Vol. 23, núm. 4 julio-agosto 2022

Comunidades que son familias

Jan de la Rosa Cita

Resumen

En este texto se hace una reflexión acerca de las dificultades y retrocesos a los que se enfrentó la comunidad lgbtq+ durante la pandemia por la covid-19. Asimismo, se resalta la importancia de la familia escogida.
Palabras clave: lgbtq+, familia escogida, pandemia, covid-19.

Communities that are families

Abstract

This text reflects on the difficulties and setbacks that the lgbtq+ community faced during the covid-19 pandemic. Likewise, the importance of chosen family is highlighted.
Keywords: lgbtq+, chosen family, pandemic, covid-19.


Nadie sabía lo que una pandemia le podría hacer a una comunidad ya precarizada, y cómo se iba a ver ésta después de la covid-19.

Quienes nos dedicamos a la incidencia y activismo pensábamos que en 2020 movimientos muy relevantes, como el #MeToo y la ola verde en el feminismo, ya estaban camino a la consolidación, con energía bien importante detrás, con posibilidades de ser un parteaguas y representar un cambio profundo. Que habíamos logrado derechos inalienables, perennes, y la visibilización de desigualdades por mucho tiempo ignoradas.

Así, los esfuerzos de reconocimiento y visibilización para comunidades como las infancias trans, las que se empujaron desde la organización en el trabajo sexual, las lenchitudes incluyentes y no binariedades, conquistaban terreno. Y luego todo se detuvo.

Lo que se cimbró primero y con gran gravedad fueron los servicios de salud para comunidades lgbtq+, lo que derivó en escasez de antirretrovirales y otros compuestos necesarios para tratamiento de vih, así como prep y hormonas. En algún momento también comenzó a registrarse desabasto en los que tienen que ver con la salud mental, sin fecha para regularizarse. Ya en el ojo del huracán pandémico, la comunidad lgbtq+ perdió espacios de reunión, celebración, seguridad y refugio, que no se pudieron sostener al no tener clientes, protección o estímulos de ninguna naturaleza. También se agravó la situación de inseguridad de vivienda, los despidos injustificados y falta de trabajo, cualquiera, al que se pudiera recurrir durante una crisis de esta naturaleza. La violencia doméstica se disparó, mientras la violencia simbólica que representó el estar obligades a permanecer en cuarentena con familias homofóbicas o no afirmantes, hizo mella en la salud mental de los miembros más vulnerables de la comunidad lgbtq+.

Se perdieron lugares seguros y con ellos, redes de apoyo. Con las redes cayó la salud mental y emocional; con la salud, pues, todo. Las cosas estuvieron muy mal.

Yo comencé a llevar un calendario de toda la gente a la que dejé de ver y desde cuándo. Para alguien que perdió a su familia sanguínea por violencia, y que depende de la familia escogida, padecer cada vuelo cancelado, cada infección desde lejos, y el saber que no teníamos hora ni lugar para volvernos a ver, fue horrible. La familia a la que pertenezco tiene miembros en múltiples continentes, y en diferentes estados de acompañamiento. Dependemos de momentos extraordinarios de reconexión para seguir adelante. Haber sobrevivido a la pandemia, y la precarización que representó, nos dejó muchas heridas.

Estas familias escogidas son conceptos amorosos y vitales, pero inoperantes en la vida diaria en situación de encierro, donde sólo compartir apellido o firmar contratos civiles se traduce en reconocimiento y respeto. Estas familias no pudieron entrar a hospitales, o viajar de emergencia, cuando alguien lo necesitó. Milagrosamente estuvimos pendientes de la salud mental y emocional de nuestros miembros siempre que nos fue posible: de lejos, por WhatsApp. Pero ahí siempre, ahí de alguna forma. Perdimos a muchos, ante la enfermedad, el suicidio, las adicciones, los corazones rotos. Sostener estos vínculos se volvió, en mi caso, la única cosa que me mantuvo viva durante lo más duro del confinamiento.


Y ahora nos toca reconstruir.


Los que quedamos tenemos que volver a comenzar. Cerramos filas cuando la porosidad de nuestros brazos entrelazados nos hizo vulnerables y es hora de encontrar motivos para no claudicar.

No somos las mismas personas; algunos perdimos más que trabajos, departamentos hostiles, parejas violentas o amores tóxicos. Perdimos parejas, abuelos, nombres y pronombres. Perdimos proyectos, oportunidades, anhelos y sueños.


Está en nosotros volver a empezar.


En una cena hace un par de semanas me encontré hablando de lo mucho y muy golpeada que la comunidad lgbtq+ fue durante la pandemia, cómo el privilegio fue la diferencia entre lograr superar las zozobras de la vida, y de cómo es más importante que nunca tener oportunidades de visibilizar todas nuestras identidades en junio, para pride. Creo que nunca había sentido una necesidad del orgullo como solíamos conocerlo, para agarrar energía suficiente para reconstruir y recuperar lo que ya era nuestro, pero que se borró a la primera. Es un asunto agridulce para alguien como yo, cuyas intersecciones son además parte del alma de mi trabajo y ordenan mi vida de formas vitales.

No recuerdo haber dicho nada específicamente inteligente durante la cena, pero a la hora de despedirnos, uno de los asistentes dijo que se quedaba, que se iba después, “porque no todos los días encuentras familia y éste es uno de esos días”.

Escucharlo fue transformador.


Somos familia.


Nos quedan momentos de serendipia e identificación para seguir construyendo familia, porque eso es lo que sabemos hacer.

Por eso vine al otro lado de la tierra: a ver crecer un cerezo, jugar lotería y tomar negronis con las personas que más quiero en el mundo, con las que comparto historias vitales que se extienden por más de 25 años, pero ningún lazo genético.

Lo hago porque cuando las personas que pueden ver todos los días a mi mejor amigo y lo conocen desde hace dos años dicen que nunca lo había visto reírse así, sé que el que yo esté aquí, para mí y él en la misma medida, tiene un valor que no puede ser expresado en números.

Así que aquí seguiremos, construyendo lazos más fuertes que nunca, brindando espacios seguros y nutritivos a nuestra comunidad, manteniendo estas familias que no se entienden ni visibilizan, pero que hacen toda la diferencia.

Busquen a los miembros de la suya, pasen lista, y asegúrense de que sus necesidades de seguridad, emocionales, financieras, de salud, estén cubiertase.

Luego salgan a reclamar y recuperar lo que nos quitaron. Hay mucho trabajo por hacer.

Sitios de interés

Vol. 23, núm. 2 marzo-abril 2022

Historias de alacranes

Clementina Equihua Zamora y Aline Angeles Cita

Resumen

Los escorpiones son depredadores interesantes y por su posible peligro para los seres humanos. En este texto se conocen diferentes aspectos de estos animales, desde su toxicidad hasta su evolución, y la investigación existente en la química de su veneno y sus potenciales aplicaciones.
Palabras clave: veneno, antiveneno, evolución, antiviral, agente antimicrobiano.

Stories of scorpions

Abstract

Scorpions are interesting predators, and because of their possible danger to humans. In this text, different aspects of these animals are discussed, from their toxicity to their evolution, and the research on the chemistry of their poison, for potential applications.
Keywords: venom, antivenom, evolution, antiviral, antimicrobial agent.

Un animal depredador acecha a sus presas. Espera con paciencia a que se distraigan o a que el viento esté a su favor y entonces atacan. Los desenlaces varían, los hemos visto muchas veces en los programas acerca de la naturaleza. Pero pocas veces observamos lo que pasa en nuestras propias casas.

Hace unas semanas, una noche, mi hijo nos mandó por WhatsApp una foto de unas pinzas de alacrán que se asomaban debajo de una tabla de su baño. No comentamos mucho. A la noche siguiente nos mandó otra foto igual: las pinzas asomando por debajo de la tabla. Y así por varias noches más. Un día mi esposo, que trabaja con animales dijo: —Está cazando.

Figura. Centruroides limpidus o alacrán de Morelos es uno de los alacranes venenosos en México.

En ese momento entendí que depredadores vienen en todos los tamaños y aprecié la grandeza del pequeño animal. Los alacranes son cazadores nocturnos y solitarios. Esperan en un lugar a que pase una cucaracha, cualquier otro insecto, incluso otro alacrán, o hasta algún pequeño vertebrado, como una lagartija, para tener algo que comer.

Los alacranes son artrópodos en el grupo de los arácnidos. En la historia de nuestro planeta, fueron de los primeros animales en colonizar la tierra. Hay dos grupos de artrópodos que conocemos muy bien: los insectos y los arácnidos, que incluyen a las arañas, las garrapatas y los alacranes.

La línea evolutiva de los insectos es básicamente de animales herbívoros y la de los arácnidos de depredadores. Una manera fácil de distinguir a los insectos es porque tienen tres pares de patas, antenas y alas. Los arácnidos tienen cuatro pares de patas y no tienen alas ni antenas.

Como dije, los artrópodos han estado por muchísimo tiempo en nuestro planeta. A principios de 2020 la revista Nature publicó el descubrimiento de un fósil de alacrán de hace 430 millones de años. El animal en el fósil demuestra que la morfología de los alacranes ha cambiado muy poco con el paso del tiempo, por eso se dice que son fósiles vivientes (Pérez Ortega).

Hay alacranes en casi todo nuestro planeta, con excepción de los climas extremadamente fríos del Ártico y la Antártida. Los alacranes no tienen ni garras ni dientes para cazar, pero sí pinzas y un aguijón que utilizan para inyectar veneno a sus presas e inmovilizarlas. Todos los alacranes poseen veneno, sin embargo, no todos son tóxicos para el ser humano, aunque sí duele el piquete.

En México hay alacranes en todos lados, desde el nivel del mar hasta altitudes superiores a los 2,500 msnm. En este país, se estima que hay casi 300 especies, de las cuales 21 son consideradas peligrosas para los humanos. Repito, los piquetes de alacranes no siempre son peligrosos porque la composición de su veneno varía, pero cuando llegan a serlo, pueden ser un problema de salud pública, ya que su neurotoxicidad puede provocar la muerte. Cuando son venenosos el grado de problema que ocasionan depende de la cantidad de veneno que inyectan y de las características de la persona: tamaño y estado de salud, por ejemplo.

En México Alejandro Alagón, investigador del Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam), ha estudiado animales venenosos, incluyendo alacranes, durante más de 30 años (ver video). En un artículo que publicó con su equipo en 2020 en la revista Toxicon, informa que, a pesar de que es frecuente encontrar alacranes venenosos en zonas urbanas del centro de México y en la región del Pacífico, el número de incidentes fatales se ha mantenido estable en los últimos años. Para darnos una idea, dice que durante la década de 1960 se reportaban al año más de 1,500 muertes por piquete de alacrán y desde principios de este siglo, se reportan menos de 50 muertes anuales. Reconoce que mucha de esta reducción en el número de muertes se debe a mejores servicios de salud y mayor accesibilidad a ellos (Chippaux et al., 2020). Pero también a que se ha avanzado mucho en el desarrollo de antivenenos, en los que él y su equipo de trabajo han jugado un papel muy importante.



Video. Investigaciones de Alejandro Alagón (TV UNAM, 2018).


Pero además del interés por conocer sobre el veneno de los alacranes y los compuestos químicos que lo acompañan para prevenir muertes por picaduras, un grupo de investigadores, turcos, daneses y brasileños revisa para la revista Biomedicines muchos estudios que pueden ser la vía para el desarrollo de nuevas terapias. Por ejemplo, mencionan que, a partir de los venenos de alacranes es posible el desarrollo de nuevos agentes antimicrobianos, de bioinsecticidas, de antibióticos más específicos y de medicamentos para combatir infecciones por hongos (Ahmadi et al., 2020).

Aún más, algunas investigaciones biomédicas de compuestos en el veneno de los alacranes están dirigidas a buscar alternativas para combatir enfermedades virales. Por ejemplo, un derivado del compuesto mucroporin, que se obtiene de la especie Lychas mucronatus, tiene actividad antiviral en contra de virus de arn, entre ellos, sars-CoV-1 y el de la influenza H5N1 (Ahmadi et al., 2020). Así, los autores del artículo “Scorpion Venom: Detriments and Benefits” hablan de otros posibles usos de los compuestos en el veneno de los alacranes, lo cual hace que más que desagradables los alacranes sean sorprendentes.

Bill, el alacrán del baño de mi hijo, dejó su escondite por ahí del quinto día. Ya no supimos más de él. Lo que sí nos dejó fue un pretexto para conocer más de estos pequeños visitantes de nuestras casas.

Referencias



Recepción: 20/07/2021. Aprobación: 17/02/2021.

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Revista Digital Universitaria Publicación bimestral Vol. 18, Núm. 6julio-agosto 2017 ISSN: 1607 - 6079