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Vol. 23, núm. 4 julio-agosto 2022

Ferdinandea: origen y evolución de las islas volcánicas

Benedetto Schiavo, Thania Elizabeth Arredondo Palacios, Claudio Inguaggiato y Diana Meza Figueroa Cita

Resumen

Las islas volcánicas son estructuras que pueden tener diferente origen dependiendo el contexto geodinámico. Algunas están formadas por lava solidificada surgida de volcanes que originariamente se encontraban por debajo del nivel del mar. Sin embargo, existen otras clases de islas volcánicas provenientes de volcanes sumergidos que formaban parte de una dorsal centrooceánica. Otro tipo de islas volcánicas son las que están formadas por una placa tectónica que fluye por debajo de otra. La subducción crea una cadena de volcanes que, a medida que emergen, forman una cadena de islas. Un último tipo está formado por un punto caliente sobre el que se mueve una placa tectónica. En este trabajo se abordan ejemplos de los tipos de islas volcánicas y su evolución, y en específico se analiza el caso de la isla Ferdinandea, isla de origen volcánico situada en el sur del mar Mediterráneo (Sicilia, Italia), cuya formación y desaparición en el siglo xix desató un conflicto diplomático de unos pocos meses.
Palabras clave: islas volcánicas, montes submarinos, isla Ferdinandea, punto caliente.

Ferdinandea: Origin and evolution of volcanic islands

Abstract

Volcanic islands are structures characterized by different origins depending on the geodynamic context. Some volcanic islands are formed by solidified lava emerged from volcanoes that originally were below the sea level. However, there is other class formed from previously submerged volcanoes that were part of a mid-oceanic ridge. Another type of volcanic island is the one formed by flowing a tectonic plate beneath another. Subduction creates a chain of volcanoes that, as they emerge, form a chain of islands. The last type is formed by a hotspot on which a tectonic plate moves. In this paper examples of the types of volcanic islands and their evolution are addressed, and the case of Ferdinandea Island is specifically analyzed. It is an island located in the south of Mediterranean Sea (Sicily, Italy), whose formation in the 19th century sparked a diplomatic conflict that lasted a few months before its disappearance.
Keywords: volcanic islands, seamounts, Ferdinandea island, hotspot.

Introducción

Las islas volcánicas, también conocidas como islas oceánicas, son estructuras consideradas geológicamente excepcionales, que se encuentran en cuencas oceánicas y que se forman por erupciones de volcanes submarinos que se generaron en el fondo del océano (Condie, 2016). La erupción volcánica submarina acumula capas de lava, que en algunas ocasiones pueden romper la superficie del agua. Una vez que la lava llega a la superficie, se solidifica y se forma una isla volcánica (ver figura 1).

Esquema estructural de una isla volcánica

Figura 1. A) Esquema estructural de una isla volcánica. B) La isla de Vulcano, Eolie, ubicada al norte de Sicilia (Italia).
Crédito: Claudio Inguaggiato, 2012.

La más famosa isla volcánica que se formó en las últimas décadas es la isla de Surtsey (del nombre de un gigante de fuego en la mitología nórdica), que apareció en 1963 frente a la costa sur de Islandia (Schipper et al., 2015). Se originó por una erupción freatomagmática (también llamada surtseyana), es decir, un tipo de erupción donde el magma y el agua entran en contacto y provocan violentas explosiones (Houghton et al., 2015). Otros ejemplos de islas volcánicas de origen reciente y que sobrevivieron a la erosión del agua y el viento son: i) Nishinoshima y Nijima, formadas en 1974 y 2015 respectivamente (ambas cerca de Japón); y ii) Zubari, isla Yemenita que surgió en 2013.

Las islas volcánicas pueden ser caracterizadas por diferentes tipos y niveles de actividad volcánica: desde i) activa o intermedia, como las islas Hawái, localizadas en el océano Pacífico; hasta ii) un vulcanismo considerado extinto, como el caso de Rapa Nui (isla de Pascua), territorio chileno ubicado en la Polinesia, en medio del océano Pacífico. Las islas volcánicas que se elevan desde las profundidades marinas tienen diferentes tamaños, desde menos de 1 km2 hasta más de 100 km2; además, pueden tener arrecifes que se comportan como una barrera natural y poseer relieves montañosos con varias cumbres. En muchos casos, las pendientes elevadas y la densa cobertura vegetal (bosques tropicales) pueden limitar las posibilidades de uso de tierras y desarrollo comunitario (por ejemplo, carreteras, edificios, infraestructuras). Las comunidades que residen en una isla volcánica, que principalmente se desarrollan en la zona costera, están expuestas a varios riesgos, volcánico y costero, este último debido a la erosión. Las islas más grandes pueden llegar a tener ríos y ello involucra un riesgo adicional de inundaciones para las comunidades.

Desde hace varios años, la vulcanología se ha encargado de estudiar el origen de los volcanes submarinos, cómo éstos generan islas volcánicas y cómo evolucionan con el tiempo. La génesis de las islas volcánicas está relacionada con el contexto geodinámico y el aporte de magma en el tiempo (Plank et al., 2020). Sin embargo, el origen de las islas volcánicas está sujeto a anomalías de fusión del manto y a dinámicas relacionadas con los movimientos de las placas tectónicas.

En este sentido, la estructura interna de la Tierra (Jordan, 1979), descubierta mediante estudios sismológicos, está dividida en diferentes capas: i) la corteza terrestre y oceánica, que es la parte más externa, donde residen los seres vivos; ii) la litosfera, la capa exterior sólida de la Tierra, que incluye la corteza y el manto superior; iii) el manto, a su vez dividido en manto superior, intermedio e inferior, es considerado la porción donde se concentra la mayoría de la masa terrestre; y iv) el núcleo, dividido en externo e interno, caracterizado por diferentes estatus de la materia, líquido el externo y sólido el interno (Tarbuck y Lutgens, 2005; ver figura 2).

Estructura interna de la Tierra simplificada

Figura 2. Estructura interna de la Tierra simplificada en la que se aprecian las diferentes capas y espesores que la componen (corteza, manto, núcleo externo e interno). Las capas están divididas por discontinuidades: i) Mohorovicic (corteza – manto); ii) Gutenberg (manto – núcleo externo); y iii) Lehman (núcleo externo – núcleo interno).
Crédito: elaboración propia.

Los modelos para explicar el origen del magma de las islas volcánicas se propusieron desde 1970 y toman en cuenta varias hipótesis. Campbell y Griffiths (1990) presentaron un primer modelo convectivo, desarrollado en laboratorio, que sugiere la existencia de una capa límite entre manto y núcleo donde se origina el magma. Otro modelo, llamado de placas, atribuye a procesos superficiales extensivos (estrés tectónico) las anomalías de fusión (Anderson, 2000 y 2001). Los modelos más recientes (Koppers et al., 2021) sugieren la presencia de mantle plumes (plumas magmáticas del manto), regiones donde el magma profundo (a miles de km) asciende hasta la superficie. Además, los modelos tectónicos extensivos (dorsal medio oceánica) y compresivos (subducción) son también aceptados y están comprobados (Geología activa, 2020).

Formación de las islas volcánicas

La formación de una isla volcánica es un proceso complejo, donde entran en juego diferentes factores y procesos. Sólo recientemente se están conociendo más a fondo los mecanismos de formación, pero algunos procesos todavía no resultan totalmente claros. Las islas volcánicas pueden formarse de diferentes maneras, además de generar varios tipos de volcanes con distintas características eruptivas. Principalmente existen tres tipos de procesos tectónicos magmáticos para la formación de una isla volcánica (Foulger, 2007): i) extensivos (ej. Islandia; Denk et al., 2011); ii) compresivos (ej. Islas Eolias; Inguaggiato et al., 2018); e iii) intraplaca o punto caliente (por ejemplo, Hawái; Carey et al., 2015).

Los procesos extensivos generan islas que surgen entre dos placas tectónicas y que son la expresión superficial de la dorsal centrooceánica. La dorsal centrooceánica —por ejemplo, la Atlántica—, es una dorsal que se formó en medio del océano por el ascenso del magma y la expansión del piso oceánico. La anteriormente citada isla de Surtsey, localizada frente a la costa sur de Islandia, se originó por la tectónica extensiva típica de la dorsal mesoatlántica.

Los procesos compresivos se caracterizan por la subducción entre dos placas tectónicas, el ascenso de magma en superficie y la formación de islas volcánicas. En general, las islas originadas por procesos de compresión presentan fenómenos fumarólicos superficiales y submarinos, así como actividad hidrotermal. El magma de estas islas es generado por el descenso y fusión parcial de la placa tectónica.

El último caso es el magmatismo intraplaca, definido como una ruptura de la corteza donde el material magmático profundo del manto asciende hacia la superficie. Estos tipos de islas volcánicas se forman cuando una placa litosférica se desplaza arriba de un punto caliente, que se mantiene relativamente estable a lo largo del tiempo. Alrededor del mundo varios volcanes se formaron por la presencia de un punto caliente, por ejemplo, la isla Tristán da Cunha o las islas Canarias, ambas ubicadas en el océano Atlántico.

La isla Ferdinandea

La isla Ferdinandea es una particular isla volcánica ubicada en el mar Mediterráneo, al sur de Sicilia, Italia (ver figura 3). La isla se originó por los ciclos eruptivos de Empédocles, un volcán submarino en el canal de Sicilia (Lodolo et al., 2019), que se generó por la presencia de un punto caliente (Cavallaro y Coltelli, 2019). Un punto caliente (o hotspot, en inglés) es una ruptura de la corteza donde el material magmático profundo del manto asciende hacia la superficie. Estos tipos de islas volcánicas se forman cuando una placa litosférica se desplaza arriba de un punto caliente, que se mantiene relativamente estable a lo largo del tiempo.

Imagen histórica de la erupción del volcán Empédocles

Figura 3. Imagen histórica de la erupción del volcán Empédocles y formación de la isla Ferdinandea en el Mar Mediterráneo en 1831 (De Vito, 1831).

Los primeros registros históricos de la isla Ferdinandea datan de la Primera Guerra Púnica, siglo 3 antes de la era común (a.e.c.). La isla apreció y desapareció entre 4 y 5 veces (según los registros históricos), y se registraron diferentes erupciones del volcán Empédocles desde el siglo xvii (Pantaloni y Console, 2017). Los primeros signos de actividad reciente de Empédocles fueron algunos choques sónicos y temblores percibidos el 28 de junio de 1831 por algunas poblaciones residentes en la costa de Sicilia y por la tripulación de un barco que navegaba cerca del volcán. Unos días después, los pescadores vieron hervir (burbujear) la parte del mar ubicada arriba del volcán submarino, además de encontrar peces muertos y percibir un fuerte olor a azufre. El 10 de julio de 1831, el capitán de un barco notó una columna de gases de unos 15 metros de altura que provenía de una pequeña isla de unos 4 metros sobre el nivel del mar. La noticia de una nueva isla se difundió primero por Sicilia y Nápoles, y luego por otras naciones. En pocos días la isla alcanzó los 20 metros de altura y los 250 metros de diámetro. Sin embargo, en unos meses alcanzó una altura de 63 metros y un diámetro de 4.8 km. La isla había aparecido en una ubicación considerada táctica para muchas naciones, principalmente para el control de las rutas marítimas (tráfico comercial y militar) a través del Mediterráneo (Pantaloni y Console, 2017; ver video 1).




Los británicos fueron los primeros en reclamar la isla, la llamaron Graham, pero el rey de Sicilia y Nápoles, Fernando ii (el mismo que le puso su nombre a la isla), lo consideró como un acto de invasión de las aguas territoriales sicilianas y envió una corbeta a reclamar la nueva tierra. Los franceses, así como lo españoles, mostraron interés por la nueva isla y la llamaron Julia, por ser julio el mes en el que apareció la isla. El conflicto, principalmente periodístico y diplomático, entre estas naciones duró por varios meses. Durante este período, la isla iba retirándose lentamente pero inexorablemente hacia el mar (Kozák y Čermák, 2010).

Lo anterior es porque la isla Ferdinandea estaba compuesta de material fragmentado y blando, sobre todo ceniza volcánica. Una vez acabada la erupción y el aporte de material por parte del volcán Empédocles, la isla no pudo soportar los efectos erosivos del viento y de las olas de mar. El cráter desapareció y lo único que quedaba era una isla plana y una colina de escorias con una elevación de 60 metros. En diciembre de 1831 la isla desapareció de los mapas y junto a la isla también tuvo conclusión la disputa territorial. La isla Ferdinandea apareció brevemente en 1863 luego de una pequeña erupción de Empédocles, pero actualmente se encuentra 7 metros bajo del nivel del mar.

El volcán submarino Empédocles y sus productos volcánicos fueron y están siendo estudiados por geólogos y geofísicos, revelando la presencia de varios cráteres monogenéticos (es decir, cráteres formados por una sola erupción). En los años 2000 una renovada actividad sísmica en la zona de la isla Ferdinandea dejó especular nuevos inminentes episodios eruptivos, pero dos años más tarde, en 2002, investigadores observaron una disminución de la sismicidad y de la emisión de gases volcánicos (Rotolo et al., 2006). Para prevenir futuras disputas en el caso del resurgimiento de la isla, buzos colocaron una bandera italiana en la cima del volcán (i geotv, 2013).

Conclusión

La mayor parte de la actividad volcánica de la Tierra, incluso la actividad magmática ubicada en las islas volcánicas, sucede en los límites de placas tectónicas, pero las excepciones son las islas formadas por la presencia de un punto caliente (anomalías de calor). El principio detrás de estos fenómenos es el mismo que el de la convección térmica: el material más caliente y menos denso tiende a subir, mientras que el material más frío y denso tiende a descender. Las erupciones submarinas que dan lugar a la formación de nuevas islas volcánicas son bastante raras y es aún más raro tener evidencia directa de ellas, lo que dificulta la comprensión de las razones del fenómeno. La isla Ferdinandea es uno de los diferentes casos de islas que sobrevivieron sólo pocos meses, a causa de la erosión, luego de su formación. En los últimos años, varios trabajos de investigación se han enfocado en el estudio de los procesos superficiales y profundo de la isla Ferdinandea, principalmente con técnicas indirectas, por ejemplo, métodos geofísicos y sismológicos.

Referencias

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Recepción: 09/08/2021. Aprobación: 19/05/2022.

Vol. 23, núm. 4 julio-agosto 2022

Esperanza frente a la emergencia climática

Guillermo Murray-Tortarolo Cita

Resumen

El cambio climático nos ha alcanzado. Como lo muestra el último reporte del ipcc, sus impactos ya son visibles en múltiples formas. La emergencia climática está sobre nosotros y se necesita de manera urgente un cambio de actuar, a nivel individual, nacional y global. Por suerte, este cambio ya ha comenzado a brotar en distintas formas: como una reducción de emisiones de gases de efecto invernadero; en una transformación en la dieta global, y en la sustitución de tecnologías viejas y contaminantes, por otras prometedoras. La conciencia global para hacer frente al cambio climático sigue aumentando y en este artículo te cuento dónde están los granitos de esperanza que nos indican que posiblemente logremos modificar el catastrófico rumbo que llevamos hasta ahora.
Palabras clave: cambio climático, gases de efecto invernadero, tecnologías limpias, dieta global, reducción de emisiones.

Hope to face the climate emergency

Abstract

Climate change is now upon us. The last ipcc report clearly shows the plethora of measurable impacts that have already occurred. This climate emergency pushes for an urgent agenda of individual, national and global actions. Luckily, it seems that the first steps for this change in actions are already occurring: from national reductions in greenhouse gas emissions, to changes in global dietary arrangements, and the substitutions of old polluting technologies. These global measures are on the rise, shedding a light of hope: that we might be capable of shifting our current catastrophic course.
Keywords: climate change, greenhouse gases, green technologies, global diet, emissions reductions.

Un reporte desalentador

El pasado mes de julio fue publicado el más reciente reporte del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, mejor conocido como el ipcc, por sus siglas en inglés (ipcc, 2021). Este organismo reúne a todos los expertos de distintas áreas del conocimiento, para proveer al mundo de información actualizada sobre el estado del clima global. Cada siete años lanza este tipo de informes, que incluyen la revisión de miles de trabajos y conjugan a cientos de científicos. Es un labor inmensa, que además es revisada con lupa por más de diez mil personas de toda clase de áreas del conocimiento. Una verdadera obra de colaboración internacional.

El nuevo reporte es bastante devastador: el cambio climático ya nos alcanzó y, como sociedad global, estamos lejos de detenerlo. Hasta el anterior informe, publicado en 2013, todavía se hablaba del potencial impacto del cambio climático; ahora la narrativa es totalmente distinta y se hace énfasis en los eventos que ya estamos experimentando. Y es que hay de todo: ondas de calor más extremas, derretimiento de glaciares, cambio en los regímenes de lluvias, aumento de la intensidad y frecuencia de huracanes extremos, por mencionar algunos.

Yo como papá quedé muy impresionado. Soy consciente de que el clima que viví cuando era niño no será el mismo que experimentarán mis hijos, pero tengo plena confianza en que las cosas mejorarán, y es que muchas ya están cambiando. Tengo esperanza en que mis hijos podrán tener un futuro seguro, en el que la relación de la humanidad con la naturaleza y el clima mejore cada día.

En este artículo te voy a platicar de dónde vienen esos granos de esperanza y las oportunidades que esta enorme crisis climática plantea para nosotros como individuos y sociedad. Te contaré sobre los comienzos de este cambio y te hablaré de los esfuerzos que están llevando a cabo distintas naciones para cambiar el rumbo catastrófico del último siglo. Espero que para cuando termines de leer el artículo tú también compartas mi esperanza y propongas ideas para cambiar el mundo que te rodea y quién sabe…, con suerte también al país completo.

Un alto para los grandes emisores

El principal motor del cambio climático actual es el aumento en las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (gei). Cuando éstos se acumulan en la atmósfera, atrapan la radiación terrestre que quería escapar al espacio y la regresan a la superficie, como resultado, el planeta se calienta. Entre mayor sea la concentración de estos gases, mayor será la temperatura. Al haber más energía disponible, se aceleran los flujos hídricos (la evapotranspiración1 y la precipitación) y, junto con esto, también se modifican los patrones de lluvia, huracanes, etcétera. En otras palabras, cada gramo de dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) u óxido nitroso (N2O) que se escapa al cielo, significa un clima más impredecible y extremo.

La solución al problema pareciera muy sencilla: dejar de liberar estos gases a la atmósfera. Con eso dejaríamos de calentar el mundo y problema resuelto —a pesar de que las emisiones que ya hemos aventado a la atmósfera posiblemente sigan allí por muchos años más—. No obstante, esto significaría quedarnos sin industria, electricidad, transporte y básicamente todos los modos de vida de la modernidad. Tal parece que en la actualidad no podemos dejar de liberar gases de efecto invernadero sin afectar nuestro estilo de vida… ¿O será que sí podemos?

Todo es una cuestión de adaptación y mitigación, y muchos factores apuntan a que tal vez logremos reducir las emisiones. Aquí viene mi primer granito de esperanza: muchas de las principales naciones emisoras han logrado estabilizar e incluso reducir sus emisiones en la última década. Por ejemplo, Estados Unidos, que en su momento emitió hasta una cuarta parte de todos los gases de efecto invernadero, ha disminuido sus emisiones en 14%, hasta niveles no vistos desde 2000 (Feng et al., 2015; Hausfather, 2017). Lo mismo en Rusia, que emite 5% de todos gei, pues en la última década ha reducido sus emisiones en 7%. Asimismo, los países de la comunidad europea, responsables de 13% de todas las emisiones, son otra historia de éxito, al reducir en 21% sus emisiones desde 1990 hasta la fecha.

Si bien la victoria aún no es total, porque faltan naciones como India, China y Brasil, las emisiones en estos últimos países se están desacelerando lentamente (Ritchie y Roser, 2020). Con un poco de suerte, para 2030 veremos el pico máximo de emisiones anuales y de allí todo será cuesta abajo; de hecho, todos estos grandes emisores se han comprometido a una reducción de sus emisiones de entre 30-50% en esta década. ¿Quién sabe? A lo mejor en un futuro hasta logremos comenzar a remover parte del dióxido de carbono que ya lanzamos a la atmósfera. Mientras tanto tú también puedes ver que hace cada país, año con año, en la página del monitor global de carbono.

El principal motor de esta estabilización y reducción ha sido un cambio general en la política y la conciencia global. Las naciones han comenzado a apostar por el uso de energías alternativas (nuclear, eólica, solar e hídrica, principalmente) y se ha sustituido el uso de carbón —altamente contaminante— por gas LP —menos contaminante—. Sólo para darte una idea, en 1990 únicamente 6% de la energía global venía de fuentes limpias; mientras que en el último año esta cifra se ubicó en el 12.5% (un poco más del doble), de acuerdo con la revisión estadística de la energía mundial (2022). Si bien todavía nos queda un largo camino, la tendencia a la sustitución es muy clara.

Así, por ejemplo, en Estados Unidos, la industria y el transporte han disminuido su contribución a través del uso de motores y aparatos electrónicos eficientes, reduciendo hasta en 18% sus emisiones. De igual manera, se ha registrado una disminución en el consumo de energía en los hogares, que ha contribuido en una reducción de 12% en las emisiones totales. También China ha pasado de usar 4% de fuentes alternativas en 1990 a 12.74% en el último año, de manera particular, al desarrollar fuentes hidroeléctricas y de energía solar. Otros países con trayectorias similares son Australia, Brasil, Estados Unidos, Canadá y prácticamente toda la comunidad europea (si quieres revisar más, puedes consultar la página de nuestro mundo en datos. Lento pero constante estamos caminando hacia una verdadera sustitución energética. Pero esto no es la única buena noticia.

Menos bisteces y más verdura

El otro gran motor del cambio climático global es el cambio de uso de suelo. Este en realidad es un nombre elegante para decir destrucción de los bosques y hábitats naturales, para poner pastos y cultivos. En este proceso se emiten enormes cantidades de gei a la atmósfera. Y es que somos muchas bocas que alimentar y además nos gusta comer bien. No estamos felices con un cerealito o un taco de frijol; nos gusta comer una buena hamburguesa de 300 g de carne importada, con papas fritas y un enorme vaso de refresco —para darnos una idea, el número de restaurantes de hamburguesas de comida rápida se ha triplicado en los últimos 20 años a nivel mundial—. Pero la decisión de qué dieta seguimos tiene un gran impacto en el mundo, en otras palabras, no es lo mismo chutarse esa hamburguesa que elegir una opción vegetariana —o de pollo al menos—, como te explico a continuación.

El impacto que tiene sobre el medio ambiente un kilo de carne de res es exponencialmente mayor que el que tiene un kilo de cereales, frutas o verduras. Esto incluye elementos como el uso de agua, terreno y las emisiones de gases de efecto invernadero. Aun cuando comparamos a las vacas con el pollo o el cerdo, las reses son más contaminantes y perjudiciales para el ambiente. Por ejemplo, para producir un kilo de carne de res se necesitan 15,000 litros de agua, contra 6,000 para producir un kilo de puerco, 4,000 para uno de pollo, 950 en promedio para todas las frutas y sólo 350 para las verduras (Weber y Matthews, 2008). El área que se requiere es también mucho mayor, siendo hasta 25 veces más el espacio necesario para producir 1kg de carne de res que 1kg de maíz. Además, nos encanta poner vacas donde no deberían estar, como en las selvas tropicales del Amazonas o del sur de México, donde se deforestan preciosos hábitats para dar paso al pasto de forraje (Tilman y Clarck, 2014).

Como resultado, para producir un kilo de carne de res hay cinco veces más emisiones que para uno de pollo, puerco o pescado; tres veces más que para uno de fruta, y diez veces más que uno de cereales (Weber y Matthews, 2008). No es de sorprender que a raíz de lo anterior el ganado vacuno sea responsable de 62% de todas las emisiones de gei de la agricultura y la ganadería de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, mejor conocida como la fao (2022).

Nuevamente está claro que la solución es sencilla: reducir o eliminar nuestro consumo de carne de vaca. Por supuesto que aquí me dirás: “Oye, pero hace dos párrafos mencionaste el aumento en los restaurantes de hamburguesas. Eso no parece muy alentador”. Y te daría toda la razón. Pero la realidad es que, por suerte, el consumo de carne roja de muchos países se ha estabilizado e inclusive empieza a disminuir. Por ejemplo, en Estados Unidos, uno de los grandes consumidores de vacas —en su mayoría en forma de hamburguesas— ha reducido el consumo promedio por persona en 20% en los últimos 20 años. Países como Francia, España e inclusive los carnívoros argentinos o uruguayos también siguen una trayectoria similar, con reducciones entre el 10-30% en las últimas dos décadas (faostat, 2022). Si esta tendencia sigue con el mismo camino, es muy probable que en 10 o 20 años no necesitemos deforestar más bosques y hasta podremos comenzar a reforestarlos. Pero antes tenemos que seguir convenciendo a la población mexicana, uno de los pocos países donde el consumo de carne promedio por persona sigue aumentando cada año (Ritchie y Roser, 2017).

Esperanzas tecnológicas

Otro importante gramo de esperanza viene de los nuevos desarrollos tecnológicos. En la actualidad se están desarrollando toda clase de aparatos de uso energético más eficiente o que utilizan energía alternativa. Algunos ejemplos de las últimas décadas son los focos de led, los coches eléctricos y los motores de gasolina de tres cilindros. A gran escala también se ha dado un boom en el desarrollo de la arquitectura verde —por ejemplo, en México se ha disparado el uso de calentadores solares que disminuyen hasta en 80% el consumo de gas LP en los hogares (Rosas-Flores y Morillón Galvez, 2009)—, el uso de energía nuclear más eficiente —incluso a partir de desechos radiactivos—, y también el uso de biocombustibles sólidos y líquidos.

Pero lo más interesante es lo que potencialmente viene a futuro. Los avances en la tecnología de fusión nuclear son muy prometedores, por lo que podrían llevar a una profunda revolución energética global. Este tipo de energía, al contrario de la actual impulsada por la fisión, es completamente limpia y genera mucha más energía. El reto ha sido lograr crear reactores funcionales, pero esta realidad está cada día más cerca.

Asimismo, el uso de combustibles alternativos para la aviación es también, día con día, una realidad más cercana. En la actualidad, la aviación en todas sus formas —comercial, de productos y de pasajeros—, es responsable de 4% de todas las emisiones de dióxido de carbono globales y de 12% de todas las emisiones del transporte (Staples et al., 2018). Los motores a diésel necesitan enormes cantidades de combustible para poder surcar los cielos y con ello contaminan sin par la atmósfera. A raíz de ello, en la última década, se han creado grandes alianzas de investigación para desarrollar alternativas menos contaminantes. La noticia más prometedora es que el gobierno de Estados Unidos, principal consumidor de combustible para aviones, se ha comprometido a que para 2050 todo el combustible aéreo sea de fuentes alternativas.

El camino adelante

No cabe duda de que aún nos queda mucho camino por recorrer. Varios expertos mundiales han llamado al momento actual un momento “bisagra” para la humanidad. Esto quiere decir que como bien podemos destruirnos, si vamos en el camino correcto, podemos encontrar un equilibrio nunca visto con la naturaleza. El panorama actual, de acuerdo con el reporte del ipcc, no es nada alentador y hay mucho por hacer. Necesitamos frenar urgentemente las emisiones de gases de efecto invernadero, dejar de deforestar y destruir los hábitats además de cambiar nuestros estilos de vida —empezando por la dieta—, y comercio. El reto no es menor, pero de esto depende el futuro de nuestra humanidad. Y yo, como papá, confío en que lo lograremos. Hay un largo camino por recorrer, pero las semillas del cambio, esos granos de esperanza, ya están brotando.

Referencias



Recepción: 26/08/2021. Aprobación: 22/05/2022.

Vol. 23, núm. 4 julio-agosto 2022

¿Realmente comprendemos que estamos conectados?

Maura Pompa Mansilla Cita

Pareciera que todo el planeta es una red con circuitos y más circuitos, donde cada elemento o materia fuera nodos interconectado con otros: la naturaleza, desde sus organismos más fundamentales hasta los más complejos; el desarrollo y avance de la ciencia, para el estudio y comprensión de todo ello; los procesos sociales y sus implicaciones; las fronteras que nos separan, pero que también dejan de existir entre las personas. En el planeta que llamamos casa, suceden un sin fin de situaciones de forma simultánea. Si detuviéramos el tiempo un instante e hiciéramos un recorrido para echar un vistazo a lo que está pasando en este instante, la infinidad de experiencias, fenómenos, reacciones químicas, emociones, cambios, así como las interacciones y sus formas de ocurrir, etcétera, sería abrumadora y algo difícil de cuantificar; no obstante, es aún más complejo contarles sobre ello.

Así, en este número de la Revista Digital Universitaria presentamos un fragmento de esa diversidad de sucesos, procesos y reflexiones que suceden en nuestro planeta y que tienen relación directa con todos sus habitantes. Somos seres curiosos, complejos y llenos de reflexiones, afortunadamente los y las autoras de los artículos que aquí les presentamos no sólo son curiosos y curiosas, y con una gran capacidad de reflexión profunda, sino que emprenden el camino para explorar sus cuestionamientos y razonamientos, a la vez que toman la voz del activismo para visibilizar situaciones y fenómenos, nos comparten sus puntos de llegada, y, ¿por qué no?, también lo que podría ser su siguiente punto de partida.

En el primer punto de nuestra ruta nos encontramos con un artículo que ya nos invita a reflexionar sobre nuestro lugar en el mundo y su perspectiva a futuro. En “Esperanza frente a la emergencia climática” Guillermo Murray platica con nosotros sobre el cambio climático desde su conocimiento y perspectiva como investigador especialista en el tema, y también situándose en su papel de padre. El autor nos lleva a un recorrido por diferentes aspectos del cambio climático y en cada situación que parece empantanada o sin salida, nos va dejando granitos de esperanza, para así, al estilo Hansel y Gretel, poder encontrar el camino que nos ayuda a construir, mediante acciones asequibles, ese futuro esperanzador. ¿Hamburguesas, taquitos de pescado al pastor, enchiladas de pollo con frijolitos, o un buen plato de frutas o verduras?, éste es un ejemplo de las decisiones cotidianas que tienen mucho peso en el impacto que tenemos en el planeta, no puedes esquivar tu responsabilidad en ello.

A su vez, en nuestro extraordinario planeta existen estructuras geológicamente excepcionales. En “Ferdinandea: origen y evolución de las islas volcánicas”, Benedetto Schiavo, Thania Elizabeth Arredondo Palacios, Claudio Inguaggiato y Diana Meza Figueroa nos cuentan sobre ellas. Aquí se vale pensar “¡el piso es lava!”, pues algunas islas nacen del fondo del océano, en donde se formaron volcanes submarinos que al hacer erupción surgen de las entrañas del océano; bueno, no tal cual así, sino que las capas de lava que se forman una sobre otra llegan a salir a la superficie y nace una isla volcánica. Lucha de fuerzas para el nacimiento de un titán, los fenómenos involucrados en la conformación de un volcán que da lugar a una isla parecieran parte de una película de acción en donde las explosiones, olas gigantes, temperaturas extremas, cambios de estado físico tienen lugar para concluir con lo que aparenta una calma que origina y sustenta vida. En este artículo hacemos un viaje histórico a Italia, que parece llevarnos también al centro de la tierra, para contarnos el origen de una isla volcánica que aparecía y desaparecía dejando a los habitantes de las naciones colindantes en una disputa por hacerla parte de su territorio. Si quieres saber cómo, después de cientos de años, fue Italia quien la proclamó como suya, en este artículo lo averiguarás. Las imágenes y el salto digital a algunos videos lo hacen aún más interesante.

En seguida, nos situamos en México, y para quienes disfrutamos del deleite de los alimentos, éste es un escenario fértil para imaginar y comprender una parte del proceso que nos conecta del campo a nuestra mesa, pues el artículo “La zarzamora: un delicado tesoro del campo mexicano” es uno que se antoja mucho leer, ya que nos cuenta de este delicioso y delicado tesoro para el paladar y el país. Joel Ernesto Martínez Camacho, Claudia Gutiérrez Antonio e Irineo Torres Pacheco nos comparten que una buena parte del cultivo de este manjar natural se despide del lugar que las vio nacer y emprende el viaje a otros países. Desde su cosecha, estos pequeños frutos dependen de condiciones particulares que garanticen su óptimo estado durante su traslado hasta el último punto del proceso de comercialización. ¡Es casi como trasladar una pieza de un museo! Desde la agitación o vibraciones en el medio de transporte, la temperatura y humedad, la presencia de otros organismos, y su embalaje, todo influye en la conservación de sus propiedades, en una ventana de tiempo muy corto. Pero ¿habrá algo dentro de la delicada zarzamora que desde su conformación contribuya a las cualidades que ayudan a protegerla durante su crecimiento, y a conservarla durante su manejo y traslado? Ahí es donde los llamados elicitores juegan un papel determinante. Al leer este artículo conocerás sobre ellos, y lo que bien podrían ser los superpoderes que adquieren las zarzamoras cuando éstos entran en acción.

Y hablando de alimentos, dado que actualmente nos enfrentamos a tasas preocupantes de obesidad a nivel mundial y las autoridades de salud pública recomiendan limitar la ingesta excesiva de azúcares en nuestras dietas, los edulcorantes bajos en calorías o sin calorías pueden ser una herramienta útil. En el artículo “Edulcorantes no calóricos: ¿son recomendables?”, María Guadalupe López Velázquez, Nicolás Camacho Calderón, Liliana Olalde Mendoza, César Antonio Campos Ramírez y Ma. Elena Villagrán Herrera nos brindan información algunos de ellos, además de consejos para consumirlos adecuadamente sin que afecten nuestra salud.

Como ya hemos abierto la puerta al salón de las cantidades y porcentajes, el siguiente artículo viene bien para afinar nuestro conocimiento en el mundo de la estadística, pero desde un lenguaje de programación que cada vez se hace más presente. R, además de ser una letra del abecedario, es un lenguaje de programación estadístico, y en “El programa R: una estrategia inicial para su entendimiento y aprendizaje” Francisco Joel Jahuey Martínez, Jessica Beatriz Herrera Ojeda y Francisco Alejandro Paredes Sánchez nos hablan sobre ello. Al ser de acceso libre o gratuito, se ha convertido en una de las principales plataformas para realizar análisis estadísticos y big data. Así, en este texto nos acercamos a este lenguaje, con la posibilidad de adentrarnos en su uso tengamos o no experiencia en programación. Lo primero es aprender a emplearlo, es decir, a comunicarnos directamente con el programa a través de códigos y comandos, usando una computadora y en términos de funciones. Parte importante es saber encontrar y usar las funciones, así como generar estructuras para almacenar datos, y en esta lectura encontrarás todas las herramientas para hacerlo. Los autores dan un paso más y nos ayudan a familiarizarnos aún más con R al proporcionarnos ejemplos y alternativas para ir practicando su uso, incluso si no contamos con una base de datos para comenzar.

Tal como esta sección de la Revista lo indica, la variedad de artículos dentro de ella nos permite dar el salto del lenguaje de programación con uso estadístico a hablar sobre “Armas moleculares bacterianas: el sistema de secreción tipo 3”. Aunque el título de este artículo nos puede hacer pensar que las bacterias son motivo de alerta y preocupación, los autores, Luis Fernando Montelongo Martínez y Miguel Cocotl Yañez, nos aclaran que no es necesariamente así y que, de hecho, muchas de ellas son benéficas para el ser humano. El asunto está en que existe un tipo de bacterias que pueden organizarse para ocasionar una infección y activar sus armas moleculares, todo se centra en sus sistemas de secreción. La clave aquí son las exotoxinas, moléculas que secretan las bacterias y resultan dañinas para nuestras células. Son ellas las que ocupan el lugar protagónico al ser el blanco terapéutico en el tratamiento de las infecciones. Y es que no hay que perder de vista que una de las epidemias más grandes de nuestra historia, la peste negra, fue causada por una bacteria. Por ello, es de suma importancia estudiar los sistemas de secreción de las bacterias, y en este caso los sistemas de secreción tipo 3. Algo que resulta muy interesante es que existen algunas bacterias que son naturalmente resistentes a algunos antibióticos, por lo que el estudio de estos microorganismos, y la forma en la que interactúan con nosotros, rebasa la mera curiosidad, ¡es más bien vital! Las imágenes y recursos que acompañan este artículo son realmente ilustrativos.

En la actualidad es difícil no notar el cambio en la temperatura ambiental, la cantidad de lluvia, y los fenómenos meteorológicos y vinculados a la salud de los ecosistemas que tienen lugar desde hace algunos años. Ya nos lo menciona el texto con el que abrimos este número de la revista, sin embargo, en algunos casos parece que el cambio climático todavía se pone en duda y que nuestras acciones cotidianas pudieran no estar vinculadas en lo absoluto con él. Es por eso que el artículo “¿Qué podemos hacer para afrontar el cambio climático en la zona costera?”, de Arely Anahy Paredes Chi, Laura Vidal Hernández, Diana de Yta Castillo, Alfonso Cuevas Jiménez y Isis Coral Hernández Herrera, resulta muy ilustrador en cuanto a la percepción que poseen estudiantes de educación básica sobre este fenómeno, así como sobre el importante papel que tienen, desde una edad temprana, en su visibilización y ser parte de las intervenciones para contrarrestarlo, al igual que el resto de la población. El artículo aborda la problemática en las zonas costeras y se sitúa principalmente en la península de Yucatán. La aproximación que hacen las autoras y autor es enriquecedora, pues se centra en la niñez, y ayuda a comprender qué sucede en nuestro entorno familiar, cómo concebimos lo que sucede a nuestro alrededor, y cómo es que esta cotidianidad se traduce en hábitos que contribuyen, o no, al cambio climático. Así, este artículo nos brinda acciones puntuales para contribuir a hacer frente al cambio climático, y sobre todo a tomar consciencia en nuestra parte para afrontarlo. En este espíritu curioso, dejamos aquí la pregunta que estas autoras y autor nos hacen en su artículo: “Y tú ¿qué estás haciendo para combatir los efectos del CC?”

Sin duda, la ruta que el ser humano ha trazado para abrirse paso en este planeta ha tenido consecuencias graves para las generaciones venideras. Una de ellas es el de la tala ilegal de árboles, un camino ilícito que va desde el bosque hasta los muebles. En el artículo “El palo de rosa: la tala ilegal y su comercio”, Euler Pedraza Ortega, Leticia Julio Catarino, Esteban Martínez Salas y Solange Sotuyo abordan la historia del palo rosa o granadillo, una especie que se encuentra en peligro de extinción; sin embargo, ésta es apenas una de las tantas problemáticas, también descubrirás lo que conlleva la destrucción de su hábitat y el modo de vida de las personas que dependen de estos bosques para su subsistencia.

Después de tantos temas macros, saltamos a lo micro: el estudio de la luz, que ha sido objeto de interés desde hace mucho, mucho, tiempo, pasando por el debate entre si estaba compuesta por partículas o si más bien era una onda, y el consenso de que al menos sí transmitía energía. Posteriormente se llegó al conocimiento de que en realidad cuenta con ambas propiedades (de partícula y onda), que transmite energía, y que además está formada por fotones. Con esto como preámbulo, el artículo “Pinzas o trampas ópticas: el fenómeno del atrapamiento óptico” nos adentra de una forma luminosa al universo de la observación de partículas. Mediante algunos artefactos y sus usos, Edgar Tonatiuh Santiago Lobato, Héctor Hugo Cerecedo Núñez y Patricia Padilla Sosa nos describen cómo es posible analizar una partícula y también moverla durante su observación. Además, nos comparten un video estupendo al respecto, en donde con una trampa óptica al acercar una partícula hacia el haz enfocado, ésta queda atrapada por unos instantes; es como si estuviera sostenida en el espacio, encandilada y maravillada por el haz. En cambio, al emplear las pinzas ópticas lo que sucede es que la partícula no se queda estática, sino que se mueve. Y una vez que se apaga el láser, el encanto termina y la partícula cae a causa de la gravedad. Existen muchas partículas que pueden ser observadas de esta forma, lo que hace su estudio algo muy emocionante. Sin duda te sorprenderás de saber qué son y para qué son útiles las trampas y pinzas ópticas, y el gran aporte que han significado en diversos ámbitos y disciplinas para ampliar nuestro conocimiento de los componentes fundamentales de la naturaleza.

Todavía en el mundo de lo micro, Raúl Acosta Murillo y Juan Carlos Castañon Baltazar son definitivamente una bandera para la biotecnología. En su artículo “Las tendencias, perspectivas, áreas y colores de la biotecnología” de la sección Continuum educativo, nos llevan por un recorrido de colores que visten cada una de las ramas de la biotecnología aplicada hasta el momento, y nos cuentan la historia y horizontes de cada una. Esta bandera de colores fue establecida en 2003 y ha ido añadiendo colores de acuerdo a los avances y desarrollos en la biotecnología. Así, para 2012 contaba con siete colores oficialmente. Hay que mencionar que ningún color, o tipo de biotecnología, ocupa un lugar más importante o es más necesario que otro, todos ellos son pieza clave para nosotros. El recorrido por el que nos llevan los autores comienza por el color blanco que refiere a la biotecnología industrial y termina con el café o del suelo, que se encarga del estudio de las plantas resistentes a sequías. Entre ellos están los colores: violeta (bioseguridad), azul (biotecnología marina), verde (biotecnología agrícola), amarillo (procesos que implican el uso de organismos vivos para la producción de alimentos), dorado (bioinformática y nanobiotecnología), y rojo (biotecnología médica). Al leer sobre cada color encontrarás cosas fantásticas e interesantes, pero sobre todo reconocerás su enorme importancia dentro de la biotecnología, y la forma en la que interactuamos y somos conscientes de la conexión que tenemos con lo que conforma la vida en este planeta.

Sin duda, la biotecnología ha sido clave para el estudio de la covid-19. En este sentido, es necesario resaltar la pandemia será un tema presente durante un largo tiempo. Tratar de comprender su gestación, su llegada, lo sucedido, lo latente y sus secuelas, ocupará gran parte de nuestra atención, como ya lo ha hecho hasta ahora. Esperemos que sea en un sentido más sanador y esperanzador, gracias a lo aprendido y a lo mucho que aún hay por comprender. Por ello, los siguientes dos artículos resultan piezas importantes para este número de la Revista.

Si bien la pandemia hizo aún más evidentes muchas diferencias y acrecentó desigualdades ya existentes, merece particular atención el caso que nos presenta la autora de “Educación intercultural bilingüe en una escuela amazónica del Perú, en el marco de la covid-19”. Sabemos que los procesos educativos fueron trastocados a consecuencia de la contingencia sanitaria, no cabe duda; sin embargo, en las comunidades cuyas condiciones difieren diametralmente de las de los centros urbanos y con acceso a otro tipo de servicios, sus habitantes vivieron una pandemia que tal vez no imaginemos, pero que no sólo es importante visibilizar, sino generar las estrategias, apoyos y mecanismos que las atiendan. Nila Vigil Oliveros nos habla desde la experiencia peruana, pero las similitudes con contextos y situaciones en otras latitudes hace que lo que nos comparte sea familiar e identificable en la propia realidad. La Educación Intercultural Bilingüe (eib) que tiene lugar en contextos indígenas ha sido objeto de grandes cambios en Perú. De acuerdo con la autora, la pandemia por covid-19 sacó a la luz la falta de atención pertinente por parte del gobierno hacia la eib, pues generalizó una estrategia educativa que no era aplicable para esa educación rural e indígena. Al hablarnos de la estrategia “Aprendo en casa”, se muestra con detalle, y a través de la experiencia de una docente, la realidad enfrentada por profesores y profesoras de covid durante la pandemia. La estrategia pretendía que el estudiantado se formara en casa a través de televisión, radio, dispositivos móviles y el uso de las tic; sin embargo, al igual que en muchos otros países, en zonas rurales y marginadas, el acceso a internet es escaso o nulo. De esta forma, la brecha, además de hacerse más honda y poner en evidencia una estrategia poco adecuada del gobierno en estas zonas, tuvo un impacto negativo y de retroceso educativo en dichas regiones. Se recupera la entrevista de una profesora de eib durante la pandemia en ustar “conectados” fue lo principal para la mayoría, donde en muchos casos los dispositivos fueron casi parte de nuestras manos y resolvieron la necesidad de la distancia, ¿cómo fue la experiencia de esta profesora y la de sus estudiantes? Estando ella confinada en su comunidad y sus estudiantes en otra, el panorama sin duda hizo echar mano de recursos y estrategias que les mantuvieran en contacto y aprendiendo. Además de ello, este artículo también nos comparte la forma en la que algunos niños y niñas indígenas aprendieron de un profesorado que sólo habla castellano.

Cerramos este número con un artículo que nos deja mucho por reflexionar: “Comunidades que son familias” nos hace recordar los meses previos al inicio de la pandemia, en los que, en México, los esfuerzos para reconocer y hacer visible a la comunidad lgbtq+, la organización en el trabajo sexual, las identidades no binarias, así como las marchas como la del movimiento 8M del año 2020, habían ganado un terreno sin precedentes, y las desigualdades habían sido expuestas como nunca antes. Luego, vino el confinamiento requerido por la emergencia sanitaria: las calles desiertas, el silencio, y pareciera que también el olvido, cuando servicios de salud, medicamentos y otros bienes se dejaron de abastecer; cuando los espacios de encuentro se quedaron vacíos, se perdieron trabajos, se forzó la permanencia en círculos familiares “homofóbicos o no afirmantes”. Todo ello también estremeció hasta sus cimientos la salud mental de muchas personas, y la violencia al interior de las familias escaló. Como si todo el activismo, los logros y su efervescencia hubieran quedado encapsulados en una burbuja detenida en el tiempo. Entre todo ello, la soledad y la falta de contacto a causa de “quedarnos en casa” encuentra un cobijo, un rayito de luz que acompaña, en quienes son más cercanos a nosotros. Así, Jan de la Rosa nos invita a conocer cómo es su familia, aquella en donde los lazos rebasan fronteras y el corazón late encontrando su ritmo porque reconoce el del otro. Esas familias incondicionales donde uno entiende lo que es encontrar un lugar seguro y siempre tener brazos abiertos, o en tiempos de pandemia, unos ojos que leen y responden nuestros mensajes, unos oídos que escuchan atenta y compasivamente, una pantalla con un rostro y una voz que reconforta a la distancia. Pero son esas familias en donde al no haber un papel de por medio que valide la relación, al no existir una genética heredada o compartida, se imposibilita la presencia legal como lo haría un familiar, o cercanía en un espacio físico como un hospital, y eso tiene un efecto particular para quienes esa familia elegida lo es todo. La familia que uno escoge es así porque en ocasiones la de origen es fuente de rechazo, desaprobación, negación del ser, prohibición y maltrato; entonces, encontrar la propia se convierte en una especie de salvavidas y motivo de bienestar. El sentido de comunidad se torna aún más personal, más cercano, y más solidario. Este texto nos lleva a las entrañas del corazón, a un motivo de esperanza en la adversidad y a reconocer con quiénes luchamos hombro con hombro, nos acompañamos y también celebramos esta fiesta agridulce que es la vida.

Les invitamos a curiosear por este número y adentrarse en lo compartido. Aún más, a cuestionarnos si en verdad asumimos nuestra parte en esta red, y si realmente somos conscientes y comprendemos que estamos conectados. ¡A explorar se ha dicho!

Convocatoria
Número especial 50 Aniversario SUAyED-UNAM


La Revista Digital Universitaria (RDU), atendiendo a su propósito de divulgación del desarrollo científico, humanístico, artístico y tecnológico, así como a la recuperación de experiencias de los dos sujetos fundamentales en el proceso educativo: docentes y estudiantes

CONVOCA

a profesores, estudiantes, exalumnos, investigadores, profesionales e interesados del bachillerato en la modalidad a distancia, licenciaturas en la modalidad abierta o mixta, licenciaturas en la modalidad a distancia (en línea), especializaciones y maestrías en la modalidad a distancia (en línea), a compartir sus experiencias y procesos de enseñanza y aprendizaje, investigaciones, ensayos o proyectos y programas de desarrollo de la educación a través del Sistema Universidad Abierta y Educación a Distancia (SUAyED); y de la educación o el aprendizaje en línea, mixtos, abiertos o a distancia.




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Vol. 23, núm. 3 mayo-junio 2022

Cáncer de mama: tatuajes que reconstruyen

Tatiana Makandaxu, Rosa María del Ángel Martínez, Morgana Carranco y Jorge Hernández Castillo Cita

Resumen

Entrevista a la tatuadora Tatiana Makandaxu con el fin de conocer cómo surge la idea de hacer tatuajes regenerativos en las personas con cáncer de mama, la técnicas que utiliza para dicho procedimiento y descubrir, según su experiencia, cuáles son las implicaciones que traen a nivel emocional este tipo de tatuajes tanto para ella como para las pacientes.
Palabras clave: tatuaje, arte, expresión, cáncer de mama, mastectomía.

Breast cancer: tattoos that reconstruct

Abstract

Interview with tattoo artist Tatiana Makandaxu in order to find out how the idea of ​​doing regenerative tattoos on people with breast cancer arises, the techniques she uses for this procedure, and as to discover, according to her experience, what are the implications that his kind of tattoosbring on an emotional level to both her and the patients.
Keywords: tattoo, art, expression, breast cancer, mastectomy.



Entrevista a tatuadora Tatiana Makandaxu.

Sitios de interés



Recepción: 21/04/2022. Aprobación: 09/05/2022.

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Revista Digital Universitaria Publicación bimestral Vol. 18, Núm. 6julio-agosto 2017 ISSN: 1607 - 6079