Vol. 22, núm. 3 mayo-junio 2021

Energías renovables y sustentabilidad: una eficiente forma de gestionar los recursos naturales

Ernesto Jesús Perino, Roberto Aníbal Kiessling Duran, Adolfo Alejandro Silnik, Aníbal Daniel Perelló y Ernesto Perino Cita

Resumen

Este trabajo aborda la crisis socioecológica actual ocasionada por el cambio climático, y centra su análisis en la promoción de alternativas para enfrentarla; también, se resalta el papel de la ética ambiental, campo del saber que focaliza sus reflexiones en la relación del hombre con el medioambiente. De igual manera, este artículo, demanda un punto de equilibrio entre la ciencia, el desarrollo tecnológico y el rol de las energías renovables para alcanzar una biosfera sostenible. Es importante considerar que este paradigma emergente instala la necesidad de reconocer los derechos intrínsecos de la esfera de la vida y vislumbra la conjunción indisoluble: energías renovables-sostenibilidad como un objetivo válido para el bienestar del medioambiente.
Palabras clave: energías renovables, sostenibilidad, ética ambiental, medioambiente.

Renewable energies and sustainability: an efficient way to manage natural resources

Abstract

This paper addresses the current socio-ecological crisis. It focuses its analysis on a promotion of alternatives for dealing with the global crisis and climate change. It is worth highlighting the role of environmental ethics; a field of knowledge that focuses its reflections on the relationship between man and the environment. It demands a point of balance between science, technological development and the role of renewable energies to achieve a sustainable biosphere. This emerging paradigm installs the need to recognize those of rights intrinsic to the sphere of life. The indissoluble conjunction renewable energies- sustainability is seen as a valid objective for the environmental welfare.
Keywords: renewable energies, sustainability, environmental ethics, environment.

Introducción

El progreso científico y tecnológico, en la sociedad, le brinda al hombre la posibilidad de ejercer un gran poder sobre su entorno, en consecuencia, esto ocasiona diversas problemáticas ambientales que ponen en peligro a la biosfera, fracción del planeta en la que se desarrolla la vida y que integra a todos los ecosistemas,1 ya sean terrestres, acuáticos, aéreos o de transición. El ser humano actúa descontroladamente (por ejemplo, la ignición de combustibles fósiles, la deforestación, etc.), lo cual genera un colapso medioambiental, motivo de gran preocupación para la ética ambientalista, ya que este campo del saber emerge como bastión para indicarle a la humanidad que debe recuperar la consciencia de que vive en un planeta sagrado del cual forma parte.

Frente a los planteamientos anteriores, este trabajo apunta a concientizar sobre la necesidad de un manejo equilibrado de los recursos naturales, y estimula un compromiso con la transición hacia los sistemas energéticos que tengan una amplia participación de las energías renovables y que generen una huella de carbono neutral2 a partir de la implementación del concepto de las cuatro Rs del desarrollo sostenible: Reducir, Reutilizar, Reciclar y Reeducar. Estos cambios conductuales demandan privilegiar las visiones ambientalistas y resaltan la necesidad de situar a las instituciones educativas dentro de un marco ambiental, ya que son escenarios vitales para promover la sustentabilidad. El paradigma de la sostenibilidad se encuentra también en la práctica universitaria en una dimensión educativa, investigativa y de transferencia social (ver imagen 1).

Imagen 1. Reparación y reutilización de módulos fv donados al leis – UNSL. Esta tarea apunta a la reeducación sustentable en el ámbito universitario.
Fuente: fotografía propia.

Jacques Lacan, en 1953, pedía a los intelectuales y políticos: “… que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época” (2009, p. 308). En un momento donde el planeta enfrenta serias amenazas que ponen en riesgo la vida sobre la tierra, no cabe duda de que el medioambiente es una marca epocal subjetiva, en otras palabras, nuestro presente lleva las marcas significativas de la contaminación ambiental generada a gran escala y a un ritmo exacerbado en los últimos años, lo cual le impide a la biosfera autorregularse, es decir, no puede tener la capacidad de controlar globalmente el ambiente para amoldarlo a sus propias necesidades (Hipótesis de Gaia).

Este panorama sombrío exige una metamorfosis profunda y, en muchos casos, contradictoria al actual modo de vida. Antes de que colapse la biosfera por la acción antropogénica,3 es necesario abordar la problemática ambiental mediante un análisis profundo de la relación hombre-sociedad-naturaleza, lo que implica la adopción de un novedoso modelo integral, asentado en los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ods) que demandan la evolución armoniosa de los ecosistemas sin exceder sus límites de capacidad de carga.

Los principios rectores de estos Objetivos son la equidad social y la preservación de la biosfera, lo cual implica que los procesos antrópicos sean armónicos ya que pretenden alcanzar “una visión holística de la naturaleza asociada a la recuperación de una vida saludable, verdadera e íntegra” (Agoglia Moreno, 2010, p. 87). Esta realidad justifica el porqué la cuestión ambiental ha revolucionado la mirada con la vemos el mundo, y nos obliga a plantear nuevos paradigmas y a tener una actitud integradora en el abordaje de las prácticas científicas y tecnológicas ecoamigables, junto con otras modalidades de construcción en la interacción sociedad-naturaleza.

Ventana de oportunidades tras la sostenibilidad

Como puntualiza Kalmus: “La civilización está en una encrucijada. A escala global, los seres humanos son ahora la principal perturbación para el mundo natural […] Las dos crisis que debe afrontar con más urgencia la biosfera, y con ella la humanidad, son el cambio climático y la pérdida de hábitats” (2018, p. 222). Estas razones exigen un cambio socio-cultural paradigmático; nuevos modos de ser y de saber; un giro en nuestra concepción antropocéntrica; un repensar como antrophos, para generar un puente entre lo antrópico y lo no antrópico, y poner en marcha una revolución que considere como pilares de un desarrollo sustentable a los recursos renovables. Una revolución inaugurada en el nuevo milenio y que pueda caracterizarse por la diseminación de las energías renovables y de las nuevas tecnologías; que pueda extender la sensibilidad empática a toda la vida terrenal (Rifkin, 2010).

La necesidad de buscar fórmulas más sostenibles para interactuar con el entorno coloca a la tecnociencia4 en un escenario central. Desde este ángulo, se puede afirmar que ¡la hora de las energías alternativas y amigables con el medioambiente ha llegado! Las tecnologías de energías renovables son un elemento vital y unas alternativas técnicas y económicamente viables. En la actualidad, el papel del sistema energético constituye una de las prioridades de la agenda científica, política, económica y social debido a las amplias repercusiones que tiene este sistema sobre el conjunto del planeta.

En este sentido, se han generado nuevas estrategias, y se ha invertido en numerosos recursos para desarrollar y consolidar un modelo energético con un enfoque centrado en valores con prioridades ecológicas que apunten al bien común para encontrar soluciones que afronten los desafíos futuros. Este modelo se sustenta en la variedad de opciones disponibles que ofrece la naturaleza para el aprovechamiento de energías limpias y primordialmente, trata de saber cómo convertir la radiación solar, el viento, la biomasa o el agua en electricidad, calor o energía de la manera más eficiente, sostenible y económicamente posible. Así, una matriz energética basada en fuentes de energías renovables (solar, eólica, biomasa, geotérmica, hidráulica, etc.) tiene diferentes consecuencias sobre un sinnúmero de cuestiones de carácter ético-ecológico para el análisis de estrategias en el marco del desarrollo sostenible.

Se vislumbra que las tecnologías de energías renovables, principalmente los sistemas eólicos y solares fotovoltaicos, son opciones prometedoras para un futuro de carbono neutro. Por tanto, el cuidado de los recursos naturales es un imperativo categórico de la humanidad. El desarrollo sustentable se puede personificar mediante la triada equilibrada de sociedad, medioambiente y economía (Perino et al., 2019; ver imagen 2).

Imagen 2. Triada del desarrollo sustentable.
Fuente: elaboración propia.

Bajo estos puntos, responder al imperativo ético-ecológico de la época implica basarse en el convencimiento de que la única vía para tratar las cuestiones ambientales, a partir de soluciones a escala global, es mediante la implementación de fuentes energéticas renovables y de la eficiencia energética; una ventana de oportunidades tras la sostenibilidad de la Tierra. Para avanzar en esta dirección, se requiere de un consenso solidario interregional e intergeneracional; de la superación de la crisis epistémica mediante una perspectiva biocéntrica que privilegie el valor moral de todo ser vivo; y de alcanzar una mayor integración entre las formas de vida y el desarrollo tecnocientífico con los intereses ambientales y socioculturales.

La investigación y el desarrollo de tecnologías para el aprovechamiento de fuentes de energías renovables presentan particularidades tecnocientíficas, ya que contribuyen al restablecimiento de las condiciones necesarias para alcanzar el equilibrio entre los procesos antrópicos y a la capacidad regenerativa de la biosfera. Es decir, se estaría en presencia de una eficiente forma de gestionar los recursos de la naturaleza que vela por el bienestar de las generaciones futuras y del ecosistema global.

Para Leff,

La crisis ambiental de nuestro tiempo es el signo de una nueva era histórica. Esta encrucijada civilizatoria es ante todo una crisis de la racionalidad de la modernidad y remite a un problema del conocimiento. La degradación ambiental —la muerte entrópica del planeta— es resultado de las formas de conocimiento a través de las cuales la humanidad ha construido el mundo y lo ha destruido por su pretensión de unidad, de universalidad, de generalidad y de totalidad; por su objetivación y cosificación del mundo (2007, p. 11).

Con esto, el autor invita a recapacitar en la necesidad de crear un nuevo marco conceptual para pensar la tecnociencia y para enfrentar sus desafíos. En este universo, los nuevos presupuestos epistémicos deben poner el acento en el hombre, en sus necesidades y en su interrelación con la naturaleza. Lo ambiental no es ajeno a la crisis civilizatoria de nuestro tiempo ya que presenta una excelente oportunidad para pensar en alternativas radicales. El viraje hacia un paradigma ecológico se debe dar en la ciencia, en los valores y en las actitudes individuales y colectivas, así como en los nuevos patrones de desarrollo socioeconómicos. En resumen, el avance tecnocientífico constituye un instrumento esencial para la concreción de un profundo reajuste sociocultural, económico y medioambiental.

Resulta oportuno destacar las ideas del escritor Ernesto Sábato al considerar la crisis de la sociedad contemporánea:

Asistimos a una quiebra total de la cultura occidental. El mundo cruje y amenaza con derrumbarse, ese mundo que para mayor ironía es el resultado de la voluntad del hombre, de su prometeico intento de dominación. A cada hora el poder del mundo se concentra y se globaliza. Veinte o treinta empresas, como un salvaje animal totalitario, lo tienen en sus garras. Continentes en la miseria junto a altos niveles tecnológicos, posibilidades de vida asombrosas a la par de millones de hombres desocupados, sin hogar, sin asistencia médica, sin educación. (…) Esta crisis no es la crisis del sistema capitalista, como muchos imaginan: es la crisis de toda una concepción del mundo y de la vida basada en la idolatría de la técnica y en la explotación del hombre (2009, p. 56).

En otras palabras, el hombre ha perdido el sentido de los valores éticos mientras que el mundo global atenta contra la redistribución equitativa y responsable de los recursos naturales. Ambos problemas van en contra de los Objetivos del desarrollo sustentable.

En esta instancia, parece pertinente recapacitar de dónde se viene y a dónde se va. Esto exige la necesidad de establecer las bases de un aparato ideológico político que priorice un medioambiente de calidad, y una nueva manera de comprender y de construir los sistemas socio-culturales. El contexto actual de la crisis socio-ecológica planetaria pone en evidencia la necesidad de políticas públicas verdes orientadas a la mitigación del cambio climático y a la conservación de la biodiversidad, como el fomento de las energías renovables, la reducción de emisiones contaminantes, la asequibilidad del agua potable, planes de manejo de desechos, programas de pesca sustentable, salud y educación ambiental, entre otras. Con lo anterior, se puede visualizar que el desarrollo tecnocientífico, las emergentes posibilidades de implementación de energías renovables y el uso racional y eficiente de la energía abren otras instancias de intervención sobre la biosfera, y promueven un desafío a la reflexión ética medioambiental. Dentro de este espíritu reflexivo, sujeto y naturaleza deben conformar una concepción holística: dualidad hombre-naturaleza.

¡La conciencia ecológica exige una actitud diferente! Obliga al hombre a reexaminar sus valores, a peregrinar hacia una construcción ética ambiental que concibe al planeta como la esfera de la vida en la que se encuentra inmersa la especie humana, y en consecuencia, a plantearse fuertes interrogantes: ¿Qué características y cómo se puede construir un mundo que restablezca la armonía entre los seres humanos y la naturaleza? ¿Cuáles deben ser los principios fundamentales de ese otro mundo necesario? ¿Cuál debe ser la responsabilidad de la tecnociencia ante el trinomio sociedad, medioambiente y economía? ¿Cuáles son los criterios para la elección de determinadas tecnologías y fuentes de energías renovables? ¿Cuáles son los impactos ambientales y qué resoluciones se pueden adoptar para reducir dichos impactos? Frente a estos cuestionamientos, se observa que el vertiginoso progreso tecnocientífico, vinculado a las energías renovables, ocupa un posicionamiento estratégico medioambiental.

Una de las opciones más prometedoras en la actualidad para contribuir a un marco energético sostenible, dentro de las diferentes fuentes energéticas, es la basada en la conversión fotovoltaica, debido a que, además de producir energía eléctrica de una fuente inagotable, obtenida directamente a partir de la radiación solar, el desarrollo de la energía solar fotovoltaica está teniendo un acelerado avance tecnológico y económico. Además, la generación de energía eléctrica directa obtenida de la radiación solar mediante sistemas fotovoltaicos no requiere de ningún tipo de combustión, por lo que no se produce polución térmica ni emisiones de dióxido de carbono (principal contribuyente al efecto invernadero antrópico). La energía solar fotovoltaica es la tercera fuente de energía renovable más importante, en términos de capacidad instalada a nivel mundial, tras la hidroeléctrica y la eólica.

Las energías renovables constituyen una fuente inagotable frente a los combustibles fósiles; promueven el autoabastecimiento de la matriz energética de un país; y son menos perjudiciales para el medioambiente, debido a que contribuyen a la mitigación del cambio climático. De ello se desprende que, la sustentabilidad y la compleja imbricación de la energía constituyen la piedra angular frente a un proceso de cambio dirigido a la configuración de la sociedad, un proceso donde son igual de importantes tanto las metas globales como los caminos alternativos para arribar a ellas. La crisis medioambiental no se va a afrontar al menos que se alcance un acuerdo revelador y significante entre la naturaleza y el hombre, mientras se trate de invertir los efectos provocados por la contaminación y el calentamiento global antropogénico desmesurado. La gravedad de la temática pone a la sociedad frente a un agente movilizador a nivel mundial y abre las puertas a otras formas de valoración ambiental y cultural.

Una vida humana en armonía con la naturaleza, que también “posee derechos”, entraña un tipo de vida inspirada en valores ético ambientales, diferentes a los del modelo de desarrollo imperante (Lecaros Urzúa, 2013). En esta directriz, Potter (1971) sostiene que la humanidad requiere, de manera imperiosa, una nueva sabiduría que le brinde la comprensión de cómo usar el conocimiento para la supervivencia y la mejoría de la humanidad. Delgado Díaz, considera que el precepto de la bioética como un nuevo campo del saber reposiciona al conocimiento científico a través de una nueva escala valores, y argumenta: “Es sumamente significativo que la propuesta de un nuevo saber desde la práctica de la vida —la bioética holística de Potter— coincidiera en su versión definitiva con las ideas elaboradas por el ambientalismo, y se proyectase así, como una ética ambiental, ecológica” (2002, p. 153). De ahí que, un saber ambiental junto con una intervención tecnológica con ética y con un planteamiento epistemológico donde se reafirmen los valores de la relación sociedad-naturaleza, conlleve al desafío de pensar alternativas y de elaborar estrategias transformadoras.

En este universo donde está inmersa la sociedad del conocimiento, caracterizada por la importancia que adquiere el saber en todos los ámbitos de la vida humana, la sobrevivencia del hombre en el planeta dependerá de la manera en que se asuma la nueva condición contemporánea del Saber (Osorio García, 2016). Por lo que, sería difícil comprender la complejidad del mundo circundante sin entender el papel que la ciencia y la tecnología cumplen dentro de la cultura moderna. Reflexionar desde esta complejidad implica pensar en procesos dinámicos y asumir una actitud reflexiva y crítica ante esta realidad. La ciencia, concebida como una actividad transformadora del mundo, debe asumir como suyos los retos que presentan la propia esencia del hombre y su hábitat natural y social.

Es a partir de este supuesto que cobra importancia la construcción de un sentido ético de la vida, un sentido moralizador que permita conciliar las necesidades de la protección medioambiental junto con las del hombre. Surge así un nuevo horizonte interpretativo… Frente a la urgencia de cambios con una profunda raíz ecológica, debido al progresivo colapso ocasionado por el cambio climático y la nocividad de los combustibles fósiles, el consumo de energía y las diferentes fuentes energéticas tienen una fuerte implicancia sobre numerosas cuestiones de carácter ético.

A lo largo de la historia, la disponibilidad y asequibilidad de la energía se han convertido en un motor de progreso y de bienestar social. Desde una perspectiva actual, volcar la mirada hacia un modelo energético sustentable es, evidentemente, el nuevo imperativo categórico para salvar al planeta y el paso más inteligente que se puede dar para dejar un mundo mejor a las futuras generaciones. Se vuelve necesaria una ordenación racional y equitativa de los intereses comunes de la humanidad. La crisis axiológica conduce, inevitablemente, a la construcción de un proyecto humanista, ajustado a las condiciones de la sociedad contemporánea, donde impere la capacidad de empatía, de solidaridad y la voluntad de un trabajo colectivo.

La protección del medio ambiente, como uno de los ultimátums más destacado que ha enfrentado la humanidad, debe representar un firme compromiso interregional e intergeneracional encaminado al resguardo de nuestro entorno; porque es, ante todo, la sociedad quien debe reclamar una ética medioambiental. El despliegue de las energías renovables demuestra que el camino hacia un modelo energético sostenible no es un problema meramente técnico o económico, sino un problema sociocultural que es necesario abordar en conjunto; de tal manera que, los responsables de tomar las decisiones energéticas lo hagan desde una visión sustentable con el fin de preservar los factores bióticos, abióticos y socioeconómicos. ¡La existencia es una lucha por la energía ecosustentable! Un modelo energético como el que se busca sólo será concebible dentro de un proceso de transición global hacia las fuentes de energías renovables, en una sociedad diferente, apoyada en valores diferentes (ver imagen 3).

Imagen 3. Energías renovables y desarrollo sustentable.
Fuente: Arq. Nicolás A. Bontá.

Esta transformación, en el mundo de las ideas y en las propuestas en medidas concretas, requerirá de una presentación del tema energético mediante un diálogo interdisciplinario entre las ciencias del medio ambiente y la ética ambiental. Cabe recordar que el avance científico-tecnológico es producto de una acción antropogénica, la humanidad no puede desprenderse del universo tecnológico ni del campo energético como motores de progreso y de calidad para alcanzar una vida ecológicamente sostenible y socialmente justa. Tras esto, subyace un saber ambiental que permita resignificar las reflexiones éticas hacia un futuro sustentable.

Conclusiones

La acción antrópica, en actitud reconciliadora con el clima y la naturaleza, sigue siendo tan o más urgente. No caben dudas que se está en presencia de una clara crisis ecológica y civilizatoria que se despliegan a nivel mundial. De ahí surge la imperiosa celeridad de reconocer a la Naturaleza como sujeto y de generar relaciones armónicas entre la humanidad y la naturaleza. En consecuencia, es necesario lograr una reconstrucción del mundo en un lugar mejor, fundado en un saber ambiental con una concepción ética y bioética en el marco del paradigma de la vida, y que sitúe al hombre en una nueva era de conciencia biosférica.

La naturaleza inspira progreso e innovación: un progreso que va más allá de lo cuantitativo y que está orientado hacia la sustentabilidad ecológica; y una innovación tecnológica, que a la hora de diseñar e implementar modelos de desarrollo, respeta los límites homeostáticos de la esfera de la vida. Por suerte, en este punto crítico y apremiante para el futuro del planeta y de la humanidad, se juntan esfuerzos para encaminar a la sociedad hacia un desarrollo pleno de la integración de las energías renovables y hacia una eficiencia energética dentro del marco del desarrollo sostenible, ambos factores necesarios para la supervivencia planetaria.

Edificar sociedades sustentables, más justas e igualitarias, exige recurrir a energías amigables con el medioambiente. Se comienza a enarbolar banderas y a reivindicar los criterios éticos basados en el respeto, solidaridad e igualdad para una distribución más justa de los recursos naturales. Esta metamorfosis ideológica y paradigmática nos permite pensar en que es posible encontrar los medios necesarios para vivir de manera sostenible, caracterizados por el acceso equitativo a la salud, alimentación, vivienda, energía y educación. Actualmente, emerge un paradigma ambiental que propicia a un viraje radical en el modelo imperante, y a la formulación de una nueva visión ontológica en la estrecha interacción hombre-naturaleza.

Referencias



Recepción: 31/05/2020. Aprobación: 04/02/2021.

Vol. 22, núm. 3 mayo-junio 2021

¿Miradas desde adentro? Dinámicas de representación de mujeres yalaltecas en la actualidad

Ariadna Itzel Solis Bautista Cita

Resumen

En este artículo se exponen de manera breve las contradicciones, retos y potencias de las dinámicas de representación y autorrepresentación de mujeres indígenas, por medio de la fotografía. Se toma un retrato de la fotógrafa yalalteca Citlali Fabián para reflexionar entorno a la feminidad, la identidad, la comunidad y la etnicidad en México.
Palabras clave: representación, fotografía, mujeres indígenas, etnicidad.

Views from within? Dynamics of representation of Yalaltecan women today

Abstract

This article briefly exposes the contradictions, challenges and powers of the dynamics of representation and self-representation of indigenous women through photography. A portrait of the Yalaltecan photographer Citlali Fabián is taken as an example to reflect on femininity, identity, community and ethnicity in Mexico.
Keywords: representation, photography, indigenous women, ethnicity.

“Primero me dio por pensar, indignada,
que la identidad es como un vestido que tienes que ponerte,
lo quieras o no lo quieras, te quede bien o no.
Después, sucumbí ante la presión y probé a
ver si el hábito hacía al monje”

Maryse Condé, “Corazón que ríe, corazón que llora”

Ben’n Yalhalhj” / “Soy de Yalálag” / “I’m from Yalálag” es el título de un proyecto documental de la fotógrafa yalalteca Citlali Fabián, compuesto en su mayor parte por fotografías realizadas en torno a las dinámicas comunitarias de Yalálag,1 desde distintos territorios geográficos. En la actualidad, éste es uno de los proyectos documentales fotográficos más importantes elaborados dentro de la comunidad yalalteca, tanto por sus alcances dentro del campo del arte contemporáneo a nivel internacional, como por el alcance afectivo que ha tenido a nivel comunitario.

Las fotografías han sido realizadas desde hace casi diez años en diferentes locaciones geográficas donde se ha asentado la comunidad yalalteca. Principalmente, han sido tomadas en las fiestas que han tenido lugar en la comunidad serrana, en la ciudad de Oaxaca, en la Ciudad de México y en Los Ángeles, California. Su objetivo es retratar la transformación, los procesos migratorios y las adaptaciones que ha tenido la cultura yalalteca a través de las redes afectivas y familiares.

En este ensayo me dedicaré a exponer las tensiones que aparecen en la obra titulada “Melina”, parte de los retratos de mujeres yalaltecas realizados por Citlali Fabián. En ellos es posible poner en marcha preguntas que tienen que ver con las estrategias de autorrepresentación de mujeres indígenas en sociedades complejas. Estrategias que tienen que ver con la presencia de nuestros cuerpos, su reconocimiento y la puesta en marcha de la comunidad.

Me enfocaré solo en este retrato porque en él encuentro claves para repensar nociones como la etnicidad, pertenencia e identidad, especialmente cuando estos problemas son encarnados en cuerpos feminizados y racializados. De esta manera, es posible problematizar las contradicciones que conlleva la construcción de una posible mirada “desde adentro”.

Ben’n Yalhalhj

En esta serie, la principal preocupación es documentar las transformaciones de nuestra cultura tanto en la comunidad serrana como también la de la “diáspora”. La serie se compone principalmente de retratos de miembros yalaltecas. Esta serie de fotografías ha sido presentada en distintas ocasiones, convocado por la misma comunidad yalalteca, en lugares como cafeterías, ferias culturales y fiestas. Pero principalmente, ha sido expuesta en Estados Unidos.

La fotografía que nos ocupa ha sido expuesta en muestras colectivas como “How We See Ourselves” en el festival Photoville que tuvo lugar en Brooklyn, Nueva York en septiembre de 2019, en charlas individuales como The National Geographic Storytellers Summit, que tuvo lugar en Washington, D.C., en enero de 2020 y también en una muestra colectiva titulada “The Fence” organizado por el festival Photoville y que tuvo lugar en Nueva York en Septiembre de 2020. Más recientemente está en marcha la “ocupación” de estas fotografías en el espacio público de la ciudad de Oaxaca, específicamente en el centro histórico, en colaboración con el estudio de arte y diseño Kadabra.

Citlali Fabián ha elegido la palabra documental para describir su propio proyecto y, en específico, la parte en la que se encuentra este retrato. El tema central es la transformación de nuestra cultura; sin embargo, los principales espacios en donde su trabajo circula están más ligados al ámbito del arte contemporáneo. Esto le permite recibir financiamiento para su proyecto de instituciones como National Geographic y al mismo tiempo posicionarlo en el extranjero con mayor facilidad. Así, en la propuesta de Citlali coexisten, por un lado, una preocupación artística y documental a manera de “registro”, pero también, por el otro, de reconstrucción de historias y sobretodo de reconocimiento comunitario. Navegar entre estos dos formatos también funciona como un lugar para problematizar y cuestionar el lugar de “verdad” que suelen atravesar los proyectos documentales hechos especialmente sobre comunidades indígenas.

Dentro de esta serie de fotografías, podemos encontrar a muchas mujeres yalaltecas retratadas. En las imágenes suelen estar los temas de la tradición, el linaje materno, la familia, la transformación de la vestimenta y el sostenimiento de las fiestas a partir de los oficios de las mujeres; es decir, de manera recurrente, se pueden ver representadas a las mujeres yalaltecas como “guardianas de la cultura”. Esto último es importante tenerlo en cuenta, especialmente cuando hablamos de representaciones que se dan en el espacio público, puesto que muchas veces se enfatiza ese lugar feminizado. Se trata de imágenes en donde acciones como echar tortillas, tejer o bailar quedan en el foco de la composición. Ejemplos de ello podemos verlos en la calle principal de la comunidad serrana de Yalálag, donde son las mujeres, una vez más, quienes aparecen como sujetos de salvaguarda de la cultura (ver imagen 1).



Ilustración 1. Murales en la calle principal de Yalálag.
Fotografía de Ariadna Solis.

Esta tradición de representación se alimenta mucho de los “tipos populares”,2 generados en su mayoría en el siglo xx, y en donde un cúmulo de cánones estéticos se filtran en la manera en que miramos la identidad indígena feminizada y la naturalización de su lugar en la preservación de la cultura. Podríamos decir que la representación de las mujeres, a partir del uso de estas imágenes, ha servido para conservar y visibilizar “la identidad”, las tradiciones y lo que se ha pensado que es “la esencia” de lo yalalteco, pero con intereses muy específicos, a veces lejanos a los de la misma comunidad, otras, no tanto.

Ahora, un tema importante en estas representaciones ha sido el uso del llamado “traje tradicional”. Insisto en poner atención a las prendas que aparecen en los retratos de mujeres yalaltecas puesto que la ropa funciona también como un lugar de agencia, de enunciación y de pertenencia, que pone en tensión los conceptos de identidad, pertenencia y etnicidad.3

En este sentido, cabe preguntarse cómo estamos configurando estas imágenes “propias” o “desde adentro”. Teniendo en cuenta que la mirada que enfoca nunca es objetiva o transparente para elegir sus temas, sus encuadres o sus sujetos, es necesario profundizar en los elementos y las formas que aparecen en las representaciones cuando el interés principal es el proceso mismo de representarse, de historizarse y de re-conocerse, gestos a los que hay que prestar atención.

Melina

Ilustración 2. Melina Monserrat, Oaxaca, junio de 2018.
Fotografía de Citlali Fabián.

Esta fotografía me parece importante por varias cuestiones. Se trata de un plano medio en donde la figura central es Melina, una joven yalalteca, con un huipil o blusa-huipil “moderna”. Se trata de una blusa corta, pegada al cuerpo, con un escote en v, que nos conduce a la característica trenza de los huipiles yalaltecos y al bordado propio de los huipiles “antiguos”. Melina mira sonriente a la cámara y se agarra las manos al frente; se coloca en posición de tres cuartos, lo que permite ver de mejor manera su cabellera y su blusa. En la descripción de la foto, tomada de Instagram, se puede leer su nombre, la fecha y lugar en la que fue tomada, y una serie de hashtags o etiquetas que ayudan a encontrar la fotografía en esta red. Algunos ejemplos son “descendencia yalalteca”, “belleza oaxaqueña”, entre otros, en los que incluyen descripciones de la técnica y el formato de la imagen. Esta foto de Melina es importante porque en retratos de mujeres yalaltecas es muy difícil encontrarse con fotografías de mujeres con ascendencia negra y que la enuncien con un particular énfasis. Aquí la clave para la lectura se encuentra en el arreglo específico que escogió Melina.

Citlali me platicó que conoció a Melina en la ciudad de Oaxaca, en la fiesta de San Juan, que es organizada en junio de todos los años en la colonia Yalálag, en la ciudad de Oaxaca. Se encontraron en esta celebración y Citlali le preguntó si podía fotografiarla. Melina había decidido asistir a la fiesta de San Juan arreglada de esta manera. Como pocas veces visto en mujeres yalaltecas, dejó su cabellera suelta y se arregló el frente con un listoncito de puntos. Esa forma particular de arreglar su cabello es un signo que permite que se desencadenen procesos de identificación colectiva, que quizás no serían tan inmediatos si el arreglo de Melina hubiese sido distinto.

La construcción misma de este retrato es interesante, puesto que tuvo lugar en el contexto de una fiesta comunitaria, en donde las mujeres eligen, a través de su vestimenta y su arreglo, signos para construir su identidad colectiva. Preguntarse por qué Citlali decide “neutralizar” su presencia con el fondo plano de una pared y no inscribirla en el ámbito de la celebración es importante, porque si bien se inserta en una tradición estilística del retrato, me parece que también desestabiliza y desnaturaliza la localización de Melina al ámbito de la fiesta o del paisaje, algo sumamente común al representar a sujetxs indígenas. Y, aunque pareciera un fondo clásico de una foto de estudio, la textura de la parte inferior de la fotografía nos deja saber que es una pared, muy probablemente en lo público, algo que se reforzará posteriormente.

La puesta en circulación de estas representaciones en plataformas accesibles para la comunidad es muy importante, ya que permite construir y problematizar a nuestras comunidades, que están inscritas en procesos de negociación de la identidad, o lo que Deleuze y Guattari (2012) entienden como rostrificación. Ésta es proceso en donde se conjuntan a la vez otros de subjetivación y de significancia dentro de un entramado social muy específico. Procesos que concentran imaginarios en un cuerpo específico, imaginarios que se replican pero que también se subvierten.

El retrato de Melina emplaza de manera particular los procesos de identidad de las mujeres indígenas, que suelen ser complejos en México. Ejemplo de ello es la frecuente invisibilización de nuestras raíces negras, ante la constante estigmatización y discriminación que se sufre por estas corporalidades. La fotografía de Melina también nos podría servir para repensar en los cánones de “bellezas indígenas”, o como les llama Citlali “bellezas oaxaqueñas”, que vemos circular en el imaginario social. En este sentido, en distintas fotografías, se ha intentado relacionar el cabello desarreglado con nociones de atraso; en contraste, se fomenta el vínculo del progreso con imágenes en donde el cabello de mujeres indígenas aparece especialmente arreglado. También se ha pasado por el uso de elaboradas trenzas o un cabello lacio prístino para enfatizar lo que se ha entendido como “bellezas indígenas”. A diferencia de esas asociaciones, el cabello de Melina en esta fotografía aparece cuidadosamente acomodado, pero dejando ver que es crespo, signo de su ascendencia, que muestra con orgullo. El cabello de Melina en este retrato aparece como un signo de su negritud, de la lucha negra que cada vez encuentra más fuerza al desafiar el tabú de llevar el cabello afro “al natural”.

Es necesario poner atención en los significados polivalentes de la ropa, así como los adornos del cuerpo y del cabello, pero también del mismo cuerpo que porta esos signos como una forma de negociación, donde se define un determinado cuerpo público consciente de la construcción de su identidad, que atraviesa procesos de etnicidad. Este retrato abre espacios de posibilidad de enunciación política a muchos niveles, especialmente cuando hablamos en términos de comunidades transgeográficas.

De manera reciente, con motivo del Día Internacional de la Lengua Materna, este retrato fue llevado al espacio público en la ciudad de Oaxaca; se encuentra en la calle 5 de mayo, una calle a unos pasos de Santo Domingo en el centro histórico. El formato de la fotografía fue modificado para dar paso a una imagen circular que, además de recortar el fondo, le da la apariencia de una “aureola”, que se encuentra principalmente en imágenes religiosas. Se acompañó la fotografía con el texto bilingüe “Cha be’nha llislas lliu ‘situlhe bi bilhaka gapchi da bkuan xtaullo ka” —“Si el viento nos lleva lejos, mis hermanas cuidarán lo que nos heredaron nuestros ancestros” —.

Imagen 3. Cuando el viento nos lleva lejos, taking over public space. Oaxaca, febrero 2021.
Fuente: Fabián, 2021.

Si bien es clarísima la potencia de la ocupación de la imagen de Melina en el espacio público, queda pendiente la problematización de todos los elementos encontrados: el centro histórico tan pensado para el turismo internacional, la aureola recurrente en representaciones “virginales” y el texto mismo, en donde a pesar de que se visibiliza el papel de responsabilidad, cuidado, resistencia y sostenimiento que han realizado históricamente las mujeres, a mi parecer, vuelve a caer en la trampa de naturalizar y responsabilizarlas de salvaguardar la cultura. En particular, “si el viento nos lleva lejos” es otra forma de enunciar la migración que nos atraviesa, no sin antes tomar el papel de responsabilidad que nos atañe en la participación y en la conformación de lo comunitario, como mujeres migrantes yalaltecas.

Conclusiones

Posar para la foto y tomar la fotografía puede entenderse como un acto performático en tanto que devela la presencia del cuerpo. Posar activa una serie de mecanismos que en el caso especifico de nuestra comunidad nos permite replantear genealogías, procesos de identificación y formas de representación estética, pero también política. Cuando posamos, cuando somos retratados desde un determinado lugar, somos partícipes de una conversación visual colectiva, y nos dejamos ser vistos de cierta forma, a través de determinados signos, de ciertas plataformas y gestos.

En ambas fotografías se juega a la representación de lo que significa ser una mujer indígena en México en estos días: para quién se está pensando esta representación y quién puede participar de esta conversación. Las fotografías de Citlali Fabián, lejos de jugarse entre la representación del folclore o lo pintoresco, logran reivindicar una presencia que sabe su agencia al momento de construir las representaciones, pero que también se sabe atrapada por la construcción de cánones universales que intentan capturar las identidades a lugares fijos, entendidos como étnicos.

Estos retratos aparecen como un campo semiótico en el que se juega la etnicidad, la feminidad, la pertenencia. La autorrepresentación en estos casos es importante, no porque nos dé un acceso directo a la verdad de los pueblos indígenas, sino porque se juega una forma de política. Se está jugando la autodeterminación, el reconocimiento y el posicionamiento político, tanto de las mujeres que aparecen en el retrato, como de Citlali que ha decidido fotografiarlas y de nosotras que observamos las fotografías.

La pregunta por la construcción de la otredad, aunque debe hacer énfasis en quién mira, debe preguntar obligatoriamente cómo se mira, en dónde se mira y cómo se toma responsabilidad en la conformación de la comunidad. Hablar de miradas desde adentro nos sirve porque nos permite distinguir intereses. No obstante, queda la cuestión de cómo hacer para subvertir la normalización visual de nuestras representaciones. Para ello, se puede empezar por reconocer la complicidad en cómo somos producidos como sujetos, especialmente cuando se está traduciendo de una cultura a otra, de contextos como la fiesta a la sala de museo, de las fotografías en Instagram al ámbito académico, de la fiesta al centro histórico de Oaxaca.

En todo caso, entender estas fotografías “desde adentro” debe guiarnos a entender que nuestro posicionamiento indígena no es la romantización de nuestras identidades, sino ante todo es la politización de nuestras experiencias. En estos contextos, ¿quién puede representar a quién?

Referencias

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Recepción: 19/05/2020. Aprobación: 10/03/2021.

Vol. 22, núm. 3 mayo-junio 2021

Parásitos y pelos: historias de la selva de Chamela

Carmen Guzmán Cornejo y Angel Herrera Mares Cita

Resumen

El parasitismo es una forma común de vida dentro de la naturaleza, sin embargo, los parásitos pocas veces son incluidos como parte de la diversidad biológica. Dependiendo de su ubicación, estos pueden clasificarse en dos grupos, los endoparásitos, aquellos que viven dentro del cuerpo de un huésped, y los ectoparásitos que se encuentran sobre o por fuera de él. Aquí citamos algunos ejemplos de ectoparásitos habitantes del pelo de la piel de los mamíferos, y contamos cómo es un día de trabajo en una reserva de la biosfera localizada en el Pacífico mexicano, dedicada a la recolección y al estudio de estos parásitos. Actualmente, en donde existe una crisis ambiental y de salud, el trabajo taxonómico representa una de las bases más importantes para conocer lo que se quiere preservar.
Palabras clave: ectoparásitos, mamíferos, Rickettsia spp., reserva de la biosfera.

Parasites and hairs: stories from the Chamela forest

Abstract

Parasitism is a common way of life in nature, however, parasites are rarely included as part of biological diversity. Depending on their location, these can be classified as: endoparasites, those who live inside the body of a host, and ectoparasites, those found on or outside the host. Here we cite some examples of ectoparasites inhabiting mammalian skin and describe a workday to collect them in a Biosphere reserve located in the Mexican Pacific. In these times where there is an environmental and health crisis, taxonomic work represents one of the most important bases for knowing what we want to preserve.
Keywords: ectoparasites, mammals, Rickettsia spp., biosphere reserve.

Parásitos y pelo en lugares poco comunes

En la naturaleza existe una gran variedad de especies de animales, de bacterias, de hongos y hasta de plantas que viven como parásitos. El parasitismo es una asociación donde existen un parásito que se aloja y se alimenta de un huésped, y dependiendo de su ubicación, estos parásitos pueden clasificarse en endoparásitos, aquellos que viven dentro del huésped, y ectoparásitos, los cuales se encuentran sobre o por fuera de él.

Algunos ectoparásitos, llamados temporales, utilizan a su huésped como si fuera un hotel, viven sólo por un corto periodo de tiempo sobre él, se alimentan intermitentemente o usan al huésped momentáneamente para poder aparearse; mientras que los otros, los permanentes, consideran al huésped su hogar y hacen todas estas actividades sobre él por el resto de sus vidas.

Los ectoparásitos pueden utilizar como huéspedes a animales invertebrados (que no tienen columna vertebral), como por ejemplo a arañas, alacranes, ciempiés, grillos y hasta a otros ectoparásitos como chinches besuconas. Sin embargo, lo más común es hallarlos sobre diferentes animales vertebrados (que tienen vértebras y un esqueleto como el nuestro).

Quizá lo primero que pensamos cuando escuchamos la palabra “ectoparásitos” sean las pulgas y las garrapatas de nuestras mascotas, pero en realidad hay un mundo de pequeños organismos que viven entre las escamas de los reptiles, las plumas de las aves y hasta en la piel lisa o granulosa de los anfibios. Aunque, sin duda, los que viven en la piel de los mamíferos son los más conocidos.

El pelo es una característica única de los mamíferos, algunos lo presentan abundantemente por todo el cuerpo y otros sólo en algunas partes específicas. Tiene diferentes funciones, por ejemplo, puede ser un receptor táctil como en el caso de las vibrisas de los gatos (los llamados “bigotes”), una protección como en el caso de las “espinas” del puercoespín o puede funcionar como aislamiento contra el frío o el calor como la lana de los borregos (Martin et al., 2001). La piel, además, representa un microhábitat, un hogar utilizado por los diferentes tipos de ectoparásitos, estos se mueven entre el pelo, sobre y por debajo de la piel e incluso pueden vivir en cada uno de los pelos (aunque también existen otros que no son parásitos y que sólo se alimentan de descamaciones de la piel).

Podemos encontrar una enorme cantidad de organismos sobre la piel que encuentran cobijo en el pelo, por ejemplo, en los humanos, los ácaros viven enterrados junto a los folículos pilosos donde consiguen alimento y pareja, sus zonas predilectas son las mejillas y la llamada “zona T”, es decir, el área ocupada por la frente y la nariz. Es preciso remarcar que los humanos no somos los únicos portadores de ácaros, por ejemplo, en una búsqueda de garrapatas asociadas con el murciélago, encontramos ácaros de la misma familia (Demodicidae) en los párpados de estos mamíferos (ver imagen 1).

Imagen 1. Ácaro de la familia Demodicidae. Fotografía: Angel Herrera Mares.

Por otro lado, las pulgas presentan unas estructuras en forma de peinetas (ctenidios) en la cabeza y en el tórax que les facilita el movimiento entre el pelaje. El número y forma de estas estructuras está relacionado con la cantidad de pelo de sus huéspedes. Por ejemplo, la pulga del gato, Ctenocephalides felis, presenta un par de estas estructuras que le permiten moverse con mayor facilidad a través del abundante pelaje del gato, mientras, la pulga del humano, Pulex irritans, carece de estas estructuras ya que, en comparación con los gatos, los humanos somos lampiños.

Es probable que el lector comience a rascarse la cabeza al leer estas líneas, pues existe otro grupo de ectoparásitos que pasan toda su vida sujetándose del pelo por medio de sus uñas, los piojos. Estas uñas pueden variar de grosor dependiendo del grosor del pelo del huésped. Por ejemplo, los humanos pueden presentar dos especies de piojos, los típicos que viven en la cabeza y las ladillas ubicadas en el vello púbico (y a veces otros lugares). Sin necesidad de ver una fotografía, el lector se puede imaginar cuál de las dos especies tiene las uñas más gruesas.

Además, los piojos no sólo se encuentran en los primates, también se han encontrado otro tipo de especies alrededor de la cabeza, el cuello y las axilas de los elefantes (Sudan et al., 2015) y en la unión entre el dorso y las patas traseras de los leones marinos (Ebmer et al., 2019). Aparte, es importante considerar que debido al escaso pelo de algunos mamíferos, como en los rinocerontes, algunos parásitos buscan sitios poco comunes para esconderse, algo así sucede en las garrapatas de la especie Cosmiomma hipopotamensis, estas suelen vivir alrededor y dentro del ano del rinoceronte negro (Horak et al., 2018).

Un día en la selva, en busca de ectoparásitos

A pesar de que el parasitismo es una de las formas de vida más comunes en la naturaleza, los parásitos pocas veces son considerados como parte de la diversidad biológica del planeta. En este sentido, actualmente, miembros del Laboratorio de Acarología de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam) realizamos un proyecto de investigación en la Estación de Biología Chamela, ubicada en Jalisco, México, con el objetivo de inventariar la fauna de ectoparásitos asociada con mamíferos pequeños y medianos. Este proyecto surgió al percatarnos de que la información disponible sobre los ectoparásitos en la región de Chamela estaba incompleta, a pesar de que la Estación fue fundada hace más de 40 años.

El viaje hasta este lugar es pesado, no sólo por el tiempo que nos toma llegar sino por tener que transportar todo el material necesario para trabajar en el campo. A pesar del cansancio, la Estación nos recibe con paisajes maravillosos, aunque dependen de la época del año en la que nos encontremos, por ejemplo, durante la temporada de secas, la selva baja tiene un aspecto muerto, pero es el sonido de los carpinteros y las chachalacas que nos recuerdan que sí hay vida en ese lugar (ver imagen 2). Por otro lado, durante la temporada de lluvias, la selva se ve verde y llena de vida (ver imagen 3).

Imagen 2. Estación de Biología Chamela, Jalisco, México. Abril, 2018. Fotografía: Carmen Guzmán Cornejo.

Imagen 3. Estación de Biología Chamela, Jalisco, México. Noviembre, 2018. Fotografía: Carmen Guzmán Cornejo.

Pero, sin importar cual sea la época del año, el equipo tiene que trabajar. Así, el primer día colocamos unas trampas por los senderos de la estación. Al siguiente, muy temprano, vamos a revisarlas para evitar que los mamíferos atrapados se sofoquen por la salida del sol. Cada revisión de las trampas es una moneda al aire, pues lo que cayó puede ser algún mamífero, alguna ave intrusa como el cerquero oliváceo, o un travieso coatí que provocó su cierre al aventarlas.

De manera general, cada mamífero es cepillado y revisado con ayuda de unas pinzas de punta fina y de peines piojeros. Los roedores son más fáciles de manipular por su tamaño pequeño, al igual que los tlacuaches, por su estrategia de hacerse los muertos, pero en el caso de los coatíes y los ocelotes estos tienen que sedarse, procedimiento realizado por un médico veterinario, y una vez dormidos, el equipo, en completo silencio, procede a buscar parásitos por todo su cuerpo.

Los ectoparásitos no sólo son encontrados entre el pelo de los huéspedes, algunos de ellos esperan pacientemente su alimento en el ambiente, como es el caso de las garrapatas. Si uno presta atención a la vegetación de Chamela, podemos ver a estos organismos sobre las hojas de algunas plantas (ver imagen 4). Y para evitar el trabajo de buscarlas hoja por hoja, se puede imitar el cruzar de los animales por los diferentes senderos de la Estación, al pasar una manta blanca sobre la vegetación baja. Cada cierto tiempo y distancia, la manta se revisa y las garrapatas atrapadas en la trampa son colectadas.

Imagen 4. Hembra de garrapata sobre vegetación. Fotografía: Angel Herrera Mares.

Tristemente, otra forma de obtener muestras de ectoparásitos es a través de animales atropellados. La Estación se encuentra sobre la carretera Manzanillo-Puerto Vallarta. Algunas veces salimos muy temprano a caminar sobre ella, y en estos recorridos logramos encontrar mamíferos como los mapaches, que no lograron caer en nuestras trampas. Sin importar la forma en la que logramos conseguir las muestras, todos los parásitos recolectados son puestos en viales con alcohol para ser estudiados en el Laboratorio de Acarología, donde son separados, sexados y determinados taxonómicamente.

¿Qué hemos encontrado?

Hasta este momento, visitamos la Estación de Biología Chamela en cuatro ocasiones, dos en temporada de secas (abril) y dos a finales de lluvias (noviembre). De estas cuatro salidas al campo se han colectado 105 roedores de 5 especies, 9 carnívoros de 3 especies, 1 conejo de la especie Sylvilagus cunicularius y 15 tlacuaches de la especie Didelphis virginiana. De todos estos huéspedes obtuvimos 8076 artrópodos: 7021 ácaros, 789 garrapatas, 230 piojos y 36 pulgas. Muchos de ellos los encontramos moviéndose activamente sobre el cuerpo de los mamíferos y otros sólo vivían de una manera más sedentaria, sujetándose de la piel o del pelo. Aunque muchos de estos organismos son verdaderos parásitos que se alimentan de la sangre o de los líquidos de los tejidos de sus huéspedes, hay otros que no lo son, por ejemplo, los llamados comensales, que se alimentan de las descamaciones de la piel (Hoffmann, 2003).

Para ejemplificar lo anterior, en noviembre de 2018, recolectamos más de 1900 ácaros de la especie Leporacarus sylvilagi en el pelo de un solo conejo (ver imagen 5K). Este tipo de ácaros viven agarrados de los pelos, gracias a la modificación de su primer y segundo par de patas, lo cual les permiten embonar con el pelo del conejo. Estos ácaros no son parásitos sino comensales.

Otro ejemplo es el del piojo Neotrichodectes pallidus (ver imagen 5A), especie asociada con los coatíes que viven en la Estación, en un individuo logramos obtener 143 piojos. A diferencia de los ácaros del ejemplo anterior, estos insectos se alimentan del pelo, sin embargo, se sabe que en números más altos pueden causar dermatitis o infecciones secundarias.

Aunque recolectamos garrapatas en la vegetación de los senderos de las Estación, los coatíes y los tlacuaches fueron los únicos mamíferos que presentaron las cuatro especies de garrapatas conocidas hasta este momento. Probablemente, sea porque estos animales recorren grandes distancias en busca de alimento y, en su paso por la vegetación, son aprovechados por las garrapatas (ver imagens 5B-C, 5E-F). Un descubrimiento interesante ocurrió durante el segundo año de colectas (2019), cuando cayó un ocelote en una de las trampas y pudimos encontrarle garrapatas, pulgas y la especie de piojo Felicola (Lorisicola) cf. felis (ver imagens 5F-H), la cual representó el primer registro para México (Guzmán-Cornejo et al., 2019).

Imagen 5. Algunos ectoparásitos encontrados sobre mamíferos en la Estación de Biología Chamela, Jalisco. 1) Nasua narica (coatí), 2) Didelphis virginiana (tlacuache), 3) Leopardus pardalis (ocelote), 4) Heteromys pictus (roedor), 5) Sylvilagus cunicularius (conejo). A) Neotrichodectes pallidus (piojo) B) Amblyomma mixtum (garrapata), C) Amblyomma ovale (garrapata), D) Ornithonyssus wernecki (ácaro) E) Amblyomma cf. oblongoguttatum (garrapata), F) Amblyomma parvum (garrapata), G) Pulex porcinus (pulga), H) Felicola (Lorisicola) cf. felis (piojo), I) Steptolaelaps liomydis (ácaro), J) Geomylichus postscutatus (ácaro), K) Leporacarus sylvilagi (ácaro). Fotografías: Carmen Guzmán Cornejo y Ana Isabel Bieler.

Un oasis por explorar

Durante este proyecto tuvimos la oportunidad de revisar varias especies de mamíferos y a pesar de hacerlo en un corto periodo de tiempo, durante dos años, hemos aumentado el número de especies de artrópodos asociados en la Estación de 22 a 38. Aunque aún faltan muchos grupos de mamíferos por revisar, como murciélagos, musarañas, pecaríes, venados, e incluso algunas especies de ratones que viven en otros lugares, como en la copa de los árboles.

Por otro lado, la Estación representa un sitio para la búsqueda de ectoparásitos en otros grupos de vertebrados como aves, anfibios y reptiles ya que se sabe poco sobre los ciclos de vida de los parásitos, pero es probable que varios grupos de vertebrados están interviniendo en ellos. Por ejemplo, en general, las aves funcionan como huéspedes de los estados juveniles de las garrapatas y es probable que algunas especies, como las chachalacas, tengan un papel importante en el mantenimiento de su ciclo de vida. Sin embargo, para lograr investigar estos casos, hace falta tiempo y proyectos financiados que apoyen este tipo de investigaciones.

Después de tanta información quizá el lector se esté preguntando ¿para qué sirve un parásito? Los parásitos pueden funcionar como reguladores de poblaciones de sus huéspedes ya que cuando las infestaciones son altas o cuando pueden transmitir microorganismos causantes de enfermedades, eliminan a los huéspedes débiles o susceptibles, manteniendo una población sana. Aunque en realidad, lo más importante, como lo mencionamos con anterioridad, es que forman parte de la diversidad biológica dentro de un ecosistema.

En este sentido, otra de nuestras líneas de investigación es la detección de bacterias de importancia médica-veterinaria asociadas con artrópodos hematófagos. Hasta el momento hemos logrado detectar la presencia de especies de bacterias del género Rickettsia por medio de técnicas moleculares. Este tipo de bacterias, pueden llegar a ser un problema de salud pública, como lo es la especie Rickettsia rickettsii, transmitida por la garrapata del perro y que, en Mexicali, México, causó muertes en humanos (Tinoco-Gracia et al., 2018). En Chamela, una de las especies más comunes es Rickettsia amblyommatis, cuya patogenicidad no es muy clara (Ulloa et al., 2019). Al igual que los ectoparásitos no todas las bacterias son peligrosas, muchas de ellas forman parte de la microbiota de las garrapatas y pueden servir como reguladoras de las que sí son peligrosas, sin embargo, esta línea de investigación aún se explora.

Ambiente y taxonomía, dos crisis

Actualmente, debido a la crisis ambiental y a la pérdida de diversidad biológica acelerada, el surgimiento de nuevas enfermedades no es algo inesperado, ya que cada vez es mayor el contacto entre los animales silvestres, los domésticos y el humano. Muchas de estas enfermedades también son resultado del desconocimiento sobre los parásitos, los huéspedes y los agentes causales que pueden existir en una determinada región.

De manera general, cuando se detecta el brote de alguna enfermedad desconocida o poco estudiada, lo primero por hacer es determinar al agente etiológico, es decir, al organismo que causa la enfermedad, ya sea a través de su observación directa bajo un microscopio o de manera indirecta a través de diferentes técnicas de laboratorio (como la prueba de antígeno-anticuerpos, pcr, para detectar el sarscov-2). Y, si se trata de una especie nueva, se tendría que nombrar, describir y publicar para darla a conocer y para que todos tengan acceso a la información.

Este trabajo apasionante, lo realiza un profesional cuya formación requirió seguramente de varios años y con una especialidad en taxonomía o en sistemática del grupo con el que trabaja. La taxonomía o la sistemática es la rama de la biología que se encarga de describir, nombrar y clasificar a las especies. Desafortunadamente a pesar de su importancia, con frecuencia este tipo de estudios recibe poco apoyo para su desarrollo.

Aunado a la crisis ambiental, la taxonomía por sí misma tiene su propia crisis, pocos estudiantes muestran interés en esta área, lo que provoca una disminución en el número de especialistas, particularmente en invertebrados. En el caso de muchas reservas, los inventarios de especies de vertebrados están muy cerca de completarse, pero esto no es así para muchos grupos de invertebrados, como los artrópodos, debido a la falta de especialistas y de apoyo para la realización de proyectos.

Si, además, agregamos una tercera crisis, la económica, es hora de ver los proyectos de manera integral, en donde las colaboraciones con gente comprometida de varias disciplinas ayuden a conocer, entender y atender algunas problemáticas derivadas de la crisis ambiental. Consideramos que la Estación de Chamela es un buen sitio para poner en práctica lo anterior y es una región que permitirá, a futuro, seguir contando historias más allá del pelo.

Referencias

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Agradecimientos

A la Dirección General de Asuntos del Personal Académico-Universidad Nacional Autónoma de México a través del Programa de Apoyo a Proyectos de Investigación e Innovación Tecnológica (papiit, IN214918). Al personal de la Estación de Biología Chamela, Instituto de Biología, unam por permitirnos el uso de sus instalaciones. Al equipo de trabajo: Laura Del Castillo, Martín Cabrera, Ana Ugalde, Andrés López, Jonathan López, Belem Isaak, José Luis Muciño, Gerardo Contreras y Andrea Rebollo. A Julieta Vargas Cuenca por la determinación taxonómica del conejo.



Recepción: 24/04/2020. Aprobación: 04/02/2021.

Vol. 22, núm. 3 mayo-junio 2021

¿En dónde quedó el poder de las mujeres?

María Teresa Reyes Chacon Cita

Resumen

La mujer del siglo xxi persiste a la sombra del género masculino en el ámbito laboral. El discurso social, político y organizacional pregona equidad; sin embargo, en la cotidianeidad la realidad es otra: tras un análisis de publicaciones en escenarios políticos y corporativos, se detectan y describen diferencias que persisten entre los géneros al interior de las organizaciones en cualquier ámbito. En este sentido, el peso de la cultura sobre el comportamiento de las mujeres en lo laboral aún ejerce un impacto decisivo para su desarrollo corporativo. El objetivo del presente ensayo es enunciar algunos factores que prevalecen como limitantes para el ascenso de las mujeres dentro del área laboral.
Palabras clave: equidad, participación, ámbito laboral, género.

Where is the power of women? The problem of the gender gap

Abstract

In the 21st century, women at the workplace are still at the shadow of male gender. The social, political and organizational discourse proclaims equality and/or equity; however, in everyday life the reality is other: after an analysis of publications in political and corporate settings, we describe the differences that persist between genders within organizations in any field. The weight of culture on the behavior of women at the workplace still exerts a decisive impact on their corporate development. The objective of this essay is to state some factors that prevail as limiting for the promotion of women at workplaces.
Keywords: equity, participation, work environment, gender.

Introducción

Las mujeres, desde la década de los años 50, han salido a trabajar y han participado en las actividades económicas de la sociedad. Así, se ha incrementado el número de mujeres en campos laborales, académicos o culturales, con cargos de poder y en la toma de decisiones. En países como Alemania y Chile las mujeres han desempeñado cargos de alto nivel, como presidentas de la nación; en Inglaterra una mujer ha desempeñado el cargo de primera ministra en dos ocasiones; en México, por otro lado, la mujer ha incrementado el grado escolar que ostenta, ha amplificado las filas laborales y participa activamente en el desarrollo cultural. Sin embargo, no figura en cargos de alta dirección, públicos o privados.

Llama la atención que las mujeres destaquen en áreas específicas como manejo de recursos humanos, áreas sociales y culturales, con lo que persisten las distinciones entre las áreas “masculinas” y “femeninas”.

Imagen 1. Las mujeres han destacado en puestos de manejo de recursos humanos.
Fuente: fotografía propia.

Según datos de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (anuies) del año 2013, el porcentaje de titulación para las mujeres a nivel licenciatura es de 48%. En el nivel de posgrado, sólo 50.4% de las mujeres obtiene el título, y en especialidad y maestría, 51%. De esta manera, el poder de las mujeres se asevera en documentos oficiales, discursos, actas internacionales y promocionales de televisión, pero en la vida real la situación dista de ser la acordada.

Así, de acuerdo con María del Carmen Bernal y Alejandra Moreno Maya, adscritas al Centro de Investigación de la Mujer en la Alta Dirección (cimad) de la escuela de negocios mexicana ipade, en México únicamente 4% de las mujeres ocupan puestos de alta dirección o ceo1 (s.f.). Es decir, 84% de los puestos en los consejos directivos están a cargo de hombres, y únicamente 16% los sustentan mujeres, según el Reporte del Censo de Diversidad de Mujeres y Minorías en los Consejos Directivos, de la consultora Deloitte (Diversity y Deloitte, 2019).

El discurso político se ha manifestado abiertamente en favor del empoderamiento de la mujer, por lo que se promueven y alientan nuevas y mayores oportunidades para la participación de las mujeres en la vida social, económica y de gestión en México. Como consecuencia de tal apoyo, es de esperarse que las mujeres despunten en el campo de la política o en el ejercicio del poder dentro del Estado y que asciendan jerárquicamente dentro de la institución.

En este orden de ideas, en el 2014 un boletín emitido por el gobierno de la república y el instituto de las mujeres elevó a rango de obligatoriedad la paridad de género para el registro de representantes a los distintos cargos de elección popular. Lo anterior obliga a los partidos políticos a incrementar la participación de las mujeres en las contiendas electorales. Sin embargo, únicamente cuatro partidos políticos tuvieron 50% de representantes femeninos, lo que representa sólo 30% de los partidos registrados. El resto se ubica en alrededor de 48% en paridad de género a favor las mujeres (Padilla Loredo y Quintero Soto).

En la lxiii Legislatura de la Cámara de Senadores, las mujeres ocupan únicamente 34% de los curules,2 a pesar de su amplia participación en contiendas electorales, lo que no se refleja en su elección como representantes o para desempeñar puestos públicos de decisión. En los estados, la participación de la mujer en las esferas del poder político es aún más raquítica: en la historia de México únicamente seis mujeres han desempeñado el cargo de gobernador constitucional de un estado (de ellas una fue suplente). Los estados con dicha distinción son: Zacatecas, Colima, Tlaxcala, Yucatán y Estado de México. Por lo tanto, de 32 entidades federativas, 27 nunca han sido gobernadas por una mujer.

La inequidad es real, subsiste en el contexto organizacional entre hombres y mujeres, favoreciendo al hombre y señalando a la mujer con una tasa menor de empleo y/o desarrollo profesional. Esto se relaciona con el concepto de techo de cristal, el cual se fundamenta en prejuicios hacia la mujer, que obstaculizan su desarrollo profesional y/o ascenso a posiciones de alto nivel en algunas organizacionales (Agut Nieto y Martín Hernández, 2007). Burin (2008) define el concepto techo de cristal3 como superficie superior invisible que evita el ascenso en la carrera laboral de una mujer. No obstante, aún cuando se ha descrito y visualizado el problema y se ha logrado implementar cambios en las legislaciones, poco se ha hecho para alcanzar una transformación real a nivel operativo (Burin, 2008).

Las mujeres en el contexto laboral mexicano

En México persisten estereotipos en torno a la mujer, fundamentados en una cultura machista,4 que se desprende de generaciones previas y trasciende desde el inconsciente de hombres y mujeres, perpetuando patrones y reproduciendo conductas en torno a hombres y mujeres, permeando en —además de estereotipos culturales— políticas, procedimientos, estructuras, relaciones de poder, creencias, etcétera, de las organizaciones, lo que dificulta el acceso de la mujer a determinados puestos de trabajo.

Imagen 2. Aún cuando han incursionado en campos como las tecnologías de la información, las mujeres no acceden a puestos directivos en dichas áreas.
Fuente: fotografía propia.

Las Naciones Unidas crearon el programa para el desarrollo, que describe expresamente cómo podrían las democracias emergentes, como la de México, mejorar y ampliar las oportunidades para los seres humanos, sin distinción de género. Crearon el índice específico de medición de la potenciación de género (ipg), que permite medir las oportunidades que se presentan a las mujeres en tres esferas de la vida: la participación política, que ya se mencionó es muy pobre en México y donde predomina la manipulación de las cifras; la participación económica, donde la mujeres, a pesar de ser una fuerza laboral creciente y competente, no alcanzan puestos directivos ni en el sector privado ni público; y el nivel de recursos económicos, en donde es evidente la disparidad salarial acorde con el trabajo desempeñado por hombres o mujeres (Zabludovsky, 2015). Los resultados del ipg muestran la necesidad de continuar hablando y luchando por la equidad de géneros y el empoderamiento social y laboral de la mujer, desde el hogar, la escuela y el ámbito laboral, como un factor importante para el desarrollo del país.

¿El trabajo de las mujeres se considera de menor valía? Estadísticas muestran que las mujeres ocupan actualmente más de 40% de los puestos laborales del país y participan principalmente en áreas de comercio y servicios donde alcanzan 45.9% y 44.7%, respectivamente. Persisten áreas con predominio masculino, en las que la participación de la mujer se ha visto considerablemente restringida, por ejemplo: el poder judicial, la suprema corte y la construcción. Adicionalmente, las percepciones económicas de los empleados parecen estar vinculadas con su género: mientras que el porcentaje de hombres que percibe salario mínimo es de 5.1%, las mujeres pueden llegar hasta 13.4%. En el otro extremo, el porcentaje de hombres que llega a percibir más de cinco salarios mínimos es de 17.4%, comparado con el 10.7% de las mujeres. Lo anterior genera dudas en torno a la existencia de la equidad de género (Zabludovsky, 2007).

Imagen 3. Debido al contexto en el que se vive, la maternidad podría provocar dilemas emocionales en las mujeres, referentes a continuar en la escalada del éxito profesional o inclinarse a cuidar de la familia.
Fuente: fotografía propia.

Así, el poder de la mujer se ha quedado en el discurso público, ya que persiste inequidad en oportunidades de desarrollo en el ámbito organizacional. Esto se manifiesta en la ausencia de mujeres en cargos directivos, tanto en organizaciones públicas como privadas, consecuencia de su cultura organizacional.5 Ésta implica la existencia de patrones culturales al interior de la organización, que tienen como consecuencia percepciones sobre diferencias entre los géneros, que a su vez reproducen y perpetúan significados y jerarquías estereotipadas, sobre las que se fundamentan relaciones asimétricas de poder. Pareciera que las oportunidades para hombres y mujeres son diferentes y los perfiles laborales también, así, un hombre con menor experiencia y menor grado escolar tiene mayores probabilidades de ser ascendido en la empresa que una mujer, aun cuando ella cuente con mayores habilidades, conocimientos y destrezas que su contraparte masculina. ¿Por qué se genera esto?

Los patrones culturales arraigados en el consciente y subconsciente de los individuos de una organización se filtran a la cultura organizacional, que en el contexto mexicano se refiere al machismo dentro y fuera de la empresa (Cerva Cerna, 2014). Es así como entre los principales obstáculos que una mujer podría enfrentar para ascender en la unidad de mando estarían las dificultades para compaginar las diferentes áreas de vida —en el sentido de lo que se espera de ellas —con las demandas propias de las actividades laborales. Esto implicaría que la mujer aceptara su rol dentro de la organización como principal y se involucrara totalmente en su desarrollo profesional, lo que generaría un dilema emocional difícil de resolver, que sería el cómo conjugar ambos roles, lo que podría desembocar en la elección del rol de madre sobre el rol de profesional exitosa. Otras limitantes serían las políticas internas de las organizaciones en relación con las mujeres: los empleadores suelen argumentar que el estado incierto de maternidad y su consecuente limitación laboral por “incapacidad” hace que las mujeres vean limitadas las oportunidades de capacitación, ascenso o permanencia dentro de la organización (Villegas y Castañeda, 2017).

¿A quién culpar por la desventura de las mujeres?

Las mujeres, en ocasiones, renuncian a escalar en la pirámide organizacional debido a un conjunto de factores sociales, psicológicos y culturales. Lamentablemente, esta situación se puede volver un círculo vicioso en el que se perpetúan los patrones de sumisión.

Con el objetivo de continuar con su desarrollo profesional, pero en el contexto de la sociedad mexicana, algunas mujeres optan por esquemas profesionales que típicamente han sido asociados con el género, como docentes, enfermeras, asistentes, etcétera. Otras enmarcan su futuro profesional a trabajos informales autodirigidos desde casa o asistenciales debido a que la sociedad patriarcal les ha atribuido (atención del hogar, cuidado de los hijos, cesión de sus derechos en favor de los intereses del marido, presiones sociales, etcétera). En este sentido, las mujeres también se encuentran afectadas por patrones que se han establecido y que han perdurado en la cultura de una sociedad y que se filtran hasta las organizaciones.

Imagen 4. Las mujeres han logrado permanecer y desarrollarse dentro del campo de la salud, sin embargo, los puestos administrativos de alta dirección aún pertenecen a los hombres.
Fuente: fotografía propia.

En México, la tasa bruta de nupcialidad es de 4.6 matrimonios por cada mil habitantes para el año 2015, lo que implica una disminución de 34.3% con respecto al año 2000 (inegi, 2015). Esto podría traducirse en que el estado de matrimonio ha dejado de ser parte importante del desarrollo personal, pues dicha tasa implica una disminución de 34.3% con respecto al año 2000 (inegi, 2015). Por ello, es importante ir cambiando actitudes, concepciones y prácticas culturales.

Hablar sobre diferencias de género en las organizaciones parece ser un tema ya rebasado, una situación del pasado. Sin embargo, sigue siendo una manifestación de poder masculino lo que impera al interior de las organizaciones. Es evidente que los espacios y áreas para el desarrollo de las mujeres permanecen situadas en “áreas femeninas”, como lo social (recursos humanos, actividades de cultura, en el cuidado de otros, dentro de organizaciones y luchas sociales). Al interior de las organizaciones, la estructura permanece rígida, la cultura organizacional no ha cambiado en referencia al posicionamiento de cada género. En este sentido, persiste la necesidad de un cambio estructural profundo dentro de las organizaciones, que implique la transformación de la cultura organizacional donde la regla sea la inclusión.

Una lucha de género

A criterio personal, los hombres y las mujeres son y serán diferentes siempre, por lo tanto, es indispensable reconocer los aportes y el valor que cada género tiene, trabajar en colaboración como equipo, con un fin común. Es a través del ejercicio del respeto, la comunicación y el reconocimiento del valor del otro que se logrará acceder a mayores éxitos dentro de la vida laboral, social y familiar, y que la equidad se convertirá en un elemento de la cultura universal.

Corresponde a hombres y mujeres establecer e implementar las condiciones de este camino de cambio, así como las formas que hagan realidad los discursos políticos, promesas y planteamientos añejos. Hay que enfocarse en las trasformaciones culturales necesarias que permitan hacer realidad los cambios.

Es tiempo de romper estereotipos para modificar conductas, dejar de ser parte del problema para contribuir en la solución, a partir de hombres y mujeres comprometidos con la equidad y el respeto mutuo, que sean modelos a seguir para las generaciones de hoy y las del mañana, donde la constante sean los hechos y no las promesas.

Referencias



Recepción: 03/03/2020. Aprobación: 04/02/2021.

Vol. 22, núm. 3 mayo-junio 2021

De sobrevivir a vivir

Miguel Ángel Hernández Alvarado Cita

A lo largo de todo el período de contingencia, la cotidianeidad ha cambiado, al pasar por situaciones que la llevan de un lado a otro, agotando la expectativa de volver a la antigua normalidad, que se ve cada vez más lejana. En esta nostalgia por cómo eran las cosas, la constante ha sido adaptarse a lo que ocurre, a los eventos que suceden y sorprenden, así como a los cambios, con sus consecuencias de diversas dimensiones.

Es así como las pérdidas, los accidentes y las batallas van esculpiendo el nuevo rostro de la neonormalidad, que se promete latente y próxima. Sobre esta nueva cara, el presente número de la Revista Digital Universitaria nos regala líneas para aprender, cuestionar y reflexionar en torno a la adaptación, identidad, emergencia y potencialidad humanas y de la naturaleza de adecuarse a lo que sucede, para crear nuevas normalidades.

Un aspecto importante acerca de la construcción y percepción colectivas de lo social, en esta edificación de nueva normalidad, es el referente a lo educativo. En este número de la rdu hay un par de artículos sobre el tema. El primero de ellos, “Universitarios mexicanos: lo mejor y lo peor de la pandemia de covid-19”, expone la percepción estudiantil acerca de lo bueno y lo malo durante la contingencia. Mediante los resultados de un cuestionario, los estudiantes nos dejan ver sus impresiones sobre pérdidas y ganancias en esta crisis sanitaria.

El segundo, llamado “Aprendizaje autodirigido en la educación superior: una perspectiva para la modalidad en línea”, nos presenta la definición, relevancia y componentes del aprendizaje autodirigido. También nos impulsa a pensar sobre la posibilidad y los desafíos de este proceso formativo en la situación de la educación superior en nuestro contexto actual de educación remota.

Desde otro enfoque, en una serie de artículos sobre la vida natural de otras especies, este número de la rdu nos lleva a conocer diversas conductas de algunos organismos. El escrito “Insectos suicidas: irregularidades de su comportamiento” nos interpela en torno al valor del autosacrificio para conservar a la comunidad, los genes o la descendencia. En el mismo sentido, en “Comunicación entre bacterias: el WhatsApp de Pseudomonas aeruginosa descubrimos las “conductas” de estas bacterias y el papel indispensable de la comunicación para el triunfo de la especie. Esto lo demuestran sus acciones de interacción de comunicación inmediata, que bien parecen un WhatsApp pero con luz.

También en este número se puede apreciar que las conductas de los seres vivos fortalecen la supervivencia. Muestra de ello es la variedad de especies que da a conocer el artículo “Parásitos y pelos: historias de la selva de Chamela”, parte de la biodiversidad del lugar; así como el artículo “Arañas: tejiendo un eslabón crucial para le equilibrio de los agroecosistemas”, que habla de la interacción de las arañas con los agrocultivos, y que describe su uso como controladoras de plagas. De esto podemos reflexionar cómo la depredación de los arácnidos y la adaptabilidad de los parásitos equilibran un entorno en el que luchan por sobrevivir, pues se ven amenazados (en su diversidad y adaptabilidad) por la acción humana.

En el escenario de sobrevivencia a la pandemia, la Revista presenta artículos sobre la ciencia del cuerpo, que nos revelan caminos asombrosos para comprender la dinámica de la vida que nos constituye. Un ejemplo es la exposición que se hace a modo de diálogo sobre la biotecnología, en la colaboración “Conversando de biología sintética en el gimnasio”, y su utilidad para resolver necesidades y problemas de salud y de desarrollo. Por otro lado, el artículo “Aminoácidos no esenciales en la síntesis de partículas de oro y sus potenciales aplicaciones” desarrolla el valioso aporte de las nanopartículas como transporte para vacunas (tan fundamentales en nuestro contexto) y cómo el empleo de los metales puede contribuir en la salud humana.

Continuando con el tema de salud, este número nos comparte dos artículos al respecto. El primero, llamado “Bebidas azucaradas: la batalla contra el sobrepeso y la obesidad en México”, presenta una discusión sobre las bebidas azucaradas y expone la relación entre la ley de impuestos y la disminución de su consumo, así como la aún alarmante cifra de abuso en la ingesta de azúcar en la dieta promedio nacional. El segundo, “Energías renovables y sustentabilidad: una eficiente forma de gestionar los recursos naturales”, en cambio, habla sobre la salud del planeta y el beneficio que implica el uso de energías renovables, así como la educación en su uso y desarrollo, éstas como acciones que pueden prevenir el colapso de la biósfera. Por lo tanto, la salud personal y el bienestar del planeta pueden ser resultado de una reflexión ética y medioambiental, que exige actitudes de autocuidado y sustentabilidad.

Esta adaptación, resiliencia y exhortación a la reflexión sobre la conservación y la salud nos pueden dar pistas sobre la adaptabilidad a las nuevas forma de vivir que estamos generado y de las que también somos responsables. Normalidades físicas y sociales que dependerán de lo que hacemos en esta adecuación personal y colectiva, resultado de la contingencia.

En ese sentido, este número de la rdu nos lleva también a reconocer que hay espacios que requieren ser transformados, para dejar de resistir o sobrevivir y empezar a ser habitados de forma común. Así, en el artículo “¿Dónde quedó el poder de las mujeres?” se cuestiona la accesibilidad al desarrollo laboral y profesional de las mujeres, las cuales aún son relegadas por el machismo implícito en las prácticas organizacionales, que no les permiten crecer. Resulta urgente que se vuelvan naturales las posibilidades, iguales para todos, de crecer como profesionales y trabajadores en cualquier organización.

A esta misma resistencia y contribución de lucha se suma la aportación del artículo “¿Miradas desde adentro? Dinámicas de representación de mujeres yalaltecas en la actualidad”. En él, se habla de visibilización de la comunidad, la intimidad y la identidad de las mujeres indígenas, mediante el ejercicio de la fotografía, que se sincretiza en la fotografía “Melina”. Ésta, comenta la autora, es una obra performativa que atestigua y revela la presencia fuerte y determinante de la mujer para el desarrollo real de la sociedad.

Otro aspecto importante en medio de esta misma contingencia es la adaptación de las prácticas docentes. En la educación remota de emergencia la creatividad no sólo ha sobrevivido sino que ha sobrepasado todas las limitantes, dejando evidencia de su resiliencia y fortaleza. Dos muestras de ello son los productos que podemos ver en los artículos “¿Sabías que el japonés tiene miles de onomatopeyas?”, sobre los Gifs para aprender japonés, y “El cómic y el arte pop”, un video de ArtPop. Ambos son recursos digitales y son resultado de la vocación y el talento de dos académicas que han sabido responder ante la contingencia.

A lo largo de los artículos que le dan cuerpo, la Revista nos invita a pensar las formas que tiene la vida, las emociones, las relaciones sociales, y en sí el conocimiento, de adecuarse a los más diversos y cambiantes escenarios. Nos propone descubrir la capacidad de sobrevivir a los cambios y de vivir cualquier nueva normalidad con buenos resultados.

Las voces que dialogan en este número de la Revista crean un discurso de lucha, adaptabilidad, desarrollo y creatividad a los escenarios en que cada objeto estudiado habita. De igual manera, nos comparten una invitación a vivir (no sobrevivir) la realidad siempre cambiante, que promete nuevas formas de ser y de estar en ella, así como a aprender de la pandemia y la contingencia, con perspectiva de futuro, traduciendo este aprendizaje en acciones presentes de cambio e innovación. ¡Disfruten su lectura!



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Revista Digital Universitaria Publicación bimestral Vol. 18, Núm. 6julio-agosto 2017 ISSN: 1607 - 6079