Santiago Ibarra Ferrer y Margarita Varela Ruiz Resumen Agradecimientos Introducción ¿Qué puede encontrarse en el acervo… Programas y series al alcance de todos ¿Cómo disponer de las grabaciones… Programas históricos y actuales… Conclusiones Bibliografía Resumen Radio UNAM tiene como parte de su misión institucional, preservar su acervo y memoria sonora como herramienta del conocimiento y difusión de la cultura. En la Colección Radio UNAM académicos, investigadores y estudiantes pueden escuchar setenta mil documentos sonoros y programas radiofónicos digitalizados a partir del segundo lustro de los años 50 hasta los primeros años del siglo XXI. Su utilidad en términos de investigación, documentación y recursos creativos para la docencia es muy amplia, pues la diversidad de materiales incluye universos del conocimiento. Además, inspira a las nuevas generaciones de universitarios a proyectar, desde una perspectiva más amplia, la cultura y la complejidad social contemporáneas. El presente artículo tiene el propósito de hacer un acercamiento a la Fonoteca Alejandro Gómez Arias de Radio UNAM, con la presentación de lo que se puede encontrar en el acervo, la manera de disponer de las grabaciones de los programas históricos, así como de los programas actuales y la oferta que brinda en podcast. Estos recursos son un referente para proyectos de investigación y un apoyo a la educación universitaria con expresiones del arte, la cultura y la divulgación de la ciencia y la tecnología, así como de la crítica social y la reflexión desde la mirada de varias generaciones de universitarios. Palabras clave: radio universitaria, memoria sonora, difusión cultural, divulgación de la ciencia. Palabras clave: radio universitaria, memoria sonora, difusión cultural, divulgación de la ciencia. The sound memory of Radio UNAM: a reference of research and education Radio UNAM has the mission to preserve its sound memory as a tool of knowledge and dissemination of culture. In Radio UNAM Collection academics, researchers and students can hear 70 000 sound documents and digital radio programs from the second half of the 1950s to the first years of the 21st century. The usefulness of their records for research, documentation and creative teaching is very extensive, because the diversity of resources. It can also inspire the new generations of university students to Project, from a broader perspective, contemporary culture and social complexity. The purpose of this article is an approach to the Fonoteca Alejandro Gómez Arias, presents what you can find, how to acquire the recordings of the historical programs, as well as of the current programs. The resources integrate expressions of art, culture and the dissemination of science and technology, as well as social criticism and reflection. Key words: university radio, sound memory, cultural diffusion, dissemination of science. Keywords: university radio, sound memory, cultural diffusion, dissemination of science. Agradecimientos De manera especial agradecemos el haber compartido su experiencia laboral y ofrecer información para la realización del artículo a: Carmen Limón Celorio, Subdirectora de Evaluación, Programación y Evaluación de Radio UNAM; Yolanda Medina Delgado, Jefa de la Fonoteca Alejandro Gómez Arias de Radio UNAM; Sergio Sandoval Camargo, Director de Conservación y Documentación Sonora de la Fonoteca Nacional, y a Saúl Alberto López Lavín, Director de Prensa de la Fonoteca Nacional. Introducción Se dice que los mexicanos no tenemos memoria histórica y por eso con frecuencia podemos cometer los mismos errores, como dice la canción de José Alfredo Jiménez “Nada me han enseñado los años, siempre caigo en los mismos errores, otra vez a brindar con extraños y a llorar por los mismos dolores”. Radio UNAM cumple 80 años de vida el 14 de junio de 2017 y tiene, como parte de su misión institucional, preservar su acervo y memoria sonora como herramienta del conocimiento y de difusión de la cultura. Figura 1. Yolanda Medina, Jefa de la Fonoteca Alejandro Gómez de Radio UNAM, con Ana María Vargas, su ayudante, en las instalaciones de la Fonoteca dentro del Palacio de la Autonomía. Fotografía: Arcadio García Gómez. Esta preservación no ha sido fácil pues la radiodifusora se inauguró en 1937, sin embargo, tuvieron que pasar veinte años para que lograra adquirir un equipo de grabación profesional y se iniciara la conservación de transmisiones con el programa “Una antología caprichosa. Poetas del siglo XX”, producido por Octavio Paz y el poeta francés Pierre Comte (Radio UNAM, 2017). Ahora bien, se considera el nacimiento de la Fonoteca el año de 1962, cuando se acondicionó en la emisora un área para concentrar cintas magnetofónicas. El desarrollo de la Fonoteca no pudo seguir un ritmo seguro y constante, con frecuencia las cintas se tenían que regrabar por falta de presupuesto y también los cambios de ubicación de la radio universitaria afectaban el proceso de resguardo y preservación. Fue cuando la radiodifusora llegó a su 50 aniversario, en 1987, que se inauguró formalmente el acervo con el nombre de Fonoteca Alejandro Gómez Arias en reconocimiento a su director fundador quien también fue destacado promotor de la autonomía universitaria (King, 2007). La colección contenía treinta y dos mil cintas con una gran riqueza de colecciones musicales y artísticas, así como las voces y argumentos de reconocidos autores como: Miguel León Portilla, León Felipe, Miguel Ángel Asturias y Juan Rulfo. El catálogo de esa época inició con el programa “Panorama de Jazz” dirigido por Juan López Moctezuma, con Roberto Aymes y otros colaboradores (UNAM, 1987), mismo que inició en 1960 y que en 1963 comenzaron a grabarse algunas de sus emisiones (Medina, 2017). Figura 2. Equipo de última generación para retirar la humedad excesiva de las cintas magnéticas en la Fonoteca Nacional. Fotografía: Elena Carrillo Martínez. Desde hace siete años, esta institución de difusión de la cultura de la UNAM formuló y ha llevado a cabo un convenio de colaboración con la Fonoteca Nacional1 para digitalizar, rescatar, preservar y difundir el acervo de cintas analógicas, casetes y cintas digitales Digital Audio Tape (DAT) de la Fonoteca Alejandro Gómez Arias de Radio UNAM. Como nos comentó Yolanda Medina, las grabaciones contenidas se encontraban en riesgo debido al ciclo de vida de sus soportes: por desgaste o descomposición de sus materiales, o por la obsolescencia tecnológica de los equipos para reproducirlos. El proyecto de rescate y digitalización contempla un total de 170 mil soportes o grabaciones de programas a digitalizarse y preservarse, el cual tiene un avance del 40 por ciento. Con la infraestructura de vanguardia y personal calificado y especializado de la Fonoteca Nacional, se procesan los materiales y se realizan copias digitales en formatos de alta calidad que resguardan la riqueza de la información sonora.2 Estos materiales permanecerán para la posteridad, conservándose por triplicado en soportes digitales en constante evolución; una copia permanece en la propia Fonoteca Nacional y otra en la Fonoteca Alejandro Gómez Arias, la cual, desde 2004, alberga el acervo dentro del Palacio de la Autonomía –edificio que fue sede de la Universidad en las primeras décadas del siglo XX–, situado en el centro de la Ciudad de México (véase figura 1). Figura 3. Bóveda del acervo de Radio UNAM que se encuentra en el Palacio de la Autonomía en el centro histórico de la Ciudad de México. Se observa en primer plano el espacio que resguarda las transmisiones del programa Panorama de Jazz. Fotografía: Arcadio García Gómez. El proceso de digitalización implica una preparación u optimización previa de los materiales o soportes que contienen las grabaciones originales mediante equipos de última generación que retiran la humedad acumulada (véase la figura 2) y aclimatan las copias originales luego de permanecer en bóvedas a temperaturas específicas de 18° centígrados y 40% de humedad relativa (véase la figura 3). Finalmente se procede a su copiado digital, donde se monitorea y ajusta un conjunto de indicadores con equipos y programas especializados (véase la figura 4). Una vez digitalizados los materiales –tanto en alta resolución para su preservación, como en baja resolución (mp3) para su divulgación–, el siguiente proceso fundamental es la documentación de metadatos sobre las grabaciones, para lo cual se emplea a un equipo de conocedores o especialistas según el ámbito o campo profesional al que corresponden los contenidos de cada uno de los programas. En el caso de la Fonoteca Alejandro Gómez Arias de Radio UNAM, se aprovecharon las competencias de especialistas con alguna afección de salud o discapacidad para llevar a cabo la documentación de metadatos, generando de manera paralela un ambiente de inclusión y empoderamiento, que ha logrado resultados muy positivos en cuanto a calidad de los metadatos y las relaciones interpersonales en el equipo. Figura 4. Unidad de copiado para cintas magnéticas analógicas en la Fonoteca Nacional. Fotografía: Elena Carrillo Martínez. El presente artículo tiene el propósito de hacer un acercamiento a la Fonoteca Alejandro Gómez Arias de Radio UNAM; presentar los materiales que se pueden encontrar en el acervo, la manera de disponer de las grabaciones de programas históricos, así como de los programas actuales y la oferta que brinda en podcast. Estos recursos son un referente para proyectos de investigación y un apoyo a la educación universitaria, contienen expresiones del arte, la cultura y la divulgación de la ciencia y la tecnología, así como de crítica social y reflexión desde la mirada de varias generaciones de universitarios. ¿Qué puede encontrarse en el acervo de la Colección Radio UNAM? Para conocimiento y escucha de estudiantes, académicos, investigadores y público interesado se encuentra a disposición el catálogo con setenta mil documentos sonoros y programas radiofónicos digitalizados de la Colección Radio UNAM (Limón y Medina, 2015), la cual está dividida en series que contienen múltiples temáticas de los campos del saber y de la actividad cultural. Así, encontramos en el campo social: historia contemporánea de México, antropología, sociología y análisis de diversas problemáticas sociales mexicanas. En relación con la literatura: la mexicana, hispanoamericana, española, universal, géneros literarios y radiodramas basados en diversas obras de la literatura (radioteatros, radionovelas y dramatizaciones). También se cuenta con temáticas de filosofía clásica y contemporánea, psicología, psicoanálisis y ciencia. En torno a la música los contenidos son múltiples: música académica (clásica, barroca, de concierto contemporánea), música popular (jazz, blues, rock, músicas del mundo, popular mexicana, folclor y tradicional mexicana, popular de Latinoamérica) y etnomusicología. En expresiones artísticas se tiene: poesía, artes plásticas y museografía, arte dramático, teatro, danza, cinematografía. Personajes de la cultura, el arte y la ciencia en México y en el mundo. En relación con las disciplinas: astronomía, matemáticas, economía, medicina, ingeniería, arquitectura. En ideas y reflexión: política nacional e internacional, análisis político, análisis cultural, aspectos diversos de la UNAM. También se localizan programas para niños, entre otras temáticas. Figura 5. La Fonoteca Nacional en Casa Alvarado, donde se brinda servicio de consulta abierto al público dentro de la audioteca Octavio Paz. Fotografía: Elena Carrillo Martínez. En la Colección Radio UNAM se ubican los productos radiofónicos a partir del segundo lustro de los años 50 hasta los primeros años del siglo XXI. Grandes figuras universitarias de la cultura y la ciencia fueron participantes de las series a lo largo de las décadas. Entre otras joyas, es posible toparse a Carlos Fuentes como conductor de algún programa, o a Carlos Monsiváis como entrevistador de Octavio Paz. A la par se puede hallar alguna grabación sobre la teoría de la relatividad de Einstein, una crónica de la caravana zapatista en el zócalo capitalino dentro del programa “Plaza Pública” de Granados Chapa, las innumerables cátedras de filosofía de Ricardo Guerra, las aportaciones de Marcos Moshinsky, testimoniales de Miguel León Portilla, entre otros imperdibles. También, entre los múltiples participantes históricos de las series y programas de Radio UNAM, podemos encontrar a escritores y talentosos críticos como Octavio Paz, Carlos Fuentes, Margo Glantz, Max Aub, José Emilio Pacheco, Ivan Restrepo, Paco Ignacio Taibo II, Eduardo Lizalde, Raquel Tibol, Eduardo Blanquel, Salvador Elizondo. Periodistas reflexivos como Tomás Mojarro, Carlos Monsiváis, Federico Campbell, Florence Toussaint y Fernando Benítez. Entre los poetas se encuentran: Gabriel Zaid, Jaime García Terrés, Oscar Oliva, Carlos Illescas y Luis Rius. Compositores como Eduardo Mata y Vicente Garrido. Músicos: Luis Pescetti, Oscar Sarquiz y Walter Schmidt. Divulgadores de la ciencia: Ruy Pérez Tamayo, René Drucker, Julieta Fierro y Tomás A. Brody. También se localizan historiadores como Miguel León Portilla; antropólogos como Arturo Warman; arquitectos como Felipe Leal y talentosos locutores, artistas y científicos de quienes sólo hemos mencionado una pequeña muestra. La utilidad de la Colección Radio UNAM en términos de investigación, documentación y recursos creativos para la docencia puede ser muy amplia, pues la diversidad de materiales alude y convoca a universos del conocimiento establecidos y puede inspirar a las nuevas generaciones de universitarios a reconocer los saberes y alcances logrados, así como proyectar, desde una perspectiva más amplia, la profundidad de la cultura y la complejidad social contemporáneas. Programas y series al alcance de todos Los documentos sonoros de la Fonoteca Alejandro Gómez Arias se encuentran a disposición del público a través de una red conformada por 108 fonotecas virtuales en 30 entidades país3 y la audioteca Octavio Paz, en la sede de la Fonoteca Nacional. La audioteca está ubicada en el barrio de Santa Catarina de Coyoacán, en la calle Francisco Sosa 383, en la llamada Casa Alvarado, recinto de construcción colonial que fuera la última morada donde habitó el poeta Octavio Paz, misma que ha sido restaurada y que cuenta con una infraestructura de vanguardia y en constante actualización (véase figura 5). El horario de atención es de lunes a viernes de 9:00 a 14:00 y de 15:00 a 18:00 hrs. La red de fonotecas virtuales cuenta con audiotecas, las cuales consisten en estaciones de trabajo para búsqueda y escucha de acervo sonoro, dotadas de computadoras conectadas a la base de datos de la Fonoteca Nacional, permiten a los interesados explorar, encontrar y escuchar una vastísima oferta de documentos sonoros y programas de radio, donde adicionalmente de la Colección Radio UNAM, se albergan a otras colecciones como la del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Radio Educación, el Instituto Mexicano de la Radio y que sin duda son muestra del patrimonio sonoro y cultural del país (véase figura 6). Figura 6. Audioteca Octavio Paz en la sede de la Fonoteca Nacional, abierta manera gratuita a todo público. Fotografía: Elena Carrillo Martínez. A través de fichas se puede encontrar en la base de datos de la Fonoteca información de autores, productores y conductores, así como de las instituciones que participaron en la producción –como las diferentes facultades e institutos de investigación de la UNAM y de otras instituciones de gran relevancia– (véase figura 7). ¿Cómo disponer de las grabaciones de programas históricos? Más allá de la escucha, para solicitar los materiales sonoros encontrados de la Colección Radio UNAM, es necesario hacer una solicitud mediante correo electrónico dirigido a Benito Taibo Mahojo, Director General de Radio UNAM y enviarlo a climonunam@gmail.com. Se debe especificar con claridad el uso que tendrán los materiales dentro de los fines de investigación, docencia o difusión de la cultura, manifestando que no se hará un uso con fines de lucro solicitados, e indicar claramente el número de inventario, título y colección. En caso de que se trate de solicitudes institucionales, especificarlo claramente, así como el cargo o título del solicitante con datos de contacto completos. Se responderá la solicitud en un tiempo prudente y en su caso, se brindará acceso a los materiales en el medio y forma adecuada por un tiempo específico. Programas históricos y actuales disponibles en línea Paralelamente, existe la posibilidad de acceder a buena parte de los contenidos y grabaciones actuales de los programas y series de Radio UNAM a través del repositorio o podcast (archivo en medio digital ya sea en audio o video) que se puede consultar en línea en la sección Radio UNAM a la carta en www.radiounam.unam.mx. En este 2017, año de celebración de los 80 años de Radio UNAM, se incluye una curaduría especial e histórica, llamada Fonoteca, elaborada por Yolanda Medina –Jefa de la Fonoteca Alejandro Gómez Arias– que ofrece la posibilidad de escuchar los contenidos sonoros, descargar una porción importante de ellos, e incluso de suscribirse para recibir actualizaciones de contenidos históricos según se vayan colocando, a través de enlaces que vinculan a aplicaciones de suscripción a podcasts. Figura 7. Ejemplo de ficha que muestra la entrevista de Carlos Monsiváis a Octavio Paz. Fotografía: Sergio Sandoval Camargo. Entre lo que se ofrece en el podcast o repositorio en línea de Radio UNAM a la carta podemos encontrar gran variedad de programas entre ellos: “80 años y 80 regalos para festejarlos”, “A 75 años de la Guerra de los Mundos”, “Curso radiofónico sobre El Quijote”, “Un siglo de tinta: Octavio Paz”, “Un siglo de tinta: José Revueltas”, “Tejiendo género”, “El mundo de la ciencia ficción”, “Frankenstein”, “Juan Rulfo”, “El Llano en Llamas… 60 años después”, “Medicina tradicional mexicana”, “México en el aire”, “Teatro de la Universidad”, “Por mi raza cantará el espíritu”, “Max Aub, el hombre de todos los tiempos”, “Primer movimiento”, “Instrucciones para escuchar a Julio Cortázar”, “Indeleble”, “Folclor Mexicano”, “El cine y la crítica”, “El café de los prodigios”, “Eduardo Galeano: una huella sobre América Latina”, “De carne y hueso”, “Cuaderno de los espíritus y de las pinturas”, “Calmecalli”, “Al compás de la letra”. Conclusiones El acervo de Radio UNAM es en sí mismo patrimonio cultural de México y de la Universidad para el mundo. Es una herramienta que permite enriquecer el proceso educativo y de investigación de nuestra institución y, a la vez, es una oportunidad de recuperar nuestra memoria histórica. Hoy la radio universitaria, ha dejado de ser una expresión efímera para convertirse en memoria permanente a través de los acervos históricos de las fonotecas. Su rescate, preservación y difusión, a través de las mejores herramientas tecnológicas, la profesionalización de los equipos y las prácticas de última frontera en digitalización, documentación y continua difusión, implican que destinemos recursos como institución, para continuar la tarea de manera permanente. Tarea que nos ancla a la cultura y nos identifica y proyecta como sociedad del conocimiento y de creación cultural. 1 Hoy dependiente de la Secretaria de Cultura federal. 2 Alta resolución de 96 por 24 bits para grabaciones originalmente soportadas en cinta digital DAT, 48 khz. por 24 bits para grabaciones originales en cinta analógica de un cuarto de pulgada o casete con cinta de un octavo de pulgada, así como de 44 khz. por 24 bits para grabaciones cuyo soporte lo constituyen fonogramas en disco compacto. 3 Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Campeche, Chiapas, Chihuahua, Coahuila, Colima, Ciudad de México, Durango, Guanajuato, Hidalgo, Jalisco, Estado de México, Michoacán, Morelos, Nayarit, Nuevo León, Oaxaca, Puebla, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tabasco, Tamaulipas, Veracruz, Yucatán y Zacatecas. http://fonotecanacional.gob.mx/index.php/servicios/red-de-fonotecas-virtuales. Bibliografía King Cobos, J. (2007). Memorias de Radio UNAM: 1937-2007. México, CDMX: UNAM, Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial. Límón Celorio, M. C. y Medina.Delgado, Y. (noviembre 2015). “Preservación del acervo de Radio UNAM. Recuento de la experiencia”. Ponencia presentada en el Congreso Internacional Archivos digitales sustentables: conservación y acceso a las colecciones sonoras y audiovisuales para las sociedades del futuro. CDMX, México. Radio UNAM (2017) Historia. Pasado, presente y una mirada al futuro de la emisora. Recuperado de . UNAM. (1987). Catálogo de la Fonoteca Alejandro Gómez Arias. CDMX, México: UNAM. Entrevistas Y. Medina, Jefa de la Fonoteca Alejandro Gómez Arias de Radio UNAM, comunicación personal del 18 de abril de 2017.
Ricardo Santillán Mendoza, Gerardo Rodríguez Alvarado, Sylvia P. Fernández Pavía, Gerardo Vázquez Marrufo, Juan C. Montero Castro y Julieta Benítez Malvido Resumen Introducción Aspectos generales de las micotoxinas Hongos que producen toxinas Tipos y descripción de micotoxinas Efecto de las micotoxinas en… Bibliografía Resumen Los hongos producen una gran variedad de compuestos tóxicos, conocidos como micotoxinas, que son de gran importancia debido a que se encuentran presentes como contaminantes de alimentos de consumo humano y animal, principalmente en cereales los cuales son la base de la alimentación en México y en países en desarrollo. Los efectos adversos de las micotoxinas incluyen problemas en el crecimiento infantil, defectos en el desarrollo del tubo neuronal, daños al sistema inmunológico, enfermedades renales, y mayores probabilidades de desarrollar cáncer de hígado y esófago. Por lo cual, su estudio es de gran importancia en lo que respecta a la salud pública. Palabras clave: micotoxina, aflatoxinas, fumonisinas, tricotecenos, ocratoxina, salud pública. Mycotoxins: What are they and how do they affect public health? Fungi produce a variety of toxic compounds, known as mycotoxins, which are of great importance because they are found as contaminants of foodstuffs for human and animal consumption, mainly cereals which are the basis of nutrition in Mexico and in developing countries. The adverse effects of mycotoxins include child growth impairment, defects in neural tube development, damage to the immune system, kidney diseases, and increased chance of developing liver and esophageal cancer. Therefore, its study is of great importance in terms of public health. Keywords: mycotoxin, aflatoxins, fumonisins, trichothecenes, ochratoxin, public health. Introducción […] varias especies de hongos pueden representar un peligro para la salud humana y animal, así como una amenaza para la actividad agrícola, debido a que pueden ser patógenos de una gran variedad de especies de todos los grupos biológicos, y son capaces de producir compuestos tóxicos con efectos negativos […] Los hongos son organismos indispensables para la vida en la Tierra, debido a que se encuentran entre los principales organismos descomponedores de la materia muerta de plantas y animales (Knox y Keller, 2015). Además, participan en procesos que históricamente han sido muy importantes para la humanidad, como la producción de cerveza, vino y pan, y en épocas más recientes se han aprovechado para obtener compuestos de interés biotecnológico, farmacéutico y cosmetológico, sin dejar de lado que han formado parte de la dieta humana (Keller, Turner y Bennett, 2005). Sin embargo, varias especies de hongos pueden representar un peligro para la salud humana y animal, así como una amenaza para la actividad agrícola, debido a que pueden ser patógenos de una gran variedad de especies de todos los grupos biológicos, y son capaces de producir compuestos tóxicos con efectos negativos sobre la salud y, en casos extremos, provocan la muerte del organismo afectado. Estos efectos adversos pueden deberse en particular a toxinas que varias especies de hongos son capaces de producir. Una toxina es una sustancia venenosa producida por células vivas de animales, plantas, bacterias, hongos y otros organismos biológicos (Desjardins y Hohn, 1997). Las toxinas de los hongos son conocidas como micotoxinas, y son producidas principalmente por mohos. Las micotoxinas se encuentran entre los contaminantes de alimentos más importantes que deben ser controlados con el objetivo de proteger la salud pública en todo el mundo (Wu, Groopman y Pestka, 2014). El impacto económico incluye la pérdida de vidas humanas y animales, aumento en tratamientos médicos y veterinarios, eliminación de alimentos contaminados, la pérdida de producción agrícola, entre otros (Wu et al., 2014). A continuación se describen brevemente las principales micotoxinas producidas por hongos patógenos de plantas, comúnmente encontradas en alimentos de origen vegetal, y se comentan sus efectos adversos sobre la salud humana y animal. Aspectos generales de las micotoxinas Bennett (1987) definió las micotoxinas como “compuestos naturales de bajo peso molecular producidos por hongos microscópicos que generan una respuesta tóxica cuando son introducidos en concentraciones bajas en animales por una ruta natural”. Las rutas naturales incluyen la ingestión, el contacto con la piel, la inhalación, entre otros (Bennett, 1987). En la definición, se excluyen otros compuestos fúngicos que son tóxicos contra bacterias, protozoarios y animales menos complejos como insectos (Frisvad, Thrane, Samson y Pitt, 2006). Además, se excluyen las toxinas producidas por setas debido a que, aunque son compuestos producidos por hongos que pueden causar enfermedades y la muerte en humanos y otros animales, la ingestión de éstas no es accidental como se da en alimentos contaminados con mohos, sino que es dada por errores en la diferenciación entre una especie fúngica comestible y una especie venenosa (Moss, 1996). A pesar de que existen diferencias geográficas y climáticas en la producción y presencia de micotoxinas en los cultivos, la exposición a dichas sustancias ocurre a nivel mundial (Kuiper-Goodman, 2004). Las enfermedades que causan las toxinas de hongos son llamadas micotoxicosis (Bryden, 2012) y el consumo de una dieta contaminada produce efectos agudos y crónicos; generalmente los efectos son teratogénicos (defectos congénitos durante la gestación), carcinogénicos, estrogénicos e inmunosupresivos (Abrunhosa et al., 2014). Dentro del ámbito pecuario, el principal problema asociado con la intoxicación por toxinas fúngicas es la reducción en la productividad de los animales, esto debido a una disminución o al rechazo total del consumo de alimento, a la baja conversión (aprovechamiento) de los alimentos, la disminución del peso corporal, el aumento de la susceptibilidad a enfermedades y la reducción de la capacidad reproductiva, lo que conduce a grandes pérdidas económicas. Debido a que las micotoxinas afectan principalmente a los granos usados como alimento animal y de ahí pasa a la carne, leche y huevos, el consumo de tales productos tiene consecuencias directas para los humanos, ya que son la base de su dieta (Nesic, Ivanovic y Nesic, 2014). Foto: dimitrisvetsikas1969. Las micotoxinas contaminan principalmente cereales, los cuales se infestan con el hongo antes y durante la cosecha o el almacenamiento. Actualmente, más de 400 toxinas producidas por 350 especies de hongos han sido aisladas y caracterizadas; de éstas, las investigaciones se han enfocado en aquellas que causan daños significativos a humanos y animales (Brase, Encinas, Keck y Nising, 2009). Ejemplos de micotoxinas de gran importancia en salud pública incluyen aflatoxinas, tricotecenos, fumonisinas, ocratoxinas y zearalenona (Abrunhosa et al., 2014). Los efectos de dichas toxinas cuestan millones de dólares anualmente en pérdidas a nivel mundial en salud humana, animal y productos agrícolas (Vasanthi y Bhat, 1998). Hongos que producen toxinas A excepción de las fumonisinas, las micotoxinas tienen afinidad por los lípidos, por lo tanto, tienden a acumularse en la fracción grasa de plantas y animales (Zain, 2011). En general, las toxinas se clasifican de acuerdo a la especie fúngica de la que se aislaron, a su estructura química y al modo de acción. Sin embargo, una sola especie puede producir varias toxinas y una toxina puede ser producida por diferentes especies fúngicas (Fernández, Belío, Ramos, Sanz y Sáez, 1997; Zain, 2011). Las diferentes micotoxinas son producidas principalmente por cuatro géneros de hongos: Aspergillus, Fusarium, Penicillium y Alternaria (ver figura 1). Aunque existen otros géneros como Petromyces, Rosellina, Claviceps, Phomopsis, Pithomyces, Stachybotrys y Monascus, que presentan especies productoras de micotoxinas (véase cuadro 1). A diferencia de los efectos negativos sobre la salud humana y animal, las funciones naturales de las micotoxinas no han sido claramente establecidas, pero se cree que participan en la eliminación de otros microorganismos que compiten en el mismo ambiente. Además, se piensa que ayudan a los hongos patógenos a invadir los tejidos del hospedero (Brase et al., 2009). Figura 1. Ejemplo de los principales hongos productores de micotoxinas en alimentos de consumo humano y animal. a) cacahuate contaminado con Aspergillus sp., b) mazorca de maíz infestada con Fusarium sp., c) daños ocasionados por Penicillium sp. en espiga de sorgo, y d) jitomate contaminado con Alternaria sp. Cuadro 1. Especies fúngicas productoras de micotoxinas de importancia biológica y económica en humanos, animales y agricultura. Fuente: la información de la tabla fue obtenida de: Desjardins y Hohn, 1997; Frisvad et al., 2006; Richard, 2007; Brase et al., 2009; Abrunhosa et al., 2014; Adam, Wiesenberger y Guldener, 2015. *spp. indica que son varias las especies del género las que producen esa toxina. Tipos y descripción de micotoxinas Aflatoxinas Figura 2. Estructura química de la aflatoxina B1 causante de la enfermedad X en guajolotes. Las aflatoxinas son un grupo de aproximadamente 20 compuestos, producidos por especies del género Aspergillus. El término “aflatoxina” fue acuñado en Inglaterra en la década de 1960, cuando miles de guajolotes que fueron alimentados con harina de cacahuate contaminada con la micotoxina murieron a causa de una enfermedad desconocida que se denominó enfermedad “X” de los guajolotes (Blount, 1961). Posteriormente se confirmó la presencia de una toxina del hongo Aspergillus flavus en el extracto del medio de crecimiento, la cual mostró toxicidad en ratas y patos (Lancaster, Jenkins y Philp, 1961). Las aflatoxinas contaminan cultivos básicos para la alimentación, incluyendo el maíz, el cacahuate y la nuez, causando trastornos agudos y crónicos sobre la población humana. La aflatoxina B1 (véase figura 2) es la más tóxica de todas, y se ha correlacionado con el carcinoma hepatocelular en humanos y en una amplia variedad de especies animales (Richard, 2007; Wu et al., 2014). Fumonisinas Las fumonisinas son producidas por especies del género Fusarium, siendo el maíz el cereal principalmente afectado por este grupo de toxinas, aunque se han encontrado en sorgo y arroz (Richard, 2007). Éstas fueron las primeras micotoxinas implicadas en enfermedades en humanos desde 1988; posteriormente, en Estados Unidos se observó que el maíz contaminado con mohos productores de fumonisinas causó la muerte de centenas de caballos y cerdos (Missmer et al., 2006). La fumonisina más común encontrada en maíz es la fumonisina B1 (FB1) (véase figura 3); mientras que las fumonisinas B2 y B3 (FB2 y FB3) son co-contaminantes comunes de cereales. Las condiciones exactas para que se dé la producción de micotoxinas en cereales no se conocen por completo, pero el estrés hídrico, seguido por clima cálido y, al final del crecimiento, clima húmedo parecen ser importantes para la producción (Richard, 2007). Figura 3. Estructura química de la fumonisina B1. Tricotecenos Además de las fumonisinas, el género Fusarium produce una familia diversa de toxinas (>200 metabolitos) conocida como tricotecenos, los cuales son ésteres de alcoholes sesquiterpenoides (molécula con 15 átomos de carbón) posicionados alrededor de un anillo tetracíclico (ver figura 4) que se caracteriza por un doble enlace entre el carbono 9 y 10 y un epóxido en el carbono 12 y 13 (Pestka, 2010). Los tricotecenos se producen en trigo, maíz, cebada, centeno y arroz después de la infección fúngica en el campo o como parte del deterioro poscosecha. La incidencia a nivel mundial de infecciones causadas por Fusarium en cereales, relacionada con la contaminación con tricotecenos, aumenta debido al cambio climático, el uso de cultivares de cereales altamente susceptibles, la rotación inapropiada de cultivos, y por la aplicación inadecuada de fungicidas (Starkey et al., 2007). Los tricotecenos del tipo A, son producidos por hongos del suelo y patógenos vegetales, y en el grupo se incluyen la toxina T-2 (ver figura 4a) y la toxina HT-2, las cuales se encuentran entre los miembros más tóxicos de esta familia de micotoxinas. Los tricotecenos del tipo B incluyen la toxina mejor estudiada y regulada, el deoxinivalenol (DON), también conocida como vomitoxina (ver figura 4b). Los metabolitos de este grupo son producidos por especies patógenas de cereales, presentan menor toxicidad que los miembros del grupo A, pero se producen en grandes concentraciones (Richard, 2007; Wu et al., 2014). Figura 4. Estructura química de los tricotecenos de mayor importancia en salud pública. a) Toxina T-2 y b) Deoxinivalenol. Ocratoxina Las ocratoxinas (figura 5) son producidas principalmente por las especies fúngicas Penicillium verrucosum y Aspergillus ochraceus. Estas toxinas, pueden contaminar una amplia variedad de alimentos. Además, tienen la capacidad de acumularse en la sangre y leche de los animales expuestos a ellas. Entre los productos contaminados se encuentran los cereales y sus productos finales, nueces, frutos secos, especias, carne, leche, vino, cerveza, fórmulas infantiles y alimentos para bebés. Como la solubilidad de las ocratoxinas en agua es baja, se absorben por el tracto gastrointestinal uniéndose fuertemente a las proteínas de membrana. Esto resulta en la reabsorción en el riñón, y la recirculación enterohepática, por lo que la biotransformación y eliminación renal se disminuye, resultando en un tiempo de vida largo de las ocratoxinas en el cuerpo, de aproximadamente 35 días (Ringot, Chango, Schneider y Larondelle, 2006; Richard, 2007; Wu et al., 2014). Figura 5. Estructura química de la ocratoxina A, micotoxina principal de este grupo. Efecto de las micotoxinas en humanos y animales En lo que se refiere a las aflatoxinas en humanos, se ha observado una correlación entre el consumo de alimento contaminado con estas toxinas y el desarrollo de cáncer de hígado. Por tal motivo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) en conjunto con la Agencia Internacional para la Investigación en Cáncer (WHO-IARC, por sus siglas en inglés) han evaluado los efectos de las aflatoxinas, y para 1993, las clasificaron en grupos, destacando al grupo 1 como una mezcla que ocurre naturalmente y que probablemente favorece el desarrollo del cáncer de hígado (WHO-IARC, 1993). Además, existen casos de aflatoxicosis agudas con manifestaciones clínicas que incluyen vómito, dolor abdominal, edema pulmonar e infiltración de grasa (Wu et al., 2014). Un ejemplo reportado sobre el consumo de alimentos contaminados con aflatoxinas se dio en el occidente de la India en la década de 1970, donde el consumo de maíz contaminado causó envenenamiento y provocó la muerte de al menos 97 personas (Krishnamachari, Bhat, Nagarajan y Tilak, 1975). En reportes más recientes, en el año 2004, maíz contaminado con aflatoxinas causó uno de los brotes más grandes de aflatoxicosis en Kenia, resultando en 317 casos de intoxicación y 125 muertes (Azziz-Baumgartner et al., 2005). La exposición a aflatoxinas (dosis-dependiente) también ha sido relacionada con el retraso en el crecimiento infantil, una condición en la cual la altura de los niños está por debajo de la referencia de crecimiento establecida por la Organización Mundial de la Salud (WHO-IARC, 1993). Este tipo de estudio es importante desde el punto de vista de salud pública, debido a que se ha asociado la intoxicación infantil con vulnerabilidad a enfermedades infecciosas y deficiencias en el aprendizaje (Khlangwiset, Shephard y Wu, 2011). Además, se ha demostrado que la ingesta de alimentos contaminados con aflatoxinas en mujeres en etapa de lactancia condujo a un menor peso y talla de los bebés lactantes (Mahdavi, Nikniaz, Arefhosseini y Vahed-Jabbari, 2010). Por otro lado, las fumonisinas inhiben la síntesis de ceramida, sustancia que es importante para la biosíntesis de esfingolípidos, los cuales tienen múltiples funciones en el cuerpo (formando membranas, induciendo o inhibiendo la proliferación celular, etc.). La exposición prolongada a las fumonisinas causa enfermedades como leucoencefalomalacia en caballos, edema pulmonar, reducción de la ganancia de peso y daño del hígado en cerdos (Sydenham, Marasas, Shephard, Thiel y Hirooka, 1992; Rotter et al., 1996). La exposición a las fumonisinas puede ser un factor de riesgo para el desarrollo de cáncer de esófago en humanos. Esta asociación fue propuesta por primera vez en poblaciones de Sudáfrica que desarrollaron cáncer de esófago de manera inusual cuando su consumo de maíz contaminado con grandes cantidades de fumonisinas aumentó (Missmer et al., 2006). Foto: alexandrefreitas. Otra patología observada en humanos causada por el consumo de fumonisinas son los defectos en los tubos neurales (DTN), alteraciones embriónicas y de la médula espinal que resultan en la falla del cierre del tubo neural en el útero (Marasas et al., 2004). Dos DTN comunes son la espina bífida, en la cual la columna espinal fetal no cierra completamente en el primer mes de desarrollo, resultando comúnmente en daño nervioso y en la parálisis de las piernas, y la anencefalia, en la cual una gran porción del cerebro no se desarrolla, conduciendo a la muerte del feto o a la muerte poco después del nacimiento. En términos de salud pública, el consumo del folato materno, especialmente en el primer trimestre, es crítico para reducir los riesgos de DTN en fetos. Debido a que las fumonisinas alteran el metabolismo de esfingolípidos, y por lo tanto el transporte de folato a través de las membranas celulares (Missmer et al., 2006), dichas toxinas pueden ser un factor de riesgo para el desarrollo de DTN en poblaciones humanas donde el consumo de folato es bajo, el consumo de maíz es alto, y el clima y la contaminación del ambiente son favorables para la acumulación de fumonisinas (Wu et al., 2014). […] la contaminación de alimentos con micotoxinas a nivel mundial es un problema importante para la salud pública, ya que dichas sustancias ponen en riesgo la vida de quienes las consumen en alimentos contaminados. Además, los tratamientos, las medidas preventivas y el manejo de los productos agrícolas infestados causan pérdidas económicas de millones de dólares anualmente. Otras micotoxinas de importancia en salud pública, son los tricotecenos, ya que presentan efectos patofisiológicos en humanos y animales debido a que interfieren con la síntesis de proteínas, inducen estrés, impiden la expresión de genes proinflamatorios, afectan la función gastrointestinal, interfieren con la acción de la hormona de crecimiento y causan muerte celular (Pestka, 2010). La exposición aguda a altas concentraciones de tricotecenos en animales experimentales induce anorexia, diarrea, y vómito; además, en dosis extremadamente altas, los efectos adicionales pueden incluir hemorragia gastrointestinal, leucocitosis, conmoción respiratoria, reducción del flujo sanguíneo y, en el peor de los casos, la muerte. La exposición crónica de animales a dosis moderadas de tricotecenos limita el consumo de alimentos, reduce la ganancia de peso, disminuye las funciones inmunológicas y puede causar defectos en el desarrollo. Los tricotecenos no se acumulan en los tejidos, ni tampoco son causantes de cáncer. Diversos estudios toxicológicos sobre tricotecenos en animales experimentales se han enfocado principalmente sobre la toxina T-2 y DON (Wu et al., 2014). Por último, las ocratoxinas han sido asociadas con problemas renales. Estudios de laboratorio mostraron que la exposición a estas toxinas causa una disminución en el funcionamiento del riñón, pudiendo llegar a inducir adenomas renales o carcinomas (Wu et al., 2014). Aunque el riñón es el órgano principalmente afectado por las ocratoxinas, otros efectos adversos han sido observados en hámsteres, incluyendo anomalías cardiacas y hepáticas, así como lesiones del tracto gastrointestinal y de tejido linfoide (Hagelberg, Hult y Fuchs, 1989). Además, estas micotoxinas pueden cruzar la placenta y acumularse en el tejido fetal, induciendo malformaciones del feto (Wu et al., 2014). Debido a la evidencia en estudios animales, las ocratoxinas están consideradas como un grupo 2B de posibles carcinógenos para humanos (WHO-IARC, 1993). Para contestar a la pregunta inicial, la contaminación de alimentos con micotoxinas a nivel mundial es un problema importante para la salud pública, ya que dichas sustancias ponen en riesgo la vida de quienes las consumen en alimentos contaminados. Además, los tratamientos, las medidas preventivas y el manejo de los productos agrícolas infestados causan pérdidas económicas de millones de dólares anualmente. Bibliografía Abrunhosa, L., Morales, H., Soares, C., Calado, T., Vila-Chã, A. S., Pereira, M. y Venâncio A. (2014). A review of mycotoxins in food and feed products in Portugal and estimation of probable daily intakes. Critical Reviews in Food Science and Nutrition. DOI: 10.1080/10408398.2012.720619. Azziz-Baumgartner, E., Lindblade, K., Gieseker, K., Schurz-Rogers, H., Kieszak, S., Njapau, H., Aflatoxin Investigative Group (2005). 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Una reflexión acerca de la responsabilidad social en su diseño Ricardo Victoria Uribe, Alejandra Uría Rangel y Juan José López Flores Resumen Introducción Caso 1. La desaparición de Rey y… Caso 2. Lego y la representación de… Caso 3. Barbie y la imagen corporal La responsabilidad social en el diseño… Juguetes en México. Una oportunidad… Conclusiones Bibliografía Resumen La presión social, los tiempos y las posibilidades que los compradores tienen de ejercer un cambio verdadero en los productos que deciden adquirir para sus hijos ha dado pie a cambios significativos en la industria juguetera. Campañas virales en las redes sociales como #Toylikeme y discusiones directas con las empresas a través de medios como Twitter, han dejado evidencia de la molestia del público hacia las compañías, con los cual se abrió un espacio para la discusión acerca de los mensajes que transmiten los juguetes. Esto está llevando, no sólo a las empresas jugueteras sino también a los diseñadores de juguetes a actuar como resultado, mediante el diseño de juguetes que reflejen la diversidad sociocultural y física del mundo, en lugar de basarse o crear expectativas irreales o anticuadas. Para establecer una discusión más acertada sobre el tema, es necesario analizar algunos casos de estudio. Para tal efecto se discuten tres de los casos recientes más conocidos de la industria juguetera, con los que se trata de explicar sus causas y resultados en cuanto al actuar de las marcas. El objetivo de este ensayo es reflexionar sobre estos casos de estudio con el fin de crear conciencia entre los diseñadores de juguetes sobre ser socialmente responsables. Palabras clave: responsabilidad social, diseño de juguetes, diversidad sociocultural, discapacidad. Social Responsibility and Diversity Representation in Toy Design. A Reflection The social pressure, coupled with current fashions and the consumers’ capabilities to enforce real change on the products they acquire for their children has started to create meaningful changes within the toy industry. Viral campaigns on social networks such as #Toylikeme, direct engagement with the toy companies through sites like Twitter, have showcased the inconvenience that the consumers have towards the companies, opening the floor for discussions on what messages the toys give to the children. This has lead, not only toy companies, but as well toy designers to contemplate and create toys that portray the sociocultural and physical diversity of the world, instead of just using or creating false and outdated expectations. In order to establish a reflection upon the topic, a few case studies have been revisited. To that aim, three of the most well-known cases of the recent toy industry are discussed, trying to understand their context and the results. The aim of this essay is to reflect on these cases in order to raise awareness of social responsibility amongst toy designers. Keywords: social responsibility, toy design, sociocultural diversity, disability. Introducción Hoy en día los juguetes pasan de ser simples objetos transformados por la imaginación del niño para comunicar y aprender, y se convierten en productos sofisticados que sirven de símbolos potentes en el proceso de generación de identidad. El juego es una actividad esencial en el ser humano pues forma parte de su desarrollo cognitivo, físico y social desde muy temprana edad; estimula la imaginación y presenta escenarios donde los infantes recrean situaciones que les ayudan a lidiar con la vida diaria y convivir con sus pares. Uno de los elementos de diseño que coadyuvan en este proceso de desarrollo son los juguetes, los cuales adquieren especial importancia en el desarrollo del niño, ya que se convierten en factores que motivan y enriquecen la actividad lúdica, con los cuales forman apegos y ven proyectadas sus personalidades y hasta características fisiológicas. El juguete está definido por la Real Academia de la Lengua Española como un “objeto atractivo con el que se entretienen los niños”, es decir que, como objeto, sirve para un fin dentro de una actividad; pero no sólo es herramienta sino también puede ser parte de la actividad. Los juguetes son símbolos que transmiten mensajes explícitos a los niños pero que, a su vez, son herramientas que ellos mismos usan para expresar su imaginación de manera autónoma, así como su crecimiento emocional (Sutton-Smith, 1986). Asimismo, el juguete puede ser definido como el objeto que, derivado de un contexto social y cultural, es un elemento de comunicación visual y representatividad por medio del cual el niño crea cierta identidad y expresa sus ideas mientras interactúa con el medio (Rossie, 2005) y que, a su vez, refleja significados llenos de valores culturales provenientes de dicho contexto y son un reflejo de los mismos (Smith, 2009), influyendo así en el desarrollo de identidad del usuario. Foto: Andrew-Art. Hoy en día los juguetes pasan de ser simples objetos transformados por la imaginación del niño para comunicar y aprender, y se convierten en productos sofisticados que sirven de símbolos potentes en el proceso de generación de identidad. El desarrollo de un juguete es tratado con el mayor detalle, investigando el mercado y la identidad del mismo, a través de grupos de enfoque (Kline y Smith, 2003). Lo anterior nos invitaría a entender mejor la relación del objeto del juego (juguete) y la actividad (juego) (Orihuela, 2013). Juguetes tales como G.I. Joe, las Tortugas Ninja, personajes de películas como Star Wars, superhéroes como Batman, muñecas como Barbie, y juguetes con elementos de ensamblaje o pedagógicos como las figuritas de Lego, son ejemplos de estos objetos que ayudan a los niños a expresar las ideas que tienen en sus mentes y a presentarse ante los otros. El juego es una actividad esencial en el ser humano pues forma parte de su desarrollo cognitivo, físico y social desde muy temprana edad; estimula la imaginación y presenta escenarios donde los infantes recrean situaciones que les ayudan a lidiar con la vida diaria y convivir con sus pares. Es por ello que, en los últimos años, ha habido una serie de campañas por parte de padres, asociaciones y coleccionistas para ejercer presión social y hacer de los juguetes un campo más basto en cuanto a representación de diversos fenotipos, discapacidades e incluso color de piel, y para alejarse lo más posible del paradigma de figura masculina de hombre caucásico sólo para niños y de mujer caucásica de medidas imposibles para niñas. La intención es acercar al juguete a una representación más equitativa y responsable socialmente del mundo que rodea a los infantes. Las empresas jugueteras son forzadas a actuar de manera socialmente responsable y a atender esta situación, pues la competencia de las plataformas digitales y la creciente accesibilidad de medios de “prototipaje” rápido que permiten al consumidor generar sus propios objetos, amenazan con dejarlas fuera del juego. Aunque este tema pudiera parecer a algunos un tanto superficial, los niños suelen usar a la figura de acción como una especie de avatar, ya sea de su persona o bien de algún personaje al que admiran y con ello expresar dicha admiración (Whitbrook, 2015). Es una forma de propiciar roles sociales, lo cual se antoja imposible si existe una carencia de figuras con mayor diversidad de raza, género o discapacidad. Al no incluir dichas opciones en el mercado, se segrega a una buena parte de éste, lo cual no tiene sentido desde el punto de vista económico y mucho menos moral y social (Whitbrook, 2015). A la luz de esto, y dado que el diseño de juguetes es uno de los campos de acción del diseñador, es necesario considerar que se debe actuar con responsabilidad social. Para ello es útil echar un vistazo a dos casos muy recientes de cómo esta presión social ha motivado un cambio en el diseño de juguetes para proveer de una mayor diversidad a los niños. Caso 1. La desaparición de Rey y Black Widow: escasez de figuras de acción femeninas Figura 1: La falta de figuras de Rey en los sets de juguetes en tiendas comerciales, causa molestia en las redes sociales como Twitter (Jaime Ford, Twitter. 2015). Una de las estrategias de mercadeo y transmedia que las películas originales de Star Wars desarrollaron a finales de la década de 1970 y principios de la de 1980, fue lanzar al mercado figuras de acción basadas en los personajes de las cintas. Tal fue el éxito que George Lucas creó su compañía, Lucasfilm, que posteriormente vendería a Disney por la destacada cantidad de cuatro mil millones de dólares. Desde entonces, películas entre las que están las precuelas y secuelas de la misma Star Wars, las de superhéroes de Marvel como Avengers, y las hechas por Pixar son ejemplo de este mismo modelo de negocios. Sin embargo, algo que siempre ha aquejado a este tipo de iniciativas mercadológicas ha sido el viejo paradigma de los ejecutivos de las jugueteras de que “las niñas no juegan con figuras de acción y los niños no quieren personajes femeninos en sus colecciones”; lo cual derivó en una notoria escases de personajes femeninos de películas que no fueran animadas, sin importar si los personajes en los que están basados son los protagonistas de la cinta (como es el caso de Rey en Star Wars: The Force Awakens) o son parte integral del equipo y acción desarrollada en la trama (como es el caso de Black Widow en Avengers). Esta forma de pensamiento no se extiende sólo a figuras de acción, sino a casi cualquier tipo de estrategia mercadológica de estas cintas, ya sean juegos de mesas, accesorios escolares o ropa. Al dejar de lado los personajes femeninos en estos productos de diseño, se priva a las niñas de la habilidad de desempeñar papeles personificando a sus heroínas. Lo que es peor, esto refuerza el paradigma de que las mujeres nunca podrán ser las heroínas de la historia, sino sólo objetos que deben ser rescatados de las manos del villano, quitándoles toda agencia y voluntad (Change.org, 2015). Figura 2: La figura de Rey si fue producida, pero en menores cantidades al resto y por tanto es más difícil de conseguir por el consumidor casual como los padres de familia (Fotografía cortesía de Luis Jaime Álvarez Moreno, 2016). La revista electrónica The Mary Sue (2015), a través de una entrevista con un empleado de Hasbro, la empresa juguetera que atiende estas licencias de productos, comenta que dicha empresa sólo impulsa los personajes masculinos de las películas antes mencionadas, pues considera que ya tiene el mercado femenino capturado con sus líneas basadas en las princesas de las cintas animadas de Disney. Esto se ve reflejado en sus presupuestos y volumen de órdenes, pues no desea poner a competir sus líneas entre sí por un mercado cada vez más reducido. Esto refuerza la creencia de que los niños no jugarán con figuras femeninas, lo cual provoca una profecía auto cumplida, pues ante la carencia de dichas figuras en proporción con el resto de los personajes, las pocas que se llegan a vender son luego revendidas a precios exorbitantes a coleccionistas, dejando a las niñas fuera de estos productos (Framke, 2016). Incluso el director de la película de Star Wars, J. J. Abrams, así como actores de Avengers como Mark Ruffalo, se han pronunciado a favor de que debiera haber más juguetes basados en las protagonistas femeninas de dichas cintas (Abrams, 2016). Esto ha provocado campañas virales, como peticiones en Change.org, para presionar a la compañía para que produzca dichas figuras. Es una batalla ganada a medias, pues si bien se han lanzado al mercado cantidades considerables y opciones diversas de la figura de Rey, pues es la protagonista de una cinta tan icónica de la cultura popular, el caso de Black Widow sigue siendo ignorado. Caso 2. Lego y la representación de la discapacidad Lego, la empresa sueca que produce juguetes armables a partir de bloques de plástico, ha tomado un papel preponderante en el mercado juguetero gracias a la popularidad y versatilidad de sus juguetes hasta cierto punto simples, las licencias que posee (Star Wars, DC Comics, Volver al Futuro, Marvel Comics, Tortugas Ninja, Harry Potter y Los Simpsons, por mencionar algunas), una película, parques de diversiones y otras actividades transmedia como videojuegos y accesorios. En años anteriores la empresa había cedido a la presión del público debido a sus tratos con Shell, empresa dedicada la explotación petrolera que planeaba perforar en el Ártico, y como reivindicación por negarse a enviar material para la escultura de un artista plástico y activista político chino. En ambas ocasiones, la empresa termino por ceder al final. Pero eso no fue todo, por tercera vez, Lego tuvo que cambiar su postura para agradar a sus consumidores, después de que la campaña viral “Toy like me”, lanzada en redes sociales en 2016, iniciara un esfuerzo para hacer que las empresas jugueteras incluyeran figuras que representaran diversas discapacidades en sus líneas de productos, esto con el fin de crear juguetes que fueran más representativos y empáticos con los niños que juegan con ellos. Mientras que la competencia directa de Lego, la empresa alemana Playmobil, ya accedido a esta petición, Lego se negaba a cambiar sus lineamientos de diseño para sus figuras (Dvorsky, 2016). Finalmente, a inicios de 2017 y sin mucha fanfarria inicial, Lego lanzo su primera minifigura (persona humanoide, usualmente basado en algún personaje de las licencias que maneja) en silla de ruedas, la cual se dio a conocer en la feria juguetera de Nuremberg, Alemania (Dvorsky, 2016). Figura 3: Mini figura en silla de ruedas (Friedrichs, 2016). Este lanzamiento provocó un gran impacto. La creación de esta figura, un joven hecho estilo lego con gorra y en silla de ruedas, ocasionó a Lego una ola de felicitaciones por parte de padres de familia, coleccionistas y grupos defensores de las personas con discapacidad (Atkinson, 2016). Rebecca Atkinson (2016), integrante fundador del movimiento “Toy like me” considera que el mensaje es más grande que la figura en sí, es un cambio para reconocer que en el mundo existen 150 millones de niños que padecen alguna discapacidad y que empiezan a ser presentados de manera positiva en los juguetes que consumen. La respuesta afirmativa a esta figura muestra que existe un nicho de mercado que los diseñadores de juguetes no han atendido adecuadamente. En gran medida, la respuesta recibida se puede considerar que ha sido gracias a las buenas relaciones públicas que Lego tiene con sus consumidores, ya que ha hecho caso y ha atendido sus preocupaciones. Los medios como la televisión, los videojuegos y, por supuesto, los juguetes, casi nunca presentan niños con algún tipo de discapacidad, haciendo de sus vidas y sus esfuerzos por integrarse a un mundo que no está diseñado para ellos un esfuerzo invisible. Cuando llegan a ser representados, usualmente es el contexto médico, como villano o como objeto de caridad. Esto genera un impacto negativo en su autoestima (Atkinson, 2016). Por tanto, si los diseñadores de juguetes desean actuar con la responsabilidad social que su profesión exige, es menester que se desarrollen más juguetes que ofrezcan representaciones positivas para que no se les segregue del mundo y la pequeña figura de Lego en silla de ruedas no se quede sola. Caso 3. Barbie y la imagen corporal En la década de 1940, los psicólogos afroamericanos Kenneth y Mamie Clark llevaron a cabo una serie de experimentos, replicados cada cierto tiempo en las pasadas décadas, en los que a los niños se les presentaba una muñeca de piel blanca y una de piel oscura, para posteriormente responder una serie de preguntas sobre cuál de las dos consideran “buena” y cual “mala” sobre todo en términos de belleza. Invariablemente, casi todos los niños, sin importar su origen étnico, escogían a la muñeca blanca. Ésta es una tendencia que se repite hoy en día (Massie, 2016). Este experimento demostró, en gran parte debido a cómo los medios y los juguetes disponibles influyen en el desarrollo de la personalidad de los infantes, que algo tan simple como la tez blanca tiene preponderancia en la mente sobre cómo se percibe la belleza. Las muñecas Barbie son ejemplos de los juguetes que han reforzado tan lamentable tendencia, haciendo que las niñas se sientan rechazadas por la imagen corporal que estas muñecas poseen (Massie, 2016). Un estudio llevado a cabo en la Universidad de Bath, Reino Unido, en 2005, encontró que las niñas en rangos entre 7 y 11 años han empezado a rechazar los estereotipos impuestos por la sociedad a través del constante maltrato, decapitación y daño a muñecas Barbie. Entre las razones dadas por las niñas para explicar su conducta, mencionan que odian a Barbie por ser “infantil”, “no están a la moda”, “son plástica o falsa”, “no tiene personalidad propia” y por “ser un ícono femenino” (Bath University, 2005). Actualmente la competencia directa de Barbie es la línea de muñecas Monster High, cada una con un diseño y personalidad “únicas” basadas en mitos y caricaturas tradicionalmente de historias de horror, pero retocadas para ser más amigables con las niñas. Finalmente, la línea Barbie ha recibido un serio rechazo por madres jóvenes que ven en la muñeca un objeto de diseño nocivo para el desarrollo de sus hijas por los estándares de belleza distorsionados que la muñeca promueve. Figura 4: La nueva línea de Barbie, con mayor diversidad (Barbie, 2016). En respuesta a esto, Mattel, la empresa que diseña y manufactura Barbie, decidió crear 33 nuevos diseños de muñecas, que serán lanzadas al mercado paulatinamente y que incluyen diversos fenotipos, complexiones físicas, estaturas, pesos y siete tonos de piel diferentes, con la idea mercadológica de promover una imagen corporal más realista y saludable, así como proveer de una mayor diversidad de imágenes corporales positivas que reflejen mejor el mercado en el que desean reinsertarse (Ellis-Petersen, 2016). Sitios como Buzzfeed realizaron pruebas con las muñecas, presentándolas a niñas de diversos contextos, las cuales se identificaron positivamente con los nuevos diseños, pues notaron que ahora se les parecen más en términos de estaturas, complexión y tonos de piel. Este movimiento por parte de Mattel ha sido recibido con cierto grado de desconfianza por parte de asociaciones de padres, no por lo que representa si no porque parece una estrategia de la empresa para levantar las alicaídas ventas de la línea Barbie y no por una sincera preocupación por sus usuarios finales (Valenti, 2016). Resulta clara la explicación a este rechazo, ya que Mattel ha sido más conservadora y, aunque el público presione, se espera menos de ella. La línea Barbie no se ha caracterizado por mostrar una sensibilidad social por iniciativa propia, si no por promover estándares de belleza poco saludables. Es un caso en donde la reticencia del mercado parecería resumirse a “muy poco, muy tarde”. Este cambio en la línea Barbie en un ejemplo de greenwashing, esto es, una práctica sólo para apaciguar a sus detractores, pero sin una intención de cambio real y, por lo tanto, no como un signo de responsabilidad social por parte de la empresa. La responsabilidad social en el diseño de juguetes Howard Bowen (1953) definía a la responsabilidad social como la persecución de políticas o la toma de decisiones deseables en términos de objetivos que sean benéficos y estén alineados a los valores de nuestra sociedad. Es posible argumentar que ser responsable socialmente implica la toma de decisiones conscientes por parte de todos los involucrados en una actividad determinada, en este caso el diseño de juguetes y en particular el de las figuras de acción, para que siga por una línea clara, la cual corresponda a los valores morales o éticos que beneficien a la sociedad en general y a todos sus integrantes en particular, lo cual quiere decir que se trata de todas las personas que integran las sociedades. El juguete dentro del contexto social requiere que los partícipes en su diseño desarrollen mayor consciencia, puesto que es una reproducción simplificada, sintetizada y esquematizada, de alguna manera, de los objetos de la vida y de la actividad de la sociedad adaptada a las peculiaridades de los infantes de una y otra edad así como del contexto que les rodea. Katie Ellis (2015) dice que “los juguetes son reflejo de los valores de las sociedades que los producen” y como tales, estos tienen un papel preponderante en el desarrollo cognitivo de los niños que los utilizan. El diseño, como quehacer, es gestor de valores materiales y sociales. El diseño de juguetes, siguiendo esta línea de pensamiento, muestra la falta de un análisis a partir de un referente de época y conducta social, en virtud de ser un área del diseño muy versátil y fácilmente influenciado por la moda (Orihuela, 2013). El juguete dentro del contexto social requiere que los partícipes en su diseño desarrollen mayor consciencia, puesto que es una reproducción simplificada, sintetizada y esquematizada, de alguna manera, de los objetos de la vida y de la actividad de la sociedad adaptada a las peculiaridades de los infantes de una y otra edad así como del contexto que les rodea. El hecho de que por tantas décadas las empresas jugueteras hayan ignorado dichos contextos, debido a paradigmas desactualizados en cuanto a la preferencia de su mercado por una mayor diversidad, se convierte en algo inverosímil desde el punto de vista de mercado y del ámbito social. Una mejor comprensión de la función que el juguete tiene en el desarrollo del niño apoyaría al entendimiento de otros objetos y de características conductuales y por tanto permitiría que éste fuera diseñado bajo un esquema de responsabilidad social. A pesar de que las técnicas de producción y los personajes han evolucionado con las tendencias de los niños y el contexto social en el que se desenvuelven (Orihuela, 2013), se observa que sin importar la tendencia en las preferencias de personaje, los diseñadores y las empresas responsables de su producción trabajan bajo estos esquemas paradigmáticos donde se cree y se espera que los niños deben ser hombres masculinos y fuertes, condicionados a jugar con juguetes que están asociados con los trabajos que están dominados por los hombres (por ejemplo, trabajadores de la construcción, policías); mientras que a las niñas se les enseña a ser amable, recatada y tener un gusto por las tareas domésticas. De este modo, los juguetes de las niñas suelen ser utensilios de cocina, muñecos bebés que pueden ser alimentados y responder a su arrullo, animales peludos que se imaginan que viven y por lo tanto deben ser atendidos y así sucesivamente. Sin embargo, como lo demuestra el caso de Star Wars y las figuras de Rey, estos esquemas han sido dejados atrás, y las niñas ya tienen ahora papeles decididamente de acción y protagónicos que no se sujetan a paradigmas sociales ya obsoletos. Es interesante notar como la presión ejercida por el mismo mercado del cuál las empresas creen tener la medida, ha sido la que ha orillado a estos cambios y, al mismo tiempo, la imagen que tienen dichas empresas respecto a sus clientes. Mientras que la propuesta de Lego ha sido recibida con emoción por parte de consumidores que perciben a la empresa como flexible y, si bien algo renuente, dispuesta a escuchar sus opiniones para mejorar sus productos; la propuesta de Mattel con Barbie ha sido recibida con escepticismo y desconfianza. El caso de Hasbro, y su continuo cortejo con la polémica, es percibido en las expresiones generadas por consumidores en las redes sociales, y diversas campañas, con enojo por la falta de figuras de acción femeninas, pero esto no sorprende, pues es notoria la falta de capacidad de cambio que tiene la empresa para con el cambiante contexto social de sus consumidores. Juguetes en México. Una oportunidad de innovación responsable México tiene una larga tradición en la fabricación de juguetes, con un peso específico en la industria nacional e internacional. De acuerdo con la Asociación Mexicana de la Industria del Juguete (AMIJU), en promedio se generan ventas por 2 mil millones de dólares al año; en 2014 fue de 2 mil 400 millones y para 2015 ascendió a 2 mil 500 millones, terminando el 2016 con cifras similares (Nieto, 2016). Si bien un gran porcentaje de juguetes es de marcas transnacionales o de importación (la mayor competencia es China), México es hogar de empresas internacionales, como Habro, Mattel y Lego, y nacionales como Juguetes Mi Alegría. En general se puede hablar de que los juguetes en México se dividen en los siguientes tipos: artesanales o tradicionales, peluches, importados, maquilados y locales y bootleg. Estos últimos son las figuras llamadas “piratas”, réplicas de personajes y juguetes que se venden en los mercados populares, creados en ocasiones de los mismos moldes que las figuras originales o copias de los mismos. Figura 5 y 6: Izquierda: juguetes tradicionales mexicanos fabricados en San Antonio La Isla. Derecha: Figura bootleg de Linterna Verde adquirida en mercado local (fotografías propias). Si bien en México casi no se diseñan juguetes modernos, siendo la maquila y la artesanía la fuente principal de producción juguetera, la infraestructura existente y la necesidad de renovación frente a los retos presentados por artículos electrónicos —tabletas y consolas de videojuegos— ofrecen un potencial nicho de mercado para juguetes modernos y socialmente responsables. Juguetes que representen una mayor diversidad social, cultural, de género y de capacidades físicas (como la mini figura de Lego en silla de ruedas) se antojan como opciones para que diseñadores mexicanos de juguetes se abran camino con una propuesta diferente y socialmente responsable. Este tipo de iniciativas no es algo nuevo a nivel internacional. En casos similares como los de Angelica y Jason Sweeting, de Naturally Perfect dolls (véase figura 7), el uso de fuentes de financiamiento como Kickstarter les permitió crear una línea de muñecas con diferentes tonos de piel, colores y texturas de cabello, así como intereses y otras características de personalidad; esta línea ha tenido un éxito considerable desde su lanzamiento (Hirschlag, 2017). Por lo tanto, y siguiendo estas iniciativas, es factible tener una industria de diseño de juguete mexicano cuyo diferenciador en el mercado permita representar la gran diversidad que existen tanto en el mundo como dentro del país. Figura 7. Ejemplo de muñeca por Naturally Perfect Dolls (2016). Conclusiones El juego ha de cumplir sus funciones más importantes, es decir, ser el terreno para el despliegue de las facultades propias de la edad y un medio efectivo de socialización, entonces deberán darse las siguientes condiciones previas: por un lado, el sujeto ha de entrar plenamente en el juego y responder en todas sus exigencias; por otro, el juego debería quedar abierto para problemas adecuados al desarrollo que pueden ser resueltos (hablar y darse a entender, conservación y conciencia de la vida, postura social, observación y comprensión de la naturaleza y la técnica). Esto sólo se puede lograr si los juguetes, como elemento esencial del desarrollo del juego son diseñados con el nuevo contexto sociocultural en mente; con las solicitudes de una representación más justa de los diversos fenotipos de las personas, la gran variedad de complexiones, mayor consideración de los roles cambiantes de los géneros y de la necesidad de ser incluyentes con las personas que sufren una discapacidad. Si algo se puede aprender de estos tres casos, es que la presión del consumidor hacia las empresas sí logra propiciar un cambio en el diseño de sus productos. Incluso, para los diseñadores de juguetes se aprecian nuevas necesidades en su formación, en términos de representatividad, equidad y responsabilidad social. En los casos anteriormente discutidos, así como de otros ejemplos (cómo el de Naturally Perfect dolls), se pueden observar cuatro tipos de respuestas ante las presiones por parte de los consumidores: 1. De total negación y conservadora, donde no importa la presión, la empresa no modifica sus estrategias y planes, como es el caso de Hasbro. 2. Una intermedia donde la empresa trata de acoplarse a la presión social por medio de grupos de enfoque y que, a veces, es percibida como poco suficiente; que es el caso de Mattel con Barbie. 3. Una de mayor interacción y comunicación con el consumidor, de mayor flexibilidad y apertura para generar soluciones que satisfagan a todos, como es el caso de Lego. 4. Una más extrema, donde el consumidor toma el control y genera sus propios productos que satisfagan sus necesidades y la de un mercado más consciente, aprovechando una necesidad y un nicho de mercado nuevo, como es el caso de Naturally Perfect dolls. Por lo tanto, es menester que los diseñadores de juguetes, los ya establecidos o aquellos que deseen incursionar en el campo, tomen nota de lo que el mercado actual desea en términos de representación y actúen de manera responsable socialmente, justa y equitativamente para proveer de juguetes que reflejen dicha necesidad por una mayor diversidad social. Existe un nicho de mercado por aprovechar que puede combinar el buen diseño con juguetes que atiendan necesidades de manera responsable. Bibliografía Abrams, N. (2016). J. J. Abrams addresses ‘preposterous lack of Rey toys for Star Wars: The Force Awakens. [en línea] Entertainment Weekly. Recuperado de . Atkinson, R. (2016). Lego’s plastic wheelchair guy is a seismic shift in a toy box [en línea]. The Guardian. Recuperado de . Bowen, H. (1953). Social Responsibilities of the Businessman. Harper. New York. Ellis, K. (2015). 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Maria Emilia Beyer y Gabriela Frías Villegas Resumen Introducción Los primeros acercamientos Monstruos y detectives en la época… El Aleph, el Robot bicentenario y… En busca de Klingsor y… Un final abierto Bibliografía Resumen Compartir el conocimiento depende de estilos narrativos distintos. La literatura es uno de los caminos más conocidos para compartir conceptos e ideas novedosas con el público general, mientras que la ciencia tiene entre sus características el uso de terminologías poco comprensibles, que no promueven la apropiación social del conocimiento en el público no experto. A lo largo de distintas épocas, algunos científicos intentaron compartir el conocimiento científico con el público mediante el uso de estrategias literarias, y en muchas ocasiones se obtuvieron mediante esas aproximaciones narrativas interesantes y exitosas. Por otro lado, algunos escritores han encontrado en la ciencia, la tecnología y la innovación una fuente de inspiración. En este artículo, las autoras sugerimos que la sinergia entre el conocimiento científico y la literatura genera vías excelentes para introducir ideas novedosas hacia la sociedad. Palabras clave: apropiación social de la ciencia, literatura, ciencia ficciónm escritores. The communication of science and literature: a brief historical trip Sharing knowledge depends on several kinds of narratives. Literature has been a well known path to share new concepts with a broad public, but science has a characteristic use of terminologies that do not promote social appropriation of scientific knowledge. Through time, some scientists have tried to share science with the general public using literary strategies, and many of these approaches resulted in interesting narratives; on the other hand, writers find inspiration in science, innovation and technology. In this article we suggest that such synergy between scientific knowledge and literature produce excellent paths to introduce new ideas to society. Keywords: social appropriation of science, literature, science fiction, writers. Introducción La literatura y la ciencia han tenido una relación tortuosa en donde, por un lado, se seducen mutuamente y por otro, desconfían de las aportaciones que tal mancuerna pueda brindarles. No son pocos los escritores que se han acercado al conocimiento científico para buscar una fuente prolífica de inspiración, y aunque sus historias muchas veces anticipan las situaciones que traerán para la sociedad los avances de la ciencia o la tecnología, los científicos suelen ver estas aportaciones con suspicacia, al considerar que la manera en la que los literatos representan a la ciencia es imperfecta. Por otro lado, algunos científicos han decidido usar a la literatura como un vehículo para comunicar su trabajo. Sin embargo, aunque sus textos son precisos desde el punto de vista científico, reciben críticas por parte de los literatos, pues se considera que en estos intentos de comunicación el ejercicio literario es pobre. A pesar de que las uniones entre ciencia y literatura tienen muchos detractores, lo cierto es que cuando las dos áreas se unen, el resultado es novedoso y enriquecedor. En este artículo comentaremos algunos casos interesantes de comunicación de la ciencia que nacieron como resultado de dicha sinergia. Los primeros acercamientos Desde antes de que la ciencia se llamara ciencia, los escritores literarios se maravillaron con las nuevas visiones del mundo, que dejaban atrás la religión como única posibilidad para explicar el Universo. Por ejemplo, en el renacimiento inglés, cuando la alquimia se confundía con la química y la astronomía con la astrología, un famoso dramaturgo inglés echó mano de los nuevos conocimientos para crear entornos maravillosos en sus obras. Su nombre era William Shakespeare (1564-1616) y durante su vida, escribió más de treinta obras de teatro y varios sonetos que hoy en día resultan invaluables para acercarnos a la cosmogonía de la Inglaterra isabelina. Una de sus obras más conocidas, La Tempestad (1610), retrata a Próspero, un hombre poderoso capaz de controlar a los elementos con ayuda de Ariel, un espíritu del aire. Próspero contaba con la potencialidad de causar enormes tormentas usando el conocimiento de sus libros, de donde se desprende que el acercamiento al conocimiento otorga beneficios para el manejo de la Naturaleza. En la segunda escena del primer acto de la obra, Próspero le explica a su hija Miranda que continúan con vida gracias a la bondad de un noble llamado Gonzalo, que les dio todo lo necesario para vivir en una isla, y ayudó a que el sabio pudiera conservar sus libros, un tesoro más valioso que todo su reino: With God’s help. We had a little food and fresh water that a nobleman from Naples, Gonzalo, had given us out of the kindness of his heart. He had been chosen to carry out the plan of putting us to sea. He also gave us clothes, linen, and other necessities that have been of great help. Knowing how much I loved my books, he gave me some books from my library that I value more than my dukedom (Shakespeare, 2015: act I, scene II, p. 8).1 Shakespeare. La idea de que el conocimiento de los libros le permite a un sabio controlar la naturaleza, nos recuerda la representación que se hace en la literatura de los profesores de los secretos o magus renacentistas, hombres que se dedicaban a recorrer el mundo para obtener conocimientos acerca de la incipiente medicina de la época o de las artes mágicas o alquímicas. El más importante de estos personajes en la Inglaterra Isabelina fue John Dee (1527-1608), quien fue espía y asesor de la Reina Isabel I. A lo largo de su vida realizó numerosos viajes al extranjero en busca de los saberes exóticos y los secretos ocultos. En uno de sus viajes a París descubrió un conocimiento sorprendente: las matemáticas euclidianas. Entre otras cosas, Dee cayó en la cuenta de que su dominio se puede usar para estudiar el movimiento de los planetas y las estrellas, lo que resultaba de gran utilidad para los navegantes renacentistas, que tenían que observar el cielo para orientarse. Durante toda su vida, Dee fue un gran coleccionista de libros y poseía la biblioteca más grande de la Inglaterra isabelina, con más de cuatro mil volúmenes. Todo aquel que quería consultar los libros era bienvenido. La reina Isabel I visitó varias veces la biblioteca, siempre maravillándose de la rareza y variedad de los manuscritos que se encontraban en ella. Se cree que Shakespeare conoció a Dee y que el dramaturgo basó el personaje de Próspero en el magus más importante de su época. Pero en la obra de Shakespeare se reconoce más que el movimiento de los astros o la fuerza de los fenómenos climatológicos: encontramos también la representación de la imperfecta naturaleza humana. En su agudeza prodigiosa, Shakespeare generó personajes que representan patrones conductuales reconocibles en prácticamente todas las culturas y épocas. Lejos de ser un accidente, ello da cuenta de que el comportamiento humano comparte características que responden a impulsos determinados, y al repetirse como un patrón, pueden ser evaluados y analizados a la luz de la ciencia. Entre las líneas de las distintas obras shakespearianas, los personajes nos muestran complejidad, duda, locura, pasión. En la opinión de David Barash, autor de Madame Bovary´s Ovaries, el Othelo de Shakespeare reverbera porque Desde antes de que la ciencia se llamara ciencia, los escritores literarios se maravillaron con las nuevas visiones del mundo, que dejaban atrás la religión como única posibilidad para explicar el Universo. […] this play tells us something timeless and universal. Not so much about a fellow named Othello, but about ourselves. It speaks to the Othello within everyone: our shared human nature. Othello the play is about a jealous guy, and, as we shall see, jealousy is a particularly potent and widespread human emotion… That´s precisely why it´s okay to talk about Othello, or Madame Bovary or Huckleberry Finn in the present tense: they live on, at least in part, because they have distinctive human characteristics that transcend the artistry by which they were depicted…It may be startling to some –specially to those who have not kept up with recent advances in biological science- but the evidence is now undeniable that much of human life is not socially constructed. In short, even though learning and cultural traditions exert a powerful influence, there also exists an underlying human nature, universally valid and characteristic of all Homo sapiens (Barash, 2006, p. 1).2 La seducción entre la ciencia y la literatura no sucedió únicamente en Inglaterra, y de tal affaire dan cuenta obras como Diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo ptolemaico y copernicano (1632), en donde Galileo Galilei crea personajes que discurren sobre distintas formas de comprender al Universo. Dicha estrategia, prestada de la literatura, pretendía transmitir de manera subrepticia las ideas revolucionarias del propio Galileo, quien a la sombra de la ficción y presentando sus argumentos en boca del personaje llamado Salviati, cuestionó los saberes aceptados por los poderes de la época en relación con el movimiento de los planetas en torno al Sol. Sin embargo, la estrategia no pasó desapercibida y la obra se incluyó en el listado de publicaciones prohibidas, de donde fue rescatada apenas en 1822. En la Francia del siglo XVII, el filósofo y literato Bernard Le Bovier de Fontenelle escribió Conversación sobre la pluralidad de los mundos (1686). En esta obra se presentan las ideas de la astronomía moderna, divididas en seis capítulos que corresponden con seis noches de agradable conversación entre una dama noble y un caballero culto. Esta obra, calificada por varios autores como la primera de divulgación científica, tuvo una espléndida recepción por el público francés. Tanto así, que se nombró a Fontenelle como Secretario Vitalicio de la Academia de Ciencias de Francia, cargo que ocupó de 1697 hasta su muerte en 1740. Fontenelle no estaba solo, pues otros hombres ilustres compartían con él su interés por las letras y las ciencias. Los hermanos Perrault, por ejemplo, ocupaban cargos importantes en el gobierno, pero dejaban tiempo para reflexionar y escribir sobre el conocimiento científico y sus aplicaciones. Charles Perrault, por Gérard Edelinck. Pierre Perrault publicó en 1674 El origen de las aguas brotantes, en donde probó a partir de mediciones rigurosas que la concepción renacentista y clásica de la formación de los cuerpos de agua en el planeta estaba equivocada, y señaló que no se pueden explicar los cuatro elementos del macrocosmos con una directa relación hacia los huesos, la sangre, el aliento y el calor interno del microcosmos humano. Por su parte, Claude Perrault desarrolló un proyecto zoológico titulado Historia Natural de los Animales, conteniendo la descripción anatómica de diversas creaturas diseccionadas por la Academia Real de Ciencias de Paris, donde la construcción, fabricación y genuino uso de las partes están fiel y exactamente delineadas en placas de cobre, y son enriquecidas con muchas aportaciones físicas y anatómicas curiosas y útiles, siendo ésta uno de las producciones más considerables de la Academia. Finalmente, el más conocido de los hermanos, Charles Perrault ingresó a la Academia Real de Ciencias en 1671. Charles argumentaba que, así como la ciencia provee de nuevas respuestas que sustituyen las visiones clásicas del mundo, también las letras deben inventarse nuevos caminos y formatos para entrar en la era moderna. Tal vez, inspirado por estas disertaciones y por su admiración hacia la búsqueda de respuestas en las áreas científicas, Charles Perrault publica los Cuentos del Pasado (hoy conocidos como Cuentos de Mamá Ganso) y sienta con ello las bases para la escritura de los cuentos de hadas infantiles con una visión que se mantiene vigente en la actualidad. Monstruos y detectives en la época victoriana inglesa Durante el siglo XIX Inglaterra vivió una época de auge en la ciencia y la tecnología. Los ciudadanos veían al mismo tiempo con emoción y miedo las posibilidades que ofrecían los avances en medicina, física, biología y astronomía. A ello se sumaron aplicaciones prácticas que antes tan sólo se soñaban, pues con la revolución industrial nacieron tecnologías que sustituyeron, incluso, al hombre en ciertos espacios. En las reuniones de los escritores y artistas de la época se trataban temas sobre botánica, geología, electricidad y evolución. Durante el verano de 1816, un grupo de amigos se reunió para pasar unos días de verano en una mansión llamada Villa Diodati, en Suiza. El anfitrión de la casa era el famoso poeta Lord Byron y los invitados eran Mary Shelly, Percy Byshee Shelly y John Polidory, el médico personal de Byron. Durante su estancia en la mansión, los amigos dedicaron parte de su tiempo a leer, por un lado, obras literarias contenidas en una antología de cuentos de fantasmas; por otro, ocuparon su tiempo con las disertaciones filosóficas planteadas en los textos científicos de Erasmus Darwin, abuelo del famoso Charles Darwin. Las ideas de Erasmus Darwin navegaban hacia la electricidad y su posible uso para revivir a las personas que hubieran sufrido algún daño cardiaco, y encontraron buen puerto en las mentes de los literatos ahí reunidos. La lectura del libro de cuentos promovió que Byron propusiera a sus amigos el reto de escribir una historia de terror. La lectura del texto científico inspiró a Mary Shelly para escribir la primera novela de ciencia ficción: Frankenstein. En el prefacio de la novela, Mary narra la génesis del libro del modo siguiente: Frankenstein. Imagen: OpenClipart-Vectors. The event on which this fiction is founded has been supposed, by Dr. Darwin, and some of the physiological writers of Germany […] The circumstance on which my story rests was suggested in casual conversation. It was commenced partly as a source of amusement, and partly as an expedient for exercising any untried resources of mind. […] I passed the summer of 1816 in the environs of Geneva. The season was cold and rainy, and in the evenings we crowded around a blazing wood fire, and occasionally amused ourselves with some German stories of ghosts, which happened to fall into our hands. These tales excited in us a playful desire of imitation. Two other friends (a tale from the pen of one of whom would be far more acceptable to the public than anything I can ever hope to produce) and myself agreed to write each a story founded on some supernatural occurrence. The weather, however, suddenly became serene; and my two friends left me on a journey among the Alps, and lost, in the magnificent scenes which they present, all memory of their ghostly visions. The following tale is the only one which has been completed (Shelly, 1818, p. 1).3 En Frankenstein, Shelly no solamente plasmó el interés que sentían los victorianos por los avances en la medicina y la electricidad, sino también el temor y la reverencia que les causaban estos nuevos descubrimientos. Otro escritor con una fuerte influencia por la ciencia de su época fue el escocés Arthur Conan Doyle, creador del detective más famoso de la historia: Sherlock Holmes. Conan Doyle estudió medicina en la Universidad de Edimburgo y durante sus años de estudiante se interesó en la química, las matemáticas, la arqueología y en las nacientes ciencias forenses. Estos intereses, en particular su fascinación por la química, se reflejan en los relatos situados en el Londres victoriano, en donde el detective resuelve toda clase de misterios con ayuda de su inseparable amigo el Dr. Watson. Este último describe a Holmes trabajando con compuestos químicos en La aventura del tratado naval: Holmes was seated at his side-table clad in his dressing-gown, and working hard over a chemical investigation. A large curved retort was boiling furiously in the bluish flame of a Bunsen burner, and the distilled drops were condensing into a two-litre measure. My friend hardly glanced up as I entered, and I, seeing that his investigation must be of importance, seated myself in an arm-chair and waited. He dipped into this bottle or that, drawing out a few drops of each with his glass pipette, and finally brought a test-tube containing a solution over to the table. In his right hand he held a slip of litmus-paper (Conan Doyle, 2002, p. 435).4 También a través del Dr. Watson, sabrá el lector que el departamento que comparten en el 222b de Baker Street “siempre está lleno de química”, que Holmes “es un gran químico”, que tanto los sillones de su hogar como sus manos “están siempre manchados con químicos”. Además, el médico menciona que su amigo es “un entusiasta de varias ramas de la ciencia […] le apasiona el conocimiento definitivo y exacto”. Esta pasión por el conocimiento científico con la que Conan Doyle dotó a su personaje, fue recompensada en 2002 cuando la Real Academia de Química Británica nombró a Sherlock Holmes miembro honorario: Sherlock Holmes. Foto: Isriya Paireepairit. The Royal Society of Chemistry is to bestow an Extraordinary Honorary Fellowship upon Sherlock Holmes, the first detective to exploit chemical science as a means of detection. The honour marks the centenary of Holmes’s most celebrated case The Hound of the Baskervilles as well as the 100th anniversary of Sir Arthur Conan Doyle’s knighthood. […] Chief Executive of the Royal Society of Chemistry, Dr David Giachardi said today: “Of course Sherlock Holmes did not exist, despite the wishful thinking of millions of people at home and abroad who have followed his deeds in the books, on television, radio and in films. Nevertheless the value of the Holmes legend today, and in previous decades, is profound, having brought tangible moral benefits to society as well providing extraordinary entertainment value that has continued through six or seven generations.” He added: “Our particular interest is his love of chemistry, and the way that he wielded such knowledge for the public good, employing it dispassionately and analytically. He also embodied other personal traits that society seeks in today’s law officers – personal rectitude and courage. Last month the Royal Society of Chemistry honoured the achievements of Sir Alec Jeffreys, whose work in the 1980s led to the employment of DNA fingerprinting in criminal detection. But Sir Arthur Conan Doyle, through Holmes, anticipated 120 years ago the utilisation of chemistry in the battle against crime (Comunicado de prensa de la Real Academia de Química).5 Así, Holmes se convirtió en el primer personaje ficticio en ser nombrado miembro de una academia de ciencias, tanto por sus intereses en química como por su calidad humana. La química encontró en la “Reina del Crimen” otro paladín. La escritora inglesa Agatha Christie fue enfermera voluntaria en un hospital de Torquay durante la Primera Guerra Mundial. Ahí, quedó encargada de la farmacia y descubrió una pasión por la química que la llevó a manejar perfectamente las dosis de las diferentes sustancias a su alcance. La famosa escritora comprendía que la combinación de reactivos y la cantidad utilizada, lo mismo podía curar que matar. A lo largo de sus 66 novelas desfilan el cianuro, la morfina, la ricina, el arsénico y otros tantos venenos cuyas potencialidades y efectos fueron descritos a la perfección. Tal es la opinión de la química Kathryn Harkup en su libro A, de arsénico: los venenos de Agatha Christie. En 1976 una de las novelas de Christie salvó la vida de una niña en el Hammersmith Hospital de Inglaterra. La enfermera que atendía a la paciente era amante de las novelas de esta autora, y consideró que los síntomas que ella describía en The Pale Horse eran idénticos a los que observaba en la pequeña. Pidió a los médicos que buscaran si la niña presentaba envenenamiento por talio y los resultados determinaron que éste era el motivo del malestar, por lo que se logró actuar a tiempo para salvarla. El Aleph, el Robot bicentenario y Contacto Con una historia truncada por dos guerras mundiales, la guerra fría e innumerables conflictos bélicos, el siglo XX sin duda alguna vivió un impulso científico y tecnológico sin precedentes que cambió nuestra vida cotidiana para siempre: el nacimiento del Internet, la telefonía celular, la robótica y los videojuegos, son tan solo algunas muestras de la presencia de la ciencia y la tecnología en nuestro entorno. Durante este periodo, algunos escritores se adueñaron de la ciencia, para explorar mundos que dejaban atrás los límites de la percepción humana. Algunos, de un modo sutil, se apropiaron de la ciencia para hacerla parte de sus ficciones; otros, crearon complicados mundos para mostrar utopías y distopías que años atrás eran impensables. Entre los que incorporaron a la ciencia —en particular las matemáticas— en su obra, para convertirla en parte de sus relatos, podemos mencionar al escritor argentino Jorge Luis Borges. Entre sus numerosos escritos hay dos cuentos que son particularmente importantes por su contenido matemático: La biblioteca de Babel y El Aleph. El primer relato, publicado por primera vez en el libro El jardín de los senderos que se bifurcan (1941), habla de una enorme biblioteca que el narrador describe del modo siguiente: El Universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un angosto zaguán, que desemboca en otra galería, idéntica a la primera y a todas. A izquierda y a derecha del zaguán hay dos gabinetes minúsculos. Uno permite dormir de pie; otro satisfacer las necesidades finales. Por ahí pasa la escalera espiral, que se abisma y se eleva hacia lo remoto. En el zahúan hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias. Los hombres suelen inferir de ese espejo que la Biblioteca no es infinita (si lo fuera realmente ¿a qué esa duplicación ilusoria?): yo prefiero soñar que las superficies bruñidas figuran y prometen el infinito… La luz procede de unas frutas esféricas que llevan el nombre de lámparas. Hay dos en cada hexágono: transversales. La luz que emiten es insuficiente, incesante (Borges, 2006, p. 30). Borges. Foto: Meet Aires. A través de este cuento, Borges plantea un interesante problema matemático a sus lectores: ¿la biblioteca tiene en verdad una colección infinita o sus libros forman un conjunto finito, a pesar de que entre ellos se encuentran todos los textos jamás escritos? Otro texto de gran belleza en el que el escritor argentino plasmó el concepto de infinito es El Aleph, publicado en un libro de relatos con el mismo nombre. El título de este cuento es significativo: por un lado, Aleph es la primera letra del alfabeto hebreo, por otro, es el símbolo matemático que se usa para denotar los distintos tamaños de infinito. Borges describe el Aleph del modo siguiente: En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Fray Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer en el pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemon Holland (Borges, 1998, p. 103). El Aleph es un objeto maravilloso que contiene todo lo que existe en el Universo. Borges tomó prestada de las matemáticas la idea de que todos los objetos posibles pueden coexistir en un mismo lugar. Es posible encontrar esta idea, por ejemplo, en la geometría proyectiva, donde todas las rectas paralelas de un plano convergen en un solo punto: el infinito. Dicho punto se puede pensar como el punto de fuga de las primeras pinturas del renacimiento que tenían el recurso de la perspectiva. Isaac Asimov painted portrait. Foto: thierry ehrmann. Otro escritor que usó la ciencia y la tecnología para crear mundos complejos que en otras épocas eran inimaginables fue Isaac Asimov, un profesor estadounidense que trabajaba en la Universidad de Boston dando clases de bioquímica, mejor conocido por su prolífica carrera como escritor de ciencia ficción y de divulgación de la ciencia. Aunque no se le considera un escritor relevante en términos narrativos, sus ideas en la ficción fueron tan revolucionarias, que muchas de ellas —por ejemplo, las video llamadas— se hicieron realidad años después. Uno de los temas recurrentes en las novelas y los cuentos de Asimov es el de los robots. En dichas narraciones, los robots ya son parte integral del mundo cotidiano de los personajes, y generalmente son sus sirvientes. Tal es el caso de El hombre bicentenario, un relato publicado en 1976, que ganó los premios Nébula y Hugo, los más importantes que existen para la ciencia ficción. En dicha narración, Asimov retrata a un robot que se le entrega a una familia para ayudar con las tareas del hogar y el cuidado de los niños. Dicho robot, bautizado por la hija de la familia como Andrew, tiene un cerebro positrónico que regula sus acciones por medio de las tres leyes de la robótica: 1. Un robot no debe causar daño a un ser humano ni, por inacción, permitir que un ser humano sufra ningún daño. 2. Un robot debe obedecer las órdenes impartidas por los seres humanos, excepto cuando dichas órdenes estén reñidas con la Primera Ley. 3. Un robot debe proteger su propia existencia, mientras dicha protección no esté reñida ni con la Primera ni con la Segunda Ley (Asimov, 1998, p. 1). Aunque Andrew actúa de acuerdo con las leyes programadas en su cerebro, es un robot especial. Durante el desarrollo de la trama, el lector se percata poco a poco de que Andrew tiene conciencia y emociones. De este modo, el robot siente amor por las personas y es capaz de crear arte. Hoy en día, más de cuarenta años después de la publicación de El hombre bicentenario, los expertos en inteligencia artificial y en neurociencias se preguntan si es posible que un robot tenga conciencia, sentimientos y empatía. Muchos de ellos creen que esto será posible en aproximadamente treinta años. Más aún, en años recientes se han generado nuevas leyes de la robótica, que deberán seguir los robots del futuro. Otro escritor norteamericano que, como Asimov, era científico, divulgador de la ciencia y novelista fue Carl Sagan. Sin embargo, a diferencia del primero, que estaba más interesado en las ideas que en la estructura narrativa de los textos, Sagan echó mano de las metáforas y otros recursos literarios para comunicar la ciencia de su época. Aunque la ciencia de Cosmos, su libro más famoso, ahora está desactualizada, no deja de emocionarnos el modo en que Sagan convierte a la divulgación de la ciencia en prosa poética: El Cosmos es todo lo que fue o lo que será alguna vez. Nuestras contemplaciones más tibias del Cosmos nos conmueven: un escalofrío recorre nuestro espinazo, la voz se nos quiebra, hay una sensación débil, como la de un recuerdo lejano, o la de caer desde lo alto. Sabemos que nos estamos acercando al mayor de los misterios. El tamaño y la edad del Cosmos superan la comprensión normal del hombre. Nuestro diminuto hogar planetario está perdido en algún punto entre la inmensidad y la eternidad. En una perspectiva cósmica la mayoría de las preocupaciones humanas parecen insignificantes, incluso frívolas. Sin embargo nuestra especie es joven, curiosa y valiente, y promete mucho. En los últimos milenios hemos hecho los descubrimientos más asombrosos e inesperados sobre el Cosmos y el lugar que ocupamos en él; seguir el hilo de estas exploraciones es realmente estimulante. Nos recuerdan que los hombres han evolucionado para admirarse de las cosas, que comprender es una alegría, que el conocimiento es requisito esencial para la supervivencia. Creo que nuestro futuro depende del grado de comprensión que tengamos del Cosmos en el cual flotamos como una mota de polvo en el cielo de la mañana. Carl Sagan (placa en Pioneer). Foto: Javier. Estas exploraciones exigieron a la vez escepticismo e imaginación. La imaginación nos llevará a menudo a mundos que no existieron nunca. Pero sin ella no podemos llegar a ninguna parte. El escepticismo nos permite distinguir la fantasía de la realidad, poner a prueba nuestras especulaciones. La riqueza del Cosmos lo supera todo; riqueza en hechos elegantes, en exquisitas interrelaciones, en la maquinaria sutil del asombro. La superficie de la Tierra es la orilla del océano cósmico. Desde ella hemos aprendido la mayor parte de lo que sabemos. Recientemente nos hemos adentrado un poco en el mar, vadeando lo suficiente para mojarnos los dedos de los pies, o como máximo para que el agua nos llegara al tobillo. El agua parece que nos invita a continuar. El océano nos llama. Hay una parte de nuestro ser conocedora de que nosotros venimos de allí. Deseamos retornar. No creo que estas aspiraciones sean irreverentes, aunque puedan disgustar a los dioses, sean cuales fueren los dioses posibles (Sagan, 1980, p. 4). En Cosmos, Sagan recurre a las imágenes de paisajes naturales, como la orilla del mar o una mota de polvo, para transmitir su emoción por la inmensidad del Universo. A diferencia de Cosmos, que ahora percibimos como un texto envejecido, en 1985 Sagan publicó una novela llamada Contacto, cuyo tema es cada vez más actual: la búsqueda de vida en otros planetas. El personaje principal de la obra, Eleanor Ellie Arroway, está basado en la científica estadounidense Jil Tartar, miembro del proyecto Search for ExtraTerrestrial Intelligence (SETI). La novela relata la historia de Ellie y el momento en el que encuentra una señal proveniente de otro planeta. Esta obra, que también tuvo una versión cinematográfica estrenada en 1997, no solamente incluye discusiones sobre matemáticas, teoría de códigos y radiotelescopios, sino que también discute las dificultades que encuentra una mujer en el competitivo mundo de la astrofísica, principalmente dominado por los hombres. Entre los muchos homenajes que Sagan recibió por su trayectoria como científico y divulgador de la ciencia, podemos mencionar uno muy especial: la Universidad de Harvard en Estados Unidos nombró a su instituto de astrobiología como “Instituto Carl Sagan: una mota azul de polvo y más allá”. El nombre está relacionado con el título de uno de los libros del astrobiólogo: Pale Blue Dot: A Vision of the Human Future in Space. La directora del instituto es Lisa Kaltenegger, astrónoma y divulgadora, que como Ellie Arroway y Jil Tarter ha dedicado su vida a la búsqueda de otros mundos. En busca de Klingsor y El inconcebible Universo Aunque en el siglo XXI han surgido una gran variedad de textos que incluyen a la ciencia como parte central de su temática, decidimos finalizar nuestro recuento histórico, que de ningún modo pretende ser exhaustivo, con los trabajos de dos escritores mexicanos. Jorge Volpi. Foto: Casa de América. El primero de ellos es En busca de Klingsor, de Jorge Volpi. Es un texto de ficción científica en torno a la física cuántica, situado en el periodo que va desde principios del siglo XX hasta el final de la segunda guerra mundial. Entre sus personajes encontramos a algunos de los físicos más importantes de la época, como Einstein, Gödel, Von Neumann, Bohr, Schrödinger, Heisenberg y Planck. También desfilan entre sus páginas guiños hacia los conceptos más importantes de la física en la primera mitad del siglo XX. Paralelamente a la trama científica encontramos una historia de detectives, en la que el físico norteamericano Francis P. Bacon trata de desenmascarar a Klingsor, quien se cree que es el asesor científico de Hitler. Estas historias se entrelazan con aquellas de los personajes principales, Bacon y Links, creando un complejo rompecabezas en el que el amor, la traición y las rivalidades se entrecruzan. Más aún, en el texto Volpi lleva a cabo una profunda reflexión sobre la física del siglo XX y el momento histórico entre las dos guerras mundiales en donde el conocimiento científico jugó un papel decisivo para determinar al vencedor. Sin duda alguna, éste es uno de los mejores ejemplos de un texto literario que incluye de manera precisa conceptos de la ciencia. José Gordon. Foto: Wotancito. El último texto que discutiremos es El inconcebible Universo: sueños de unidad del periodista y escritor José Gordon. Este libro es de publicación muy reciente, lo que denota que la conversación entre las disciplinas científicas con la literatura permanece vigente. El diálogo entre ambos universos transcurre a partir de pequeños ensayos sobre el trabajo de escritores y científicos que tienen en común un sueño: que todas las fuerzas de la naturaleza puedan estar unificadas. Entre las páginas del libro habitan por igual escritores y científicos como Albert Einstein, Jorge Luis Borges, Edward Witten, Octavio Paz, Stephen Hawking y Amoz Oz. Algunos de los temas principales que se tratan en el texto son El Aleph de Borges, uno de los hilos conductores de la obra, y la correspondencia holográfica de Juan Maldacena, quien para muchos es el físico más importante de nuestro tiempo. Dicha correspondencia es una especie de piedra rossetta que nos da la clave para transitar entre dos lenguajes de la física que describen a nuestro Universo. Cabe mencionar que este texto es producto de una serie entrevistas que el autor realizó con varios de los científicos más importantes de México y del extranjero, como Fabiola Gianotti, Miguel Alcubierre, Roger Penrose, Gerardo Herrera y Alberto Güijosa. Este libro resulta un parteaguas en las uniones entre ciencia y literatura. En él, ambos mundos se encuentran y se vuelven uno solo, aunque sea por un momento. Un final abierto Como dijimos anteriormente, esta discusión no es exhaustiva. Quedaron en el tintero las obras de muchos escritores de ficción y comunicadores de la ciencia que se han adentrado al complejo mundo de la unión entre ciencia y literatura. Cada vez más, en las librerías, encontramos textos literarios con títulos que corresponden a conceptos científicos, con personajes del mundo de la ciencia o que echan mano de metáforas con pinceladas provenientes de la tecnología. Así mismo, los científicos están cada vez más interesados en escribir sobre su trabajo usando las herramientas de la literatura. Dada la riqueza que fructifica a partir del acercamiento entre ciencia y literatura, aspiramos a que los esfuerzos por unir ambos universos del conocimiento se reconocerán como estrategias de gran utilidad tanto para escritores, como para científicos. 1 “Con la ayuda de Dios. Teníamos un poco de comida y agua fresca que un noble de Nápoles, Gonzalo, nos había dado por la bondad de su corazón. Había sido elegido para llevar a cabo el plan de ponernos al mar. Él también nos dio ropa, ropa de cama, y otras necesidades que han sido de gran ayuda. Sabiendo cuánto amaba mis libros, me dio algunos libros de mi biblioteca que valoro más que mi ducado” (Shakespeare, 2015: acto I, escena II, p. 8). 2 “[…] esta obra nos dice algo intemporal y universal. No tanto sobre un tipo llamado Otelo, sino sobre nosotros mismos. Habla al Otelo dentro de cada uno: nuestra naturaleza humana compartida. El Otelo de la obra trata de un tipo celoso y, como veremos, los celos son una emoción humana particularmente potente y generalizada … Es por eso que está bien hablar de Otelo, o de Madame Bovary o de Huckleberry Finn en el tiempo presente: viven, al menos en parte, porque tienen características humanas distintivas que trascienden al arte por el que fueron representadas … Puede ser sorprendente para algunos -especialmente para aquellos que no han seguido los recientes avances de la ciencia biológica-, la evidencia es ahora innegable que gran parte de la vida humana no está construida socialmente. En resumen, aunque el aprendizaje y las tradiciones culturales ejerzan una influencia poderosa, también existe una naturaleza humana subyacente, universalmente válida y característica de todo Homo sapiens” (Barash, 2006, p. 1). 3 “El caso en el que se funda esta ficción ha sido presumido por el Dr. Darwin y algunos de los escritores sobre fisiología de Alemania […] La circunstancia en la que mi historia descansa fue sugerida durante una conversación casual. Comenzó en parte como fuente de diversión, y en parte como un elemento conveniente para ejercitar cualquier recurso de la mente que no había sido probado. […] Pasé el verano de 1816 en los alrededores de Ginebra. La estación era fría y lluviosa, y por las tardes nos agolpábamos alrededor de un fuego de leña que ardía, y de vez en cuando nos divertíamos con algunas historias alemanas de fantasmas que habían caído en nuestras manos. Estas historias despertaban en nosotros un deseo lúdico de imitación. Otros dos amigos (de la pluma de uno de ellos, surgió un cuento que sería mucho más aceptable para el público que cualquier cosa que yo pudiera tener la esperanza de producir) y yo, acordamos escribir cada uno, una historia fundada en algún hecho sobrenatural. El clima, de repente, se volvió sereno y mis dos amigos me dejaron en un viaje entre los Alpes, y así, se perdieron, de las magníficas escenas que presentan y de todo el recuerdo de sus visiones fantasmales. La siguiente historia es la única que ha sido completada” (Shelly, 1818, p. 1). 4 “Holmes estaba sentado en su mesa de lado vestido con su bata, y trabajaba intensamente en una investigación química. Un gran destilador curvo hervía furiosamente en la llama azulada de un mechero de Bunsen, y las gotas destiladas se condensaban en una medida de dos litros. Mi amigo apenas miró hacia arriba cuando entré, y yo, viendo que su investigación debía ser importante, me senté en un sillón y esperé. Se metió en la botella – y en eso-, extrayendo unas cuantas gotas con su pipeta de vidrio, y finalmente llevó un tubo de ensayo que contenía una solución sobre la mesa. En su mano derecha sostenía un trozo de papel de tornasol” (Conan Doyle, 2002, p. 435). 5 “La Royal Society of Chemistry (Sociedad Real de Química del Reino Unido) otorga una beca honoraria extraordinaria “Sherlock Holmes”, el primer detective que utilizó a la ciencia química como un método de detección. El honor marca el centenario del más célebre caso de Holmes, The Hound of the Baskervilles (El sabueso de los Baskerville), así como el centenario del caballero de Sir Arthur Conan Doyle. “Por supuesto Sherlock Holmes no existía, a pesar de la ilusión de millones de personas en el hogar y en el extranjero que han seguido sus obras en los libros, en la televisión, la radio y el cine”, dijo el director ejecutivo de la Royal Society of Chemistry, David Giachardi. Sin embargo, el valor de la leyenda de Holmes hoy, y en décadas anteriores, es profundo, con tangibles beneficios morales a la sociedad, además de proporcionar un valor de entretenimiento extraordinario que ha continuado durante seis o siete generaciones”. Y añadió: “Nuestro interés particular es su amor por la química, y la manera en que él manejó tal conocimiento para el bien público, empleándolo desapasionadamente y analíticamente. También incorporó otros rasgos personales que la sociedad busca en los oficiales legales de hoy: rectitud personal y valor. El mes pasado, la Royal Society of Chemistry honró los logros de Sir Alec Jeffreys, cuyo trabajo en la década de 1980 llevó al empleo de huellas dactilares de ADN en la detección criminal. Pero sir Arthur Conan Doyle, a través de Holmes, anticipó hace 120 años la utilización de la química en la lucha contra la delincuencia” (Comunicado de prensa de la Real Academia de Química). Bibliografía Asimov, Isaac (1998). El hombre bicentenario. Chile: Ediciones B. Barash, David P. (2006). Madame Bovary´s Ovaries: a Darwinian Look at Literature. Washington: Delta. Borges, Jorge Luis (1997). El Aleph. México: Alianza Editorial. Borges, Jorge Luis (2006). Ficciones. México: Alianza Editorial. Conan Doyle, Arthur (2002). The Adventures and Memoirs of Sherlock Holmes. Nueva York: Random House. Falk, Dan (2014). The Science of Shakespeare. Nueva York: Thomas Dunne Books, St. Marin’s Press. Shakespeare, William (2015). The Complete Works. Oxford, Inglaterra: Ed. Oxford. Shelly, Mary (1818). Frankenstein: The 1818 Text. Londres: Oxford World’s Classics. Gordon, José (2017). El inconcebible universo: sueños de unidad. México:Sexto Piso Ilustrado. Sagan, Carl (1980). Cosmos. México: Planeta. Volpi, Jorge (2001). En busca de Klingsor. México: Seix Barral. Volpi, Jorge (1994). A Pale Blue Dot: A Vison of Human Future on Earth. Nueva York: Random House. Boletín de prensa de la Real Sociedad de Química del Reino Unido: . Página del Carl Sagan Institute: .
Manuel Lino Resumen Introducción De importancia social, personal y hasta… Amateur, pero también barata y de… Promover a las instituciones, el mandato ¿A quién le importa la ciencia hecha en… A manera de conclusión Bibliografía Resumen El 30.2% de los mexicanos asegura tener información “nula” con respecto a los avances de la ciencia… Desde hace mucho tiempo, en México y en el mundo en general, se ha asumido que la difusión del conocimiento científico es responsabilidad de aquellos que lo generan y que estar al tanto de los avances que se producen en este campo a nivel nacional es prácticamente una obligación del público. El resultado de esta visión ha sido que existan grandes sectores de la población mundial que, en términos generales, carecen por completo de cultura científica. Sin embargo, esta ineficaz forma de difundir el conocimiento está empezando a cambiar… Palabras clave: comunicación de la ciencia, conocimiento científico, público, lectores, México. Communication of science in Mexico, the contempt of public and private 30.2% of Mexicans claim to have “zero” information regarding the progress of science… For a long time, in Mexico and in the world in general, it has been assumed that the dissemination of scientific knowledge is the responsibility of those who generate it, and being aware of the advances that occur in this field is practically an obligation of the public. The result of this vision has been that there are large sectors of the world’s population that, in general terms, are completely lacking in scientific culture. However, this ineffective way of spreading knowledge is starting to change… Keywords: communication science, scientific knowledge, public, readers, Mexico. Introducción La comunicación de la ciencia en México es y ha sido escasa y poco exitosa porque no considera y en ocasiones hasta menosprecia a sus públicos. Manuel Lino Contaba el teórico Richard Feynman, considerado uno de los diez físicos más importantes de la historia, que su padre lo sentaba en su regazo y le leía artículos de la Enciclopedia Británica… Estábamos leyendo –recuerda Feynman– sobre, digamos, dinosaurios. Acerca del Tyrannosaurus rex y (la enciclopedia) decía algo como ‘Este dinosaurio medía 7 metros y medio de altura, y su cabeza, dos metros de un extremo a otro’. Mi papá dejaba de leer y decía, ‘Ahora, veamos qué significa esto. Esto significa que si (el tiranosaurio) se parara en nuestro jardín, sería lo suficientemente alto como para asomarse por esta ventana de aquí’. Estábamos en el segundo piso. Y lo estaríamos viendo directamente a los ojos… Foto: heimseiten_WebdesignKoeln. Esta última frase no la dijeron ni Feynman ni su papá, sino Brian Malow, un stand up comedian estadounidense, conocido como Science Comedian, cuando me contaba sobre los cursos que imparte a científicos para que aprendan a dar charlas sobre divulgación. En el final que cuenta Feynman (en What Do You Care what other People Think?, o Qué te importa lo que piensen los demás en español) su papá explicaba que, dado el tamaño de la cabeza del tiranosaurio, éste no podría meterla por la ventana, con lo cual el pequeño podría irse a dormir tranquilo. Pero prefiero el final de Malow porque le da un toque artístico y dramático a esta historia sencilla que, en unos cuantos párrafos, condensa los principales elementos que debiera tener la comunicación de la ciencia para ser exitosa. El padre, Arthur Melville, explica el caso en términos que su público, el pequeño Richard, no sólo entienda, sino que pueda dimensionar y relacionar con su propio ambiente y experiencia. En su remate, Malow realza la parte narrativa, tanto en su aspecto formal –al hacernos notar que entre estos personajes hay un conflicto pues el tiranosaurio está mirando, quizá con hambre, a la familia Feynman–, como artístico al añadirle emoción e involucrarnos con la narración. Pero el elemento que más quiero destacar de esta historia y sus dos finales es que la buena comunicación del conocimiento se hace en función del público; no de quien lo creó ni de quien lo comunica. Así, con este sencillo ejemplo –que además sirve como introducción para este artículo– pretendo mostrar que la comunicación de la ciencia (considerada de manera amplia, desde la divulgación al periodismo) en México es todavía amateur y, por tanto, pobre en producción, calidad y recursos; y que esto se debe a que se ha ignorado y, en ocasiones, hasta menospreciado al público; además que nuestro sistema de ciencia, tecnología e innovación tiene fallas estructurales y conceptuales que han impedido, y quizá seguirán impidiendo, el adecuado desarrollo de esta actividad de enorme importancia para la que hay, aunque no lo crean, un público expectante. De importancia social, personal y hasta íntima Conocí a Malow en el “67 Lindau Nobel Laureate Meeting”, que este año 2017 reunió durante la última semana de junio, a 28 premios Nobel con alrededor de 400 jóvenes investigadores provenientes de más de 70 países que fueron seleccionados para asistir mediante concursos hechos por sus respectivas academias de ciencias. Estábamos además cerca de 90 reporteros y comunicadores de ciencia de 20 países. […] gracias a un diálogo entre científicos, políticos y sociedad exista una ciudadanía informada que contribuya a la generación de políticas públicas y a decidir el rumbo por el que habrá de transitar en temas relevantes. Esta edición del encuentro fue dedicada a la Química, disciplina en la que la mayoría de los laureados asistentes ganaron sus respectivos Nobeles y en la que se especializaban los jóvenes investigadores. Sin embargo, el énfasis de la reunión se desplazó notablemente al revuelo que ha causado Donald Trump al negar, desde la oficina más poderosa del mundo, no sólo a la ciencia sino a la racionalidad misma. La Casa Blanca se ha convertido en el principal baluarte de la “post-verdad” –término que ha sustituido a los clásicos “mentira”, “manipulación” y “demagogia”– y de las “dudas” respecto la evidencia científica del cambio climático, incluso la Presidencia de Estados Unidos de América (EUA) propuso cancelar el presupuesto federal destinado al combate de este problema; lo cual resulta alarmante si tomamos en cuenta que es el segundo país que más emite gases de efecto invernadero. El tema se hizo presente desde la conferencia inaugural que estuvo a cargo de Steven Chu, Premio Nobel de Física de 1997 y Secretario de Energía de EUA de 2009 a principios de 2013 (Chu no pudo asistir a Lindau, su discurso fue leído por William Moerner, Nobel de Química de 2014). Al principio advirtió acerca de las amenazas que nos acechan: “Hay un peligro real de que la elevación del nivel del mar o el colapso de la agricultura debido al calor y las sequías ocasionen migraciones masivas debidas al clima”; y, en ese sentido, calificó a los 4.5 millones de refugiados sirios, además de los millones de africanos que han salido de sus países natales, como apenas una “advertencia de lo que podría ocurrir en las próximas décadas”. Imagen: yatheesh_. Luego se refirió a la multitud de avances científicos y tecnológicos que es necesario hacer para contribuir a que las energías limpias sean accesibles para cualquier uso a costos bajos, e invitó a los jóvenes químicos a desarrollar dichos avances. “Pero –dijo– también necesitamos políticas públicas estables a largo plazo que permitan financiar proyectos visionarios de investigación y desarrollo” y, agregaría, guiar las inversiones del sector privado hacia innovaciones a gran escala. Al día siguiente, en un desayuno auspiciado por la representación de México, nuestro Nobel, Mario Molina, en referencia al tema comentó que: “es muy desafortunado, pero como científicos necesitamos unirnos y asegurarnos de que podemos comunicarle al público la enorme importancia que tiene la ciencia”. Y se preguntó: “¿Cómo nosotros, como comunidad científica, comunicamos este muy importante aspecto de la ciencia? Lo hacemos a la sociedad en general con la esperanza de que tengamos algún impacto en los tomadores de decisiones de ciertos gobiernos…”. En otras palabras, tanto Chu como Molina, están aspirando al que se considera el resultado ideal de la comunicación de la ciencia, en especial del periodismo: que gracias a un diálogo entre científicos, políticos y sociedad exista una ciudadanía informada que contribuya a la generación de políticas públicas y a decidir el rumbo por el que habrá de transitar en temas relevantes. El discurso de Chu además contenía el deseo de despertar vocaciones científicas (en este caso ya muy especializadas), otro de los beneficios que se espera de una comunicación de la ciencia eficaz. Sin embargo, las respectivas audiencias de Chu y Molina eran reducidas (de alrededor de 500 personas en el primer caso y de unas 100 en el segundo). Resulta evidente que se requiere de alguna forma de comunicación para amplificar su mensaje y para comunicarse con la sociedad. Pero, la comunicación de la ciencia… o mejor deberíamos decir la comunicación del conocimiento (para incluir a disciplinas como la Historia o la Economía) es importante también a nivel individual y hasta íntimo. Como ejemplo quiero mencionar a Elizabeth Merab, reportera del Nation Media Group de Kenia, quien me explicó su razón personal para dedicarse al periodismo de ciencia. Merab padece anemia falciforme, un mal hereditario que no sería tan grave de no ser porque vive en uno de los países donde la malaria es endémica. Aquellos que son sólo portadores del gen de la anemia, pero no la padecen, tienen resistencia a la malaria; pero quienes sí la desarrollan corren grave riesgo de ser infectados por el Plasmodium falsiparum, lo cual es casi una sentencia de muerte. He pasado alrededor de 75% de mi vida entrando y saliendo de hospitales y medicada […] Esto me hizo darme cuenta de que hay mucha gente que no sabe mucho sobre lo que consume en términos de medicamentos, ni de lo que consume de servicios y cuidados médicos. [Además en Kenia] tenemos un cambio en la demografía […] pasamos de enfermedades infecciosas a no infecciosas, como el cáncer, la diabetes y la propia anemia […]. Estos males están al alza, y la población no tiene la información necesaria […] Información simple, como qué comer y qué no, dónde obtener tratamiento, el mal que tienes ¿lo cubre tu seguro? Así que sentí la necesidad de ser parte de esta conversación (Merab, 2017). Se pueden mencionar muchas otras razones por las que comunicar ciencia es importante, pero quiero compartirles ésta que me dio Malow: “Si entiendes que toda la vida está relacionada, que nosotros estamos relacionados con esta planta y que toda la vida está hecha de las mismas cosas que el resto del universo, si entiendes ese tipo de unidad, las estúpidas cosas por las que nos peleamos, los prejuicios, que si eres gay y yo no, que si eres negro y yo blanco, yo soy judío y tú eres musulmán, entiendes que esas divisiones son tan ficticias […]. Quiero pensar que, si a más gente le importara la ciencia y sólo entender mejor el mundo, entonces esas diferencias se derrumbarían” (Malow, 2017). Amateur, pero también barata y de baja calidad A pesar de su enorme importancia (potencial), la comunicación de la ciencia en México y en América Latina es amateur y pobre. Hace pocas semanas, se presentó el Diagnóstico de la divulgación de la ciencia en América Latina (Patiño et al., 2017), hecho por la Red de Popularización de la Ciencia y la Tecnología en América Latina y el Caribe (RedPOP), un análisis que, entre otras cosas, confirma de manera científica lo que ya sabíamos: la poca profesionalización que existe en el medio. En América Latina, apenas 10.1% de quienes hacen divulgación en las instituciones son profesionales (figura 1). Lo peor es que, cuando encomiendan (la palabra ‘contratan’ no parece aplicarse en estos casos) actividades a personas externas, menos de 1% son profesionales en la materia con un despacho u oficina (figura 2). Elaboración propia con datos del Diagnóstico de la divulgación de la ciencia en América Latina. Elaboración propia con datos del Diagnóstico de la divulgación de la ciencia en América Latina. El Diagnóstico revela que: “es notable que 60.2% de las instituciones de la muestra del presente estudio cuente sólo con personal que realiza sus actividades de divulgación de la ciencia de manera gratuita, y que 91.9% lo haga con al menos una parte de personal voluntario” (Patiño et al., 2017, p. 97). Además, encuentra que de quienes se dedican a estas actividades, “sólo 35.6% lo hace de tiempo completo”. Esas y otras cifras pueden “ser indicativas de un bajo nivel de profesionalización en el recurso humano para la divulgación en la región” (Patiño et al., 2017, p. 123). Lo que a los autores del Diagnóstico (Ma. de Lourdes Patiño Barba, Jorge Padilla González y Luisa Massarani) les parece simplemente “notable” a mí me parece francamente alarmante y hasta escandaloso. La misión de las universidades (es lo que son la mayoría de las instituciones a las que se refieren el estudio) se ha separado tradicionalmente en tres grandes ramas: investigación, docencia y extensión; y que las universidades dejen una parte medular de sus labores a los amateurs es una omisión gravísima. La palabra “profesional” se refiere sobre todo a que un trabajo se haga a cambio de una remuneración, en contraste con el “amateur” que lo hace de forma gratuita; sin embargo, no es en balde que el término profesional también haga referencia a lo bien hecho y a quien “ejerce su profesión con capacidad y aplicación relevantes”, según la Real Academia Española. En ese sentido, una baja profesionalización implica también una baja (o simplemente menor) calidad en el trabajo. Para colmo, como aseguran los investigadores Tomás Ejea y Bianca Garduño sobre la extensión cultural, “una exploración bibliográfica sistemática sobre el tema pone en evidencia la falta de consenso en la formulación de la conceptualización de sus tareas y sus objetivos”, por lo que las acciones en la materia no se desarrollan de acuerdo a programas estructurados ni se tienen objetivos definidos y “carecen de presencia específica en la normativa universitaria, por lo que se subordinan a las autoridades. Por esta razón, el énfasis varía dependiendo de la importancia que le dé el funcionario en turno” (Ejea y Garduño, 2014, p. 14). Promover a las instituciones, el mandato Entre las conclusiones del Diagnóstico también podemos leer que “los tópicos sólo mínimamente se definen a partir de la detección de las necesidades e intereses de los públicos a los cuales se dirigen las acciones” (Patiño et al., 2017, p. 125). En el caso de México, no atender con la comunicación de la ciencia los intereses del público sino los de las instituciones es, en cierto sentido, un mandato de ley. Como señala el investigador y periodista Carlos Enrique Orozco, desde la fundación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), a finales de 1970, se mencionó entre sus funciones la de “fomentar la difusión sistemática de los trabajos realizados tanto por los investigadores nacionales como por los extranjeros que residen en el país, mediante la utilización de los medios más adecuados a ello” (Diario Oficial de la Federación, 1970, 29 de diciembre). En esa redacción no quedaba claro si la difusión debía orientarse a la sociedad o a la comunidad científica. Pero diez años después, aunque no se le dio lugar en el Programa Nacional de Ciencia y Tecnología (1978-1982) quedó claro que el énfasis estaba en la sociedad. Como muestra, Orozco cita el aumento de tiraje de la revista Ciencia y desarrollo de 6 000 ejemplares bimestrales en 1978 a 65 000 en 1980, además de la gran cantidad de libros de divulgación y ciencia ficción que el CONACYT publicó. Ciencias Naturales IV. Imagen: Lewis Minor. Ya para el Programa Nacional de Desarrollo Tecnológico y Científico (1984-1988) se empezó a usar el término comunicación social. Aun así, hasta el Programa Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación, publicado en 2008, la postura de CONACYT, aunque con un lenguaje distinto, siguió siendo la misma: se trataba de “promover la cultura científica, tecnológica y de innovación a través de los medios de comunicación electrónicos e impresos, difundiendo los resultados de las investigaciones exitosas y el impacto social en la solución de problemas nacionales”. Lo anterior significa, como diría Arthur Feynman, que la finalidad de las publicaciones no era la de satisfacer los intereses del público ni contribuir a la generación de una cultura científica, sino dar a conocer las acciones que llevaban a cabo las instituciones. Sin embargo, en el Programa Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación 2014-2018 (PECITI) la postura cambia. En primer lugar, se delinea la utilidad que, como nación, se puede encontrar en la comunicación de la ciencia. “Aquellos países que han logrado robustecer la apropiación social del conocimiento se caracterizan por ser más innovadores y en consecuencia aceleran su crecimiento económico” (PECITI, 2014, p. 16). En segundo lugar, puntualiza que “para este fin es necesario fortalecer dos mecanismos que incrementen la cultura científica de los mexicanos y conduzcan a una mayor apropiación social de la ciencia y del conocimiento: la divulgación y comunicación, y el acceso al conocimiento” (PECITI, 2014, p. 16). Es decir, el foco se desplaza de “dar a conocer los resultados de los investigadores” hacia el público. Éste es un cambio saludable. Pero en el mismo documento aparece otra vez lo que considero el otro gran error que se ha cometido desde el principio: “Dentro del SNCTI (Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación), el CONACYT es el principal encargado de las estrategias de divulgación. En ese sentido, ha realizado una amplia y continua labor para fortalecer la comunicación y divulgación de ciencia, tecnología e innovación (CTI), tales como: la creación de revistas (Ciencia y Desarrollo, Información Científica y Técnica ICyT, Comunidad CONACYT o TecnoIndustria), y la creación de la Semana Nacional de la Ciencia y la Tecnología”. También se creó la Agencia Informativa CONACYT para dar a conocer el trabajo de “individuos o empresas que estén creando ciencia, tecnología o innovación en México”. […] si queremos que haya una cultura científica, la comunicación de la ciencia no se debería distinguir del cine o la literatura, debe ser atractiva por sí misma porque no existe, ni podría aceptarse, la obligación de acercarse a ella. Esto sólo se hará por gusto, si el conocimiento científico se nos presenta de manera interesante, sorprendente, entretenida, conmovedora o hasta trascendente. Es decir, el CONACYT, como “el principal encargado de las estrategias de divulgación”, asume que la mejor estrategia es ser también el principal productor de divulgación, ser el protagonista de la historia en lugar de apoyar a quienes quieran invertir, producir y generar contenidos de comunicación de la ciencia. Es cierto que, desde hace unos años, se publica la “Convocatoria de Apoyo a Proyectos de Comunicación Pública de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación”, que apoya una multitud de iniciativas. Pero, una vez más, hay un pero: el financiamiento de estas iniciativas se hace a fondo perdido y dentro de las consideraciones de asignación de estos apoyos no se considera que los proyectos tengan (o vayan a tener en algún momento) un modelo de negocios que les permita subsistir y continuar con su labor una vez que termine el año durante el cual los apoya CONACYT. Quiero aclarar que no comulgo con el “capitalismo salvaje” ni creo que deba desaparecer todo aquello que no produce dinero. Estoy de acuerdo en que el estado debe financiar actividades importantes y valiosas que no tengan perspectivas claras de generar capital (como la ciencia básica). Pero en este país hay que admitir que llega un momento en que la aceptación del público de un determinado producto (sí, también de un producto cultural) se mide por si gasta su dinero en él o no. Resulta curioso que una convocatoria que lleva en el nombre la palabra “innovación”, que implica llevar un producto o mejora al mercado, no considere a los mercados. Y, con perdón de los encargados del programa de apoyos, resulta hasta ridículo que en el primer párrafo de la convocatoria se asegure que “la nación en su conjunto, debe invertir en actividades y servicios que generen valor agregado de una forma sostenible” (sic por la coma que malamente separa el sujeto del predicado), y acto seguido ofrezca apoyo a proyectos que, en principio, no son ni tienen forma de volverse sostenibles. Como remate, unas páginas más adelante encontramos el siguiente párrafo: “Las propuestas deberán estar estructuradas para comunicar a públicos segmentados o sectoriales los hallazgos o innovaciones más impactantes de las investigaciones científicas o los desarrollos tecnológicos, respectivamente, realizados por investigadores o empresas en instituciones establecidas en México”. Ahí está, otra vez, el afán de autopromoción y el menosprecio al público. Ante ello, cabe señalar que muchos de los científicos más reconocidos de México han hecho sus descubrimientos más importantes en el extranjero. Aquí pongo algunos ejemplos notables: Mario Molina, en la Universidad de California en Irvine, junto con el Profesor F. Sherwood Rowland; Francisco Bolívar Zapata (Premio Príncipe de Asturias 1991) estaba en San Francisco, California, cuando formó parte del equipo pionero que creó el primer organismo con ingeniería genética; Luis Herrera-Estrella participó en la elaboración de la primera planta genéticamente modificada mientras estaba en la Universidad Ghent, Bélgica, en el laboratorio de Marc Van Montagu; y Ricardo Miledi (ganador también del Asturias) descifró, con Bernard Katz en el University College London, los secretos de la transmisión sináptica que le dieron una tercera parte del Nobel a Katz. ¿A quién le importa la ciencia hecha en México? Como periodista de ciencia y cultura he escuchado con (demasiada) frecuencia que los mexicanos “debemos conocer la ciencia que se hace en México”. Encuentro esta proposición tan ridícula como cuando hace unos años escuchaba que apoyáramos al cine mexicano y lo fuéramos a ver. Si las películas mexicanas no nos resultaban entretenidas, interesantes, conmovedoras ni sublimes, como público no teníamos razón alguna para verlas. En ese sentido, si queremos que haya una cultura científica, la comunicación de la ciencia no se debería distinguir del cine o la literatura, debe ser atractiva por sí misma porque no existe, ni podría aceptarse, la obligación de acercarse a ella. Esto sólo se hará por gusto, si el conocimiento científico se nos presenta de manera interesante, sorprendente, entretenida, conmovedora o hasta trascendente. Y esto no va a suceder mientras no se haga de manera profesional, es decir, mientras quienes lo hagan no piensen en crear productos tan buenos que la gente esté dispuesta a pagar por ellos. Porque el público sí está interesado en la ciencia. La Encuesta sobre la Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología (ENPECYT) que hace el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), por encargo de CONACYT, revela que es uno de los temas que aparecen en medios de comunicación que más le importa a la gente. El rubro ‘Nuevos inventos, descubrimientos científicos y desarrollo tecnológico’ aparece en segundo lugar de interés. Además, algunos otros temas que importan a la gente también están relacionados con la ciencia, como el medio ambiente y, aunque la ENPECYT no pregunta al respecto, la salud, el comportamiento humano, etcétera. Temas que interesan al público Dos temas relacionados con la ciencia, la contaminación ambiental y las novedades en ciencia y tecnología, figuran en los tres primeros lugares del interés del público. Aquí se muestran los datos graficados en orden descendente de lo que les parece más interesante. Fuente: realización propia con datos de la ENPECYT (2015). Estadísticas aparte, quienes nos dedicamos a actividades “elevadas” relacionadas de alguna manera con las ciencias, la cultura o el arte, a veces se nos olvida que al público general también le interesan –y mucho– estos temas. Se nos olvida que todos somos público general (salvo en el área de nuestra especialidad) y que, en el fondo, todo ser humano, por el simple hecho de serlo, se interesa por los grandes temas a los que la ciencia está dando respuesta: “qué es la vida”, “qué es la conciencia”, “de dónde venimos”, “por qué nos comportamos de la forma en que lo hacemos”, etcétera. Los temas que menos interesan Si graficamos los mismos datos pero en orden descendente por quienes manifestaron tener un interés nulo por los temas, vemos que la contaminación ambiental se mantiene en la preferencia del público seguido por Ciencias sociales e Historia. Curiosamente, la Política y las Ciencias exactas son en ambas gráficas las menos favorecidas por el público. Fuente: realización propia con datos de la ENPECYT (2015). A manera de conclusión Volvamos con la familia Feynman, a quienes dejamos en una situación comprometida… No, no me refiero al tiranosaurio en la ventana, sino a Arthur tratando de suavizar la imagen para que el pequeño Richard pueda dormir. Era muy emocionante y muy, muy interesante pensar que hubo animales de tal magnitud –y que todos murieron y que nadie sabía por qué (ahora ya sabemos)–. Por eso no estaba asustado de que alguno de ellos fuera a llegar hasta mi ventana… Así, Richard pudo dormir, creció y, en parte gracias a las enseñanzas de su padre, no sólo se convirtió en un gran físico sino en un excelente divulgador. Su libro Surely you’re joking Mr. Feynman (¿Está usted de broma, Sr. Feynman?) está calificado en Amazon como un best seller que tiene 4.5 estrellitas, de 5 posibles; igual que el más serio QED. The Strange Theory of Life and Matter, y el video en el que Richard habla de su padre, entre otros temas, tiene casi 916 000 visualizaciones en YouTube. Teniendo en cuenta que murió en 1988, que el pico de su fama estuvo en los años 60 y que en The Big Bang Theory sólo se le ha mencionado una media docena de veces, no está nada mal como para dar ejemplo de que hay público para la comunicación de la ciencia. Y ya que nos preguntamos si Feynman estaba bromeando y que menciono a The Big Bang Theory, un último consejo de Malow: “Pero claro que ayuda sentir que lo que haces es importante. Quizá, si tan sólo cuento algunos chistes científicos y te hago reír, ya hice algo con un poco de sentido porque tal vez pensabas que la ciencia era aburrida y te hice reír con un humor muy geek. Aunque no te haya enseñado nada, tal vez sólo te enseñé una cosa, que la ciencia puede ser divertida”. Bibliografía La mayor parte de las ideas que vierto aquí no son mías sino de diversos investigadores (aunque quizá las he tergiversado un poco). Anoto aquí los cuatro textos que más consulté en la elaboración de este artículo: Sobre la historia de la comunicación de la ciencia en México y sus obstáculos: Orozco Martínez, Carlos Enrique (2014). “Sin embargo, se mueve. La divulgación de la ciencia en México”, en Hugo Edgardo Méndez Fierros y Felipe Cuamea Velázquez, coordinadores, Universidad, ciencia y Cultura: evaluaciones para un saber colectivo. Universidad Autónoma de Baja California, México. Pp. 77-110. Sobre los problemas de las universidades para comunicar: Tomás Ejea Mendoza y Bianca Garduño Bello (2014). “La extensión de la cultura universitaria en México: un ensayo sobre su historia conceptualización y relevancia”, en Hugo Méndez y Felipe Cuamea (eds.), Universidad, ciencia y cultura: evocaciones para un saber colectivo. Universidad Autónoma de Baja California. Mexicali, pp. 52-78. Sobre la lamentablemente escasa pero muy deseable influencia que tiene el periodismo científico en las políticas públicas: Rosen, Cecilia y Javier Crúz-Mena (2015). “El periodismo de ciencia en América Latina”, en Luisa Massarani (org.), RedPOP: 25 años de popularización de la ciencia en América Latina. RedPOP, Unesco, Primera edición Río de Janeiro, pp. 61-71. Sobre la importancia de la narrativa en la comunicación y de la comunicación misma: Aquiles Negrete Yankelevich (2012), La divulgación de la ciencia a través de formas narrativas. Colección Divulgación para divulgadores de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM. Primera Reimpresión.
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Revista Digital Universitaria Publicación bimestral Vol. 18, Núm. 6julio-agosto 2017 ISSN: 1607 - 6079