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Vol. 26, núm. 2 marzo-abril 2025
Número especial

Pesca y acuicultura: ¿cómo salvar nuestros mares?

Sergio Escárcega-Rodríguez Cita

Resumen

En los últimos 50 años, el clima de la Tierra ha cambiado drásticamente, y gran parte de la culpa recae en la sobreexplotación de nuestros recursos naturales. Este fenómeno ha afectado incluso a la acuicultura, que ha crecido rápidamente, pero a un alto costo para el medio ambiente. Para frenar estos impactos, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (onuaa), o más conocida como fao promueve enfoques como el Enfoque Ecosistémico de la Pesca (eep) y el Enfoque Ecosistémico de la Acuicultura (eea), que buscan una forma más equilibrada de gestionar estos sectores. En México, aunque ya existe legislación en la materia, es clave actualizarla para alinearla con estos enfoques globales, enfocados en la sostenibilidad. Adaptarse a estos marcos no sólo sería un paso hacia prácticas acuícolas más responsables, sino también una medida crucial para preservar la biodiversidad y garantizar un futuro más saludable para el planeta.
Palabras clave: acuicultura, sostenibilidad, pesca, biodiversidad, México.

Fishing and aquaculture: how to save our oceans?

Abstract

In the last 50 years, Earth’s climate has changed drastically, largely due to the overexploitation of our natural resources. This phenomenon has even affected aquaculture, which has grown rapidly but at a high environmental cost. To mitigate these impacts, the fao promotes approaches like the Ecosystem Approach to Fisheries (eaf) and the Ecosystem Approach to Aquaculture (eaa), which aim for a more balanced way of managing these sectors. In Mexico, although there is already legislation on the matter, it is crucial to update it to align with these global approaches focused on sustainability. Adapting to these frameworks would not only be a step toward more responsible aquaculture practices but also a crucial measure to preserve biodiversity and ensure a healthier future for the planet.
Keywords: aquaculture, sustainability, fishing, biodiversity, Mexico.


Rediseñar la regulación pesquera y acuícola

En los últimos 50 años, el planeta ha sufrido transformaciones que cambiaron las condiciones climáticas que prevalecieron durante más de 10 mil años. Esta alteración es consecuencia directa de la presión humana sobre los recursos naturales, que ha llevado a sobrepasar varios límites críticos para la sostenibilidad. Este desajuste pone en peligro los equilibrios de los ciclos biogeoquímicos1 a gran escala y, por ende, la viabilidad del capital natural, entendiendo esto como la biodiversidad global (b@unam, 2024); (Rockström, 2021).2 En términos sencillos, estamos arriesgando el futuro de la vida tal como la conocemos.

Es momento de actuar

La urgencia de tomar medidas para frenar el deterioro ambiental es cada vez más evidente. Es fundamental implementar estrategias que reduzcan el impacto negativo tanto en las prácticas productivas como en los hábitos de consumo, con el propósito de garantizar un futuro sostenible para las próximas generaciones y preservar el patrimonio natural. En este contexto, la acuicultura, que ha experimentado un crecimiento significativo en las últimas décadas, representa un sector clave que no puede quedar rezagado.

A nivel global, la fao ha promovido el Enfoque Ecosistémico de la Pesca (eep) y el Enfoque Ecosistémico de la Acuicultura (eea)3 (Andrade Pérez y Shepherd, 2006), resaltando la importancia de marcos regulatorios más amplios para la gestión sostenible del sector. Estos enfoques, formalmente introducidos en el sector pesquero a través del Código de Conducta para la Pesca Responsable (fao, 1995), integran aspectos ecológicos, sociales y económicos esenciales para la sostenibilidad y gobernanza4 del sector (onu, 2024). Su meta es lograr que la pesca y la acuicultura se desarrollen sin comprometer la salud de los ecosistemas ni el bienestar de las comunidades que dependen de ellos.

Desde 2006, la fao ha trabajado en la consolidación de un enfoque ecosistémico para la acuicultura, y en 2011 estableció lineamientos específicos para su implementación (fao, 2011). La adopción de estos principios ha demostrado que es posible integrar sostenibilidad y productividad (fao, 2018). Un ejemplo de ello es el cultivo intensivo de peces en sistemas suspendidos (Figura 1).

Cultivo intensivo de peces

Figura 1. Cultivo intensivo de peces en sistemas suspendidos.
Crédito: Panorama Acuícola (2019).

Los pilares del enfoque ecosistémico

Cuando hablamos del Enfoque Ecosistémico de la Pesca (eep) y el Enfoque Ecosistémico de la Acuicultura (eea), no estamos sólo describiendo un conjunto de normas técnicas. Estas directrices de la fao proponen un proceso participativo de ordenación, en el que se incluyen diversas voces de la sociedad: gobiernos, académicos, productores y comunidades. Todo esto debe estar adaptado a los riesgos propios de la pesca y la acuicultura. Entre las características más destacadas de estos enfoques, encontramos:

  • La participación activa de todas las partes interesadas en cada etapa de la planificación y aplicación.
  • Un análisis exhaustivo de los elementos clave del sistema de pesca o acuicultura: lo ecológico, lo social, lo económico y la gobernanza, todo visto desde una perspectiva global que también considera factores externos, como el cambio climático.
  • Toma de decisiones basada en los mejores conocimientos disponibles, tanto científicos como tradicionales, impulsando evaluaciones de riesgo.
  • El diseño de planes de ordenación específicos para diferentes zonas o sistemas, con límites claros que faciliten su implementación efectiva.

Para su implementación efectiva, se requiere un ciclo de ordenación que incluya planificación, ejecución y retroalimentación para ajustar el marco regulatorio ante nuevos desafíos. En este sentido, las figuras de gobernanza, como los Consejos Nacionales de Pesca y Acuicultura que operan en México y otros países, juegan un papel crucial.

Cambio climático: el gran desafío

El eep y el eea son herramientas fundamentales para mitigar los efectos del cambio climático en la pesca y la acuicultura. Al fortalecer la resiliencia5 del sector, se reduce su vulnerabilidad a eventos climáticos extremos (De Silva y Soto, 2009). Un ejemplo de esto ocurrió en México en octubre de 2023, cuando el huracán Otis impactó Acapulco con categoría 5 y vientos de hasta 300 km/h (Figura 2). Este evento subraya la necesidad urgente de establecer esquemas de adaptación que protejan a los sistemas de cultivo, como los que operan en jaulas flotantes en el mar (Escárcega-Rodríguez, 2020), especialmente en regiones expuestas a ciclones tropicales.

Impacto del huracán Otis en Acapulco

Figura 2. Impacto del huracán Otis en Acapulco, octubre de 2023.
Crédito: Domínguez et al., (2023).

Planificación espacial para un futuro sostenible

Uno de los pilares del eep/eea es la planificación espacial de la acuicultura, que debe equilibrar viabilidad económica con sostenibilidad social y ambiental. En especial, cuando se realiza en espacios compartidos, como el mar o cuerpos de agua naturales (fao y Banco Mundial, 2015). En este contexto, la fao ha orientado a muchos países en la planificación espacial, incluyendo la zonificación y la selección de sitios para acuicultura con una perspectiva ecosistémica (Aguilar-Manjarrez, Soto y Brummett, 2017). En México, por ejemplo, la identificación de ecorregiones marinas ha sido crucial para guiar el desarrollo y la planificación de la acuicultura.

EEP/EEA: avances y retos globales

A nivel global, se han logrado avances importantes en la aplicación de los elementos del eep/eea, que van desde la sensibilización de los responsables de la formulación de políticas y los interesados directos en materia de pesca y acuicultura, hasta el desarrollo de actividades de pesca y acuicultura rentables y generadoras de empleo, que sólo se logran con un enfoque integrado y sostenible para el aprovechamiento de los recursos acuáticos vivos y su entorno.

La proliferación de proyectos alineados con estos enfoques ha sido clave, promovidos tanto por organismos gubernamentales como por ongs dedicadas a la gestión de recursos naturales. Ejemplos destacados en América Latina incluyen el cultivo de camarón en el Golfo de Fonseca, Nicaragua, donde colaboraron empresarios, pescadores, universidades, ongs y gobiernos; y en Chile, la implementación de áreas de manejo integrado para la pesca y el cultivo de salmón en la región de Los Lagos (Soto y Jara, 2005).

Resulta alentador que el porcentaje de los países que adoptan el eep o un enfoque similar creció del 69% en 2011 al 79% en 2015. Sin embargo, el grado de adopción difiere entre las regiones. En América Latina, de destacarse, llega al 84% (fao, 2018).

México frente a la acuicultura sostenible

En México, los esfuerzos por aplicar los principios del eep/eea se reflejan en documentos como la Carta Nacional Acuícola (imipas, 2024), que define especies y zonas de cultivo, así como en lineamientos específicos de ordenación para distintas entidades federativas. Sin embargo, aún hay áreas pendientes, como:

  • Evaluación de la capacidad de carga de cuerpos de agua federales.
  • Desarrollo de tecnologías innovadoras para la producción sostenible de crías de peces diádromos6 (Pérez, 2018; Escárcega-Rodríguez, 2023).
  • Planificación adecuada para la gestión de la pesca y la acuicultura en cuencas hidrográficas y ecorregiones marinas (Figura 3).
Ecorregiones marinas de México

Figura 3. Ecorregiones marinas de México. Base para la planificación espacial de la acuicultura.
Crédito: CONABIO, (2022).

Es fundamental adaptar el cultivo de especies marinas y de agua dulce a la capacidad de carga de los ecosistemas, considerando incluso un enfoque regional. Esto cobra especial relevancia en los modelos intensivos, como el cultivo en jaulas flotantes de tilapia y bagre en cuerpos de agua continentales, o de pargos, pámpanos y corvinas en el mar. En estos casos, es crucial implementar mecanismos que mitiguen el impacto ambiental, principalmente el aumento de materia orgánica y nutrientes en los cuerpos de agua receptores.

Mirando hacia el futuro

Es fundamental profundizar en la aplicación del eep/eea en México. Aunque existe un marco legal amplio para regular y fomentar la pesca y la acuicultura, es necesario actualizarlo y adaptarlo a los criterios más recientes de la fao. La preocupación por la sobreexplotación de los ciclos biogeoquímicos y su impacto en la biodiversidad hace urgente esta adecuación. La conapesca, como autoridad en la materia, deberá considerar este reto dentro del Consejo Nacional de Pesca y Acuicultura, el principal mecanismo de gobernanza intersectorial para la sostenibilidad del sector.

Referencias



Recepción: 2023/10/09. Aceptación: 2024/10/08. Publicación: 2025/03/11.




Este es un artículo de acceso abierto bajo la licencia de Creative Commons 4.0.


Vol. 26, núm. 2 marzo-abril 2025
Número especial

La comunicación de la ciencia

Luis Estrada Cita

*Nota editorial

Este artículo fue publicado originalmente en el volumen 15, número 3, del 1 de marzo de 2014, en la Revista Digital Universitaria, pero debido a que su versión original ya no está disponible en línea, lo recuperamos y volvemos a publicarlo en el marco de los 25 años de la revista. El texto se presenta sin modificaciones de contenido, respetando la versión original.



Resumen

Se reflexiona sobre los conceptos de difusión, divulgación y comunicación de la ciencia, que no son lo mismo y suelen confundirse con el de periodismo científico. La comunicación de la ciencia es una acción “activa”, o en otras palabras un “ir y venir” de conocimientos, opiniones, críticas y aclaraciones. El diálogo que supone la comunicación de la ciencia intenta llamar la atención sobre algún tema relevante de la misma, entusiasmar por saber más acerca de una cuestión científica o inducir a buscar mayor información para entender mejor lo publicado. En fin, se trata de acercar al público al conocimiento científico para que, en alguna medida, se apropie de él y, en conjunto con divulgadores, científicos, maestros, museos e instituciones, participe de una cultura científica incluyente.
Palabras clave: Comunicación de la ciencia, divulgación, cultura científica, UNAM.

Science communication

Abstract

The knowledge society requires informed citizens with a basic scientific culture that allows them to make decisions and participate in matters related to science and its applications in order to improve their quality of life and move towards sustainable development taking into account local cultures and needs. Science museums have unique features and benefits to contribute to this task and become protagonist spaces within the community to which they belong. In this article ideas and proposals to develop the potential of science museums are shared. Some of the topics covered are: museums as hubs of a network of cultural and educational institutions; their relationship with the educational system; contents of museums and current needs; the balance between global and local knowledge, museums as an inclusive space for its community for life-long learning; museums and sustainability; evaluation as a tool for development; professionalism and research.
Keywords: Science museums, public communication of science, life-long learning, educational society, evaluation and research in museums.


Introducción

Aunque en los últimos años suele hablarse sólo de divulgación de la ciencia, se entiende que es una actividad inmersa en un proceso de comunicación que precisa estrategias diversificadas de acuerdo con el espacio y el público con el que se dialoga. Recuerdo la época en que laboré en el Centro Universitario de Comunicación de la Ciencia, antigua dependencia de la unam, antecedente de la actual Dirección General de Divulgación de la Ciencia. En ese entonces convenimos en distinguir tres actividades: la difusión, la divulgación y la comunicación. No sobra recordar que con la primera nombrábamos a la participación de conocimientos en los grupos dedicados a labores de ciencia, pensando que, al menos para fines prácticos, sus integrantes hablaban un lenguaje común. Las reuniones de las sociedades científicas emplean básicamente este tipo de interacción.

Con la segunda actividad, la divulgación de la ciencia, esperábamos llevar el conocimiento científico al público en general, pues suponíamos que éste podía no estar enterado de los temas a tratar, ya sea porque no había tenido la oportunidad de conocerlos o porque era necesario precisarlos, situarlos en un contexto apropiado o señalar sus consecuencias. En esta actividad siempre se supuso que el desconocimiento de un tema científico no se debía a alguna clase de incapacidad personal, pues mucho del público atendido eran niños y personal académico especializado en alguna disciplina diferente a la de los temas tratados. Las conferencias, las mesas redondas, los programas de cine y televisión, las exposiciones y salas de museos son algunos ejemplos de este tipo de actividad.

En el caso de la comunicación de la ciencia, lo esencial es el intercambio de conocimientos, el diálogo aclaratorio, la discusión de lo tratado, las sugerencias para su mejoría y la conversación profunda que ayude a la comprensión del conocimiento científico. Empleando el lenguaje ordinario diríamos que la comunicación de la ciencia es una acción “activa”, o en otras palabras un “ir y venir” de conocimientos, opiniones, críticas y aclaraciones. No sobra explicar que esta comunicación no requiere que todos sus participantes practiquen la misma disciplina o sean expertos en el tema tratado. Los seminarios, una actividad característica de los medios académicos, son el mejor ejemplo de una labor de comunicación de la ciencia.

Como podemos constatar, las condiciones actuales de nuestra universidad han reducido prácticamente las actividades mencionadas a una: la divulgación de la ciencia, la cual en muchas ocasiones se confunde con el periodismo científico. Siendo éste también una actividad importante en la propagación del conocimiento científico conviene precisar la distinción entre estas dos actividades. El periodismo científico busca mantener informado al público de lo que sucede en el mundo de la ciencia, y entre más pronto lo logre, mejor. Así podemos estar enterados de los nuevos descubrimientos y de sus autores, de la aparición de recientes productos derivados de la actividad de los laboratorios y de su eficacia o sus inconvenientes. Ejemplos de esta labor serían el anuncio del otorgamiento de un premio Nobel, de la aparición de un nuevo fármaco o la reseña de un acontecimiento, como un eclipse solar. Por otro lado, para la divulgación de la ciencia, llamar la atención sobre algún tema relevante de la misma, acometer un asunto es dar a conocer la sustancia y sentido de un resultado científico, entusiasmar por saber más acerca de una cuestión científica, inducir a buscar mayor información para entender mejor lo publicado, en fin, acercar al público al conocimiento científico para que, en alguna medida, se apropie de él. No sobra señalar que ambas actividades, periodismo y divulgación, tienen una frontera común y que son complementarias.



Imagen de bitácoras


La divulgación de la ciencia como una actividad de comunicación

Reduciré lo siguiente a la labor de divulgación de la ciencia y comenzaré por repetir lo muy conocido de su realización. Es claro que ésta dependerá de la acertada selección del auditorio. Cómo y a quién dirigirse —a los niños, a los estudiantes de determinado nivel, a los profesores de escuelas elementales o al público general— es algo que hay que definir de antemano y con claridad. Cabe señalar aquí que hay que considerar también en este rubro si se dirige a un auditorio presente, como sería el caso de las conferencias, o a uno distante, ya sea espacial o temporalmente, como sucedería en el caso de un capítulo de un libro o de un programa radiofónico. Otro factor importante en una buena labor de divulgación es la definición clara del propósito de cada actividad, aunque éste no se haga público. Partiendo de que una actividad de divulgación de la ciencia tiene como finalidad dar a conocer este conocimiento, entonces la presentación de ella será muy diferente si se quieren exhibir objetos de laboratorio, mostrar experimentos, atraer jóvenes a estudiar una carrera científica, borrar la imagen de que la ciencia es aburrida o sólo para personas inteligentes, convencer de que, al contrario, se trata de algo útil, difundir los logros de la investigación que se realiza en una institución o simplemente el divertir al público mostrándole efectos inesperados. El caso más notable de la importancia de este factor se presenta en los museos de ciencias en donde la claridad del objetivo de su labor es definitiva para su buen funcionamiento.

Hay mucho por decir acerca de qué hacer para lograr una buena labor de divulgación de la ciencia. Sin embargo, me referiré solamente a ésta como una actividad de comunicación, aunque no use ese término explícitamente. Así continuaré usando la palabra divulgación pues no quiero apartarme del modo usual de hablar, además de que hay que recordar que una buena divulgación está siempre respaldada por una vigorosa labor de comunicación de la ciencia. Lo primero es que esta divulgación es una tarea propia del quehacer de un medio dedicado al cultivo de la ciencia, como sería, en el caso de la universidad, el subsistema de la investigación científica, ya que para su buen funcionamiento requiere de la participación activa de los investigadores y profesores de ciencias.

Al reflexionar sobre la divulgación de la ciencia se llega inevitablemente al tema de la cultura científica. Es por esto que debo recordar que la cultura y la educación son temas inseparables ya que la primera es un resultado de la segunda y la educación se realiza de buena manera en un ambiente culturalmente propicio. Por ello, para hablar de cultura científica conviene aceptar que por ésta entendemos algo similar a lo que comprendemos al hablar de la cívica, la artística y otras “culturas” del hombre actual. Es evidente que la cultura científica, como otros asuntos educativos, tiene sus raíces en la escuela, aunque también es claro que no es ésta la única ni la mejor fuente del conocimiento científico. Las escuelas no pueden formar solas la cultura científica que necesita el ciudadano actual.

Es por tanto indispensable reforzar y complementar la labor de la educación en materia de ciencias, para lo cual debemos pedir ayuda a nuestros científicos avivándoles su responsabilidad social. Aunque algunos lo tomarían como una degradación, deberíamos convertir a muchos de nuestros investigadores, al menos por una buena temporada, en maestros. Es claro que esta conversión debería hacerse en forma ambiciosa, pues el problema a resolver no es de especialistas sino de formación humana. Necesitamos maestros de ciencias, maestros de maestros de ciencias, e investigadores de la educación en ciencias y de la cultura científica.

Comunicación para una cultura científica

Con la divulgación de la ciencia se busca acrecentar la cultura científica. Cultura con todas sus letras, es decir, algo vivo, orgánico, usual, con lo que las personas vivan y convivan. Científica también en un sentido profundo, que implique no sólo conocimiento sino una participación de la vida y la actitud, de la pasión y la crítica que las prácticas científicas conllevan. Como bien sabemos, la ciencia no es monolítica ni constituye un sólo método o una sola forma de pensar; es, sobre todo, la búsqueda por diversas avenidas de conocimiento sobre el mundo natural, sobre nosotros y nuestro entorno físico. Ciertamente es un conocimiento útil o hermoso, intrigante, inquietante, efímero, cambiante, o todo eso a la vez. Pero si algo proporciona la ciencia, más bien lo que he llamado la cultura científica, más allá de ese conocimiento, es una actitud, un cúmulo de herramientas críticas de pensamiento, que sirven para muchas situaciones. No es poca cosa aprender a apreciar de veras la posibilidad de dudar con fundamento, de enfrentar la verdadera ignorancia y de observar detalladamente la naturaleza, con la humildad del que suele equivocarse y lo sabe, y así logra valorar y utilizar lo que le ha servido para aprender a cometer cada vez menos errores.

La mayoría de las personas sólo ven los beneficios materiales que la ciencia ha traído consigo, pero pocas veces ven y constatan que en la actividad que la genera hay lecciones que brindan una inmejorable formación; sobre todo en un mundo en el que las personas tienen cada vez más que decidir sobre tantas cosas que les afectan, con realismo, precisión y responsabilidad. La ciencia enseña a pensar crítica y libremente, y ésta es una de las tareas formativas de la educación. Por esto es de primera necesidad en una sociedad plural y democrática poner esta disciplina al alcance de todas las personas, aunque no vayan a ser científicos.

Es urgente tomar conciencia de lo importante e inaplazable que es para un país generar su propia cultura científica, su manera de apropiarse del conocimiento científico. La formación de personal especializado de primer nivel es por tanto una prioridad para hacer una buena labor de divulgación de la ciencia. Hay que proceder de manera análoga a la que usan los artistas y su público para apropiarse del arte universal y convertirlo desde su lugar de origen en un hecho particular y propio, sin quitarle por ello su amplia validez. Reitero: la cultura científica es indispensable en la educación a todos los niveles y en otros ambientes donde se difunden las artes y las humanidades, pues para construir una ciencia propia se necesita que se divulgue.



Imagen de tubos de ensayo


Ciencia y comunidad

¿Qué queremos de nuestra ciencia? ¿Los logros científicos y los desarrollos técnicos son siempre benéficos? ¿En el marco general de sus intereses reales, qué prioridad tienen los diferentes proyectos de investigación para las distintas sociedades? ¿El costo de la ciencia es siempre y en todo lugar una buena inversión? ¿Es ético gastar en sofisticado equipo de laboratorio cuando los recursos económicos no alcanzan para las vacunas ni la comida? ¿En qué campos nos estamos distinguiendo y por qué? Y finalmente, ¿quién debe, y quién no, participar en las deliberaciones para contestar todo esto?

Ninguna ciencia va a ser mejor que la comunidad más amplia en la que está inmersa. Sólo donde haya educación y culturas científicas habrá provecho y sentido para ésta. La educación científica es anterior, no posterior al éxito de la ciencia. Como ciudadanos nos tocará asumir con mayor seriedad el entender y juzgar a las ciencias y sus vínculos con nuestra calidad de vida. Eso no lo podremos hacer si no establecemos y reforzamos una verdadera cultura científica, es decir, un ambiente de comprensión y aceptación, de crítica informada y respeto bien fundamentado, en el que no resulte esotérico estudiar, leer, platicar e interesarse por la ciencia.

Lo expuesto no es ninguna novedad, lo he señalado en diversas ocasiones y repetido en otras tantas conferencias. Tampoco es una producción original mía. Es un re- lato de algunos logros del esfuerzo que un grupo de divulgadores, especialmente del Centro Universitario de Comunicación de la Ciencia, hicieron para encontrar el sentido de su labor. En sus primeras conclusiones el esfuerzo quedó plasmado en el documento titulado La comunicación de la ciencia como una labor académica , que fue presentado por el personal del Centro Universitario de Comunicación de la Ciencia al Consejo Técnico de la Investigación Científica de nuestra universidad a principios de 1988.

Los divulgadores de la ciencia

Quien se enfrente a la genuina divulgación de la ciencia no sólo debe estar enterado del avance de la investigación científica, sino también comprender el significado de lo que ocurre: de dónde viene, a dónde se quiere ir y qué consecuencias se podrían tener. Todo esto a fin de poder integrarlo a la cultura personal. La divulgación de la ciencia apunta a capacitarnos para descubrir nuevas facetas del mundo que habitamos y relacionar constructivamente las perspectivas de las distintas disciplinas científicas. En síntesis, esta divulgación debe insertarnos en el esfuerzo que la humanidad ha multiplicado durante el siglo pasado para buscar un conocimiento objetivo del Universo, y hacernos conscientes de que ese conocimiento no nos excluye.

Por otra parte, la divulgación de la ciencia, como otras disciplinas modernas, es una labor especializada que hay que llevar a cabo. Hay que fundar y solidificar tradiciones propias de producción y consumo en torno a ella. En los países más desarrollados esto se ha hecho desde el siglo xx, y de un modo a veces espectacular en el xxi. Una buena divulgación en cada lugar, pese a transmitir o cuestionar a menudo los mismos conocimientos, está impresa también de su carácter local. Cada público, cada tradición cultural y cada idioma tiene matices y formas idiosincrásicas de percibir e interactuar con el entorno, que pueden y deben considerarse a la hora de construir puentes de comunicación. Calcar e importar técnicas es estéril e ineficaz.

La divulgación de la ciencia resultará efectiva siempre y cuando no constituya un pasatiempo marginal para los divulgadores, ni un simple agregado curricular para los científicos. Hay que enfrentarse a la solución de cuestiones concretas en cada caso. Se requieren trabajos específicos para asesorar, por ejemplo, a los maestros de primaria, secundaria o preparatoria en alguno de los temas que enseñen; para editar publicaciones científicas; para escribir el guión de una exposición o diseñar sus imágenes; para escribir distintos tipos de textos; para diseñar talleres para niños, adolescentes o adultos; para hacer un programa de radio o de televisión sobre algún tema científico, o simplemente para dar una charla sobre algún tema. La divulgación del conocimiento es un trabajo que debe tomarse con la seriedad no carente de sentido del humor con la que trabajan los científicos.

Los divulgadores de la ciencia no necesariamente deben tener un perfil similar entre ellos. A menudo, la variedad de talentos y habilidades hace que los grupos sean mucho más prolíficos y eficaces. Pero sí tienen todos que ser personas dedicadas seriamente a alguno de los aspectos de esta demandante labor. Reitero, una manera eficaz de efectuar una buena labor de divulgación es en la integración de grupos creativos de divulgadores capaces de responder a problemas locales y concretos; grupos que trabajen en museos, casas de la ciencia, revistas, radio, televisión, internet, parques o plazas públicos; grupos dispersos por todo el país, eficazmente intercomunicados y aprendiendo unos de otros, afín de que la ciencia se discuta, se difunda y se viva en todos los ámbitos y espacios disponibles.



Taller el Kamasutra de la Divulgacion Foto de Leonor Solis

Taller el Kamasutra de la Divulgación CIECO – UNAM. Foto: Leonor Solis.

La divulgación de la ciencia en México

El número de divulgadores en México ha crecido mucho. Hay un buen número de lugares de nuestra república en los que se realiza esta actividad y en los que se han constituido grupos para apoyar, organizar y efectuar esta labor, siendo el mejor ejemplo la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica (somedycyt). En la c hay varios institutos y dependencias que cuentan ya con personal dedicado a esta tarea. Otro logro relevante es la creación y realización de programas de formación de divulgadores, como los estudios de posgrado dedicados al aprendizaje de esa disciplina que ha iniciado la unam, así como los diplomados que ofrecen varias instituciones educativas. Todo esto es muy estimulante.

Sin embargo, hay que reconocer que en la mayoría de los productos de divulgación que llegan al público el conocimiento científico mostrado es superficial y a veces anacrónico. Algo similar puede detectarse en los programas de formación de divulgadores, por lo que muchos de ellos deberían anunciarse como cursos de aprendizaje de técnicas y métodos para la divulgación de la ciencia. Cabe señalar que un asunto en el que se hace mucho énfasis en tales programas es enseñar a escribir bien a los alumnos. Creo que lo que sucede es que dichas actividades de formación se diseñan tomando en cuenta sólo el sentido literal de divulgación que mencioné al principio, en vez de basarse en el profundo sentido de la comunicación.

Conclusiones y propuestas

Quizá lo más importante sea pensar en el futuro de la divulgación de la ciencia en nuestro país, aunque dicho futuro no parezca halagüeño. De esto, lo primero que hay que apuntar es que muchas personas, aun del medio científico, desdeñan tal actividad con lo que propician que su desarrollo se inhiba. Independiente de ello, algunos divulgadores proponen remedios para lograr un mayor crecimiento y una mejoría en la labor que nos ocupa, aunque casi todas esas propuestas están centradas en la consecución de un buen apoyo económico. Esos divulgadores piensan que eso se lograría emulando los caminos seguidos por los investigadores científicos, ya sea buscando la creación de un Sistema Nacional de Divulgadores, ingeniándose para allegar dinero proveniente de instituciones u otros simpatizantes de la ciencia, vendiendo proyectos relacionados con esa tarea y algunas cosas más. Yo difiero de esos caminos, pues, aunque me es claro que para realizar una buena labor de divulgación se necesita dinero, y mucho, estimo que el problema está en otro lado. Como he insistido, la ciencia, y por tanto su comunicación, es una parte de la cultura y ésta se produce y se desarrolla con la educación, educación entendida por supuesto en todos sus aspectos y niveles, principalmente en el superior. Es obvio que esto dificulta más el desarrollo deseado de nuestra actividad, ya que en México no parece haber solución cercana a los problemas educativos.

No hay que olvidar que vivimos en un país en el que no se valora el trabajo, por lo que para disponer de un salario razonable hay que buscar propinas, bonos o estímulos de alguna clase. También hay que tener presente que, en nuestro país, la autoridad no necesariamente se logra por tener conocimientos del campo que cubre el cargo a ocupar ni por alguna aptitud relacionada con tal puesto. En fin, estamos en un país en el que conceptos como democracia, solidaridad y excelencia académica han sido tergiversados, por lo que resulta muy difícil que se aprovechen las enseñanzas obtenidas del quehacer científico. El fuerte y prolongado esfuerzo para realizar una investigación es incomprendido y la belleza de lo descubierto de la naturaleza se pierde, ya que tiende a mostrarse con imágenes visuales contendientes con las empleadas en la televisión comercial.

Por otra parte, en nuestro país es cada vez más difícil saber qué sucede; cada día aumenta la desconfianza en la información y casi no hay credibilidad en lo que se difunde. Cuando se habla de conocimientos derivados del quehacer científico se encuentra algo parecido, y para ilustrarlo haré dos preguntas: ¿de veras creen que el desarrollo de la vida en la Tierra no fue programado?, ¿creen realmente que el Universo se expande? Noten que formulo mis preguntas esperando conocer creencias, pues difícilmente lo haría pidiendo pruebas, aunque éstas fueran leves y provisionales. Parece claro que, aunque la ciencia no provee verdades pero sí evidencias confiables para afirmar o negar algo, es necio ignorar sus enseñanzas. Es innegable entonces que, en esas condiciones, divulgar la ciencia es pedir peras al olmo. Sin embargo, no debemos cruzarnos de brazos.

Quiero presentar algunas propuestas para seguir adelante en nuestra labor. Para esto, lo primero que hay que hacer es reconocer que se han formado buenos divulgadores y que no hay por qué desperdiciar ese valioso capital humano que hemos ganado. Después debemos encontrar cómo seguir aprovechando la generosidad de los apasionados del conocimiento científico que están haciendo divulgación. Mucho ayudaría unir esfuerzos trabajando en equipo y así aprovechar mejor el “trabajar por amor al arte” que mueve a muchos de los divulgadores actuales. También convendría buscar tiempo para generar espacios de reflexión acerca de los temas de mayor interés y relevancia que contribuyan a mantener al día a los divulgadores.

Todo esto servirá más allá de preservar viva nuestra labor, aunque siga pareciendo que se trata de una actividad clandestina. El mismo esfuerzo funcionaría para formar nuevos y buenos divulgadores. Pienso que estas propuestas son viables ya que están basadas en la gran libertad que todavía tenemos para trabajar; libertad que nos invita a hacer todo lo que a nuestro juicio haya que hacer, aunque sólo sea el sustento de un grupo que busca la superación cultural. Proposiciones como estas, y otras similares que surjan de esos grupos de trabajo, serían una semilla que esperamos germine algún día y haga que nuestro país cuente con una genuina labor de divulgación de la ciencia. Pero, ¿hay posibilidad real de tal germinación o sólo se trata de un sueño? No niego que mis propuestas sean sólo un sueño; empero, en tiempos aciagos un sueño no es sólo un alivio sino también un estímulo. Quiero recordarles que hay muchos ejemplos en los que la renovación, la creación y la innovación de una obra humana han sido producto de un sueño.



Imagen de vasos de precipitado


Bibliografía

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Vol. 26, núm. 2 marzo-abril 2025
Número especial

Revista Digital Universitaria, un proyecto visionario que se adelantó a su tiempo: Víctor Guerra Ortiz

Adrián Estrada Corona Cita

*Nota editorial

Esta entrevista fue publicada originalmente en el volumen 11, número 12, del 1 de diciembre de 2010, en la Revista Digital Universitaria, pero debido a que su versión original ya no está disponible en línea, la recuperamos y volvemos a publicarlo en el marco de los 25 años de la revista. El texto se presenta sin modificaciones de contenido, respetando la versión original.



Resumen

La Revista Digital Universitaria (rdu) de la unam fue un proyecto visionario que transformó la manera de difundir el conocimiento en la era digital. En una época donde dominaban las publicaciones académicas en papel, la rdu surgió como una apuesta innovadora para compartir la producción científica y cultural de la universidad con el mundo. Bajo la dirección del Dr. Víctor Guerra Ortiz, esta iniciativa rompió paradigmas al adoptar un modelo de publicación arbitrado por pares, garantizando calidad y credibilidad en un formato completamente digital.

¿Cómo fue posible crear una revista de alto nivel en un entorno donde las publicaciones impresas eran la norma? ¿Qué desafíos enfrentó la unam al impulsar esta transformación? En esta entrevista, que recuperamos del año 2010 (en este 2025 la rdu cumple 25 años), el Dr. Guerra Ortiz nos sumerge en la historia de esta publicación, revelando anécdotas, retos y el impacto de una idea que, con el tiempo, demostró ser un paso imprescindible hacia el futuro de la comunicación del conocimiento.
Palabras clave: divulgación, difusión, publicación digital, inovación, internet.

Revista Digital Universitaria, a visionary project that was ahead of its time: Víctor Guerra Ortiz

Abstract

Revista Digital Universitaria (rdu) of unam was a visionary project that transformed the way knowledge is disseminated in the digital age. At a time when printed academic publications dominated, the rdu emerged as an innovative initiative to share the university’s scientific and cultural output with the world. Under the direction of Dr. Víctor Guerra Ortiz, this initiative broke paradigms by adopting a peer-reviewed publishing model, ensuring quality and credibility in a fully digital format.

How was it possible to create a high-level journal in an environment where print publications were the norm? What challenges did unam face in driving this transformation? In this interview, recovered from 2010 (as the rdu celebrates its 25th anniversary in 2025), Dr. Guerra Ortiz takes us through the history of this publication, revealing anecdotes, challenges, and the impact of an idea that, over time, proved to be an essential step toward the future of knowledge communication.
Keywords: popular science, dissemination, digital publishing, innovation, internet.


Con motivo del décimo aniversario de la Revista Digital Universitaria , acudimos en busca de su fundador, el Dr. Víctor Guerra Ortiz, para compartir con él el ejemplar con que estamos festejando una década de difundir el quehacer universitario en línea. Además de transmitirle nuestra satisfacción por el honor de acompañar a la rdu en su cumpleaños número diez, le hemos pedido que se introduzca en sus recuerdos para que nos cuente cómo nació la rdu al iniciar también el siglo xxi.

Revista Digital Universitaria: A finales de los noventa, ¿cuál era el escenario alrededor de las tecnologías de la información y la comunicación que permitió pensar en la creación de la Revista Digital Universitaria?

Dr. Víctor Guerra Ortiz: Situémonos a finales de los ochenta. A finales de esa década el doctor Sarukhán inició un programa de academización de la vida universitaria. Y academización quiere decir que cualquier decisión tomada iba siempre a estar organizada en torno a una mejor vida académica de la unam. ¿Qué quiere decir académica? Pues atender mejor a nuestros estudiantes; que salgan mejor preparados; desarrollar mejor investigación, y comunicar la cultura lo mejor posible.

En ese esfuerzo de academización la Universidad decidió que la comunicación de hoy, entendida como Internet, era un elemento estratégico para integrar a nuestra comunidad universitaria. Internet en todos sus aspectos: como un espacio para recibir información, para consultar información y también para publicar información. A veces alguien comentaba: “bueno, esto de Internet es nada más traer información del mundo exterior aquí”. ¿Y lo nuestro qué?

En ese de lo nuestro qué, nunca quisimos descuidar todos los aspectos, tanto la llegada, como la generación y la salida de la información. Y la creación de una revista universitaria formal, en todo el sentido de la palabra, era un proyecto que se tenía que hacer, ineludible. Era una respuesta a cómo podemos hacer que el mundo conozca nuestros investigadores, conozca nuestras investigaciones: cómo podemos hacernos famosos, en palabras más sencillas.

Esa comunicación al exterior tenía que hacerse de una manera seria. Por eso quiero decir que los artículos por publicar tenían que estar revisados por pares, como si fuera una revista científica de las tradicionales. Entonces ese era el contexto. Era un contexto en el que la Universidad apostó a invertir en cómputo y comunicaciones, y lo hizo tanto para conocer el mundo exterior, como para que el mundo exterior conociera a la Universidad. Los dos elementos con la misma fuerza y la Revista era un elemento importantísimo en esa estrategia.

RDU: ¿Editorialmente, en relación a los recursos, cómo eran las condiciones en ese entonces para arrancar la rdu?

VGO: Realistamente, era un proyecto visionario. Era un proyecto que se adelantó a su tiempo. Había que hacer una labor de acercamiento y dar a conocer al mundo académico de la Universidad la importancia de participar en el proyecto, porque la riqueza de la revista iba a darse únicamente con la participación decidida de los mejores académicos de la Universidad. Nuestro argumento es:

Creemos que es tan importante publicar en papel como publicar en Internet. Unos tienen alguna ventaja mayor sobre los otros, y viceversa.

Fue muy bien recibida por muchos de los mejores investigadores de la Universidad, quienes decidieron participar como réferis de las investigaciones y las publicaciones que en la rdu se iban a brindar.

RDU: ¿Cuáles eran los retos de la rdu en cuanto a la generación de contenidos?

VGO: Publicar en las revistas tradicionales requiere un esfuerzo importante, además de realizar la investigación que se va a publicar. Este esfuerzo radica en el sentido de que generalmente están saturadas de trabajos y hay que esperar muchos meses, incluso años, para que un artículo sea publicado. Además, hay que pagar por aparecer en esas revistas. Entonces, el que la Universidad o México tuvieran una revista arbitrada de alto nivel científico, era una salida para muchísimos investigadores que quisieran aprovechar esta oportunidad. Hay casos interesantes, simpáticos: un investigador del área de las geociencias publicó un artículo en la rdu. A los dos meses de la publicación vino a pedir que retiráramos su artículo. No sé que es retirar el artículo de algo ya publicado, pero, bueno, nos explicó que sus comisiones dictaminadoras lo iban a castigar por no haber publicado en papel y por haberlo hecho acá. En eso estábamos, cuando regresó otra vez a platicar con nosotros para decirnos:

no, no, no, no lo vayan a retirar, porque no tienen idea cuánta gente en el mundo ya está citando mis trabajos. Me he dado a conocer y aunque me castiguen, o no me castiguen, mis comisiones dictaminadoras por haber publicado en una revista digital arbitrada de la unam, ya me ha traído beneficios académicos importantes.

Entonces, cuento esta anécdota que muestra cómo en ese entonces se tenía que trabajar mucho para explicar la valía del proyecto. Los tiempos nos han demostrado que la Universidad tenía razón y que este es un momento muy importante que ninguna institución, que se precie de tener los rangos de la Universidad, puede prescindir.

RDU: ¿Qué otro significado tuvo para la unam la aparición de la rdu, además del editorial?

VGO: Bueno, pues era una cuenta pendiente de la Universidad con el mundo científico. Resultaría incongruente que una de las mejores universidades del mundo no tenga una de las mejores revistas arbitradas. Yo prefiero decir que la Universidad es buena y que lo que nos faltaba era una revista, y no al contrario. Ese fue el significado.

RDU: En el mundo de las publicaciones, ¿qué grado de aceptación percibe que tienen las revistas digitales ante las impresas?

VGO: He tenido la suerte de formar parte de cuerpos asesores de instituciones científicas de Estados Unidos, dedicados a la publicación de revistas científicas muy importantes. Hoy muchas de estas revistas se publican únicamente en formato digital. Llegaron a la conclusión de que al llegar las universidades a los noventa, las ventajas de publicar en forma digital en Internet por mucho excedían a sus desventajas. La publicación en papel resultaba ser ya un peso muerto para sus propósitos de difusión de la ciencia, a la mayor cantidad de personas posible y lo más rápido posible.

RDU: ¿Qué futuro tendrán las publicaciones digitales? ¿Llegarán a desplazar a las impresas?

VGO: Sí, por supuesto, siempre y cuando, cosa que está sucediendo, las revistas digitales tengan el mismo grado de revisión de lo que se publica en papel. Es como en un puesto de periódicos: puede haber cosas muy bien hechas de un gran escritor y puede haber muchas que no tengan ningún valor literario. Todo depende de los cuerpos de profesionales y de los académicos que hagan el arbitraje de las publicaciones. Se van a diferenciar muy claramente las bien arbitradas de las mal arbitradas.

RDU: ¿Qué opinión le merece a usted el cumpleaños número diez de la rdu?

VGO: Evidentemente me siento orgulloso de haber participado, porque no fui el único. Fueron muchísimos universitarios, entre ellos los investigadores de primer nivel, quienes dedicaron tiempo a participar en este proyecto. Pero también me siento muy orgulloso por todas las personas que siguieron manteniendo la revista, dándole continuidad para que hoy lleguemos a los diez años. Probablemente es más importante la labor que ellos hicieron, de mantenerla, que simplemente haberla hecho nacer.

RDU: ¿Tiene usted algo más que decirle a la comunidad universitaria, en relación con el ambiente de la publicación digital y la difusión del conocimiento?

VGO: Bueno, la unam fue precursora de Internet en Latinoamérica y en muchos lugares del mundo. Fue de las primeras instituciones, fuera de Estados Unidos, que empezaron a desarrollar y dar el servicio de Internet de manera generalizada en México, a promover su utilización. Hoy vemos con esta celebración de diez años, que las autoridades universitarias no solamente tuvieron la idea de desarrollar este proyecto, sino que también tuvieron la entereza y la seriedad de mantenerla a lo largo de los años. Ojalá que la Universidad siga ocupando los primeros lugares en este país en cuanto a desarrollo académico, científico y cultural.



Vol. 26, núm. 2 marzo-abril 2025
Número especial

25 años de la Revista Digital Universitaria: nuevo ciclo, misma pasión

Rosa María del Ángel Martínez, Morgana Carranco, Mario Alberto Benavides Lara y Ana María del Pilar Martínez Hernández Cita

Llega marzo y con él un número muy significativo, ya que ¡la Revista Digital Universitaria cumple 25 años! En este marco, quienes formamos parte de su equipo editorial queremos refrendar su espíritu universitario, que conlleva, entre otras cosas, el compromiso con la apertura a distintas y nuevas formas de conocimiento y su difusión. A lo largo de estos años, la rdu se ha adaptado a los nuevos tiempos. Surgida como la primera revista completamente digital de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam), su camino ha estado marcado por el cambio, no sólo tecnológico, sino también en los temas, realidades y formas de abordarlos.

En su devenir, este proyecto ha enfrentado diversos retos: desde mudarse cuatro veces de casa editora, pasando por consolidarse en los índices y bases de datos más importantes de revistas en Hispanoamérica, hasta la constante misión de mantenerse actualizada, tanto en las temáticas que publica como en la forma en la que lo hace. Para ello, además de la comunicación escrita, ha explorado otras narrativas, como el video, el pódcast y una ingente campaña de difusión cuyo objetivo es alcanzar audiencias cada vez mayores.

Desarrollo científico y tecnológico, biodiversidad y cambio climático, perspectiva de género y diversidades, derechos humanos y ética, salud pública y bienestar socioemocional, prácticas educativas y artísticas, transformaciones sociales y nuevos horizontes epistemológicos son, entre otros, los temas que durante este tiempo han poblado el espacio digital de la revista. Así, en un equilibrio entre la divulgación y la investigación, la rdu, junto con la pléyade de autoras y autores que han confiado en nosotros para dar a conocer su trabajo, ha dado cuenta de las principales preocupaciones a las que como humanidad nos enfrentamos.

Editar cada uno de los artículos que conforman los números y el trabajo que esto implica hasta su publicación es una labor que, además de pericia técnica, requiere una profunda pasión por lo que se hace. Mencionar la palabra pasión en una revista académica podría parecer contradictorio, al menos en la visión dicotómica que separa la razón de la emoción, pero creemos que no hay palabra más precisa para describir la entrega, el cariño y las horas dedicadas a este proyecto.


Imagen de celebración de los 25 años de la Revista Digital Universitaria

Con el afán de ofrecer contenidos cada vez más relevantes y pertinentes, aprovechamos para anunciar un nuevo ciclo para la Revista, que se reflejará, en primera instancia, en un cambio en su periodicidad: de bimestral a trimestral, lo cual se concretará a partir del siguiente número (mayo-julio-agosto). Estamos convencidas y convencido de que esta acción redundará positivamente en todos los procesos de la rdu, traduciéndose en una mayor calidad de los contenidos y en maneras innovadoras de llegar a los distintos públicos. Por ello, los invitamos a seguir consultando la Revista y a continuar enviando sus materiales.

Fiel a su estilo, en este número de la rdu, las mentes curiosas encontrarán un abanico de temáticas y formas de aproximarse a ellas que combinan vanguardia y coloquialidad, sugiriendo, como en cada número, un viaje que nos llevará desde los mares hasta los virus, y de los algoritmos a los avances en marketing y psicolingüística.

En la sección Impresiones, el artículo “Pesca y acuicultura: ¿cómo salvar nuestros mares?” plantea la importancia de generar legislaciones que coadyuven a transformar las prácticas de explotación de recursos marinos hacia formas sostenibles y de preservación de los ecosistemas. Por su parte, en Varietas el texto “Carbohidratos: ¿defensores o cómplices de los virus?” explica de manera clara los avances en la investigación sobre los mecanismos de infección de los virus en el cuerpo humano y cómo la alimentación influye en este proceso.

En otro segmento de temas más inspirados en la transformación de los procesos sociales, económicos y humanos se pueden encontrar tres artículos que amplían la mirada en la comprensión de la mente, el cuerpo y su vinculación con la tecnología. Así, el artículo “Optimización eléctrica: el poder de los algoritmos bio-inspirados” explora el afán humano de inspirarse en la naturaleza para replicar y encontrar la mejor manera de, en este caso, llevar la luz a nuestros hogares. Este texto hace un recorrido por diversos algoritmos que ejemplifican la eficiencia energética y el uso óptimo de los recursos, como los que se observan en la organización de los enjambres, el vuelo de las mariposas y las formas colectivas de caza de los chacales.

De la naturaleza pasaremos a la economía con el artículo “De lo tradicional a lo digital: el marketing mix en la era tecnológica”, que aborda cómo la publicidad ha cambiado con la cada vez más tecnologizada realidad en la que el objeto de consumo ya no son sólo bienes tangibles, sino también productos digitales. Por último, como parte de este segmento, se presenta el artículo “¿Por qué es importante incluir poblaciones poco estudiadas en la investigación psicolingüística?”, el cual es una invitación a reflexionar, a la vez que propone una llamada a la acción, en torno a cómo desarrollar estrategias más incluyentes en beneficio de poblaciones histórica y socialmente excluidas basadas en la evidencia más reciente en el campo de la psicolingüística.

El artículo “¿Qué hay en un número? explora el papel crucial de los números en la ciencia y la sociedad a través de tres relatos: la búsqueda de constantes universales, la primera colaboración científica internacional y la importancia de comprender ciertos números clave para la sobrevivencia de la humanidad. En el ámbito de la salud, “Muelas en apuros: historia del dolor dental” aborda cómo las enfermedades pulpares, como las causadas por caries, pueden generar un dolor intenso y difícil de aliviar debido a la estructura cerrada de la pulpa. En la colaboración, “¿Qué hay en el plato de la totoaba? Descubre su dieta con ciencia forense”, se utiliza la metagenómica para estudiar la dieta de la totoaba, un pez endémico de México, y se habla de cómo este conocimiento puede ayudar en su conservación. “Estas ratas que ves (y también las que no ves)” examina la relación entre ratas y humanos, resaltando cómo las ciudades ofrecen recursos que facilitan la vida de estos animales, mismos que generan daños a la infraestructura y crean riesgos para la salud. Para controlarlas, se requiere mejorar nuestra comprensión de su comportamiento.

Por último, a manera de celebración, en Itinerante, y con el afán de compartir con nuestros lectores el camino que nuestra querida rdu ha recorrido, y las metamorfosis que ha experimentado, destacamos una recopilación sobre la historia y misión de la Revista Digital Universitaria, que incluye una entrevista al Dr. Víctor Guerra Ortiz, fundador de la rdu; un artículo de Luis Estrada Martínez sobre la comunicación de la ciencia en la unam; y las editoriales “Revista Digital Universitaria de la unam: ¿Qué es más importante, el viaje o el destino?”, del Dr. Melchor Sánchez Mendiola, y “Mostrar y comunicar, misión de la Revista Digital Universitaria“, de la Mtra. Ana María del Pilar Martínez Hernández.

Cerramos esta editorial agradeciendo a las personas más importantes para nosotros: a las lectoras y lectores, autoras y autores, así como a las dictaminadoras y dictaminadores, quienes hacen posible con su trabajo cotidiano y sus lecturas e interacciones que la rdu continúe caminando y explore nuevas veredas. También queremos reconocer y agradecer al Dr. Melchor Sánchez Mendiola, quien encabeza nuestra casa editora, la Coordinación de Evaluación, Innovación y Desarrollo Educativos (ceide), por su amplia confianza y apoyo; a las y los miembros del Comité editorial, quienes con su acompañamiento y compromiso nos brindan un referente permanente; a la unidad de sistemas de la ceide, especialmente a los ingenieros Milton García e Isaac Aboytes, quienes con su profesionalismo hacen posible que la Revista se materialice en cada número; al área de publicaciones de la unam, que nos ha brindado su asesoría permanente, y a todas y todos los prestadores de servicio social que han hecho de la Revista, y al igual que nosotros, su casa y escuela, y que con su trabajo ayudan a dar forma a este proyecto.

Finalmente, al soplar las velitas digitales de esta cumpleañera, expresamos nuestro deseo de que la rdu cumpla, al menos, veinticinco años más, y que ustedes, apasionadas y apasionados lectores, sigan disfrutándola con nosotros.

Vol. 26, núm. 3 mayo-julio

Del laboratorio a la vida cotidiana: historias que transforman tu día

Diego Alatorre Guzmán Cita

Entre cerebros confundidos, curiosas ballenas, hongos dramáticos y robots científicos, el primer número trimestral de 2025 de la Revista Digital Universitaria nos invita a un recorrido amplio y diverso por la ciencia, reflejando un panorama que va desde lo íntimo hasta lo global, de lo visible a lo imperceptible, y que contempla problemáticas complejas atravesadas por factores socioambientales.

Cada artículo abre una ventana a mundos únicos, resultado del trabajo y la dedicación de equipos transdisciplinares provenientes de campos tan diversos como la geografía, la botánica, la inteligencia artificial y los sistemas de control de calidad. A través de sus páginas, se vislumbra la complejidad de vivir en sociedades contemporáneas como la nuestra, donde el conocimiento circula entre laboratorios submarinos, dunas costeras, cocinas, hospitales y centros comerciales.

Más allá de los tubos de ensayo, la ciencia se vuelve profundamente humana, moldeada por la curiosidad de quienes buscan respuestas y por historias que nos interpelan directamente. Por ejemplo, ¿qué relación hay entre lo que comemos, lo que sentimos y cómo actúa nuestro cerebro? En “Adicción a la comida: emociones, decisiones y un cerebro desajustado”, se exploran las conexiones entre emociones, cultura y decisiones alimentarias, revelando que el placer y el hábito muchas veces superan la fuerza de voluntad.

Otros artículos nos llevan a conocer la naturaleza desde perspectivas sorprendentes. “Ballenas amistosas: mejores prácticas para su avistamiento” nos recuerda la importancia de practicar un ecoturismo responsable, para no alterar los ciclos vitales de especies como las ballenas grises, que, atraídas por su curiosidad natural, se acercan a los barcos sin temor, pero dependen de nuestra protección para no poner en peligro sus vidas.

La migración de ballenas, la vida secreta de los hongos marinos o la interacción entre flores y polinizadores son abordados a través de aproximaciones innovadoras. En “Hongos marinos: amigos y rivales”, descubrimos cómo estos organismos establecen relaciones tan complejas como el mutualismo, el parasitismo y la competencia, claves para el equilibrio de los ecosistemas oceánicos, mientras que en “Una mirada a la duna y a sus flores de arena”, nos adentramos en las dinámicas de las plantas costeras y su conexión vital con los insectos que las polinizan.

También hay investigaciones que nos devuelven la mirada hacia la salud del planeta como un espejo de nuestra propia salud. La tolerancia bacteriana causada por el abuso de medicamentos —expuesta en “¿Y si los medicamentos que tomamos fortalecen a las bacterias?”—, los efectos del cambio climático en poblaciones vulnerables o los impactos de las malas prácticas turísticas, son ejemplos de cómo nuestras acciones cotidianas tienen consecuencias profundas.

En ese mismo sentido, “Dos generaciones universitarias: consumo riesgoso de alcohol durante la pandemia” analiza los efectos del aislamiento y las condiciones académicas en los hábitos de jóvenes universitarios, mientras que “Alegría que resiste: ecos de mujeres en la costa durante la pandemia” nos recuerda que el cuidado y la resistencia pueden tomar formas cotidianas, comunitarias y profundamente femeninas. La salud mental y emocional, junto con los lazos sociales, emergen como elementos clave para comprendernos en tiempos inciertos. Incluso artículos como “De la espiga al hisopo: ¿cómo se detecta la covid-19?”, nos enfatizan la importancia de contar con información clara para tomar decisiones informadas en momentos críticos.

Otros trabajos no sólo evidencian los problemas, sino que proponen formas de transformarlos. Desde la reflexión crítica sobre los sistemas de cuidado en “Cuidar la vida: desafíos y prácticas en tiempos de desigualdad”, hasta la defensa de la biodiversidad y el derecho a un turismo responsable, pasando por el rescate del conocimiento compartido como acto político. En este número, se exploran alternativas como la amistad como resistencia o la participación ciudadana en la ciencia, recordándonos que las soluciones también pueden venir desde lo colectivo.

En el campo tecnológico, se presentan propuestas aplicadas a la educación, la salud, la industria y el análisis científico. La inteligencia artificial, por ejemplo, se convierte en una aliada en “Cuando la inteligencia artificial escucha a las moléculas”, mejorando la precisión en el análisis molecular. Por su parte, “Empaques inteligentes y activos: al rescate de tus frutas y verduras” propone soluciones sostenibles que prolongan la vida útil de los alimentos, y “¿Y si pudiéramos ver el calor? Lo que no se ve, pero se siente” nos sorprende con las posibilidades de la termografía infrarroja para detectar lo invisible en contextos médicos e industriales. La innovación también llega al análisis del suelo, como se detalla en “Si el suelo hablara: claves para entender su salud y su importancia”, recordándonos que la tierra también necesita cuidado.

Y si lo que queremos es entender el planeta a gran escala, “Antártida: el continente que recuerda” nos transporta a los confines del sur, donde una expedición científica intenta descifrar los rastros de un pasado climático lejano, que puede decirnos mucho sobre nuestro presente y futuro.

Con este editorial te invito a mirar el mundo como realmente es: un enorme laboratorio en el que todos participamos, y a la ciencia como una herramienta vital para entendernos, cuidarnos y vivir mejor. Porque tus decisiones cotidianas —como elegir qué comer, cómo curar una enfermedad o dónde pasar tus vacaciones— están profundamente conectadas con un entramado mayor. Y aunque a veces los desafíos parezcan abrumadores, también lo son las respuestas que, día con día, vamos descubriendo. Desde el desarrollo de nuevas tecnologías hasta la revaloración de saberes ancestrales, la ciencia también está en tus manos.

Hagámosla parte de nuestras conversaciones, de nuestras decisiones y de nuestras luchas cotidianas. Porque entender el mundo no es sólo cosa de expertos: es, sobre todo, un acto de humanidad.

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Revista Digital Universitaria Publicación bimestral Vol. 18, Núm. 6julio-agosto 2017 ISSN: 1607 - 6079