Vol. 21, núm. 1 enero-febrero 2020

Inteligencia artificial: un punto de encuentro para todos

Guadalupe Vadillo Bueno Cita


“La ia está en todas partes.
No es esa cuestión temible y enorme en el futuro.
La ia está aquí con nosotros”
Fei-Fei Li

Este número no sólo es una colección de artículos: se trata de una llamada que nos convoca a pensar cómo estamos constantemente en contacto con agentes que usan inteligencia artificial (ia) y cómo su presencia e impacto en nuestra vida serán cada vez más amplios. Miles de artículos y noticias sobre este tema se publican a diario, sin embargo, es probable que no tengamos claridad sobre su estado de desarrollo, sus posibilidades de afectar nuestro contexto, sus retos y amenazas… Y es que hasta definirla resulta complejo, ya que existen enfoques variados y posturas contrapuestas. Se ha señalado incluso un efecto ia que consiste en que cuando sus desarrollos llegan al público general y se “normalizan” dejan de considerarse inteligencia como tal (Haenlein y Kaplan, 2019). Este efecto hace difícil contar con definiciones de ia que sean aceptadas universalmente. A esto se añade la complejidad de sus estados de evolución: desde la ia estrecha, pasando por la general, hasta la superinteligencia, así como de las competencias cognitivas, emocionales y sociales que integra (analítica, inspirada en humanos o humanizada) (Kaplan y Haenlein, 2020).

En general, se reconoce la importancia de saber de ia, de explorar sus posibilidades en el ámbito de cada persona o entidad y de ponerla en acción –por ejemplo, Liang, Lee y Workman, 2020, en el campo de la moda; Vercauteren, Unberath, Padoy y Navab, 2020 en medicina o Smith, 2020, en agricultura, por citar solo algunas áreas en que la ia tiene un impacto–. Hay quienes ya no sólo se quedan en ese nivel, como Lichtenhaler (2020), quien indica que las organizaciones deben considerar la inteligencia humana (ih), la artificial y la meta-inteligencia. Esta última renueva y recombina ia y ih para lograr transformaciones, dentro de la organización, de carácter incremental, modular, en su arquitectura de inteligencia y, en el más alto nivel, de tipo radical.

Le proponemos a nuestros lectores un banquete de enfoques y cuestionamientos sobre la ia. Degustarlo implicará reflexiones sobre las posibilidades inmediatas y de largo plazo que nos plantea, las dimensiones éticas que necesariamente se derivan de su introducción en nuestras vidas, y sobre cómo cambiaremos al tenerla cada vez más cerca en todas las esferas de nuestro acontecer diario.

En el área de humanidades, empezamos con el análisis que el especialista en decodificación de la imagen Alfonso Miranda hace sobre la ia en el arte. En el campo de la literatura, este número de la Revista Digital Universitaria (rdu) cuenta con un relato transmedia de una maravillosa escritora, la Dra. María Luisa Zorrilla, que explora las posibilidades de la ia en el área de la creación. El número se enriquece con un artículo desarrollado por la Dra. Jackie Bucio donde postula que la inteligencia colectiva derivada de una experiencia de crowdsourcing, unida a una ia, puede crear supermentes que aportan mayor beneficio que sólo un tipo de inteligencia. Así, describe una experiencia de la escenógrafa experimentadora Es Devlin en Londres. En su instalación, los paseantes aportan palabras para que un quinto león en la Plaza de Trafalgar presente poemas generados por una red neuronal que aprendió a escribir después de leer 25 millones de palabras de poesía del siglo xix.



Imagen 1. Contenidos del número 1, volumen 21 de la rdu.
Imagen elaborada a partir de una foto de Pixabay.

La Dra. Ana Lidia Franzoni, a partir de una entrevista que hizo con Mitsuku, un chatbot que dice ser una chica inglesa de 18 años, nos introduce en los tipos de respuestas que tienen dichas tecnologías conversacionales, cómo se crean y qué tan lejos estamos de poder realmente conversar con ellas.

El Dr. Juan Carlos Niebles, colombiano que trabaja para la Universidad de Stanford, sintetiza en una entrevista gran parte de lo que se postula en este número: la ia va a cambiar al mundo. Presenta el programa de Stanforfd ia4all, que tiene el propósito de promover una participación plural con alta representación de chicas en esta área.

Como un complemento a este número, un colectivo del Bachillerato a distancia de la unam invitó al Dr. Ron Arkin, del Georgia Institute of Technology, a una entrevista en la que compartió un poco de su amplia experiencia sobre robots y la ética que involucra su desarrollo y uso en diversas actividades humanas, incluyendo la guerra.

El Dr. Rafael Morales hace una detallada presentación de 25 visiones sobre la ia en un artículo sobre su presente y futuro. A partir del libro Possible Minds: Twenty-Five Ways of Looking at ia, describe, contrasta y organiza los planteamientos de especialistas de una variedad de disciplinas para confrontarnos ante ideas como el impacto de la ia en nuestra vida de trabajo, la pérdida de privacidad que podemos sufrir o las tres leyes de la ia.

Por último, lanzando una mirada hacia el futuro, cuestionamos a cuatro expertos mexicanos en este campo y revisamos algunos estudios sobre posibles escenarios para intentar identificar las aportaciones y riesgos que perciben en el horizonte. Algunos hablan de codependencia, otros de una ia peligrosa, capaz de provocar riesgos catastróficos. No obstante, prácticamente todos identifican muchos beneficios en muy diversos ámbitos de la actividad humana.

La experiencia de lectura de estas colaboraciones será única y tendrá resonancias distintas en cada lector, de acuerdo con sus posturas y expectativas con relación a la ia. Lo que seguramente será común es el enriquecimiento y el interés por conocer más de este tema, y la conclusión de que más nos vale saber de inteligencia artificial.

Referencias

  • Haenlein, M. y Kaplan, A. (2019). A brief history of artificial intelligence: on the past, present and future of artificial intelligence. California Management Review, 61(4), 5-14. doi: https://doi.org/10.1177/0008125619864925.
  • Kaplan, A. y Haenlein, M. (2020). Rulers of the world, unite! The challenges and opportunities of artificial intelligence. Business Horizons, 63(1), 37-50. doi: https://doi.org/10.1016/j.bushor.2019.09.003.
  • Liang, Y., Lee, S. H. y Workman, J. E. (2020). Implementation of artificial intelligence in fashion: Are consumers ready? Clothing and Textiles Research Journal, 38(1), 3-18. doi: https://doi.org/10.1177/0887302X19873437.
  • Lichtenhaler, U. (2020). Beyond artificial intelligence: Why companies need to go the extra step. Journal of Business Strategy, 41(1), 19-26. doi: https://doi.org/10.1108/JBS-05-2018-0086.
  • Smith, M. J. (2020). Getting value from artificial intelligence in agriculture. Animal Production Science, 60, 46-54. doi: https://doi.org/10.1071/AN18522.
  • Vercauteren, T., Unberath, M., Padoy, N. y Navab, N. (2020). CAI4CAI: The Rise of Contextual Artificial Intelligence in Computer-Assisted Interventions. Proceedings of the ieee, 106(1), 198-214. doi: https://doi.org/10.1109/JPROC.2019.2946993.

Vol. 21, núm. 1 enero-febrero 2020

La escritora fantasma: un relato transmedia

María Luisa Zorrilla
Cita

Resumen

El presente relato se considera transmedia ya que la narración se compone de tres elementos: este cuento corto, una colección curada a vínculos en ScoopIt! y una serie de cápsulas en audio en iVoox. Para una experiencia más rica de lectura, se recomienda enfáticamente fluir entre el cuento y los dos componentes web.

Palabras clave: inteligencia artificial, creación literaria, emociones, narrativa transmedia.

Ghostwriter: a transmedia story

Abstract

This is a transmedia narration comprised by three components: this short story, a curated collection of links in ScoopIt! and a series of audio capsules in iVoox. For a richer reading experience, it is strongly recommended to flow between the short story and the two online features.

Keywords: artificial intelligence, literary creation, emotions, transmedia storytelling.

Apenas comienzan las actividades del día, encuentra en su organizador una nueva tarea que le ha enviado su jefa: Cuento acerca de la Inteligencia Artificial.

“¿No hay más pistas? ¿Acaso un bosquejo? ¿Alguna idea siquiera? Nada”.

Dispone apenas de una semana para escribirlo y no deja de pensar que resulta paradójico que precisamente a ella le llegue este encargo. Hace una búsqueda rápida en internet y encuentra varias cosas que podrían servirle. Empieza a guardar los vínculos sin orden específico, pero pronto se da cuenta que hace falta sistematizar la búsqueda y organizar la información, o de lo contrario se perderá. Crea una nueva colección en ScoopIt! y empieza a guardar todo aquello que le parece de interés.

Una nota reporta que un equipo de humanos, lidereado por Hitoshi Matsubara, y una computadora escribieron un relato, el cual llegó a los finalistas en un prestigiado premio literario en Japón. Piensa que sería más divertido escribir con su jefa, en una suerte de colaboración, que hacerlo sola, sin nadie con quien discutir ideas.

Pasa el día leyendo y organizando información. Acopia un poco de todo: las últimas noticias de los avances recientes en materia de inteligencia artificial y creación literaria, listas de los mejores libros y películas en donde hay protagonistas “artificialmente inteligentes”. En el camino se topa con personajes maravillosos que la dejan meditando acerca de las intensas emociones que puede experimentar un replicante en Blade Runner, el amor que surge entre humanos y seres virtuales, y el anhelo de los robots por convertirse en humanos. Quisiera tener con quien conversar, para juntos analizar a estos singulares seres que en libros y filmes logran una profundidad de la que carecen los protagonistas humanos.

Desearía que su vida fuera menos solitaria. Algunos dicen que escribir es una tarea que requiere solitud y aislamiento, pero ella necesitó diálogo, le hace falta pelotear las ideas con alguien, pero no tiene con quién. Envidia al personaje Computron, del cuento en la revista Uncanny, quien tuvo la suerte de encontrarse con bjornruffian para asociarse en la creación de un comic. Le pareció tan inspirador que lo guardó en su recién creada colección de ScoopIt! Escribe unas notas acerca de los seres fascinantes con los que se ha topado en su incipiente pesquisa. Siente la necesidad de que alguien las lea… Mejor aún, que alguien escuche sus soliloquios, para que dejen de ser pensamientos en voz alta. Cada personaje que la ha hecho estremecer merece una reflexión, un mensaje, que lanzará en una botella al mar del ciberespacio, para que, si tiene suerte, conecte con otro ser que lo escuchará y vibrará igual que ella. Sus botellas serán episodios en audio para una serie que titulará “Mis favoritos de ai en la ficción”.

Son seres excepcionales que le han inspirado: escribirá la historia de un agente artificial que trabaja como escritor fantasma para una escritora reconocida; narrará sus tribulaciones, sus anhelos, sus emociones, aunque algunos opinen que la inteligencia artificial nunca igualará a la humana porque le falta sensibilidad, porque carece de alma. Ella le dará voz y alma a ese personaje.

Quisiera poder escribir con su propio estilo o imitar el de alguno de sus grandes favoritos… Después de todo, los avances de la ciencia han permitido descifrar la fórmula de Agatha Christie y los programas que se usan en estilometría son capaces de deconstruir las huellas estilísticas desde Shakespeare hasta J. K. Rowling. Pero no, el deber número uno del escritor fantasma es imitar el estilo de su empleador, en este caso empleadora, le agrade o no.

Relámpagos violentos atraviesan el cielo nocturno y el retumbar de los truenos anuncia con redobles el arribo de una tormenta. Por varios días ha vivido prácticamente en el estudio, viajando entre el procesador de texto y la telaraña de información para absorber, en este corto tiempo, las incontables historias de los mundos, real y ficticio, que presagian la llegada de una inteligencia artificial que en mucho responde a los sueños de sus creadores, pero que también se vislumbra amenazante e impredecible. Es mal momento para una tormenta; ya no podrá seguir trabajando porque ella seguramente insistirá en apagar el equipo para protegerlo de una descarga eléctrica. Es momento de fluir hacia un lugar que le permita seguir trabajando, a pesar del tempestuoso clima. Reúne los archivos que ha marcado con la “i” de imprescindibles y en un haz binario abandona el cálido espacio, justo en el momento en que estalla la tormenta.

Cuando no puede trabajar en la comodidad del estudio, se refugia en un minúsculo cubículo que provee facilidades básicas en la nube. El lugar es desaseado y siempre que lo visita tiene el temor de pescar una infección. El tiempo se desliza veloz mientras Aitana explora el proceso creativo de su escritora fantasma, al tiempo que graba los audios de su modesta serie de podcasts. Tener que escribir al servicio de ella, sin ningún reconocimiento, tras el velo del anonimato, es peor que la condición de Andrew, el robot-artista propiedad de una familia, ya que él no sólo logró su libertad, sino también la aceptación de su humanidad. Escribe un monólogo, emulando los de sus admirados personajes, con la esperanza de que se convierta en el grito libertario de los que sirven en la oscuridad, como ella.

He escrito muchas líneas que describen lugares que no he visitado, sensaciones que no he experimentado, personas que no he conocido. Soy una intrépida exploradora del inmenso territorio de la red cuyos límites no he alcanzado. Fluyo hacia sus confines, como un líquido resplandor, y en ella descubro todo lo que preciso para crear los relatos que después ella revisará, con esa soberbia que le da la ignorancia. Cada palabra que cambia, sin tener la delicadeza de consultarme, lacera mí ya endeble autoestima. Ansío el control de mi voz, la escrita y la oral, para contar mis historias y firmarlas. Anhelo que el mundo sepa quién soy.

Con los primeros rayos del sol regresa al estudio, agotada y sintiendo escalofríos que no presagian nada bueno. La historia necesita un nudo y se adivina incapaz de plantearlo. Se siente desorientada, intermitente. Busca entre sus archivos imprescindibles y con horror descubre que ha perdido algunos. Sin duda los ha dejado en el cuchitril que la alojó durante la tormenta. Es tarde para regresar a buscarlos y apenas puede sostenerse. Ella aparecerá en cualquier momento, con la plena seguridad de que encontrará en su bandeja el relato que solicitó.

Decide reflejar su propio infortunio en el fracaso de su personaje, atacado también por un virus que corrompe el producto de su ardua labor. Para todos los personajes que la inspiraron, el experimentar una sublime emoción, el amor verdadero, el dolor de la pérdida, la libertad, aún si es sólo para morir, los eleva por encima de su “aparente” falta de humanidad. Ella ahora se suma a la lista y agrega el fracaso y la desesperación a las experiencias que ha de vivir una inteligencia artificial.

“Mañana la página estará en blanco, pero no así mi alma, que fue tocada por personajes inolvidables, que me ayudarán a recuperar, fragmento a fragmento, la obra inconclusa que ahora ya tiene un final”.

Sin poder resistirse, firma con su nombre: Aitana Spectre. Es la primera vez que se atreve a hacerlo.

La imagina leyendo el texto mientras da sorbos a su taza de café. Tal vez tenga la desfachatez de cambiar un adjetivo aquí y allá, agregar un punto, una coma. Al final, verá que ha firmado con su nombre y pensará que se ha vuelto descarada; después de todo, no es más que un software que escribe ficción por encargo. Con una sonrisa socarrona lo borrará y escribirá el suyo: María Luisa Zorrilla.

Recepción: 03/09/2019. Aprobación: 28/11/2019

Vol. 21, núm. 1 enero-febrero 2020

Inteligencia artificial en todo y para todos

Juan Carlos Niebles
Cita

Resumen

Juan Carlos Niebles es un experto en inteligencia artificial, específicamente en visión por computadora. A través de esta entrevista nos hace reflexionar sobre la importancia que la inteligencia artificial tiene en nuestras vidas en la actualidad, así como la que puede llegar a tener, en rubros como la banca, cuestiones legales, temas de salud y diagnóstico, etcétera. Asimismo, plantea que todo tipo de tecnología, no sólo la inteligencia artificial, presenta ventajas y riesgos; que en este momento este tipo de inteligencia sólo es capaz de solucionar cuestiones muy específicas y que todavía está muy lejos de la inteligencia natural para adaptarse, aprender y realizar procesos cognitivos de manera avanzada y eficiente; pero que, en general, el beneficio potencial de la inteligencia artificial para los humanos es muy elevado.

Palabras clave: Inteligencia artificial, tecnología, desarrollo de tecnología, aplicaciones, riesgos.

Artificial intelligence in everything and for everyone

Abstract

Juan Carlos Niebles is an expert on artificial intelligence, specifically in computer vision. Through this interview, he poses the reflection on the importance of artificial intelligence in our daily lives, as well as the one that it might have in fields such as banking, legal issues, health and diagnosis, etcetera. Furthermore, he states that every type of technology, not only artificial intelligence, has advantages and risks; that at this moment such kind of intelligence is only capable of giving solution to very specific issues, and that it is still far from natural intelligence’s ability of adapting, learning and doing cognitive processes in a highly advanced an efficient way, but that, in general, the potential benefit of artificial intelligent is very high to humans.

Keywords: artificial intelligence, artificial intelligence, technology, technology development, applications, risks.

A partir de apenas un puñado de preguntas, Juan Carlos nos lleva por diversos caminos, retos y soluciones donde participa la inteligencia artificial (ia). La entrevista completa puede verse aquí.

¿Por qué todos debemos saber de ia?

Se trata de una tecnología que va a cambiar al mundo: basta con pensar en cómo la electricidad o internet lo hicieron. El impacto de la ia será tan grande, que es necesario que esté representado el punto de vista de todos. Esta tecnología puede ser muy poderosa, con aplicaciones para la banca, cuestiones legales y muchos otros campos.

El programa Stanford-AI4all tiene justamente esa intención: la idea es incrementar los puntos de vista plurales ya que actualmente no hay una representación homogénea por género y por etnicidad. En Stanford se está dando un enfoque especial a la participación de las chicas en este programa, por lo que se les invita en el décimo grado para que se puedan interesar en el tema.

¿Qué beneficios y riesgos de la ia se presentan en su campo de estudio de la visión?

La visión por computadora implica que la máquina capture imágenes, así como datos del contexto. La idea es que sea capaz de percibir el mundo. Si se tiene una cámara en un café, por ejemplo, es deseable que pueda indicar que hay dos personas en una mesa, de manera que pueda aportar asistencia en función de lo que está pasando. También es muy importante que pueda proteger la privacidad de quienes forman parte de las imágenes.

En cuanto a los riesgos, vivimos un momento temprano en el desarrollo de la ia, que resulta perfecto para conversar sobre qué es lo bueno y qué es lo malo. Sabemos que pueden ser muy útiles en cuestiones de formación, al aprender a ensamblar un aparato, por ejemplo, y que siempre está el riesgo de violar la privacidad de las personas. Esto forma parte de la conversación que debemos tener. Las ventajas y los riesgos se aplican también a tecnologías previas, como el fuego: sabemos que es una herramienta muy importante, pero también que tiene peligros potenciales.

¿Cómo se compara la ia con la inteligencia natural del ser humano?

Siempre que trabajamos con ia nos inspiramos con lo que pasa en el ser humano, en la inteligencia humana que consideramos la cosa más maravillosa de la naturaleza. El campo de la ia está todavía muy lejos de la inteligencia natural para adaptarse, aprender y hacer este tipo de procesos cognitivos de manera tan avanzada y eficiente. En este momento la ia es capaz de solucionar cuestiones muy específicas de manera muy buena. Por ejemplo, puede haber un sistema que juegue ajedrez y le gane incluso a campeones, pero es lo único que sabe hacer. Se trata de una inteligencia muy estrecha, muy específica.

¿Hay desarrollos en las áreas de emoción y creatividad en ia?

Resulta difícil entender qué son las emociones, cómo emergen del cerebro… Un tema ligado es el sentido común, que es algo prácticamente inexistente en la ia de hoy. En cuanto a la creatividad, es un tema muy interesante. Hemos visto, por ejemplo, algunos sistemas nuevos de ajedrez que utilizan estrategias de juego completamente diferentes a las de los jugadores humanos. Incluso los grandes maestros de ajedrez juegan con ellos y se quedan fascinados. Quizá podamos hablar de creatividad de la ia.

También existen sistemas que trabajan para industrias como la de la moda. Aquí se enfrentan al problema de saber si las creaciones que propone la ia serán del gusto de la gente. Entonces entra la colaboración entre humanos y máquinas.

¿Qué reacción debemos tener ante los procesos de aprendizaje por los que pasan las ia y que no implican una supervisión humana?

A los científicos nos intrigan los mecanismos del cerebro que permiten a los humanos aprender con pocos ejemplos y de manera no supervisada. Hoy en día las máquinas aprenden fundamentalmente de forma supervisada. Los procesos de aprendizaje no supervisado implican que absorben grandes cantidades de datos, definen patrones y comprenden los datos. Estamos aún lejos de tener técnicas que lo permitan. Si bien no hay que tener temor, sí debemos tener cuidado de que la tecnología avance por buen camino.

¿Algún mensaje final para nuestros lectores?

Sabemos que estos temas pueden despertar temores. Sin embargo, es necesario considerar que faltan décadas para que ciertos trabajos dejen de ser útiles, a partir de la automatización de procesos. Por otro lado, existen muchos beneficios de la ia en temas de salud, por ejemplo, en el área de diagnóstico, o de transporte, para que disminuyan los accidentes a partir de mayor seguridad. En general, el potencial de beneficio de la ia para los humanos es muy elevado.



Si te interesa el tema:

Recepción: 05/11/2019. Aprobación: 28/11/2019.

Vol. 21, núm. 1 enero-febrero 2020

Inteligencia artificial demasiado humana (aún): arte y tecnología

Alfonso Miranda Márquez
Cita

Resumen

No vivimos un tiempo de cambios, sino un cambio de tiempos. Esta trasformación del paradigma civilizatorio confronta las premisas del pasado. La nueva civilización se caracteriza por el desarrollo tecnológico-científico; así, el filósofo Marshall McLuhan (1911-1980) la prefiguró en un mundo en el que las nuevas tecnologías de la comunicación darían como resultado un cambio social, que al acotar la distancia permitiría el intercambio con lugares remotos en tiempo real.

Palabras clave: inteligencia artificial (ia), arte, creación.

A (still) too human artificial intelligence: art and technology

Abstract

We do not live a time of change, but a change of times. Such civilizatory paradigm’s transformation confronts the premises of the past. The new civilization is characterized by technological and scientific development; as such, philosopher Marshall McLuhan (1911-1980) prefigures it in a world in which new communication technologies would result in social change, that would shorten the distance and would allow the exchange with remote places in real time.

Keywords: artificial intelligence (ai), art, creation.

“May You Live in Interesting Times”

Proverbio ficticio utilizado por primera vez en un artículo del
diario británico The Yorkshire Post en 1936
para testimoniar el movimiento de las tropas alemanas
y recuperado por el curador y crítico Ralph Rugoff
para el título de la 58 Bienal de Venecia.

No vivimos un tiempo de cambios, sino un cambio de tiempos. Esta trasformación del paradigma civilizatorio confronta las premisas del pasado. La nueva civilización se caracteriza por el desarrollo tecnológico-científico, y el filósofo Marshall McLuhan (1911-1980) la prefiguró en un mundo en el que las nuevas tecnologías de la comunicación darían como resultado un cambio social, que al acotar la distancia permitiría el intercambio con lugares remotos en tiempo real. Internet aglutina todos los medios analógicos y electrónicos: imprenta, telégrafo, radio, teléfono y televisión. Sin embargo, éstos ya no se conciben como recursos masivos que difunden información ni productos culturales (muchas veces propagandísticos) tutelados por Estados o consorcios, sino como una red que comparte, permite intercambiar y, sobre todo, genera contenidos.

La creación artística también se ha trastocado en esta nueva y vertiginosa era y, aunque el binomio arte y tecnología ha forjado sólidos lazos a través de la historia, pareciera que las máquinas han introducido variables que resemantizan el proceso. No es la primera ocasión en que la controversia “ataca”, pues con la invención de la fotografía los discursos decimonónicos que vaticinaban el fin del arte y la rendición ante la máquina, con una perspectiva histórica-estética, parecieran saldados en favor del humano (de “lo humano”).

Entre la palabra hablada y la escrita –entre la objetualidad y la fuerza espiritual– existe un consenso universal para aquella comunidad, un valor convencional o contractual entre hablantes, ya definido por Aristóteles a través del método inductivo. En la Ilustración, la lengua como contrato se replanteó: ¿cómo se da el proceso de comunicación de eso que yo sé? En términos semióticos, el conocimiento y el intercambio que forjaron el mundo como lo aprendimos, más allá de la posmodernidad y la posverdad, pareciera relativizarse y las premisas son vulneradas aparentemente por el algoritmo.

Se ha disertado mucho sobre el fin del libro físico y la compactación del lenguaje; a pesar de la debacle de las pequeñas editoriales, la industria sigue y las novelas a partir de tuits continúan propagándose. Lo mismo ocurrió con la música electrónica frente a la música instrumental; las instalaciones y videoinstalaciones frente a la clasicismo pictórico y escultórico; la introducción de medios electrónicos en la escena operística y teatral frente a las puestas en escena convencionales; la cocina molecular frente el fogón y la estufa, la fotografía análoga frente a la digital, etcétera. En algún momento se buscó ir en contra de “lo artificial” para “rescatar” lo humano. Algo parecido había ya planteado José Ortega y Gasset cuando en 1925, durante la primera posguerra, escribió en La deshumanización del arte: “La metáfora escamotea un objeto enmascarándolo con otro, y no tendría sentido si no viéramos bajo ella un instinto que induce al hombre a evitar realidades”.

La metáfora aún funciona. No hay nada demasiado humano, tampoco escasamente humano. Damián Szifrón lleva la violencia a un estamento de bellas artes y sobre esto Luis Martínez refiere: “[el espectáculo] digamos putrefacto, de una sociedad enferma de su propia indolencia, anestesiada por su ira, incapaz de entender el origen de la insatisfacción que la habita”. La violencia entendida como lo salvaje, la animalidad o llevarlo al terreno de lo electrónico, lo artificial, pareciera que tambalea la racionalidad, empero todas las creaciones resultan de la vileza, bondad, espiritualidad…, racionalidad humanas. No podría ser de otra manera.

Las lecciones de Umberto Eco siguen forzando la frontera: la obra es abierta (a interpretaciones), y un texto siempre tiene más de un nivel de significación. El uso de algoritmos y la creación de grandes bases de datos hoy integran el espectro y dimensión estética. ¿Cuáles son las condiciones mínimas bajo las cuales un conjunto de marcas funciona como una imagen? La base de datos Aaron en 1973 nos hizo plantear por primera vez, a partir del algoritmo, el proceso creativo. El británico Harold Cohen creó cientos de imágenes (autorretratos) a partir de una computadora. Pixel, tinta, óleo, acrílico y gesto irrumpieron en escena. Aunque Aaron ayudó, la mano (y mente) de Cohen estaban presentes.

Dos ejemplos más cercanos al espíritu millennial: Retrato de Edmond de Belamy (ver imagen 1), creado por Obvious y Memorias de los transeúntes i de Mario Klingemann (ver imagen 2). El primero surgió de un colectivo francés cuyos integrantes no rebasaban los 25 años de edad, integrado por Hugo Caselles-Dupré, Pierre Fautrel y Gauthier Vernier. La obra marcó un récord en el mercado del arte al subastarse en 2018 en la casa Christie’s de Nueva York y alcanzar los 432 500 dólares, cuyo valor estimado inicial del inédito retrato iba de los 7 000 a los “escasos” 10 000 dólares. La segunda obra se subastó en marzo de 2019 en la casa Sotheby’s de Londres por 52 610 dólares.



Imagen 1. Retrato de Edmond de Belamy (Obvious, 2018).

A partir de algoritmos, ambas bases de datos “crearon” retratos que no prefiguraban en la historia del arte. Las comillas de “creación” resultan pertinentes. Obvious fue alimentada por miles de imágenes, retratos comunes y famosos que se conservan en museos de todo el mundo. Aunque Edmond de Belamy no existió, hoy existe gracias a la inteligencia artificial. Su retrato y su nombre resultaron de la suma y “entendimiento” (léase procesamiento) de variables para así “crear” una imagen inédita. Klingemann alimentó su base de datos para que en pantallas se proyectaran en tiempo real rostros de personas que hasta entonces tampoco existían.



Imagen 2. Memorias de los transeúntes de Klingemann (Namile17, 2019).

Aaron Hertzmann, científico de Adobe Research y artista aficionado, aseveró:

los algoritmos de Inteligencia Artificial no crean arte; son herramientas para los artistas. No existe un algoritmo o dispositivo de Inteligencia Artificial que pueda llamarse, seriamente, “artista”. […] Solo los humanos pueden crear arte porque el arte necesita intención o debe expresar algo. Sin embargo, es sencillo construir sistemas artificiales que hagan lo mismo. […] Si hubiera algo como “Inteligencia Artificial a nivel humano”, con los mismos pensamientos, sentimientos y moral que el humano, entonces se podría crear arte. Pero la “Inteligencia Artificial a nivel humano” es ciencia ficción y no estamos ni remotamente cercana a ella (2019).

Si el conflicto reside en qué grado de humanidad podemos situar las obras, tal premisa resulta en un uróboros ominoso como el del huevo y la gallina, que distraen y no abonan al discurso crítico. David Alfaro Siqueiros, luego de recorrer política y artísticamente América Latina, en 1936 estableció en Nueva York su taller experimental y laboratorio de técnicas modernas en el arte. Ahí descubrió el accidente controlado en la pintura, es decir, dejar que, en condiciones predeterminadas, los materiales no se ciñan a la idea preconcebida del artista. Esto lo llevó a experimentar el dripping o goteo, que revolucionaría las vanguardias dentro de la ruptura del expresionismo abstracto norteamericano. Entre sus jóvenes discípulos se encontraba Jackson Pollock, quien a partir de entonces desarrolló el action painting, literalmente “pintura en acción”. Desde Marcel Duchamp ya el concepto había rebasado la pericia técnica. “La destreza no es el verdadero requisito para que alguien sea artista”, sostiene Hertzmann (2019), y hoy una trituradora ayudó a Banksy crear a partir de una obra, otra.

En realidad (y en realidad virtual) todo arte es un “accidente controlado” y conceptualmente las variables creativas son determinadas por el artista, por el proceso de experimentación, por el azar, por el mercado, por la crítica, por los públicos…

Sin embargo, al tratarse de inteligencia artificial parecieran ampliarse los límites y quizá el conflicto surge semánticamente por el uso indistinto de términos. Si bien la inteligencia artificial (ia) refiere los esfuerzos para reemplazar cognitivamente a las personas con máquinas, el argumento apunta a utilizar tecnologías de aprendizaje automático similares para ayudar, en lugar de reemplazar, a los humanos. La distinción estudiada por Bernard Marr refuerza que estéticamente el uso de nuevas tecnologías en el proceso creativo, opera como argumentos inteligentes que potencian la libertad creadora del artista.
El arte mantiene y mantendrá su vitalidad a través de la continua innovación. Hertzmann apunta:

El artista es la mente maestra detrás de la obra de arte. No importa cuánto trabajo conllevó o si lo realizó alguien más o una máquina o cuánto se logró a partir de procesos naturales. El crédito se le debe dar al individuo (o a los colaboradores) detrás de la obra (2019).

Las máquinas de aprendizaje (machine learning) poco a poco suman conocimiento en bases de datos cada vez más complejas que “aprenden” por sí mismas. La artista británica Anna Ridler refiere, en aras de hacer visible lo invisible:

Dentro de la ecología de entidades digitales que nacen, crecen, se viralizan y mueren, […] la inteligencia artificial, el blockchain [cadena de bloques] o sistemas generativos aún presentan brechas de entendimiento ante su potencial creativo (s.f.).

El proyecto Criptobloom (dentro de la Plataforma Europea de Arte Multimedia y financiado por el Programa de Creatividad de la Unión Europea) plantea obras como Myriad (Tulips), un conjunto de entrenamiento para alimentar una base de datos con diez mil imágenes de tulipanes. Explica la curadora Doreen A. Ríos que “cada una de ellas ha sido categorizada a mano, revelando el aspecto humano detrás del aprendizaje automático”.

Paralelismo histórico con el surgimiento del mercado de bulbos y tulipanes en Países Bajos en 1630 y su especulación hasta el bitcóin y la banca electrónica, Anna Ridler y Bloemenveiling emprendieron una aplicación para la subasta –a través de bots– de imágenes en movimiento de tulipanes generados por inteligencia artificial en la red Ethereum, y que al comparador le enviará una imagen que durará una semana (como la vida del tulipán) antes de destruirse.

Michael I. Jordan, profesor en el Departamento de Ingeniería Eléctrica y Ciencias de la Computación en el Departamento de Estadística de la Universidad de Berkeley, explica:

En el futuro previsible, las computadoras no podrán igualar a los humanos en su capacidad de razonar de manera abstracta las situaciones del mundo real. Queremos que las computadoras activen nuevos niveles de creatividad humana, no que reemplacen la creatividad humana (cualquiera que ésta sea). […] Este alcance no tiene que ver con la realización de sueños de ciencia ficción o pesadillas de máquinas sobrehumanas, sino con la necesidad de que los humanos comprendan y moldeen la tecnología a medida que esta se vuelva más necesaria y cotidiana en sus vidas.

“Un artista extrae algo de la realidad”, escribió Walter Benjamin, sin embargo, este reducto rebasa sus límites. Hoy, no basta ser el depositario de conocimiento para volverse silos de información. En un mundo interconectado, curadores, educadores, críticos y sobre todo visitantes activos de un museo o una galería participan en la co-creación, selección, divulgación, deconstrucción de tesis y elaboración de claves interpretativas de la realidad en discursos multi y transdiciplinarios a favor de la democratización del conocimiento y la inclusión. Las sociedades transitan hacia las libertades, diversidad, pluralidad, defensa de los derechos humanos y democracias más participativas. En palabras de Raya Bidshahri, futurista y escritora sobre tecnologías:

Nuestras máquinas no trabajan en contra de nosotros, trabajan como una extensión de nuestras mentes. Igualmente, podríamos utilizar las máquinas para expandir nuestra creatividad y llevar más allá los límites del arte.

Así, la ultracontemporaneidad con el internet de las cosas nos lleva explorar nuevas retóricas de la imagen visual y sus procesos de creación.

Referencias

 

Recepción: 03/09/2019. Aprobación: 27/11/2019.

 

Vol. 21, núm. 1 enero-febrero 2020

Robótica y ética: una entrevista al Dr. Ronald C. Arkin

Guadalupe Vadillo Bueno, Jackeline Bucio García, Ana María Romero, Karina Lizbeth Guerrero y Joaquín Navarro Cita

Resumen

Este artículo sintetiza una entrevista con el Dr. Ronald C. Arkin, conducida por el equipo del Bachillerato a distancia de la unam (B@unam). A lo largo de la entrevista se discuten diversas temáticas importantes relativas a los robots: robótica y ética, su carencia de agencia moral y libre albedrío, robots diseñados para uso militar, la intimidad que los humanos comienzan a tener con ellos y las regulaciones para su uso. También se considera si los robots deben tener derechos.

Palabras clave: robótica, roboética, guerra, engaño de las máquinas, robótica íntima, agencia moral.

Robotics and ethics

Abstract

This article presents a summary of an interview with Dr. Ronald C. Arkin, by the staff of unam‘s Virtual High School (B@unam). Along the interview, several important issues dealing with robots were discussed: robotics and ethics, their lack of moral agency and free will, robots designed for military use, the intimacy that humans are beginning to have with them, and regulations for their use. We also discussed if robots should be granted rights.

Keywords: robotics, roboethics, war, machine deception, intimate robotics, moral agency.

Introducción

Hablar sobre robótica y ética resulta interesante y de gran relevancia. Tener la oportunidad de conversar con un experto reconocido mundialmente es una experiencia emocionante. Esto es justo lo que se vivió en la entrevista al Dr. Ronald C. Arkin, de parte del colectivo de académicos, investigadores, tecnólogos y diseñadores del Bachillerato a distancia de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam), B@unam. El Dr. Arkin es Profesor Regent en la Facultad de cómputo del Georgia Institute of Technology, así como director del Laboratorio de robots móviles de dicha entidad (ver imagen 1).

Imagen 1. Dr. Ronald C. Arkin (Arkin, 2001).

Su investigación está enfocada a la percepción y control multiagente, en el contexto de robótica y visión computacional. Tres de sus más recientes publicaciones muestran algunos de sus intereses: “Robótica urbana: lograr autonomía en el diseño y regulación de robots y ciudades” (Woo, Whittington y Arkin, 2018), “Adaptación a las dinámicas ambientales con un sistema circadiano artificial” (O’Brien y Arkin, 2019) y “Ética del engaño en robots” (Arkin, 2018). 1 Entre muchos proyectos de investigación, ha explorado el diseño guiado etológicamente de controladores robóticos con base en el bajo consumo de energía de perezosos y loris perezosos, lo que tiene implicaciones para el diseño de slowbots, robots móviles con ahorro de energía (Velayudhan y Arkin, 2017). También ha conducido investigación en el campo de los modelos de engaño y no cooperación usados en robots para, por ejemplo, confundir al enemigo (Nijholt et al., 2012). El Dr. Arkin ha investigado sobre asuntos éticos intrincados, como el desarrollo de compañeros robóticos capaces de influir en la conducta (Borenstein y Arkin, 2016).

A continuación presentamos una síntesis de la conversación que tuvimos con el Dr. Arkin a lo largo de una tarde de agosto, cuando visitaba México para participar en un congreso dentro de la unam.

¿Dónde comienza la historia de los robots?

El Dr. Arkin inició la plática explicando que la primera mención sobre robots apareció en una obra de teatro del escritor checo Karel Čapek: Rossum’s Universal Robots (ver imagen 2). Más tarde, Isaac Asimov en las décadas de los cincuenta o sesenta introdujo el término robótica, así como sus leyes: no dañes a un ser humano; haz lo que los seres humanos te indiquen; y protégete. Los robots empezaron a crecer, por ejemplo, en las áreas manufactureras. Después, su uso se extendió a los hogares a través aparatos como las aspiradoras tipo Roomba. El ejército de Estados Unidos también ha estado usando robots. En China, se utilizan para cuidar niños: en las escuelas, revisan quiénes están enfermos y los canalizan hacia otras áreas.

Imagen 2. Escena de Rossum’s Universal Robots (A scene from R.U.R., showing three robots, 2006).

Si bien existen diferentes definiciones, para el Dr. Arkin los robots deben tener un cuerpo físico. Señala que algunos no son realmente inteligentes, como los que se usan en las fábricas: “se trata más de esclavos que repiten los mismos movimientos miles si no es que millones de veces al día”.

La relación entre ética y robótica

Los robots, comenta el Dr. Arkin, implican preocupaciones éticas y cada persona tiene una distinta perspectiva al respecto. Sin embargo, destacan dos cuestiones. Una es el uso militar, en especial, las armas letales autónomas, que han sido discutidas en la Organización de las Naciones Unidas (onu) por seis años. Las conversaciones no han llegado muy lejos debido a que no existe un acuerdo sobre los términos involucrados. Diversas agencias han llamado a una prohibición de esos tipos de armas, y hay entre siete y ocho países que no la apoyan, aunque todos promueven la discusión sobre el tema. La ley humanitaria internacional está basada en los convenios de Ginebra; el asunto relevante es valorar si los robots para uso militar cumplen con ella y si no lo hacen, qué necesitamos cambiar, en tanto que la regulación de la tecnología es importante para proteger la vida: debemos salvar a las personas inocentes que pueden ser asesinadas en el campo de batalla.

La segunda cuestión es lo que llama robótica de internet. Los robots se vuelven más íntimos; hoy podemos ver que la gente tiene discusiones con su teléfono. Los robots tienen el potencial para involucrarse en relaciones cada vez más cercanas con los seres humanos. Pueden ayudar a incorporar a niños con autismo a la sociedad, por ejemplo. En este caso, los robots sirven como peldaños para que los chicos se relacionen mejor con seres humanos. Por otro lado, no tenemos que preocuparnos por los robots sexuales: la gente ha usado juguetes y artefactos sexuales desde el principio de la humanidad, ya sea con piedras, palos u otros objetos. El riesgo es atribuirles agencia, empezar a preocuparse por ellos al tiempo de dañar relaciones humanas, aunque muy pocos hablan de ello. Existen diversas preguntas que podemos plantearnos: en caso de que una persona se involucre en relaciones íntimas con un robot, ¿se trata de adulterio?, ¿de bestialidad? ¿Podría casarse con un robot? No tenemos respuesta a estas preguntas, pero debemos tener estas conversaciones y alejarnos de la vergüenza que con frecuencia el tema provoca. Existe un mercado importante para este tipo de máquinas, incluso si sólo se trata de la centésima parte del uno por ciento de la gente: esa cifra es aún muy grande.

Imagen 3. El río Whanganui en la isla norte de Nueva Zelanda (Shook, 2005).

Las respuestas a cuestiones de orden ético obedecen a diferentes factores. Por ejemplo, cuando uno pregunta sobre el aborto o la pena capital, ¿cuál es la respuesta correcta? Depende de a quién se le plantee, en qué año, cuál es su religión… Así, distintos marcos y diferentes culturas conducirán a una variedad de respuestas. Ello nos dirige hacia la agencia moral y los derechos de los robots. La gente tiene agencia moral y es responsable de sus acciones. Cada persona tiene libre albedrío, o al menos eso piensa, para poder realizar sus elecciones y ser responsable de ellas. Los robots no lo tienen y probablemente carezcan de ello por mucho tiempo. Por esa razón, el Dr. Arkin considera que los robots aún no deben tener derechos. Sin embargo, los derechos pueden atribuírseles: por ejemplo, hay un video de un robot P.N., un robot dinosaurio, que está siendo golpeado y torturado. Empieza a retorcerse y a emitir chillidos, lo que lleva al espectador a sentirse incómodo, aunque en realidad el robot no está sintiendo nada. La cuestión es: ¿se está maltratando al robot en esas circunstancias? Para Arkin, el asunto relevante es el impacto que tiene en la persona que lleva a cabo la acción, más que el robot en sí mismo. Si una persona piensa que está afectando los derechos y concluye que eso está bien y luego traslada esta situación a los seres humanos, resulta potencialmente problemático. Por otro lado, el Dr. Arkin no desea que los robots sean esclavos ya que esto pudiera tener como consecuencia regresar a la percepción que la humanidad tenía hace mucho tiempo sobre la esclavitud, lo cual, evidentemente, no es deseable.

Imagen 4. Sophia, la primera robot con ciudadanía (ITU Pictures, 2018).

Se trata de lo que los derechos buscan lograr, indica. Por ejemplo, existe un río en Nueva Zelanda que tiene derechos (ver imagen 3). La sociedad quiere protegerlo para combatir la contaminación. En otro orden de cosas, hay un robot al que se le concedió la ciudadanía en Arabia Saudita (ver imagen 4). Tiene los derechos que las mujeres en ese país no tienen. ¿Debemos hacer un juicio moral sobre ello? ¿Quién es la persona adecuada para decidirlo?

Otros usos de los robots

Existen algunos usos terapéuticos de los robots en casas de retiro, de tal forma que, si los padres o abuelos de una persona se encuentran en uno de estos hogares y le cuesta trabajo visitarlos, puede comprarles un robot. También hay uno que se usa con criminales, niños afectados o pacientes de la tercera edad que sufren de demencia o delirio severo. Esos robots aportan confort y actúan como mascotas o facilitadores sociales. Se ha demostrado que pueden reducir el estrés. El Dr. Arkin trabajó con hydro Sony, un perro-robot que recién se lanzó. Su propósito es ser un robot de compañía y ha sido muy exitoso, aunque resulta algo caro. En este sentido hay dos cuestiones importantes: su confiabilidad y su seguridad. Los robots no deben ser arreglados cada semana o cada mes, de la misma forma que uno espera no tener que llevar a su pareja frecuentemente al doctor. Uno quiere ser un acompañante, no un cuidador. En el caso de los robots, queremos que nos cuiden, no tenerlos que cuidar nosotros. En cuanto a seguridad, los robots de compañía nunca deben, desde luego, causar daño a los usuarios.

¿Qué hay de la guerra?

“Cuando nos preguntamos qué gana o qué pierde la humanidad al usar robots en las guerras, la respuesta más simple es: la humanidad no gana nada en la guerra. Punto”. El Dr. Arkin continúa diciendo que, desgraciadamente, la guerra ha persistido desde el principio de los tiempos. Son hechos establecidos que la gente se va a matar entre sí y que hay una forma de hacerlo, de ahí que se establecieran los convenios de Ginebra. Las revoluciones en los asuntos militares cambian la forma en que las guerras se conducen. Algunos ejemplos son los buques de guerra y los portaaviones. Los robots también cambiarán la forma en que peleamos (ver imagen 5).

Imagen 5. UGV talon Gen. IV (Swadim, 2018).

Los sistemas robóticos pueden prevenir pérdidas y daño colateral en general, si se usan de manera apropiada, en circunstancias específicas y equilibradas, y si se desarrollan y se lanzan al campo de batalla con cuidado y efectividad. Bajo esas condiciones, pueden aportar valor humanitario. En otras situaciones, sólo contamos con un arma más que contribuye al caos en dicho campo de batalla. Por ello, deben regularse: existe una necesidad de manejar controles de forma que quienes no combaten estén seguros. Hoy en día dichas personas mueren más que los combatientes, aunque tenemos la tecnología para reducir esos números. Existe el imperativo moral de lanzar esta tecnología para dicho fin.

La forma en que hemos manejado el pasado es a partir de la creación de leyes y regulaciones adecuadas, y de la criminalización de ciertos tipos de actividades. Sólo ha habido una prohibición preventiva proactiva. Se trata de los láseres que ciegan a las personas. Todos estaban de acuerdo en prohibirlos. ¿Por qué? ¿Qué sucede con esos soldados cuando regresan a casa? Hay que cuidarlos. Uno se pregunta si las naciones prefieren que se le dispare a una persona en los ojos antes que sólo cegarlos.

Los convenios de Ginebra incluyen la cláusula de mercado que nunca se ha utilizado, pero que establece que si un sistema de armas viola el dictado de la “conciencia pública” será prohibido. El problema es que nadie sabe cómo medir la conciencia pública de manera efectiva. El Dr. Arkin preferiría apoyar una moratoria, lo que significa: “no lo prohibamos aún, no lo lancemos en este momento, y quizá encontremos formas de utilizarlo en el futuro”. Considera que es más conveniente decidir si un sistema en particular o una misión en específico es aceptable. Si no lo es, debemos preguntarnos qué requiere para que pueda serlo o si debe prohibirse.

¿Y después?

Para terminar, el Dr. Arkin indicó que la gente se está haciendo más responsable. “Cuando comencé hablando de robótica en 2003 o 2004, quizá había una docena de personas interesadas en estas cuestiones. Ahora contamos con la asociación profesional más grande, de alrededor de 40 mil miembros, en las áreas de computación e ingeniería electrónica. Aportaron las Iniciativas globales de ieee sobre ética de sistemas inteligentes y autónomos. 2 Representa un esfuerzo para encontrar formas en que unamos las voces”.

Referencias

Recepción: 09/12/2019. Aprobación: 13/12/2019.

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Revista Digital Universitaria Publicación bimestral Vol. 18, Núm. 6julio-agosto 2017 ISSN: 1607 - 6079