativa sin precedente en el último siglo en el mundo. Es impostergable innovar en educación ante crisis similares por consecuencias del cambio climático o eventos de desastre natural, se requiere que pensemos en la profesionalización docente y en las nuevas formas de educarnos en situaciones de huracanes, temblores o terremotos, incendios, inundaciones u otras circunstancias que obliguen a la educación a continuar. Y recuerda que la Revista Digital Universitaria está aquí para contribuir con esta misión.

Vol. 21, núm. 6 noviembre-diciembre 2020

Una competencia de pesos pesados por el dominio del mundo

Guillermo N. Murray-Tortarolo y Fabiola Murguía-Flores Cita

Resumen

Los seres humanos somos la especie dominante de nuestro planeta por donde se lo vea. Hemos cambiado los flujos de materia e información, entendido nuestro universo a profundidad y hasta modificado la esencia de la vida, los genes. Pero bajo un indicador ecológico, la dominancia, determinada por la masa de una especie, no necesariamente resultamos como los grandes campeones. En este artículo comparamos la biomasa de los seres humanos contra la de las plantas, los microorganismos y nuestro animal domesticado favorito, las vacas, a través de tres rondas de lucha de pesos pesados. Gracias a los cálculos más recientes, la tecnología satelital y las supercomputadoras, podemos darnos cuenta de que no ganamos ninguno de los tres asaltos, pues la biomasa de nuestros compañeros de planeta es mucho mayor a la nuestra. Acompañamos, entonces, en esta pelea de los gorditos, para descubrir un mundo dominado por todos, menos nosotros.
Palabras clave: biomasa global, dominancia ecológica, biosfera, biología cuantitativa.

A heavyweight competition for world domination

Abstract

We humans are the dominating species of our planet. We have largely modified the matter and information fluxes of our planet, we have a deep understanding of our universe, and we even altered the very essence of life, genes. However, under one key ecological indicator, dominance —determined by the biomass of a species—, we may not be the sole rulers. In this article, we compared the biomass of human beings against plants, microorganisms and our favorite domesticated animal, cows, through three heavy-weight box rounds. Thanks to the most recent calculations, satellite technology, and supercomputers, we will show how we easily lose all three rounds, and how the biomass of our planetary neighbors is much bigger than ours. Join us, in this chubby box championship, to discover a world ruled by everyone, but us.
Keywords: global biomass, ecological dominance, biosphere, quantitative biology.

Introducción

Los seres humanos hemos modificado nuestro planeta como ninguna otra especie. Hemos alterado de manera radical los flujos de energía, materia e información, modificando el clima de la Tierra, la productividad de ciertas especies y hasta la misma esencia de la vida: los genes. Por donde lo veamos, somos seres superiores en nuestro mundo, los grandes amos y señores de la vida en la Tierra… ¿Cierto?

Posiblemente no. Tomemos el ejemplo de la dominancia ecológica para explicarlo. Una de las labores que más les gusta a los ecólogos es determinar la composición y estructura de las comunidades vegetales. Para ello, utilizan distintos índices, entre ellos el famoso índice de dominancia, que usa parámetros como la frecuencia, la abundancia y, en particular, la biomasa de las especies, para con ello determinar su “peso” en un ecosistema. La biomasa es, literalmente, el peso (la masa) que tiene una especie viva, y funciona como un buen indicador de su éxito ecológico (si tienes mucha masa, ¡debe ser porque te va muy bien!).

Entonces, basándonos en este simple indicador, ¿somos los más abundantes en el planeta? ¿Es acaso la biomasa de los seres humanos mayor que la de otros organismos vivos, y somos los ganadores en el campeonato de pesos ecológico? En este artículo te lo platicamos. Como un campeonato de box, a lo largo de tres rondas pondremos a pelear la “gordura” de los humanos contra la de otros organismos y, te adelantamos, no ganamos ni una sola vez.

Round 1: humanos vs. plantas

Ronda uno. En la esquina izquierda tenemos a nuestros favoritos, llenos de sangre y huesos, los seres humanos. En la esquina derecha, a las duras, cafés, verdes e inmóviles, las plantas.

En primer lugar, revisemos la cantidad de individuos de la que estamos hablando y, así, hagamos un cálculo de su biomasa. De acuerdo con los últimos datos que revisamos (junio 2020), en este momento hay 7,790,202,015 personas en el mundo y para cuando leas esta nota seguro se habrá incrementado en algunos cuantos millones. Si el promedio de nuestro peso es de 70 kg, significa que los seres humanos tenemos una biomasa de 545 millones de toneladas. Esto lo sabemos gracias a los impecables récords de natalidad y mortalidad que lleva cada país.

No obstante, este no es el caso para los árboles… No hay ninguna nación que se haya dedicado a contar cada uno de ellos y tomar nota de cómo cambian sus poblaciones. Por suerte, en la era moderna contamos con satélites de resolución espectacular. Gracias a ello Tomas Crowther y colaboradores, en un artículo publicado en la revista Nature en 2015, estimaron que existen 3.04 billones de árboles, algo así como 422 por cada persona. De hecho, encontraron que, gracias a las plantaciones humanas, existen más árboles en la actualidad que hace 35 años. Siguiendo con sus estimados, Yinon Bar-On y colaboradores, calcularon la biomasa vegetal, en un artículo publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, en 2018, y obtuvieron un valor de 4.5 billones de toneladas. En otras palabras, las plantas tienen algo así como 7500 veces más biomasa que la de los seres humanos. ¡Ups! No ganamos ni por poquito.

Round 2: humanos vs. microorganismos

Bueno, la ronda anterior era algo predecible. Los árboles son demasiado grandes, demasiado pesados y están por todos lados. Seguro que entonces le podemos ganar a los más diminutos, a los invisibles microorganismos.

Comienza así nuestro segundo round. Nuevamente, en la esquina izquierda tenemos a los monos vestidos, que se enfrentan a nuestro nuevo retador, los minúsculos, microscópicos y más viejos habitantes del mundo: los microorganismos (ojo, el coronavirus se quedó afuera, por prevención a nuestra salud).

En la esquina de los pequeñines se encuentran todos los que miden menos de 5 micras, ¿sabes cuánto es eso? Una micra es la millonésima parte de un metro, así que somos como alrededor de 1.7 millones de veces más grandes que estos organismos. Sin embargo, en este caso el tamaño no es lo que importa si no la abundancia. Dentro de la categoría de microorganismos aquí agrupamos a las arqueas y las bacterias. 1 Estos organismos fueron las primeras formas de vida en aparecer en nuestro planeta, por lo que tienen una alta capacidad de adaptación a casi cualquier ambiente. En la actualidad existen microorganismos en cada rincón de nuestro planeta, pueden habitar desde profundas fosas marinas, aguas sulfurosas volcánicas, estómagos de animales, hasta la masilla de nuestros dientes. De acuerdo con un estimado reciente (2019) de Hans-Curt Fleming y Stefan Wuerts, publicado en la revista Nature, hay aproximadamente 1030 bacterias y arqueas en todo el planeta. Este es un número muy grande, es un nonillón, o un 1 seguido de 30 ceros, de bichos; algo así como que el doble de microorganismos en la Tierra sería el mismo número de estrellas en la vía láctea. Tan sólo en una pizca de suelo puede haber hasta 40 millones de células bacterianas y hasta un millón en una gota de agua.

¿Por qué son tan abundantes? Por dos razones: tienen una alta capacidad adaptativa y su ciclo de vida es corto en comparación con los humanos, así que están por todos lados y se reproducen muy rápido. Su capacidad de adaptación es extraordinaria, ya que ningún otro ser vivo en nuestro planeta se atreve a vivir en los barrios donde éstas se la pasan de maravilla. Un ejemplo de estos ambientes son los géiseres y los cráteres de volcanes activos, lugares superinhóspitos e inhabitables por cualquier mortal, ¿cierto? Pues no es así. Existe un amigo llamado Pyrococcus furiosus y como ya lo imaginas por su nombre, esta arquea pueden vivir en ambientes extremadamente calientes, de hecho su temperatura ideal es arriba de los 80ºC (¡temperatura que mataría a cualquier humano!). Otro ambiente muy extremo es el Mar Muerto, en el cual la salinidad es tan alta que si te echas un trago de esa agua te deshidratarías hasta la muerte. Sin embargo, las bacterias del género Halobacterium son más que felices ahí, pues sus adaptaciones les permiten vivir sin problemas en este ambiente salino. También están los microorganismos que soportan muchísima radiación como Thermococcus gammatolerans; los que viven en lo más profundo del mar, donde la presión es muy grande (como para aplastar a un humano y su auto), como Shewanella y Moritellaque se han encontrado a 11,000 metros bajo el mar; también los hay que viven en lo más profundo del suelo, como Bacillus infernus que puede vivir hasta a 2,700 metros bajo la superficie. Así que estos amigos habitan cada rincón y cada nicho de la Tierra.

Gracias a su enorme abundancia y capacidad para vivir en casi todos los ambientes terrestres, las bacterias y las arqueas representan alrededor de16% de toda la biomasa del planeta. Traducido a toneladas, es algo así como 0.7 billones, o mil veces la materia de todos los seres humanos; por lo que nuestros pequeños amigos le ganan por mucho al Homo sapiens en cuanto a biomasa (¡y en su capacidad de vivir en todos lados!).

Round 3: vs. el resto de los animales

¡Que horror! Ni a los grandes, ni a los chicos les ganamos. Pero seguramente es porque son muy distintos a nosotros. Seguro ganaremos si nos enfrentamos a alguien más parecido: nuestros primos móviles, el resto de los animales. Casi exhaustos, pero aquí vamos por última vez, la pelea final: humanos contra el resto de los animales.

A lo mejor en este punto ya te habrás dado cuenta de que hasta ahora no había sido una pelea justa. Estábamos enfrentando a los seres humanos —una sola especie—, contra los miembros de otros reinos (plantas, y bacterias y arqueas, respectivamente), así que claramente hay un poco de trampa. No hagamos lo mismo para los animales, porque de seguro si nos enfrentamos a una única especie, entonces, sí podríamos ganar. Para el caso de los animales, pongamos el terreno un poco más justo, pongamos a “pelear” a los hombres contra su rumiante favorito: las vacas.

Primero, revisemos el número de habitantes vacunos en nuestro planeta. De acuerdo con el último estimado de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (mejor conocida como fao por sus siglas en inglés), para el 2018 —el más reciente estimado— había 1,489,744,504 vacas en todo el mundo. ¡Esto es equivalente a una vaca por cada cinco personas! Y el número sigue creciendo y creciendo, por la incesante demanda por carne y leche en todas partes. Ahora bien, una vaca promedio pesa unos 500 kilos que, multiplicado por el número de vacas, nos da una biomasa de… ¡744 millones de toneladas o un 36% más que la de todos los humanos que habitamos este planeta! Así que perdimos este asalto también. ¡Que desilusión! ¡ Y nosotros pensando que dominábamos este planeta!

Los reyes del mundo

Como les hemos mostrado en estos últimos párrafos, los humanos no somos los dominantes planetarios en términos de biomasa. Bajo cualquier indicador ecológico de dominancia, las vacas son los grandes ganadores cuando se trata de una sola especie y las plantas, cuando hablamos de todo un reino. Esto no quiere decir que deberíamos de “engordar” como humanidad para ganar la competencia y mucho menos significa que debemos eliminar a todos los demás competidores, ¡aunque le estamos echando ganas!

Esta dominancia es el resultado de una estructura ecológica básica global. En primer lugar, necesitamos a las plantas —y las algas—, porque son las productoras de biomasa de nuestro planeta, al llevar a cabo la fotosíntesis. Gracias a ellas todos los demás organismos pueden crecer y existir. Sin plantas, no habría biomasa para nadie más.

Pero la vida no se trata sólo de acumular masa, también necesitamos recircular los nutrientes, a través de la descomposición para seguir creciendo. Para eso tenemos ese enorme número de microorganismos, encargados de mantener el equilibrio planetario, al degradar los restos vegetales y animales, permitiendo que la materia se reintegre al sistema. Los microorganismos son los grandes recicladores que hacen posible la permanencia de la vida en nuestro planeta.

Finalmente, somos muchas —muchísimas— personas en este planeta y necesitamos alimentarnos todos. Dada nuestra evolución, tenemos una tendencia natural a que nos encante la carne y, mientras la dieta dominante siga siendo carnívora, seguiremos teniendo miles de millones de vacas para satisfacer esta demanda. Sólo en esta parte podemos esperar un cambio en la dominancia, si decidiéramos, como humanidad, reducir nuestro enorme consumo de carne. Mientras tanto, seguiremos “pesando” menos que nuestros primos rumiantes.

Así que cada uno de los pedazos de esta historia, de estos rounds, estaba destinado a perderse. No hay manera de que exista un equilibrio global. Si la biomasa humana fuera mayor a la de las plantas o los microorganismos no habría forma de mantener esta dieta carnívora, si no es con muchísimas reses. Esta teoría se conoce como la pirámide ecológica, y fue propuesta por primera vez en 1942 por Evelyn Hutchinson y Raymond Lindeman, pero sólo gracias a la tecnología actual, al fin se ha podido demostrar con estimaciones planetarias.

Como nota final, queremos recalcar que, aunque no dominemos en términos de biomasa, no debemos olvidarnos de los profundos impactos de nuestra humanidad en el mundo. Somos los principales causantes de un calentamiento excesivo y acelerado, de la modificación en la composición química de las capas de fluidos globales —océanos y atmósfera—, de la contaminación masiva de ecosistemas terrestres, de la pérdida de biodiversidad, el cambio en la cubierta vegetal…, por mencionar algunos. Nuestros impactos son muchos y profundos. Ninguna especie en toda la historia había logrado mover la cantidad de materia y energía como nosotros; o modificar el paisaje global de manera tan profunda. Contemplado desde cualquier otro punto de vista —que no sea solamente la biomasa—, realmente somos los reyes del mundo, aunque hasta ahora mantenemos un reinado tiránico.

Referencias

  • Bar-On, Y. M., Phillips, R. y Milo, R. (2018). The biomass distribution on Earth. Proceedings of the National Academy of Sciences, 115(25), 6506-6511. doi: https://doi.org/10.1073/pnas.1711842115.
  • Crowther, T. W., Glick, H. B., Covey, K. R., Bettigole, C., Maynard, D. S., Thomas, S. M., Smith, J. R., Hintler, G., Duguid, M. C., Amatulli, G., Tuanmu, M. N., Jetz, W., Salas, C., Stam, C., Piotto, D., Tavani, R., Green, S., Bruce, G., Williams, S. J., … Bradford M. A. (2015. 10 de septiembre). Mapping tree density at a global scale. Nature, 525(7568), 201-205. doi: https://www.doi.org/10.1038/nature14967.
  • Flemming, H. C., y Wuertz, S. (2019). Bacteria and archaea on Earth and their abundance in biofilms. Nature Reviews Microbiology, 17(4), 247-260. doi: https://www.doi.org/10.1038/s41579-019-0158-9.
  • fao stats. (s. f.). Consultado el 15 de febrero de 2020. http://www.fao.org/faostat/es/.


Recepción: 17/06/2020. Aprobación: 21/10/2020.

Vol. 21, núm. 6 noviembre-diciembre 2020

Creencias ambientales mexicanas. La importancia de construir sociedades resilientes

Orlando Puente Zubiaur Cita

Resumen

¿Los animales y las plantas tienen tanto derecho a existir como los humanos? En dónde usted vive, ¿cómo diría que es la situación del medio ambiente? ¿Se había preguntado alguna vez la opinión de los mexicanos hacia éste? La dimensión ambiental en los albores del siglo xxi es un libro basado en la opinión pública, y los datos que ahí se presentan fueron obtenidos de encuestas nacionales sobre el dominio del tema del medio ambiente en México. La gran mayoría de las preguntas de la encuesta nacional impactan en el lector de manera personal, lo que obliga a la reflexión consciente de los problemas que enfrenta el mundo, nuestro país, nosotros mismos y las siguientes generaciones. Finalmente, el libro concluye al enfatizar la importancia de la educación y la difusión de los problemas ambientales para la construcción de sociedades más resilientes.
Palabras clave: medio ambiente, dicotomía naturaleza/cultura, creencias, educación ambiental.

Mexican environmental beliefs. The importance of building resilient cities

Abstract

Do animals and plants have as much right to exist as humans do? How would you say is the environment situation where you live? Have you ever wondered the opinion of Mexicans towards the environment? La dimensión ambiental en los albores del siglo xxi is a book based on public opinion, where the data presented was obtained from national surveys on the domain of the environment topic in Mexico. The vast majority of the questions in the National Survey impact the reader in a personal way, forcing a conscious reflection of the problems faced by the world, our country, ourselves and the following generations. Finally, the book concludes by emphasizing the importance of education and the diffusion of environmental problems for the construction of more resilient societies.
Keywords: environment, dichotomy nature/culture, beliefs, environmental education.

Introducción

La dimensión ambiental en los albores del siglo xxi ha sido de mi agrado para ser referenciada en mi investigación doctoral, principalmente porque aborda la temática sobre las creencias, los hábitos y la memoria socioambiental. En mi trabajo de investigación, he pretendido construir una encuesta que me ayude a observar las actitudes ambientales de una población. Por lo anterior, me fue útil aplicar algunas de las interrogantes propuestas en este libro, que llenó todas mis expectativas de lo que uno mismo y la población en su mayoría respondería, así como del significado ambiental que esto conlleva. De igual manera, es interesante puesto que acerca al lector a comprender el nivel de impacto que los problemas ambientales ocasionan en las sociedades humanas, en particular, como en el planeta tierra, en general.

La construcción del libro

La dimensión ambiental en los albores del siglo xxi forma parte de una colección de 26 obras titulada Los mexicanos vistos por sí mismos. Los grandes temas nacionales. Ésta fue el resultado analítico de diversas encuestas nacionales realizadas por el Área de Investigación Aplicada y Opinión del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam). Fueron 93 investigadores y 48 jóvenes asistentes dirigidos por Julia Isabel Flores Dávila, quienes se encargaron de diseñar y levantar 25 encuestas ―a 1200 casos cada una―, en todo el país.

La idea surgió en 2014 ―aunque sigue siendo una obra muy actualizada―, en medio de un contexto de profunda incertidumbre e indignación por la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa. “¿Cuál es el papel de la unam en estas realidades?” se preguntaba el entonces rector de la Universidad, José Narro Robles:

Si bien es cierto que nuestra institución no tiene la posibilidad de resolver problemas tan complejos, tampoco puede permanecer indiferente a ellos. Lo que se intentó fue recoger las voces, los pensamientos y reflexiones de los mexicanos; es a ellos a quienes nos dirigimos y a los que nos interesa escuchar (Ímaz, 2015, p. 12).

Como sugiere el cuarto tomo de Los grandes problemas de México del Colegio de México (colmex), uno de los grandes temas nacionales e internacionales de la actualidad tiene que ver con los problemas ambientales que enfrenta nuestro mundo: “una realidad caracterizada por condiciones de deterioro, contaminación, pérdida de la biodiversidad, deforestación, así como por fallas institucionales y en el cumplimiento de las leyes y normas ambientales” (p. 11). Los problemas ambientales generan retos interdisciplinarios para el futuro inmediato, porque se convierten en obstáculos para la calidad de vida, el desarrollo económico y, ciertamente, el estilo de vida cada vez menos sustentable de occidente (semarnat, 2019, p. xv). En este sentido, La dimensión ambiental recoge y analiza el pensamiento y la concepción mexicana. El texto cuenta con la autoría de ocho especialistas ―Marjory González, José Luis Gutiérrez, Paula Vargas, Rosalía Camacho, Dalia Ayala, Marisol Anglés, Rosalía Ibarra y Ana Gisela Beristain―, coordinados por Mireya Ímaz Gispert, quien ha tenido una importante trayectoria en los ámbitos de las ciencias biológicas, ambientales y sustentabilidad.

Como bien refiere la presentación del libro, en México no existen muchas investigaciones acerca de las actitudes ambientales de la población. En este sentido, el trabajo realizado en esta obra es de suma importancia porque las percepciones, los valores y las creencias conforman en gran medida las actitudes ambientales: “La manera en la que las personas construyen su relación con el entorno, interpretan los cambios que ocurren en él, explican sus causas y proponen soluciones” (p. 31). Comprender las creencias de la población en general debe ser el inicio de cualquier esfuerzo por cambiar los hábitos y las actitudes; incluso, de la educación ambiental y las acciones políticas.

Es importante destacar que las encuestas tienen ciertas implicaciones y complicaciones que no pueden ser obviadas. Una encuesta es como una fotografía: es una imagen de un momento y un lugar determinado. De la percepción que los individuos tienen de sí mismos, porque “pone en juego el entramado de conocimientos y sentimientos contenidos en las respuestas” (p. 22). Las respuestas siempre están influidas por el contexto y, en este caso, la encuesta fue realizada en noviembre de 2014, unos meses después del problema de los estudiantes de Ayotzinapa, justo cuando la opinión y la atención pública se centraban concretamente en eso. Es claro que esto tuvo ciertas implicaciones en las respuestas de la gente que, según refieren los autores, consideraron los problemas ambientales en séptimo lugar de una lista de diez opciones (p. 42). A pesar de lo anterior, las encuestas sirven de contraste entre la teoría y la práctica; parafraseando a Ricardo Pozas en el Preámbulo, “entre el saber académico respecto de los problemas estudiados científicamente” (p. 26).

Contrastando datos de la realidad ambiental

¿Considera usted que el cambio climático ha afectado su vida diaria? ¿Cuánto cree usted que sabe sobre las soluciones de los problemas ambientales? ¿Se había hecho alguna vez este tipo de preguntas? Esta obra se basa en el supuesto de que las percepciones ambientales son construcciones sociales, definidas como la manera en la que cada individuo aprecia y valora su entorno, natural y social. Son dinámicas e históricas. Se modifican constantemente con base en nuevas informaciones e interacciones sociales que ocurren en una comunidad:

Las percepciones, junto con los valores y el conocimiento, conforman las actitudes ambientales, es decir la manera en la que las personas construyen su relación con el entorno, interpretan los cambios que ocurren en él, explican sus causas y proponen soluciones (p. 31).

En este sentido, es interesante el planteamiento inicial de los autores. Ellos sugieren que para los encuestados los problemas ambientales serios son los que pueden ubicarse claramente en su entorno inmediato, como la contaminación del aire o del agua. No obstante, otros problemas no tan visibles. Como el cambio climático, suelen observarse tan alejados de la cotidianidad, que difícilmente se perciben. Los autores explican que la encuesta refleja preocupación de la población hacia el cambio climático, pero más de la mitad no tiene una idea correcta de lo que es (p. 135).

El análisis que los autores realizaron de los datos recabados se entrecruza con diversas teorías sobre el daño ambiental y la relación de éste con las percepciones humanas. Como sugiere Jared Diamond (2006, cap. 14), el deterioro ambiental es tan gradual que muchas veces la gente es incapaz de observar los cambios y discernir su magnitud acumulada. A esto le llama amnesia del paisaje: el cambio tan paulatino del medioambiente pasa inadvertido para quienes, por haber estado envueltos por ese paisaje año tras año, lo observan inamovible. De igual forma, William Hirst y Charles B. Stone (2015, p. 106-107) proponen que un estudio más completo sobre la memoria colectiva debe contemplar también el olvido colectivo. Lo que una sociedad construye de su pasado en parte estará relacionado con lo que olvida. Conjugando las posturas de Diamond y Hirst/Stone, resultan evidentes los análisis sobre el cambio climático en el trabajo de Ímaz. Ocurre de forma tan paulatina y la memoria de la gente ―se sugiere en La dimensión ambiental― “es muy corta y expresiones como ‘nunca había hecho tanto calor’, ‘nunca había llovido tanto’, ‘este frío no se había vivido jamás’ son constantes en las conversaciones año con año” (p. 139).

Los autores, en esta obra, describen la responsabilidad que los gobiernos e instituciones tienen sobre los problemas ambientales. Por ejemplo: la crítica a la falta de presupuesto, al interés en el cuidado del medio ambiente, a las políticas de protección, la educación ambiental y la difusión de los problemas, son temáticas constantes que van hilando el discurso del libro. Desde el capítulo 2, “El México que nos rodea”, hasta el 7 “Saberes y opiniones”, los autores evidencian la falta de interés y/o conocimiento que la autoridad empeña en dichos problemas. También dedican muchas palabras a explicar la importancia de políticas públicas adecuadas en el manejo de los recursos y ofrecen cifras oficiales muy interesantes. Por ejemplo, explican que el costo total del agotamiento y degradación ambiental de México asciende a 5.7% del producto interno bruto, en contraste con 1.2% (p. 40) que se dedica a la protección ambiental a través de políticas públicas, campañas educativas, aplicación de energías renovables, etcétera.

En promedio, los 34 países de la ocde, recaudan 1.59% de su pib mediante impuestos de este tipo. México, por lo contrario, al ofrecer un subsidio a la producción y consumo de combustibles fósiles es el único país que “subsidia” procesos contaminantes por un monto que equivale a 1.28% de su pib (p. 40).

Paradójicamente, sugieren los autores, el gobierno destina recursos que aumentan la degradación del medio ambiente. Sin embargo, quizás la postura más recurrente en el libro tiene que ver con la educación y el manejo de la información. Muchas de las preguntas de la Encuesta Nacional evidencian la falta de conocimiento y comprensión de la población acerca de los problemas de este tipo. Esto pasa no sólo con el cambio climático ―como ya se mencionó en líneas anteriores―, sino también con tecnologías alternativas, como los paneles fotovoltaicos, calentadores solares, recuperación de lluvia y tecnologías ahorradoras de agua. Según los datos recabados en la encuesta, más de 85% mencionaron no utilizar ninguna de las anteriores, ya que no sabían que existían o no contaban con los recursos para instalarlos en sus hogares (p. 108). Los autores sugieren que el ingreso familiar es un factor determinante; aunque la falta de información adecuada en las campañas de gobierno y la falta de interés de los medios de comunicación, acrecientan el problema. Explican que la ausencia de la temática ambiental en la televisión coincide con la poca importancia que le otorgan los encuestados: “siendo probablemente un factor clave, junto con la educación, en la conformación ―o la no conformación― de una cultura ambiental” (p. 154).

Evidentemente, la perspectiva general del libro no quedaría cubierta si no abordamos la participación y responsabilidad que los autores atribuyen a los encuestados. Ciertamente, como ellos mencionan, la participación y el involucramiento de la población tienen estrecha relación con una gobernanza ambiental más adecuada. Y, en este sentido, los autores se muestran esperanzados por la disposición personal interpretada en la encuesta. A la gran mayoría (71%) le preocupaban los problemas ambientales ―algunos por ser conscientes de la relación entre la degradación ambiental y la calidad de vida, en otros casos debido al bombardeo mediático que ha posicionado este tema en el cine, la televisión y la prensa―. Sin embargo, principalmente quienes tienen estudios de licenciatura o posgrado se mostraban con más interés de participar en organismos y colectivos de protección (p. 80-82). La gente parecía dispuesta a pagar más por los productos en pro del medio ambiente. Además, consideraban que uno de los grandes problemas estaba relacionado con los bajos impuestos y la ineficiencia en la recaudación de los mismos. El capítulo 4 “Del dicho al hecho” habla enteramente de este esperanzador escenario. Excepto por un punto importante, cerca del 89% de los encuestados afirmaron nunca haber participado en alguna asociación o firmado alguna petición ambientalista. Como bien dice el refrán: “del dicho al hecho, hay mucho trecho”.

Los autores ponen “el dedo en la llaga”, al señalar la contradicción existente entre las percepciones ambientales y las actitudes. Sugieren que las actitudes ambientales (lo que se hace, lo que ocurre) están ampliamente delimitadas por diversos factores como: el ingreso, las experiencias individuales, culturales y sociales. “De ahí que los resultados de las actitudes de los encuestados pueda distanciarse de sus percepciones e intenciones, en tanto unas y otras no tienen una relación lineal o directa” (p. 87). Es decir, los encuestados afirmaban estar interesados en mejorar las condiciones ambientales de su entorno, pero muy pocos de ellos habían participado activamente en acciones, campañas o, incluso, firmando peticiones colectivas (p. 88). En este sentido, los autores afirman que no fue posible analizar los elementos de forma aislada, por lo tanto, se basaron en la interpretación del conjunto de datos ofrecidos por la encuesta en general.

No obstante, quizás en este sentido los autores pecaron un poco de ingenuidad esperanzadora. Es posible que en gran medida tenga relación con un aspecto vital abordado en la misma presentación y que tiene mucho que ver con algunas de las creencias generalizadas, específicamente la dicotomía naturaleza-cultura. Históricamente, en Occidente se ha creído en una supuesta separación entre lo natural y lo humano. Herencia de la antigüedad, la dicotomía está presente incluso en el Génesis del Antiguo Testamento, desde el momento en que Dios creó a los humanos, a su imagen, para señorear al resto de los animales. En esta concepción del mundo, más allá de las ciudades se encuentra lo natural; como un oasis donde existe todo lo ajeno a lo humano, las ciudades han sido concebidas para resguardar a los humanos de un mundo “salvaje y hostil”. Dicha dicotomía ha guiado las creencias occidentales como hábitos de acción y delimitado la interacción entre la humanidad y la naturaleza, considerada lo otro (Myllyntaus y Saikku, 2001, p. 143). Esta dicotomía está presente en múltiples creencias occidentales comunes, como las ideas generalizadas de una separación entre razón e instinto, humanos y animales, hábitat humano y naturaleza, entre muchos otros ejemplos. El antropocentrismo ha impuesto gradualmente la idea de la humanidad como poseedora, ordenadora y protectora del entorno natural y sus recursos (Milesi, 2013, p. 6).

Debido a esta dicotomía, la gente tiene muchas dificultades para comprender la relación intrínseca existente entre sociedad y naturaleza, que conforma el sistema socioambiental. Sin embargo, en las encuestas la gente suele responder lo “socialmente deseable”, aunque en la práctica, como se demuestra en la misma encuesta, realmente no preste mucha importancia a los problemas ambientales, tal cual se pudo percibir cuando los encuestados colocaron los problemas ambientales en séptimo lugar de una lista de diez opciones. Aun así, vale la pena dar el voto de confianza, como sugieren los autores, e interpretar los resultados de la encuesta con resquicios de optimismo.

A manera de conclusión

Es momento de que cada uno de nosotros realicemos, como introspección, una reflexión en torno al medio ambiente. Los autores de este libro describen, de manera simplificada y muy amena, un discurso ambiental y una serie de preguntas resueltas por medio de encuestas, que impactan en el lector de manera personal, obligando a la reflexión y concientización de los problemas que enfrenta el mundo, nuestro país, nosotros mismos y el futuro de las siguientes generaciones.

También, La dimensión ambiental en los albores del siglo xxi es una herramienta práctica y extremadamente útil para los estudios ambientales en general. Al no existir muchas investigaciones de este tipo en México, la obra carga con una doble responsabilidad: por un lado, abrir la mesa de discusión para valorar y revalorar los problemas ambientales, sus causas y el impacto de las creencias y perspectivas de la población. Esto es importante porque las voces de los mexicanos representan el pensamiento de la población, lo que permite observar las creencias y, por ende, los hábitos que rigen el día a día del mexicano. Sólo conociendo estos aspectos es posible redirigir la educación y las políticas en favor de sociedades más resilientes con el medio ambiente. Por otro, esta investigación aporta a la construcción de una ciudadanía informada, crítica y participativa, que impulse nuevas actitudes. Tal cual lo sugieren los autores (p. 168): “También es urgente socializar el conocimiento de las causas y los efectos de los procesos que afectan los socioecosistemas y que las personas tengan herramientas necesarias para tomar decisiones informadas”. En las últimas décadas, la crisis ambiental ha cuestionado la sustentabilidad de la forma de vida humana, no la del planeta que encontrará la forma natural de adaptarse. Este tipo de investigaciones nos ayudan a comprender que la sustentabilidad va más allá de la política y la economía, nos compete a todos como sociedad. Como sugiere enrique Leff: “Pues junto con la crisis ambiental que pone en riesgo la vida, hoy vivimos una crisis moral que cuestiona el sentido de la vida humana. Y esto invita no sólo a una reflexión, sino a una re-educación…” (2009, p. 14)

Referencias

  • Diamond, J. (2006). Colapso: por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen (Ricardo García Perez, Trad.). Debate.
  • Hirst, W. y Stone, C. (2015). A Unified Approach to Collective Memory: Sociology, Psychology and the Extended Mind. En S. Kattago (Ed.), The Ashgate Research Companion to Memory Studies (pp. 103-115). Tallinn University.
  • Leff, E. (2009). La esperanza de un futuro sustentable. Transatlántica de educación, (9). 94-103.
  • Lezama, J. L. y Graizborg, B. (Coords.) (2010). Los grandes problemas de México. El Colegio de México. (iv. Medio Ambiente).
  • Milesi, A. (2013). Naturaleza y cultura: una dicotomía de límites difusos. De prácticas y discursos. Cuaderno de ciencias sociales, (2).http://biblioteca.clacso.edu.ar/Argentina/ces-unne/20141001053559/Milesi.pdf.
  • Mireya Atzala, I. G. (Coord.) (2015). La dimensión ambiental en los albores del siglo xxi. Miradas desde la diversidad. Encuesta Nacional de Medio Ambiente. Universidad Nacional Autónoma de México.
  • Myllyntaus, T. y Saikku, M. (Coords.) (2001). Encountering the past in nature. Ohio University Press.
  • semarnat. (2019). Informe de la Situación del Medio Ambiente en México, edición 2018. semarnat.


Recepción: 03/10/2018. Aprobación: 26/08/2020.

Vol. 21, núm. 6 noviembre-diciembre 2020

Políticas educativas e incorporación de las TIC en la educación superior mexicana

Marisol Muñoz Martínez Cita

Resumen

El presente artículo es un análisis sobre la introducción de las Tecnologías de Información y Comunicación (tic) en el sistema educativo mexicano, a través de la documentación de las políticas educativas. En seguida, se comenta la importancia de las tic como mediadoras en el proceso de aprendizaje, particularmente en la educación superior. Las conclusiones apuntan a centrar la atención en los procesos de aprendizaje más que en la inversión de equipamiento.
Palabras clave: educación superior, tecnologías de información y comunicación, políticas públicas educativas, tic.

Educational Policies and ICT Incorporation in Mexican higher education

Abstract

This article is an analysis of the introduction of Information and Communication Technologies (ict) in the Mexican educational system, through the educational policies documentation. The importance of ict as mediators in the learning process is discussed below, particularly in higher education. The conclusions aim to focus attention on learning processes rather than investment in equipment.
Keywords: higher education, information and communication technologies, public education policies, ict.

Introducción

La actualización y renovación permanente del saber científico y tecnológico, y el sistema económico centrado en la producción, han generado cambios en la forma de elaborar política en México. En particular, han orientado la educación al desarrollo de competencias para dar respuesta a nuevas demandas del mercado laboral, en el contexto de la globalización y la transformación digital de la industria y las organizaciones.

En este marco, el presente artículo centra su atención en la introducción de las Tecnologías de Información y Comunicación (tic) en el sistema educativo mexicano, a través de la documentación de las políticas educativas. Además, se aborda la importancia de las tecnologías en la educación superior, como mediadoras en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Así, surge la cuestión: ¿cuál tendría que ser la prioridad de las políticas educativas en materia de tic?

Políticas educativas para la introducción de las TIC en México

La incorporación y uso de las tic en las actividades cotidianas humanas ha propiciado que los organismos internacionales se ocupen de la detección de la necesidad de su incorporación al ámbito educativo. Entre dichos organismos se encuentran la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (unesco), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (ocde) y el Banco Mundial (bm).

Resalta el trabajo realizado por la unesco para la adopción de las tecnologías en el ámbito educativo. En la década de los noventa constituyó la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo xxi (1996), presidida por Jaques Delors, y en cuyo informe se indica que, a partir del contexto de un mundo globalizado, multicultural y con problemas de inequidad, se requiere instrumentar una nueva propuesta de construcción de la educación y el aprendizaje. Además de contar con profesores adecuadamente formados, se considera la incorporación de otros elementos para impartir enseñanza de calidad, dentro de los cuales, el uso de medios de comunicación y de las tecnologías cobran gran relevancia.

En el caso de México, los primeros intentos de introducir los recursos tecnológicos en el sistema educativo mexicano datan del sexenio de Miguel de la Madrid (1982-1988). Con el programa de Telesecundarias, inaugurado en 1986, la Secretaría de Educación Pública (sep), en el ya mencionado período de gobierno, incorporó la televisión al ámbito educativo, con el fin de poner al alcance los estudios de secundaria para jóvenes residentes en comunidades alejadas de las zonas urbanas.

Posteriormente, entre 1993 y 1994, se implementó el Proyecto Introducción de la Computación Electrónica en la Educación Básica (oeeba-sep) para educación primaria. Siguieron, de manera consecutiva, el Sistema de Educación Satelital (edusat), inaugurado en 1995, y la Red Nacional de Videoconferencias para la educación, en 1997, con la participación de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam), el Instituto Politécnico Nacional (ipn) y la Universidad Autónoma Metropolitana (uam).

Cabe señalar que, en 2003, se hace una adición al artículo seis de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, donde se establece la libertad de expresión y el derecho al acceso de la información, que a letra dice: “el Estado garantizará el acceso a las tic, así como servicios de radiodifusión y telecomunicaciones, incluido el de banda ancha, e Internet […]” (Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión, 2008, p.10).

Para inicios del siglo xxi, durante el gobierno de Vicente Fox Quezada (2000-2006), se impulsó como proyecto sexenal educativo el Programa Enciclomedia (2003), para quinto y sexto grado de primaria. En ese momento se estableció la política de fomento del uso educativo de las tic en la educación básica, cuya tarea sería “impulsar el uso, expansión, y desarrollo de las tic, así como la producción de materiales audiovisuales e informáticos que […] favorecieran el aprendizaje” (sep, 2006, pp.13-14). Lo anterior, a través de la distribución computadoras de escritorio, pizarrones blancos, proyectores y un contenido didáctico, que poco se usó por falta de capacitación hacia los profesores, o bien la carencia de servicios básicos como energía eléctrica.

En 2010, durante el gobierno de Felipe Calderón (2006–2012), se implementó el Programa Habilidades Digitales para Todos (hdt), en secundaria, para apoyar el aprendizaje de los estudiantes y ampliar sus competencias para la vida. En el gobierno de Enrique Peña (2012-2018), se propuso ampliar la oferta educativa y mejorar la gestión educativa a través del programa Estrategia Digital Nacional (2014).

Los resultados de los proyectos y programas mencionados dejaron en evidencia las deficiencias de una política educativa, que al parecer no está planeada con objetivos pedagógicos ni estrategias apropiadas para lograrlos. Se hizo una inversión en tecnologías (Severin, 2010), con el supuesto de que, por su sola presencia dentro del aula de clases, se estaría a la vanguardia educativa y, por ende, aportarían al proceso de enseñanza-aprendizaje.

Como se aprecia, los proyectos y programas implementados en la mayoría de los casos son una combinación de políticas de equipamiento informático y dotación de contenidos digitales para las tareas de enseñanza. Sin embargo, sólo en la minoría se aborda la sustentabilidad de presupuesto dirigido a la capacitación de las y los profesores, y el mantenimiento y actualización del equipamiento. Por ello, es necesario cuestionar el discurso políticamente correcto, para iniciar un abordaje más amplio en la introducción de las tic en el ámbito educativo, e involucrar a las y los profesores, administradores educativos, estudiantes universitarios y el currículo.

De acuerdo con lo expuesto, Benavides y Pedró (2007) proponen que las políticas educativas deben definir con antelación un perfil del profesor, y proceder a asegurar la disponibilidad de contenidos y aplicaciones, lo que favorecería la implementación de apoyos dirigidos al área de investigación científica y tecnológica.

La importancia de las TIC en la educación superior

Las tic han conformado un fenómeno social de gran alcance, que ha transformado las actividades cotidianas de la humanidad. Éstas, asimismo, avanzan de una manera acelerada y sin pauta alguna, por lo que se requiere que los estudiantes universitarios desarrollen ciertas habilidades, destrezas, aptitudes y un juicio propio, que les permitan hacer uso de las tecnologías, en la adquisición, reforzamiento o divulgación del conocimiento.

En la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior, se exterioriza que los estudiantes deben asumir la responsabilidad de ser un participante activo en el apoderamiento del conocimiento, valores y habilidades necesarios para aprender a: conocer, hacer, trabajar en equipo, a ser solidario, tomar decisiones, resolver problemas, etcétera (unesco, 1998). En este sentido, las Instituciones de Educación Superior (ies), en conjunto con las y los profesores juegan un papel relevante. Para Tedesco (2000), la sociedad del conocimiento, en particular la universidad, debe tener en cuenta tres nuevos factores en su acceso al conocimiento:

  1. “es necesario educarse toda la vida”;
  2. la democratización del acceso a los niveles más complejos del conocimiento no puede quedar confiada solamente a la universidad, debido a que la gran mayoría quedaría fuera del proceso de desarrollo personal y social (generándose un nuevo despotismo ilustrado);
  3. se deberán encarar los desafíos que plantean las tecnologías de la información a las instituciones y métodos de enseñanza (pp. 77-78).

El objetivo básico de la educación superior, según Tedesco (2000), deberá centrarse en “lograr que las personas aprendan a aprender” (p. 77). Los estudiantes universitarios deberán dominar las operaciones cognitivas fundamentales asociadas a cada dominio del saber y desarrollar actitudes básicas vinculadas con el aprendizaje permanente: curiosidad, interés, espíritu crítico, creatividad, etcétera.

Ante este escenario, es fundamental que las ies ofrezcan la infraestructura tecnológica, así como capacitación a las y los profesores, con la finalidad de que el estudiante universitario, desarrolle y domine “las destrezas informáticas –manejo de software y hardware– e informacionales –gestión del conocimiento, discriminar fuentes formales de consulta, entre otras–” (Edel, 2015, p. 3), estas últimas conocidas también como habilidades, competencias, saberes digitales o capital tecnológico incorporado.

Conclusión

Las políticas educativas en México muestran una serie de contradicciones. En este artículo se expone una de ellas: el reconocimiento, ante la legislación, del acceso a la información como un derecho humano, pero sin la implementación de políticas de equipamiento informático que el Estado no ha logrado suministrar en todo el sistema educativo mexicano, desde nivel básico a superior.

Incorporar las tic en la educación debe significar mucho más que una herramienta para mejorar la educación superior en México. Se trata de usarlas con un propósito específico, para generar o reafirmar, en los estudiantes universitarios, conocimientos, habilidades, aptitudes y destrezas, que se necesitan en la sociedad actual. Para ello, se requiere de una política educativa que vaya acompañada de un plan estratégico, que guíe a los líderes educativos institucionales en el proceso de integración de las tecnologías con fines educativos. Este proceso debe de ser integral, es decir, debe considerar a los actores educativos: directores, profesores, estudiantes y, dependiendo del nivel educativo, a los padres de familia.

El análisis presentado apunta a centrar la atención en los procesos de aprendizaje sin detrimento a la necesaria inversión en equipamientos. Es necesario reconocer la importancia de la capacitación de las y los profesores en el uso eficaz de las tecnologías como parte de su práctica diaria, en sus procesos de enseñanza-aprendizaje.

Para concluir, las tic son una realidad, y será determinante ser competente en su uso ante la sociedad de la información y la del conocimiento. Por ello, resulta prioritario su aprendizaje, particularmente en la educación superior, con carácter transversal a cualquier profesión, para estar en consonancia con las demandas laborales.

Referencias





Recepción: 07/09/2019. Aprobación: 01/08/2020.

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Revista Digital Universitaria Publicación bimestral Vol. 18, Núm. 6julio-agosto 2017 ISSN: 1607 - 6079